domingo, 22 de diciembre de 2013

La luz es más antigua que el amor, fragmento. Ricardo Menéndez Salmón


"Las cosas que más tiempo nos acompañan -nuestros grandes amores, nuestros grandes anhelos, nuestros inmensos fracasos- tienen siempre la edad de la juventud, porque amores, anhelos y fracasos comparten ese lugar donde la inconsciencia y la ambición se encuentran. Toda obra humana llamada a perdurar nace de ahí, del conflicto irresoluble entre lo deseado y lo posible, entre nuestro ideal y nuestras fuerzas; toda obra humana nace de la encrucijada donde dialogan nuestra sabiduría y nuestra ignorancia."
Ricardo Menéndez Salmón, La luz es más antigua que el amor, Seix Barral, 2010, página 170 


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Patricio Pron sobre "Cardiopatías" en El Boomeran

Procuro escribir en este espacio de lo que admiro, o al menos de lo que me gusta y me llena. Ian Hunter, Bolaño, Jethro Tull, The Avett Brothers, Led Zep, Sergei Dovlatov, Emmanuel Carrérè... El caimán, amo y señor de este humilde espacio, me deja su máquina de escribir para verter tonterías o apreciaciones sobre cosas y, desde el "nacimiento" de La Internazional Samizdat, reconozco que esta guadianesca guarida está más centrada en publicitar "La muñeca rusa" o "Cardiopatías" que en lo que me rodea en casa o leo o veo o escucho o hago... Aún así, intento dar salida a esos escritos emborronados donde a veces doy cuenta del diario de lecturas... Tengo varias cosas pendientes, libros sobre todo, y algún que otro disco. Si escribo todo esto hoy a modo de introducción es por la sorpresa (agradable, sorpresiva y sorprendente, dinamitera incluso) de leer que alguien sobre el que yo he escrito aquí, ha escrito algo sobre mí, o más concretamente sobre el libro nuevo, "Cardiopatías". De Patricio Pron  he escrito sobre varios libros suyos, me parece uno de los narradores más dotados e interesantes que hay ahora; a pesar de los palos que recibe en varios blogs que yo sigo y con los que comparto muchas de las opiniones, no puedo decir lo mismo en el caso de Pron, pues, como digo, todo lo que he leído de él me ha parecido soberbio (sobre todo "El comienzo de la primavera"). 

Sobre "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia"":

Sobre "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan":

Sobre "El comienzo de la primavera":

Alguna vez nos hemos escrito correos tan breves como amables y cordiales, y le mandé "La muñeca rusa" cuando ésta salió. Hace un par de semanas le envié el ebook de "Cardiopatías", y me lo agradeció como siempre hace. Yo daba por sentado que la historia de Milos no la había leído (con todo lo que hay por leer...), y suponía que iba a pasar lo mismo con "Cardiopatías"; a pesar de ello, y como no encontraba otra manera de agradecerle su amabilidad y el placer que había encontrado en sus libros, con que los recibiera y siguiéramos "en contacto", me daba por satisfecho. De ahí la sorpresa al encontrar unas líneas sobre mí en su columna de El  Boomeran, que releí porque no me podía creer que yo fuera el mismo al que se refería él, y ese libro fuese otro, y no el mío. Aún sigo analizando el párrafo, en plan adolescente nerd, pero eso forma parte de mis tonterías; la verdad es que me parece alucinante (qué adjetivo tan poco literario).

Aquí el link de su columna:


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Antes de la publicación de CARDIOPATÍAS, el escritor español JUAN MIGUEL CONTRERAS había escrito las novelas Cuando acabe el invierno(2004) y La muñeca rusa (2012); con la última de ellas, Cardiopatíascomparte el personaje de Milos Meisner, celador allí de un asilo para alienados en Praga durante la "Primavera" y traductor aquí de una obra que, en realidad, se compone de cuentos escritos entre 1999 y 2006. Se trata de relatos que, como afirma su autor, "no fingen su extrañeza ante un mundo del que intentan dar cuenta" (13). Tampoco ocultan las lecturas de su autor y sus vivencias (pequeños pueblos españoles, los intentos de escribir) y giran alrededor de un cuento llamado "Imposible Penélope" que no es un cuento y no narra un hecho sucedido en el pasado: es la tragedia de este país y de sus habitantes sucediendo aquí y ahora, otra vez y como desde hace décadas.


(...)

Después de eso, pasó un día agotador, y llegó el rato nocturno donde intento leer antes de que el sueño venga (y cada vez viene antes)... Cogí "La vida interior de las plantas de interior" que había sacado hace varias semanas de la biblioteca pero que no había podido empezar... O eso creía, porque el primer relato del último libro de Pron sí lo había leído, aunque no recordaba cuándo. Como veía que no iba a aguantar mucho, preferí leer el segundo (al menos que lea un relato entero, me dije), y comencé "Un jodido día perfecto sobre la tierra".... Y no, no me dormí, desde luego que no... Me pareció el acto perfecto para acabar el día, las palabras justas para mantener la cabeza en orden y los pies en el barro... Acabé el relato casi hipnotizado y cuando acabé, volví a un párrafo que necesité releer:

"En España hay muchos concursos, una cantidad incalculable pero que es muy alta y que a tí te da vértigo y, de la misma manera, hay también una cantidad ininteligible de cuentos dando vueltas, saltando sin fortuna de concurso en concurso como satélites que orbitaran alrededor de un centro invisible para que cada uno de los participantes -que tú puedes imaginar perfectamente, sentados en habitaciones con juguetes de niño y facturas impagadas de la luz y bombonas de butano vacías en el balcón- significa algo diferente: dinero, reconocimiento, una oportunidad para salir del pozo y, tal vez, para algunos, la literatura con mayúsculas; sólo que, por una simple regla geométrica, las órbitas nunca tocan el centro, ni siquiera lo rozan, el centro se ríe de ellas y las sujeta a su alrededor con un poder que surge del ansia y la imposibilidad de alcanzarlo y, así, la literatura -la que está viva, la que surge de la desesperación y la ansiedad pero se eleva sobre sí misma hacia la vocación y el reconocimiento- es el centro alrededor del que giran estos cuentos sin poder tocarlo jamás, condenados a no tener siquiera un poco que ver con la literatura, pero fingiéndolo todas las veces"  Patricio Pron. La vida interior de las plantas de interior. Ed. Random House Mondadori, 2013, p.21.

Recordé que cinco relatos de "Cardiopatías", de los nueve (diez si contamos el "bonus" para los mecenas de Verkami), pasaron por al menos diez o doce concursos y sentí algo de vergüenza. Luego pensé en las cartas de rechazo, y me alegré de tener mi pequeña Samizdat moderna, consuelo pequeñito, pero mientras tecleo esto rodeado de juguetes de niño y facturas impagadas de la luz y bombonas de butano vacías en el balcón, creo que es el mejor (y único) asidero que tengo para poder seguir mirándome al espejo. Después me fui a la cama pensando que dormiría del tirón, siendo cerca de la una de la madrugada, pero el pequeño estaba sudando y con fiebre y no me quedó más remedio que fingir insomnio,  ojeras y el vértigo de las palabras... Gracias, señor Pron. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

Algunos carteros llevan un libro llamado "Cardiopatías" en su carrito...

Dentro de un rato iré a preparar la cama para la noche. El pequeño se durmió hace poco, anda fastidiado con los colmillos y las muelas. La hermana no; los jueves está cansada de la semana y no necesita ni cuento. Debería haber aprovechado mejor desde que el pequeño se durmió, pero me quedé mirando un cuadro, sentado en la mesa frente al ordenador, un cuadro de un acantilado, y no me dí ni cuenta de que pasaba el tiempo y daban las doce. El pequeño se ha removido y ha sido cuando he pensado que dentro de un rato iré a preparar la cama para la noche. Pondré la barandilla y los cojines para pasar al pequeño a mi cama cuando se despierte, molesto y desconsolado y se acurruque en mi regazo cuando se rinda al cansancio, después de un buen rato de buscar la postura y molerme un poco a patadas. Los días que su mamá trabaja de turno de noche en el hospital son así. La extraña, como yo, supongo. Antes aprovechaba esos turnos de noche para escribir cuando los niños se dormían; ahora reconozco que me cuesta, yo también llego cansado a la noche y, aunque hago propósito de enmienda, no hay manera, y eso que hasta he pensado en varias cosas sobre las que tengo ganas de escribir. Otro día, imagino. 
(...)


Acabo de hacer unas fotos al libro nuevo. Hoy algunos de los mecenas que me ayudaron en Verkami han recibido su libro y han puesto fotos en facebook. Me ha hecho mucha ilusión, por qué no decirlo, soy bastante fácil en ese sentido. Entre mañana y el lunes, deberían llegar el resto de envíos. Ayer, cuando fuí a la oficina de correos, el hombre de la ventanilla (que era el mismo que me había atendido el día anterior) me compró un libro. El primer día que aparecí con el montón de paquetes, me preguntó curioso y le dije lo que eran. Me imaginó más importante de lo que soy y al día siguiente se armó de valor y me preguntó cómo se llamaba el libro y dónde podía comprarlo. En la mochila llevaba varios para dejarlos en la librería Imagina, así que saqué uno y se lo vendí. Hoy, Nikochan, Anna y Pax han puesto una foto con el envío. Charo me ha avisado por mensaje y, como la mejor librera del mundo que es, me ha dicho que "Cardiopatías" estará en la librería Pasajes si yo quiero. "Si yo quiero...", ja, para no querer... 
(...)
Preparada la barandilla...
(...)
Me prodigo poco por aquí. Sólo leo en las esperas de las consultas del médico, y no mucho, últimamente tengo suerte y no me hacen esperar. Sigo leyendo, entre otros, "Los frutos amargos del jardín de las delicias", la biografía de Hrabal escrita por Zgustová. Más que una biografía de "datos" es una biografía de "sensaciones". Más que contar qué pasó o quién hizo qué, Zgustová pone todo su énfasis en hacerte sentir lo que Bohumil sentía en cada momento determinado de su vida. Cargada de información debido a sus larguísimas conversaciones y acceso completo a todos sus papeles, en vez de centrarse en dar cuenta de sucesos, exprime al máximo su ingente información y se centra en sentimientos y sensaciones. Esto, o este libro, del cuál ya he hablado en varias ocasiones, lo saco de nuevo a colación por varias páginas que he leído estos días, las cuales, curiosamente, si es que existe ese tipo de casualidad, trataban sobre la enfermedad, sobre leer ciertas cosas en determinados momentos y no en otros, sobre la obsesión de Bohumil por comprenderse y purgar sus errores, su forma de ser algo desordenada, su visión del pasado, del presente y del futuro desde la lectura de Lao Tse, más concretamente desde "su" lectura, la de un checo absolutamente genial y surrealísticamente pantagruélico que se sabía de memoria todo lo que había en su lengua editado del filósofo chino. Y eso lo leía yo, sentado esperando ser llamado a las pertinentes pruebas que no auguran nada nuevo ni nada bueno (no dramaticemos, algo lógico habida cuenta de mi historial, pero totalmente llevadero, espero). Y me hacía gracia, sobre todo cuando un libro llamado "Cardiopatías" estaba a punto de salir y yo estaba sentado delante de una puerta con un cartelito que ponía "Ergometría-Holter". 

Alguien podría pensar que es tramposo que yo achaque a la casualidad el título de un libro, "Cardiopatías", con una patología similar cuando he sido yo el que he puesto precisamente ese título, y es posible que tenga razón, pero diré que ese título lleva puesto 6 años y no había motivo para cambiarlo. Lo que me parecía más curioso era el hecho de que uno de los cuentos, "La pena de Desamparado", trata sobre alguien que enferma de gastroenteritis mientras lee un libro y, tal vez por la fiebre, tal vez por el dolor, piensa que cuando acabe ese libro, mejorará, así que a pesar de todo, intenta purgar su enfermedad sin dejar de leer. El cuento lo escribí en el año 2000, y he de decir que el libro "maldito" es "El maestro y Margarita". Estos meses me he acordado mucho de ese cuento, no por el hecho de tener que corregirlo y corregirlo, sino porque desde que comencé con la edición y maquetación de "Cardiopatías" me he encontrado peor, más de lo deseable, y reconozco que alguna que otra vez he llegado a creer ingenuamente que todo se estabilizaría cuando saliera por fin el libro... Cosas de Bulgakov, de Popota y de Voland... Y, bueno, el libro ha salido y tampoco es que me haya puesto a dar sanísimos saltos de alegría imbuido de una vitalidad cuasi sobrenatural, pero sí es cierto que en alguna cosa ha mejorado la situación, así que... Se supone que ahora, como proyección ectoplásmica de una editorial fantasma, he de currarme eso de darle difusión... ¿quieres un libro de cuentos agradable al tacto y escrito con tesón -de momento no tengo referencias que refrenden otro tipo de adjetivos-? Tengo churumbeles que alimentar... Todo está en el aire, ni siquiera está sujeto con pinzas, pero yo sigo empeñado en intentarlo, no sé hacer otra cosa. Aún no tengo noticias con peso de la aventura trasatlántica de "La muñeca rusa", por lo que me resisto a comentar algo. Respecto a otras puertas llamadas, doy por perdida la fe en que contesten positivamente. Acepto moverme en los huecos que yo mismo puedo crearme. Me he prometido no dudar más de publicar yo mismo lo que doy por decente ni de justificarme ante nadie por la decisión de llamar a mi editorial "La Internazional Samizdat" y sacar y vender la literatura de la que soy capaz. Recuerdo a Sergei Dovlatov y otros tantos, y también leo la lista de los más vendidos y veo a la mujer que se hizo famosa por follarse a un torero, y pienso que es obsceno todo, todo el mundo editorial, todo, incluso yo mismo, así que...

Me reclama el calor pequeñito, el dormir rumoso, al final le robo horas al sueño a sabiendas que tendré que pagar el peaje; una mano izquierda, extremadamente suave, que cabe dentro de la mía, tantea el aire buscándome mientras la derecha agarra con fuerza un peluche del monstruo de las galletas. Dormir a saltos, pensar en duermevela por la idoneidad de contar este tipo de cosas, lamentarme un poco y preguntarme si este juego de desvelos y camuflaje de mí mismo como personaje y narrador es a su vez otro juego más, aunque esta vez de ocultación, o quizá por el contrario todo esto es sólo una burda forma de intentar escribir a corazón abierto...

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los Modlin de Paco Gómez y Los Modlin, de Paco Gómez



No soy crítico literario, cada vez me cuesta más hablar de libros; las (pocas) veces que he comentado alguno aquí, aunque he intentado argumentar mi gusto o entusiasmo por el libro en cuestión (no creo recordar ninguna vez que haya hablado mal de un libro en este blog; las razones son dos; paso de que nadie se cabreé conmigo -básicamente porque no obtengo compensación económica para que me la sude enemistarme con ningún escritor-, y dos, cuando no me gusta un libro suelo ser bastante virulento, al poco de intentar argumentar el porqué no me gusta, me canso y sólo me sale, "este libro es una mierda, está mal escrito y es una pérdida de tiempo") siempre me quedo con la sensación de que no sé ejercer eso que se llama "crítica literaria" y que yo, como mucho, sólo se recomendar con mayor o menor vehemencia, un libro... Será mi pasado librero... Será... También será que me cuesta separar la lectura de mi vida, quiero decir, soy incapaz de separar lo que leo de cómo lo leo, lo cual me llena de paradojas a la hora de hablar "objetivamente" de libros... Eso no quita para que no sepa reconocer la mierda cuando la veo... (todo eso lo dice mil veces mejor Kiko Amat en el prólogo de su libro "Mil violines").

Dicho esto, acabo de terminar de leer el libro "Los Modlin" de Paco Gómez. Me ha gustado mucho, muchísimo. Recogiendo la imagen de por qué no puedo criticar algo sin separarlo de mí, la sensación que desprende este libro, o al menos una de ellas, pues son muchas, es cómo se ha trenzado la vida de Paco Gómez con la de esta familia americana llamada Los Modlin.

Me vienen a la cabeza dos palabras, "obsesión" y "arqueología"... Paco Gómez encontró tiradas en la basura, decenas de fotografías y papeles de lo que parecía ser una extraña familia. El tiempo le fue dando las claves de quiénes podían ser esas personas por las que él no podía evitar sentir ciertas fascinación. Dio con los Modlin, y de repente todo se fue cubriendo de casualidades, de azares, de personas que le ayudaban a desentrañar el misterio, y ese misterio, conforme era desvelado, fue formando parte de su propia vida; podemos llamar a eso obsesión, y estaremos en lo cierto, pero hay algo más. Para intentar explicar ese algo más, tengo que recurrir a la palabra "arqueología". Paco Gómez reconstruye la historia de los Modlin como un arqueólogo, interpreta los restos (imágenes) y busca una explicación, un relato medianamente lógico sobre una familia de estadounidenses que, a finales de los sesenta, se instalan en Madrid, pintora ella, actor él, y su hijo, criado por sus padres como un dios terrenal, una especie de "Demian" de Herman Hesse, hermoso receptáculo de todas las esperanzas y sueños de gloria de sus padres... Lo que hace sumamente especial (y donde creo que reside la verdadera fuerza y atractivo de este subyugante libro) es la atracción que Paco Gómez siente hacia esta familia. Desde el primer capítulo este libro deja claro que no es una simple biografía fragmentaria y fragmentada de una extraordinaria familia (son todo menos ordinarios), sino la historia de la obsesión de Paco Gómez. Ahí reside la grandeza de este libro, su humanidad, su carácter real, el cariz literario que emana de cada página cuando es obvio que esa fuerza narrativa no ha sido buscada... Es un libro demasiado humano, como demasiado humana es la historia de los Modlin, de Margaret, de Elmer y de Nelson. Leyendo este libro uno se confunde inmediatamente con su autor, cualquiera podríamos haber sido él, cualquiera puede entender todo lo que él siente, padece y busca, sin embargo sólo uno puede ser Paco Gómez, sólo uno puede contar la historia de una obsesión por descubrir y comprender la historia de una familia que pudo haber sido "bigger than life" y que sin embargo cayó en el más ignominioso olvido... 

Murieron sin importarle a nadie, el plano de la Historia donde ellos quería haber entrado a formar parte los ignoró de manera dolorosa; ellos querían formar parte de los libros, de las noticias, de la Historia (del arte, del cine) pero acabaron en un contenedor de basura. Nadie quiere los cuadros de Margaret ("la más grande pintora del Apocalípsis de todos los tiempos"), Elmer no pasó de ser un simple actor secundario... Ellos fueron demasiado humanos. Y alguien tan extraordinario como Paco Gómez quiso saber quiénes fueron desde que el azar quiso que encontrase los documentos que atestiguaban su vida (fotografías, imágenes que había que interpretar como un arqueólogo interpreta restos de cerámica, escombros arquitectónicos, huesos...). Uno entiende que Paco Gómez se vea arrastrado por esa familia, lo entiende perfectamente, y el libro ofrece capítulos soberbios de esa atracción, y lo hace de manera inteligente, porque tú (lector) estás elaborando en tu cabeza el trayecto que siguió su autor, y cuando te preguntas cosas (¿qué pasó con Nelson?, ¿qué hacía Elmer en Nagasaki?), pasas las páginas y lo encuentras; pero el autor no da una visión cerrada, no afirma con seguridad las cosas, no rellena los huecos de los que no tiene información... ese detalle, eso que se podría leer como un fallo del autor, se convierte en su mayor aliado, porque tú (lector) te encuentras entonces fabulando también sobre esa familia, te preguntas cosas y poco a poco sientes esa obsesión como propia... Cierras el libro, y sigues pensando y pensando en ellos, no sólo en Margaret, Elmer y Nelson, sino también en Paco, en su periplo vital, luchando por mantener la cordura o dejándose llevar por ella, luchando contra la incomprensión de los que tienen la llave de los mayores secretos de esa familia (Olga Barrio y su familia), contra esos misterios que en cada fotografía encuentra... Cierras el libro y de alguna manera sabes que esa familia volverá a tí de algún modo u otro, y terminas por creer que quizás también en algún momento de tu vida, los Modlin se cruzaron contigo. Algo te lleva a pensar que seguramente no haya más, que la historia de esa familia, en el fondo, sea lo que Paco Gómez te ha contado y se pueda resumir en un puñado de líneas, pero, por otro lado, sabes que no... Abres el libro de nuevo (preciosa edición) y buscas en esas fotos algo en lo que aún no hayas reparado y que te de las respuestas que buscas...


BOOKTRAILER

domingo, 24 de noviembre de 2013

Exposición de Andrea Hauer en Gijón. La Salita. "Hogar dulce hogar"


El próximo 29 de noviembre, mi amiga Andrea Hauer, responsable del diseño de la portada de "Cardiopatías" y miembro del Colectivo el Quiltro, expone en Gijón. Me ha pedido un breve escrito sobre su obra para el catálogo de la galería. Aquí os dejo algunas muestras de lo que hace, el texto que he escrito y el link de su página web. http://blog.elquiltro.es/category/andrea/


"La fuerza plástica que esconden estos mimbres, estas imágenes, estas estampas de lo cotidiano de Andrea Hauer, estos retratos cosidos, despierta en nosotros una cantidad enorme de sensaciones que ya dábamos por perdidas, o por lo menos las sentimos muy habituales (muestran la cotidianeidad); sin embargo las sentimos renovadas por la manera en la que esta artista nos las muestra, haciendo que afloren inmediatamente en nosotros como hacía tiempo no sentíamos. Podría haber optado por fotografiar o por dibujar, y eso no haría de esta exposición algo menos interesante (por su forma de mirar), sin embargo Hauer teje, cose, hace del laberinto de hilos un retrato fundamental y fundacional de su vida, de LA vida. Ahí está Penélope, con su rueca, tejiendo y esperando, tejiendo y creando un retrato de su vida, de su espera, de sus miedos y de sus esperanzas, pero también está Ariadna, pidiéndonos que elijamos un extremo del hilo, un comienzo cualquiera y que, a partir de él, recreemos el mundo (el mundo de la artista que inmediatamente hacemos nuestro) y encontremos la salida (acaso hacia nosotros mismos), para así, volver al principio de todo, porque lo que Andrea Hauer tal vez espera encontrar no es un camino para huir, sino para regresar."




"Sin embargo, esta artista no bebe solamente de esas fuentes griegas (quizá un tanto obvias pero no por ello menos potentes) sino que retoma y reelabora otros mitos, más suyos, más ajenos a nosotros, que vivimos al otro lado del Altántico. Los mapuche chilenos nos recuerdan que una araña vieja llamada Lalen Kuzé es la dueña del hilado y del tejido, que fue la primera tejedora, siendo también la protectora, la maestra que cuida y protege a las Ñerefe (tejedoras), que son las que vertebran la vida de su comunidad. Lalen Kuzé enseñó a tejer a Ulcha Domo, una de las cuatro partes (dos masculinas, dos femeninas) de la divinidad primigenia, quien a su vez enseñó a tejer a las primeras mujeres. El telar mapuche es el útero de la comunidad, la fuente transmisora de la cultura, y la mujer, el ovillo del que todo surge, el aedo que comunica a través de, y desde ella misma. Tejer es por tanto una metáfora para entender la relación entre lo sagrado y lo mundano, es un arte y a la vez un modo de transmisión de conceptos, de ideas, de historias… Nosotros, tan habituados a otras maneras de representar y de ver las cosas, inmersos en lo audiovisual, nos sentimos de golpe descolocados y asombrados ante estas telas; donde esperamos ver óleos, pigmentos o aluros de plata formando imágenes, encontramos hilos sacados de una madeja (del vientre de una araña sagrada), cuyo hilvanado forma una imagen muy reconocible para nosotros mismos (la serie se llama “Hogar Dulce Hogar”) pero que nunca habíamos visto de esa manera, con esa cantidad de sentidos soterrados y de sensaciones por descubrir."


jueves, 14 de noviembre de 2013

Cardiopatías, un libro de relatos


Muchas veces hay dos maneras de ver las cosas, e incluso “dos” se puede antojar poco si uno se pone a discurrir a gusto, pero de momento nos quedaremos con dos. Lejos de intentar meterme en disgresiones sobre la nueva manera (o no tan nueva) de poder hacer cosas en torno a la literatura que ofrece la web, intentaré escribir a vuela pluma un par de tonterías, sobre todo ahora que el proyecto que lancé en Verkami para poder editar y publicar “Cardiopatías” ha terminado. Como sabéis de sobra los que de vez en cuando os dejáis caer por aquí, me lancé a la autopublicación hará cosa de año y medio, y salió a la luz una novela llamada “La muñeca rusa” bajo mi nombre que, en círculos muy reducidos (reducidísimos) ha sido bien acogida. Visto el resultado y sopesando las cartas y comentarios que me llegaron al respecto, decidí que podía volver a hacerlo y publicar otro libro, esta vez un conjunto de relatos. La historia de “Cardiopatías” es similar a la de “La muñeca rusa” en cuanto a rechazos editoriales se refiere, sólo que anterior, pues son 9 relatos escritos y salvados de la papelera entre 1998 y 2006. La diferencia estriba en un detalle, una anécdota, que hizo que los abandonara (yo creía que para siempre). En mayo de 2006 recibí la llamada de un editor (me guardaré el nombre) de una editorial que yo siempre he admirado, por su fondo y por su manera de editar, y me llamaba para decirme que “Cardiopatías” le había gustado mucho. Cuando yo empezaba a pensar que por fin había encontrado editor (y menudo editor), éste comenzó a hablarme de algo que yo ya sabía, que no me conocía nadie, que no era nadie y que nada me avalaba si él, al final, decidía editarme (es decir, que tenía sus reticencias a jugarse su dinero). De repente me dijo que había un premio, de una diputación (que también me guardaré) en el cuál él estaba como jurado y cuyos premiados editaba su editorial. Me dijo que dejara ese título (que no le convencía mucho) pero que lo enviase a ese premio, aunque debía darme prisa porque el plazo expiraba pronto, no sabía cuándo, pero pronto. Él haría el resto (y su dinero estaría a salvo y no tendría reparos en jugarse el de otros, público además, pensé yo). No me aseguraba el premio, pero prometía hacer todo lo que estuviera en su mano. Y colgó.

Yo me quedé un poco (bastante) descolocado. Años buscando editor y recibiendo cartas de rechazo y de golpe me sucedía “esto”… Y, claro, comencé a pensar en cosas éticas, morales o de sinsentido común que, torpe de mí, tal vez debería haber desechado de un plumazo de mi cabeza. Me dije que lo meditaría con la almohada y al día siguiente haría lo que creyera conveniente. Escribir esto, siete años después, puede dar a entender que mi moral se impuso férrea y que no vendí mi culo (una venta insignificante de un culo más insignificante), pero no fue así… La realidad siempre resulta más patética…

Al día siguiente me dije que a la mierda la ética y la moral, que yo enviaba ese libro y qué si el concurso estaba amañado… Encendí el ordenador, busqué las bases del premio dispuesto a copiar la dirección y enviar el manuscrito cuando, oh mísero de mí, vi que el plazo había acabado el día anterior, cuando me llamó el editor....
Mi cara supongo que lo diría todo…

Decidí tomarme eso como una señal y guardé el manuscrito en un cajón…
Estuve varios meses recibiendo cartas de rechazo, y cada misiva era como un clavo en el cajón donde yo ya daba por perdidos esos cuentos…


Pero llegó Milos Meisner, e Irina Belokoneva, y La Internazional Samizdat, y la gente que ha leído “La muñeca rusa” y Andrés Sorel, y Pilar Gómez Rodriguez, y la gente de la librería Muga, y esos cuentos comenzaron (haciendo honor a su título y evocando a Poe) a palpitar ruidosamente en el cajón…

Aún así, yo no podía asumir los gastos de otra aventura editorial, sin red y con el trapecio roído, así que opté por el crowdfunding, aliándome con el colectivo El Quiltro, para sacar “Cardiopatías” y, además, intentar hacer un libro y unos accesorios vinculados con el acto de leer que no redujese todo a un mero “necesito dinero para sacar mi libro”. Estuches, cajas de cartón donde guardar los libros encuadernados artesanalmente, xilografías de la portada (preciosa portada de Andrea Hauer), y un libro escrito (revisado), diseñado, maquetado e impreso con todo el cariño del mundo (o al menos del que somos capaces). Y aquí es donde digo que hay dos maneras de ver las cosas (esta cosa en particular), porque no sé cómo agradecer el apoyo que he encontrado. Toda la gente que ha apoyado el proyecto (42) son para mí mis editores, anónimos cooperativistas de un proyecto inane y en cierto modo vaporoso (un libro), valientes suicidas que han aportado lo que han podido para que yo me crea “escritor”, para que… bueno… dejaré esta rama sin explorar… para que yo publique un libro… Sin embargo no es todo tan sencillo. Casi la mitad de la gente que ha aportado algo no me conoce, no son familia ni amigos, pero aún así, o porque han leído la historia de Milos o porque vaya uno a saber por qué, lo han apoyado… Para alguien que vive en los arrabales del extrarradio de la periferia del mundillo literario, eso es algo que no olvidaré… nunca…

En vez de eso, todo esto podría verlo como que he conseguido que 42 personas compren por anticipado un libro, verlo todo como una mera transacción económica, muy ventajosa para mí, y que esos pedidos por anticipado han propiciado que yo pueda publicar de nuevo, pero no… No ha sido eso… Quiero cambiar de mentalidad, una mentalidad crematística que es donde hemos crecido todos y que estamos viendo día a día que no funciona, que no trae nada bueno, y que no para de alienarnos…

La producción del libro (y de todo lo demás) está en marcha; no paro de pensar en qué hacer para poder agradecerle como merecen a todas esas personas (42, para mí un mundo, una clase de colegio masificada, casi un autobús; tal vez para otros eso no sea nada) que yo pueda sacar un libro estéticamente precioso, acompañado de cosas también preciosas que les serán útiles para leer otros libros a parte de "Cardiopatías". Lo que ese libro contenga por dentro, es algo que yo no puedo juzgar más allá de decir que me he dejado parte de mi corazón en que sean buenas historias, o al menos historias normales contadas de manera decente…

Ya está gestionado el ISBN (¡¡¡¡la Internazional Samizdat operando legalmente!!!!), los textos corregidos sobre la primera prueba de impresión (la de erratas que se le escapan a uno en la pantalla del ordenador...), la maquetación está en fase de “últimos detalles”, la portada con la tipografía definitiva y el gramaje del papel adecuado, la moqueta de los estuches cortada, la lista de los mecenas y los agradecimientos escrita… En quince días podré comenzar los envíos, y el libro como tal estará disponible para quien lo quiera…

Próximamente, “la historia de cómo el libro de Milos Meisner, “La muñeca rusa” encontró editor (digital) allende los mares…


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Quedarse con el nudo olvidando el desenlace


 Es extraño hacia dónde nos ha traído el paso del tiempo; podría decir que me cuesta reconocerme ahora recordando lo que una vez fui mientras revuelvo papeles viejos sacados de una caja de galletas... pero no... salvo por la salvedad de que ahora mi vida cuida de otra y yo me miro menos el ombligo (o al menos no tengo tiempo para ello)... Entradas de cine, servilletas de papel de bares que imagino cerrados pero que siguen abiertos y luminosos en mi cabeza, postales recibidas, más o menos llenas de palabras escritas por gente a la que amé, aprecié y quise como se quieren los nudos que nos sujetan a la trama en la que nos hemos convertido. Cartas... fotos... notas manuscritas en amarillentos papeles... Leo mejor la letra de otros que la mía misma, escrita por mi mano veinte años atrás. Quizá ha sido un salto ínfimo, pero a la vez es innegable el deterioro constante bajo la intermitente sensiblería escondida entre las sábanas del sueño, intentando ponerme a salvo de lo que se espera que sea el principio de nuestra vida, es decir, pan, trabajo y techo; temiendo que el desenlace me alcance antes de haber ordenado el trastero de aquello que soy y que tal vez fui para que otros ojos me miren en su propia noche cerrada... 

sábado, 26 de octubre de 2013

Perkeo, la máquina de escribir atómica propiedad de Bohumil Hrabal

Por cuestiones diversas, últimamente estoy un poco descoordinado intentando mantener una mente sana en un cuerpo que no lo está tanto. Un nuevo cambio en la medicación ha hecho que, entre otros síntomas, ande un poco lento y a veces no piense con claridad (ayer me costó horrores encontrar la palabra "poncho" en una frase que quería decir). Lo pone en el prospecto, aunque me dicen que es transitorio, hasta que mi cuerpo se habitúe. A veces, cuando me siento torpe, intento ejercitarme repasando de memoria las distintas formaciones de Deep Purple o Thin Lizzy, los títulos de los libros de Bolaño, el índice de "La crítica de la Razón Pura" de Kant o pruebo a recordar al menos quince películas de Woody Allen. A veces no tengo suerte y me cabreo, mucho. Me repito que es transitorio, pero a veces tengo dudas... Cuando puedo, escribo, y parece que eso me desentumece un poco, sobre todo cuando llevo un rato y parece que mi cabeza empieza a funcionar como acostumbra, y si estoy valiente, pruebo a escribir cinco o seis frases largas subordinadas; aunque, como estos días estoy peor de todo, he optado por copiar fragmentos de libros; al principio pensaba que con leer bastaba, pero la mayor parte de las veces me acabo durmiendo (parezco el primo feo de la bella durmiente), así que tecleo fragmentos...  Reconozco que funciona, me gusta, entre buscar qué copiar y ponerme a ello, me siento menos abotargado...Copiando un fragmento de "Los frutos amargos del jardín de las cerezas", el libro biográfico de Hrabal escrito por Monika Zgustová, he recordado que mi amiga Andrea me regaló una vez un dibujo de una máquina de escribir idéntica a la que usaba Hrabal, la cual se ha convertido en símbolo de mi editorial fantasma...Si miro a un lado y veo la pila de libros por leer (y que el sopor farmacológico no me deja), puedo ver: Zamiatin, Leonid Yusefovich, Pilar Gómez Rodríguez, Sorel y Chaves Nogales... Me siento como un Bartleby escribiéndole cartas a Pierre Menard... "Querido Pierre, el fragmento del libro de Zgustová que te remito es una jodida maravilla, tanto en fondo como en forma... yo estoy bien, aunque entre unas cosas y otras parece que cada vez tengo menos ganas de nada.. En fin, espero que te guste... No tardes en contestar..."

Dibujo de Andrea Hauer
"Cuando brillaba el sol, salía los días de fiesta de su piso frío y húmedo en la periferia de Praga, con la máquina Perkeo en las manos; bajo el brazo se ponía un montón de papeles con el encabezamiento de la empresa Klofanda, donde había trabajado a finales de los cuarenta y de donde, tras la liquidación de la empresa, se llevó decenas de kilos de papel medio transparente; por la mañana se sentaba y escribía en el patio; por la tarde, cuando los edificios le tapaban el sol, se subía al tajado y escribía en su Perkeo "atómica" hasta que el sol se ponía detrás de la casita del lavadero; entonces trasladaba la silla que le servía de mesita al lugar donde quedaba el último rojo de sol y allí se quedaba hasta la puesta definitiva. Puesto que el tejado estaba inclinado, tuvo que cortar las patas de la silla donde colocaba la máquina y, además, las del taburete donde se sentaba. Primero las cortó tan mal que acentuó la inclinación aún más, después las cortó de tal manera que compensaban la inclinación hacia el otro lado, así que la máquina de escribir le resbalaba hacia el regazo, y sólo al tercer intento consiguió que su Perkeo atómica reposara horizontalmente.

Así, en el tejado del cobertizo, haciendo un ruido nada menospreciable con su máquina, cuyo chirrido se oía por todo el patio, Hrabal, con las piernas separadas entre las que sostenía la silla con la máquina, picaba furiosamente las teclas de aquella máquina minúscula; de vez en cuando alguna quedaba bloqueada, pero él la arrancaba brutalmente para lanzarse a escribir otra vez; depositaba sobre un montoncito las páginas escritas y como pisapapeles colocaba una piedra; enrollaba otra hoja y, ¡hala!, las teclas de la pequeña Perkeo, de esa máquina alemana, modernista, sin un solo signo diacrítico, tintineaban como en el desorden de una batalla cuerpo a cuerpo salta del tumulto ahora un brazo, ahora una pierna. Hrabal se calaba hasta los ojos un sombrero viejo y gastado para que el sol no le cegase; otras veces lo que quería era, precisamente, deslumbrarse con los rayos primaverales mientras escribía y entonces se ponía el sombrero en la nuca.

Escribía como vivía, y puesto que su vida no era exactamente un ejemplo de orden, su estilo también resultó despeinado, desordenado, y sus textos llenos de errores de mecanografía. En su antigua herrería en Líben solía tener siempre encima de la mesa la máquina y, a su alrededor, montones desordenados de páginas escritas, además de toda clase de medicamentos, una o dos botellas de cerveza vacías, un plato lleno de migas, y una silla cubierta de ropa desordenada. Sólo a veces limpiaba la mesa, la adornaba con un mantel blanco y unas flores para tener la impresión de orden. Dejaba sus textos a medio terminar a propósito porque quería que se parecieran a su vivienda y a su barrio donde habitaba, que se derruía, donde la pintura se caía y las paredes de desconchaban mostrando los ladrillos desnudos, aquel barrio donde, en cada patio, la basura salía de las bocas abiertas de los contenedores, que parecían monstruos legendarios. La literatura de Hrabal era la imagen viva de todo lo que le encantaba, de los patios de Praga llenos de restos olvidados de materiales viejos, de alambres, de tornillos, tubos y toda clase de desechos; sus textos intentaban parecerse a las viejas fábricas abandonadas con sus cristales rotos y las paredes llenas de inscripciones dibujadas con tiza blanca y espray negro"

Ed. destinolibro, pág 145-146

miércoles, 16 de octubre de 2013

Tres fragmentos de "Cardiopatías" y una foto del forro artesanal para guardar libros

Lo que el título promete, la síncopa lo ha de dar...
Seguimos con la campaña de Verkami (donde el proyecto se completa con "artículos" especialmente diseñados) y, si todo sigue como lo previsto, el libro de relatos llamado "Cardiopatías" estará disponible a partir del mes de diciembre... 



Comienzo de "La pena de Desamparado"

Fragmento de "cintas magnetofónicas", la "nuca" ya ha sido corregida por el "nunca"...

Detalle del forro para libros hecho por el Colectivo El Quiltro

Fragmento de "La ciudad trenzada"

jueves, 10 de octubre de 2013

A mi burro, a mi burro, le duele el corazón...

Nunca me había pensado tanto publicar una entrada en el blog como esta. A veces hasta yo mismo me canso de andar haciendo el Umbral y hablar sólo de mi libro, pero "volcarme" y hablar de discos, grupos de rock o jazz, viejos bluesmen o películas tampoco me atrae, sobre todo porque hay montones de blogs que lo hacen mucho mejor y con más regularidad ( a la lista lateral me remito...). Respecto a hablar de los libros que voy leyendo, tres cuartos de lo mismo... Pero a veces me apetece escribir volcando mi frustración aquí, sin intelectualizar ni elaborarla demasiado, una pataleta, vamos... Pero me pongo y yo mismo me coarto en seguida... Al final, nada... sin embargo, mi última aventura hospitalaria ha hecho que cambie algo, algo que siempre ha estado ahí y que siempre he preferido callar. Ser "paciente" es una categoría en sí misma, y yo ya llevo tantos años ejerciendo que a veces me cuesta distinguirme de mi otros "yoes", y no me gusta lo que veo... Hoy, mi mujer, comiendo, me ha dicho que mañana viene Cospedal a inaugurar la planta de Psiquiatría que se abre en el hospital donde ella trabaja como enfermera. Me lo ha dicho después de escuchar en las noticias que su marido (de María Dolores) ha visto multiplicado por catorce sus beneficios con respecto al año anterior... Me mira y me lo dice como si temiera mi reacción, la de cualquiera, imagino, y es soltar alguna boutade con aspavientos indignados. Pero me he quedado igual, al menos por fuera. He optado por hablar como Silvio Dante y comentar qué es lo que haría si tuviera la posibilidad. Hace más de una semana que salí del hospital y me encuentro igual (ni mejor, ni peor, simplemente no me han hecho nada), y la sensación de abandono es la misma. ¿Seguro privado? ¿Consulta privada? Para qué... Os contaré algo; por cuestiones "familiares", mi padre me hizo de pequeño un seguro privado (sí, lo mío viene de largo) en una de esas corporaciones sanitarias importantes cuyo nombre acaba en "tas". Me estuvieron "viendo" y haciendo toda clase de pruebas cerca de diez años cuando mi corazón empezó de veras a ir mal, y cuando ya no quedaba más remedio que la cirugía, lo único que se les ocurrió fue molerme a pruebas dolorosas sin sentido. Al final me operaron, como se suele decir, por lo público (donde yo nunca dejé de ir, por cabezonería y por ver si tenía suerte y alguien me hacía caso..., así que las pruebas fueron dobles...). Yo hacía tiempo que había leído la póliza (la cual cubría los gastos de mi prótesis), y sabía que iba a pasar lo que pasó; que lo supiera no significa que me lo creyese del todo. Cuando el cirujano vió el informe privado se cabreó bastante, aunque no menos que al ver el que le remitía mi cardiólogo habitual. "Muchacho..." me dijo, "lo siento, te tendríamos que haber operado hace cuatro o cinco años, y eso te ha creado problemas que yo no te voy a poder solucionar. Yo haré lo que pueda, y lo haré lo mejor que pueda, es lo único que te puedo decir". Lo hizo, y bastante bien. A los diez días tenía el alta y todos los días pasó a verme. Me hubiera gustado que el paso del tiempo le hubiera quitado la razón, pero vuelvo a tener problemas y vuelvo a estar en las misma rueda. Cuando oigo a alguien decir que la sanidad privada o los seguros privados son la solución, sinceramente, me entran ganas de reventarle las rodillas a balazos y soltar después "ala, ahora te vas a tu puta clínica de pago...", pero me callo... La sanidad privada funciona, siempre y cuando no tengas nada chungo o crónico; practican el darwinismo social (darwinismo hipocrático, habría que decir tal vez) de la manera más asquerosa (y eso que el llamado darwinismo social me parece la mayor y más burda malinterpretación de una teoría científica llevada a cabo nunca) y por el camino se llevan por delante a mucha gente, gente cuya única esperanza es una praxis sanitaria y un código hipocrático ajeno a, y protegido de, especulaciones capitalistas, algo que, hasta ahora y no sin esfuerzo, habíamos conseguido tener en esta mierda de país. Contaré otra cosa, el último cardiólogo que me vio en el hospital público donde trabaja mi mujer (hace un año, ahora no me ha visto ninguno), me dijo, con mis informes delante, que "estaba bien" y que la próxima consulta la pidiese por mi médico de cabecera, y que, en el caso de que sintiese un dolor punzante más agudo de lo normal, acudiese rápidamente a urgencias, aunque, si lo que quería era más pruebas para quedarme más tranquilo, él me las podría hacer en su consulta privada... Que esto es verdad lo juro por mi hijo que duerme la siesta en la habitación de al lado... Que salí de allí hundido sin haber montado el sangriento aquelarre que me hubiese gustado haber montado con él, también es verdad... Uno se encuentra con que no sólo tiene que sufrir la miseria política y moral de un gobierno oligarca y corrupto vendido y secuestrado por el poder financiero, sino que también tiene que lidiar con la miseria humana de algunos que detentan profesiones determinantes para que la vida siga siendo digna. Y como ejemplos del otro lado, es decir, profesionales sanitarios que merecen todo al agradecimiento del mundo, afortunadamente, también los hay, resulta que al final, que estés mejor o peor de una enfermedad es simplemente resultado de una lotería absurda (a lo que hay que sumar que la repartición de boletos no es equitativa tampoco... lo del Borbón es la punta de una pirámide social que nos venden como igualdad). Hoy también ha sido noticia que en España, en el último año, hay un 13 % más de millonarios...Perfecto, mientras, sigamos dejando que desmantelen el Estado...

Así que mañana viene Cospedal (la que quita profesores, médicos, enfermeros, asistentes sociales... y pone asesores y altos cargos elegidos a dedo) a inaugurar la planta de psiquiatría del Hospital La Mancha Centro... Supongo que ningún medio dirá que han cerrado cardiología, que las revisiones a mujeres en edad de riesgo para detectar cáncer de mama ya no las hacen, que han quitado ambulancias de traslado urgente (sólo queda una para los hospitales de Alcázar y Tomelloso) o que la UCI infantil está bajo mínimos.

Nada de esto le he contestado a mi mujer comiendo, más que nada porque ya sabe lo que pienso. He cambiado y he puesto un canal infantil con la esperanza de que estuvieran poniendo "Los Pingüinos de Madagascar" y he ido a ver si mi hijo se había dormido en plan cubista, tal y como acostumbra.



Recogiendo la mesa me he acordado de que el lunes estuve cenando con Andrés Sorel. Sigue siendo fascinante hablar con él, y es la primera vez que le veo tan clarividente consigo mismo, sobre todo viendo cómo aún se sigue manipulando su imagen pública y cómo se sigue ninguneando e ignorando su obra literaria y ensayística. Hablamos de muchas cosas, sobre todo de literatura, aunque en un momento dado nos pusimos a hablar del concepto de violencia, hoy reducido exclusivamente a daños materiales y físicos infringidos directamente... Que la causa de muertes, dolor y sufrimiento no sea lógicamente palpable y haya que buscarla e ir un poco más allá de la obvia "causa-efecto", no significa que no sean también actos de violencia... Y el problema siempre es, en el fondo, el mismo; ¿cómo se combate esa violencia sin usar a su vez la violencia? ¿Nos vamos a una plaza, o a las puertas de un hospital o a la sucursal de un banco a gritar consignas hasta que nos multen por incívicos y nos fichen? Cuando la gente vota, ¿en qué coño piensa? ¿Se puede llamar democracia a un sistema oligárquico que dejó "atado y bien atado" un dictador que murió de viejo? ¿Se puede llamar democrático un sistema cuya base electoral está distorsionada (el sistema D´Hondt)? ¿Qué democracia se puede esperar de una sociedad donde sus individuos (casi pongo ciudadanos) viven convencidos de que todo es negocio y han sido convertidos en masa (en su concepción orteguiana más desoladora)? Que Pericles y Sócrates me toquen los cojones si esto es democracia...

http://www.publico.es/473676/el-consejo-de-europa-llama-la-atencion-al-gobierno-por-el-excesivo-uso-de-la-fuerza-en-las-protestas

domingo, 6 de octubre de 2013

Empezando la casa por el tejado. Las pruebas de "Cardiopatías", versión caja de lujo...




 Ya tenemos las primeras pruebas de la caja con los cuentos de "Cardiopatías". Además del libro como tal, la idea es hacer una caja artesanal con los cuentos impresos en cuadernitos y cosidos a mano. Habrá dos opciones: caja roja con los cuadernos en blanco con la portada (cuatro cuadernos), o la caja con la portada y los cuadernos con cubierta roja (cinco cuadernos)... Son costosos, pero creo que merece la pena (ya que lo hacemos, hagámoslo bien). Si un ebook es un libro, una caja con cuentos en cinco cuadernos cosidos a mano supongo que también lo es. Cito a Willie Dixon y su "no juzgues un libro por su cubierta" (en versión de Cactus, que me pone bruto, de su mítico primer disco), los cuentos son los que son y cuando estén disponibles serán juzgados (y tendremos a bien decir aquí cómo habrán sido ajusticiados), así que me ahorraré hablar ahora de lo costoso que ha sido escribirlos, o ha dejado de serlo. Al igual que "La muñeca rusa", "Cardiopatías" ha sido rechazado por un par de decenas de editoriales; aunque a diferencia de la novela, estos cuentos no han sido reescritos en profundidad para ser publicados ahora, cosa que sí sucedió con la historia de Milos Meisner (y creo que para bien, aunque en su tímida "visita" a cinco editoriales tras su publicación, "La muñeca rusa" ha sido ignorada dos -creo que o no ha sido leída, o no se han tomado la molestia de rechazarla-, en otra ha sido rechazada bajo el argumento de "no publicamos novelas autopublicadas previamente", en otra aún está a la espera de ser valorada y en la última ha sido aprobada, pero este última bien merece un post propio pues la historia es curiosa. 

"Cardiopatías" ha sido corregida ortográfica y estilísticamente (un "la" por allí, una proposición por allá, una subordinada fuera, y poco más). La corrección llevada a cabo sobre un manuscrito que fue abierto por última vez en 2007 ha hecho que el desbroce no fuera más profundo por la sencilla razón de que no parecía que fuese necesario. En Verkami estamos a punto de conseguir la mitad de la cantidad que necesitamos, las pruebas están en marcha. En los próximos días habrá más.

Es muy gratificante estar involucrado en la producción física de ese objeto que muchos dan por muerto, llamado libro impreso.

Yo simplemente quería ver publicado un libro de relatos que ya creía que sólo tenía posibilidad de serlo cuando yo me muriera, pero como es posible que eso pueda ocurrir pronto, o no ocurra nunca, prefiero hacerlo ahora. Lo único que puedo decir es que no tendría la osadía de publicar algo (autopublicar algo, para más "inri") que me pueda sacar los colores dentro de un tiempo o que me pueda avergonzar leer (incluso en el hipotético caso de que los cuentos no los hubiera escrito yo). Quizá esta frase es un poco arrogante, pero no sé decirlo de otra manera, incluso siento que empiezo a sudar mientras escribo...

¿Las pruebas de la caja? Preciosas...



jueves, 3 de octubre de 2013

Comienzan "los 40 días de Verkami" para poder publicar "Cardiopatías"

Acaba de empezar la campaña en Verkami para poder publicar "Cardiopatías".
Este es el link para ver el proyecto en detalle:
http://www.verkami.com/projects/6701-cardiopatias-un-libro-de-relatos

Dejo un fragmento de prólogo y el índice, espero que les sea atractivo a los no habituales:

"... la distribución de los relatos ha quedado un poco como una recopilación de singles de 45 rpm (inéditos), sobre todo si recuerdo las fechas en las que fueron escritos. Es cierto que una vez leídos se puede llegar a pensar que cualquiera de los personajes de los relatos que formarían las “caras A”, podría haber escrito los relatos de las “caras B”, o si no escrito, sí haber aparecido también en ellos... [...] En cuanto a la explicación que puedo dar de los mismos, tal vez podría dar algún detalle, más o menos anecdótico sobre ellos, pues no creo que, después de tanto tiempo y después de todas las vueltas, tanto estilísticas (las veces que han sido reescritos) como físicas (copias perdidas en mudanzas), pueda hablar mucho más sobre ellos. Por ejemplo, el último cuento que escribí de esta compilación, “La última noche de Richard D. Lane”, data del 2006 y lo único que yo puedo decir sobre el mismo es que lo soñé, tal cual está contado, literalmente, en una cama de hospital, tras una operación sencilla que tuvo una complicación algo aparatosa y que, a su vez, provocó una escena que bien merecería un cuento y que terminó por mi parte postrado y dormido a base de tal cantidad de calmantes, los cuales, estoy seguro, provocaron ese sueño y que éste fuese lo suficientemente vívido como para que al despertar lo recordase de esa forma que a veces se recuerdan los sueños y que le dejan a uno sin poder acoplarse a la realidad durante un buen rato. El primero en antigüedad, y último en este libro, “La ciudad trenzada”, fue escrito a principios del verano de 1999, en el taller de una lavandería, a mano y del tirón (ha sido la única cosa que he escrito así en mi vida) entre dos tandas de edredones; recuerdo el mono azul sin mangas y roto por la pernera y las botas de agua (en una de ellas se colaba el agua por el talón), recuerdo estar totalmente bloqueado a causa de esa primera novela que estaba intentando escribir fruto de un amor imposible (el peor motivo para escribir una novela) y que me quedó demasiado costumbrista (me quedó demasiado “todo”, me temo), y recuerdo también que de golpe sentí que necesitaba escribir algo totalmente opuesto, casi como divertimento, un desahogo, como si necesitase una noche de fiesta en mitad de una semana de trabajo demasiado absorbente, así que de golpe comencé esa historia sobre una violinista y su hermano que no pude dejar de escribir hasta que garabateé el final, con la lavadora parada hacía ya un rato y el pié derecho todavía empapado. He de confesar que en ese momento estaba leyendo “Personajes en un paisaje de infancia” de Bohumil Hrabal, y que ese libro estaba sobre la vieja mesa de madera frente a la que me senté, así que supongo que eso lo explica todo. Ese cuento ganó el único premio literario que he ganado en mi vida, el cual, viendo todo lo que ha pasado después, más que un brillante pistoletazo de salida, fue más bien un experimento reconfortante de un prototipo de cohete cuya construcción ha sido pospuesta y postergada sine die por más mejoras que he intentado hacerle a lo largo de los años y por más empeño en sacarlo adelante que le he puesto. Aunque si he de seguir con el símil musical del principio, tendría que decir en mi descargo que “La ciudad trenzada” fue todo un hit en la comarca de Torralba de Calatrava…"




domingo, 29 de septiembre de 2013

Camas pequeñas y pijamas feos

La cama me viene un poco justa. He de dormir de lado y con las piernas encogidas. No tengo suero puesto, por lo que duermo bien, la vía no me molesta, a lo sumo estiro el brazo y listo. Ayer llovió cuando anochecía. Leí mucho, me leí el cómic de “Malas Ventas” de Alex Robinson. No me hicieron ninguna prueba, pasé el día el blanco en ese sentido. Es duro estar lejos de casa. Debería haber puesto esa frase entrecomillada, parece el verso de una canción de puro ñoña. El susto también ha pasado, hay un momento en el que uno deja de pensar, dobla su voluntad como se doblan los pantalones al meterlos en el armario pequeño en la esquina de la habitación y se deja hacer. Sé lo que me pasa y sé cuál es el fin. Lo que me da miedo es el trayecto, y sobre todo qué médico se erige como “decididor” de mi paso por aquí. No debería estar aquí. No lo digo porque no lo merezca o porque haga gala de una mortificación sensiblera, no; lo digo porque es fin de semana y no me han hecho ninguna prueba y, además, yo me encuentro bien (normal en mi peculiaridad, como antes de venir por urgencias).


Veo pasar por la puerta una paciente, de unos cincuenta años; lleva en la cabeza un pañuelo de un azul más oscuro que el pijama que parece sacado de una película de los años veinte, con una extraña forma, como anudado por delante elegantemente. Sus zapatillas son rosa con lentejuelitas azules y verdes. Extraño sitio este para engalanarse. Ha amanecido bonito, entra el sol por la ventana y se escucha el ruido de una fuente en el patio interior del hospital. Me gustaría poder vestirme e ir a buscar a mi hijo para dar un paseo junto a él y su madre. Las auxiliares hablan mientras cambian las sábanas de mi cama y lavan a Trinidad (mi compañero de habitación, un campesino de 84 años con los pulmones machacados) sobre una paciente un par de habitaciones más allá, dicen que está loca, que no quiere tener a nadie más en su habitación, que le molesta la gente. Dicen que su hijo también está ingresado, en la habitación frente a la suya, y que es igual. La alta alcurnia y las ínfulas tampoco casan bien en este sitio. me ha dado por escuchar "Planet Waves" de Dylan con The Band. Me paro constantemente en "Forever young" y me acuerdo mucho de Pavel. Nunca había dormido lejos de él en su año y medio de vida. No tengo ganas de afeitarme. A ratos leo un libro que he tardado 14 años en conseguir. “Los frutos amargos del jardín de las delicias” de Monika Zgustová, una biografía de Bohumil Hrabal que editó destino en 1997 y que ni en mis años de librero pude conseguir. Hace dos semanas me saltó un aviso en mi correo, que aparecía en Iberlibro y, claro, lo compré inmediatamente; además era mi cumpleaños. Es un libro precioso, más allá de lo que yo pueda amar y admirar al personaje y a la persona Bohumil; es un libro maravillosamente escrito (imita, sin chirriar, el estilo barroco y desbocado de Hrabal) y reproduce muchos de los textos que escribió durante toda su vida, sobre todo sus primeros poemas, sus primeras intentonas. Evoca perfectamente la idea que uno (yo) se ha hecho a lo largo de los años sobre él, y la sensación de perpetua ternura y melancolía hacia su vida y sobre todo hacia la manera en la que vivió, es continua. Leo como a sorbos, como si el libro fuese una trampilla por la que meto la cabeza y me saca de aquí; como todo lo relacionado con medicinas, agujas y artilugios galénicos, la evasión es breve, no puede alargarse mucho. Me acaban de tomar la tensión. Un asco. Y eso que me acabo de levantar. Es una pelea de la que ya ando algo aburrido, esta que tenemos mi corazón y yo. Es como si tuviera un gigante bobo dentro del pecho, como Hodor de “Juego de Tronos”, es un buenazo, pero el cabrón me está destrozando y su empecinada desmesura va a acabar conmigo como me despiste. “Corazón de perro”, como el libro de Bulgakov, no casamos bien pero algo nos debemos de querer cuando la mayor parte del tiempo intentamos mantener vigente el tratado de no agresión que firmamos desde la niñez y unas fiebres reumáticas nos enemistaron para siempre.

El nuevo libro está totalmente preparado, el proyecto elaborado y enviado a los gestores de la página de Verkami, a la espera únicamente de su aprobación definitiva. Lo único que falta por mi parte es concretar con ellos la fecha del “lanzamiento” de la propuesta. Después de eso, tendré 40 días para intentar conseguir la cantidad necesaria para poder publicar el libro, que para más recochineo se titulará “Cardiopatías”. Es un título que ya lleva puesto siete años, y ya me puede dar otro amago y/o angina o como sea que llamen a esta guerra privada, que no lo cambio.


Robo la conexión del móvil de alguien para poder dar señales de vida en este mundo irreal, esta otra ventanita que, al igual que el libro sobre Hrabal, me saca un poco de aquí… Siento si hay faltas, erratas o incongruencias…

sábado, 21 de septiembre de 2013

¿Y si todo saltase por lo aires? Solicito ayuda para encontrar al autor de un texto que no reconozco

Necesito ayuda. No sé de dónde ha salido el texto que adjunto más abajo. Estaba en la carpeta de borradores, entrecomillado, y no tengo ni la más remota idea de dónde ha podido salir. Seguramente lo copié de algún libro pero no logro recordar cuál, y eso que he mirado bien. He tirado de google y tampoco he tenido suerte. Igual lo copié de algún blog una noche de medicinas e insomnio, pero copio y pego y tampoco encuentro nada. No contemplo la posibilidad de haberlo escrito yo, no reconozco esas palabras, y no doy para algo así. Me inclino a pensar que es de Henry Miller, pero hace años que no leo a Henry, aunque hace unos meses estuve releyendo párrafos subrayados del maltratado ejemplar de "Sexus" que tengo (y que compré en Granada el día de fin de año de 2002, como si con eso renovase votos con la vida, y sé que esta frase es una ñoñería, pero escribo sin mirar y no me sale otra cosa). Parece que tampoco es de Henry. Sentía la necesidad imperiosa de escribir, lo que fuese, como si con eso combatiese el dolor de cabeza que me persigue estos últimos días, y a la vez como una manera de echar por tierra la sensación de dejar pasar los días con esa indolencia y llanura pasmosa que me atormenta a la vez. Parece que todo está parado, y me siento como a la espera de que salte algo en cualquier momento, pero de momento no pasa nada; me siento en un corredor donde he llamado a todas las puerta y ninguna ha abierto aún. Luego vendrá comprender que ninguna tiene por qué abrirse siquiera, pero esa comprensión será de a poco, pues aún habrá varios días en los que seguiré esperando una respuesta, que uno vea el vaso medio vacío no significa que no tenga sed y quiera beber... Luego pasará algo, y actuaremos en consecuencia... Esta tarde tenía una frase, pero no encontraba un bolígrafo, y no podía entrar a la habitación donde podía encontrar uno; al final, he encendido el ordenador y en lo que éste ha tardado en encenderse, todo se ha ido; miento, todo no, sólo me ha dado por pensar que esa frase, esa cuerda a la que me agarraba para tomar algo de impulso, era un mierda total. Después he rebuscado algo, alguna fotografía, algún documento con un texto perdido, y tampoco ha encontrado nada. Al abrir el blog he visto en la carpeta de "borradores" este texto, y he empezado la búsqueda de su autor... Si alguien sabe algo, le estaré eternamente agradecido...

 


"Quisiera decir una cosa más. Ahora recuerdo a dónde quería llegar... a esto... me da lástima el individuo que nace escritor. Es por eso que me burlo tanto de este pájaro; trato de disuadirlo porque sé lo que le espera. Si en realidad es bueno, está arruinado. Un pintor puede vender media docena de pinturas en el año; así me dicen. Pero un escritor... vaya... si a veces le lleva diez años escribir un libro, y si es bueno, como digo, le lleva diez años más encontrar un editor, y después de eso tiene que contar por lo menos quince o veinte años para que el público lo reconozca. Es casi una vida entera para un solo libro. Y entre tanto, ¿cómo va a vivir? Bien, en general vive como un perro. Nadie emprendería esa carrera si supiera lo que le espera. Para mí todo el asunto es una locura. Digo llanamente que no vale la pena. Nunca se pensó que el arte se produjera de esa manera. El asunto es que el arte es un lujo en nuestros días. Yo podría manejarme muy bien sin leer jamás un libro o mirar una pintura. Tenemos demasiadas otras cosas; no necesitamos libros ni pinturas. La música sí; siempre se necesitará la música. Tal como yo lo veo, el mundo está perdido. Como van las cosas, no se necesita mucha inteligencia para seguir tirando. En realidad, cuanto menos inteligencia se tiene tanto mejor se está. Todo está tan previsto que ahora las cosas le llegan a uno en una fuente. No se necesita más que saber hacer algo pasablemente, se entra en un sindicato, se trabaja lo menos posible y lo jubilan a uno cuando tiene la edad. Si tuviéramos algún sentido estético no podrían soportar estar en esa estúpida rutina año tras año. El arte lo hace a uno inquieto, insatisfecho. Nuestro sistema industrial no puede permitir que  eso suceda; de manera que ofrecen algunos pequeños sustitutos suavizantes para hacer que la gente se olvide que son seres humanos. Pronto no habrá más arte, se los aseguro."

martes, 17 de septiembre de 2013

Cuando te canses de pegarte con la vida... Dos discos de Alfa, "El segundo oficio más viejo del mundo" y "Autorretrato de un hombre invisible".


Foto: Carolina Galiano

Foto: Carolina Galiano
La semana pasada me llegaron a casa dos discos de Alfa, o Alfredo F. García, antiguo líder de Le Punk y piedra angular de ese maravilloso grupo de culto que fue Buenas Noches Rose. Coincidimos hace meses gracias a Pax, su batería y amigo común, en un concierto; hablamos un poco y quedamos en enviarnos cosas, yo mi libro y él alguno de los discos que está sacando. Me ha enviado dos EP, de cinco y cuatro canciones. Escucharlos estos días, en unas condiciones propicias (ambos discos están en youtube, pero la cosa cambia escuchados en mejor calidad), me ha hecho preguntarme muchas cosas. Les estoy sacando el jugo a conciencia. Parece fácil, pero no lo es tanto. Me he acordado de cuando Ray Manzarek decía que escuchar los discos de The Doors requería cierto habito, escuchar veinte minutos, levantarse o dejar lo que se estuviera haciendo, darle la vuelta al vinilo, y escuchar otros veinte. Sólo así se podía escuchar su música, decía. De hecho, en casa, si pongo algún CD de los Doors, porque me pilla más a mano que el vinilo, no los escucho enteros, siempre acabo quitándolos al rato. Cuando los pongo en vinilo sí los escucho enteros. Todo esto viene al caso porque desde que tuve conocimiento de lo que estaba haciendo Alfa con su música (publicar cada poco tiempo un pequeño puñado de canciones) me preguntaba el porqué. Para saberlo debería preguntárselo directamente a él, cosa que espero hacer, y de paso algunas preguntas más que no vendría mal currarme para hacerle una entrevista de verdad, así que todo esto no son más que disgresiones mías sobre escuchar música. Es obvio que me encantó recibir ese paquete. Sigo pensando que regalar discos es lo mejor que se puede hacer (y libros y películas) con alguien, por lo que me gusta darle la importancia que creo que tiene. En este caso, lo primero que me agradó fue el artwork tan currado y bonito. Nada fuera de lo común, en uno prima el blanco y negro y en el otro el color algo saturado y rugoso de las noches en vela. ¿Pero 5 y 4 canciones? ¿No es eso muy poco? Quizá, pero he llegado a la conclusión, escuchándolos despacio, que no. Repasando mis últimos años de compra y descarga de discos, ha sido triste para mí reparar en que no recuerdo los títulos de las canciones de los que de veras me han gustado ni creo ser capaz tampoco de asegurar cuántas veces los he escuchado enteros y atentamente.... Me pierdo a la 8 o 9 canción, es así... No tengo el descanso cada veinte minutos, como recomendaba el añorado señor Manzarek. ¿Los discos ya no se escuchan como antes? Es muy posible que así sea. ¿Y eso es malo? En principio no, pero hay algo que no encaja y hace que sí, que sea peor que antes, es lo que tiene convertir en normal lo extraordinario, cuando uno se quita la escafandra ya no repara en el aire que respira (antes uno se ponía música y elegía qué quería escuchar, ahora está constantemente si quieres, sin parar). Yo, en mi caso y refiriéndome a mi vida melómana personal, he caído en ello sin remisión. Admito haber reculado en el pasado, a la hora de comprar algún disco, si comprobaba que el track list constaba de 9 o 10 canciones, y no 15 o 16. Y ya de las reediciones ni hablamos, era capaz de tildar de robo si el Deja Vú de CSN&Y venía únicamente con sus 10 luminosas y sublimes canciones. Para correrme a gorrazos, lo sé, pero en mi defensa diré que suena ahora mismo, en un intento de redención (y avería). Recuerdo tener en una mano la reedición de "Forever Changes" de Love con descartes, ensayos y demás y en la otra la edición normal, y me compré la que más canciones tenía... como si al no hacerlo me estuvieran timando... Y al final, cuando quiero escuchar ese disco, resulta que me pongo el vinilo (lo compré porque quería preservar mi vinilo, ya ves tú qué gilipollez más grande), aunque esté algo cascado, porque quiero que ese disco capte mi atención y no que pierda el hilo al rato... Qué triste... pero es así... y ya ni te cuento lo que significa escuchar los dichosos archivitos en mp3... Ya no es que pierda el hilo ni sepa qué canción estoy escuchando, es que el grupo en sí se disuelve y muchas veces termina quedándose en nada... Como mucho, si el disco es bueno, consigo retener las 4 o 5 primeras canciones, y esas son las que crecen, por eso los discos ahora empiezan como torpedos... Posiblemente habré dejado de prestar atención a varias decenas de discos que seguramente sean cojonudos porque el grupo ha pensado que el orden de las canciones merecía un discurso narrativo o emocional distinto al "tobogán" hoy imperante. Si ese orden está basado en una U (empieza alto, baja de intensidad y el tercio final sube) seguramente medio disco ni lo habré escuchado (se me viene a la cabeza el "West" de Lucinda Williams, el "Jupiter´s Darling" de Heart, o el "It´s not human" deThe Cubical), y ya si es de esos discos que van de menos a más ni lo cuento... ¿Con esto quiero decir que si no llego a conocer a Alfa y ha cruzar amables palabras con él, dificilmente me hubiese comprado sus discos? Tal vez, pero no quiero olvidar que me interesa todo lo que Alfa pueda hacer, pues como artista me parece indispensable y el precio de esos discos es casi ridículo (la balanza precio/canciones roza lo punible si "pasas de pasar por caja"). Como su idea es publicar un disco cada poco tiempo (a punto está de aparecer "El ocaso de los cines Luna"), seguramente yo hubiera esperado un tiempo prudencial y me hubiera hecho de golpe con todos a la vez. Me alegro de que el azar haya hecho lo que ha hecho conmigo y con su música... "El segundo oficio más antiguo del mundo" y "Autorretrato de un hombre invisible" son dos joyas que, a la espera de hacerme con el primigenio "22 de octubre" en vinilo, se pueden tomar como la cara A y la cara B de un disco que, de existir, se podría calificar de sublime. ¿Exagero? No lo creo, a las canciones me remito. ¿Ahora sería el turno de los calificativos...? Real, poético, visceral, áspero, delicado... No, prefiero bucear en el increíble poso musical que envuelve unas letras tan certeras como evocadoras en donde se adivina un duro trabajo tras ellas. Si existe un punto intermedio entre la lírica de José Ignacio Lapido y la de Quique González (ay, si éste hubiera firmado un disco con estas canciones... medio ruterío estaría aún entrempado, por no hablar de una Rolling Stone noqueada y una Efe Eme jugando al despiste para no caer en el panegírico por culpa de los prejuicios de los que hacen gala mes sí, mes no), ahí estaría Alfa.

Foto: Carolina Galiano

"Musa del viento del sur, tus hilos mueven mi rueca. Que no se amargue tu miel, que no se enfríe tu cera". Así comienza "Las rosas de Caín", blues pantanoso con el que se abre "El segundo oficio más viejo del mundo", el cual nos retrotrae directamente a los tiempos de "La danza de araña". El riff arenoso del Buzuki doblando una sangrante letanía explota con ese irrumpir de batería que sólo Pax sabe hacer tan bien y que si Levon Helm y Jim Dickinson allá donde estén la escuchan, seguro que les hace felices. Y de golpe lo vez, ves a una banda de escándalo, puliendo un legado musical que aunque no sea "nuevo" no por ello es menos vital y necesario. "El camino de regreso a casa" ralentiza el ritmo y pide que le prestes atención, descubriendo una letra sentimental y doliente, quizá sobre esa clase de amistad que el paso del tiempo se empeña en hacernos olvidar, donde la palabra amor no está de más, y donde tras el fracaso y el orgullo por un pasado glorioso se esconde un intento por tender la mano y saldar cuentas, mostrando una madurez que por fronteriza no es menos real. Si esto parece poco, escuchar acto seguido "Después de la tormenta" y "¿Cuántos soñaron contigo?" te desarman con su cadencia dylaniana justo antes del accidente de Woodstock pero con la vista puesta en Blood on the tracks ("A veces no sueno contigo, y la mañana me despierta en brazos de un dolor dormido, sumido en una nueva espera" canta en "Después de la tormenta", y "¿Cuántos soñaron contigo?" es sencillamente deliciosa, donde la cita a "Maria de la O" lejos de ser anecdótica se torna primordial, pero ese es otro tema); con unos arreglos de viento certeros y primorosos y un Hammond que se desangra mortalmente, son dos canciones soberbias. Cierra "El amor era un boomerang" y bajo la base un rock luminoso que agasaja el pulso y te deja como al propio Alfa en la foto que acompaña al libreto en esa página, con una media sonrisa, con cara de ensoñación y ojos confiados. Con espíritu de himno, Alfredo canta sentido y contenido, con cadencia de bardo resabiado que sabe algo que los demás no. Será que el amor sólo es un juego donde siempre se tiene mala mano...

Y termina el disco y uno se queda con ganas de más... Pero sólo hay una opción, volver a pulsar play y descubrir aspectos nuevos en lo que no reparamos antes o pulir el oído en unas canciones que son como una casa donde reposar. La banda base, Dani Patillas, Ignacio Khoury y Pax, es para blindarle el contrato de por vida (ojo con Khoury, Dani es todo un caballero que nunca falla, y de Pax ya está todo dicho). El día que consigan un teclista que encaje (económica y humanamente), la cosa puede ser directamente de aúpa.

Foto: Jaime Sánchez

Pero también está la opción de, habiendo escuchado veinte minutos, te levantes o dejes lo que estés haciendo y le des la vuelta al disco, pues a mí me ha dado por ver en esas cinco canciones la cara A de mi disco ideal. ¿La cara B sería entonces "Autorretrato del un hombre invisible"? Sí, hoy sí. Pero como al cd no se le puede dar la vuelta... No, en serio. Si "El segundo oficio más viejo del mundo" sentaba las bases de un camino a seguir (pero que para hablar de la historia de Alfa resulta redundante, porque es algo que lleva toda la vida haciendo), "Autorretrato de un hombre invisible" mantiene el pulso firme, pero a la vez tiene matices distintos. Abre "Euterpe" con cierto aire British, como si un denso e inspirado Ian Hunter versionara al último Tom Petty. La letra, tomando a la musa como imagen y rehén, plantea de manera genial la confesión de que la música es un destino que nunca tendrá otro fin más que su propia continuidad. "Alfa" es un blues rabioso de esos que tan bien compone Alfredo, respaldado por la banda en estado de gracia, sonando como un búfalo furioso del que Howlin´Wolf estaría orgulloso. "Afrodita" es tan densa y cadenciosa, con una atmósfera casi opresiva que es como un salto al vacío donde se busca salvaguardar la belleza a toda costa.  "Rumbo al siguiente corazón" suena como la hermana mayor de "El amor era un boomerang" pero volviendo a casa después de años mientras todo se va al garete. Impetuosa y controlada, este vals fulgurante anima a mear contra el viento, a sacar coraje y soltarle jaque mate al cenizo que jugaba al ajedrez en un acantilado filmado por Bergman, con un Miguel Herrero convertido en un Garth Hudson comandando a The Band como si supiera que es la última vez que lo fuera a hacer.


Quizá sólo sea mi deseo que estos dos Ep´s fueran un disco glorioso ; me viene a la cabeza Jimbo Mathus, el Ryan Bingham de Tomorrowland; pero esto no es EE.UU., ni siquiera es Europa, y me temo que también en esto tiene razón Alfa,en hacer las cosas como las está haciendo, en hacer su propio camino y combatir la sobreabundancia con perlas contadas lanzadas como botellas al mar cada cierto, y poco, tiempo. Me gustaría que tuviese toda la suerte del mundo, ¿qué menos se puede pedir para alguien que escribe canciones con ese nivel y que uno lleva escuchando media vida? A punto de salir "El ocaso de los cines Luna", me temo que esta vez no me lo pensaré dos veces a la hora de hacerme con él, aunque la idea de ir a la presentación el 2 de noviembre en la Sala El Sol, donde con la entrada te dan el disco, y cantar entre la gente estas canciones, se vuelve cada segundo más y más atractiva...

http://www.alfamusica.com/biografia/








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