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miércoles, 5 de febrero de 2014

Sobre presentaciones de libros y otros percances escritos a vuela pluma.


Xilografía de Andrea Hauer


Variaciones sobre el "aquí te pillo, aquí te mato": Elijo un disco que me despierte (las neuronas, si es que eso es posible), The Jam, In the city. Dispongo de una hora y me gustaría aprovechar. Es lo que hay.  Sobre la mesa, a mi derecha, "La tentación de fracaso", los diarios de Julio Ramón Ribeyro que publicó Seix Barral en 2002 (la que tengo delante es la tercera reimpresión, de 2008); a la izquierda, la novela gráfica "Asterios Polyp", de David Mazzucchelli, editado por Sins Entido, y que es una jodida maravilla (una jo-di-da ma-ra-vi-lla). Escribo lo que veo, subo el volumen. Un peluche de Triki asoma por detrás de la pantalla, una botella de agua vacía, unas tijeras, una jeringa vacía de enoxaparina, dos cajas de cd´s, uno encima de otro, giro la cabeza y leo, "In the city" y "Stanley Road". En vez de recoger, por una vez he optado por escribir. Al parar de teclear, parezco un pistolero, moviendo los dedos como si no me creyese lo que estoy haciendo. Han pasado muchas cosas, y el filtro no funciona como debería en estos momentos, para poder desechar y elegir uno de los caminos. La experiencia de un cateterismo (que salió bien) hace una semana, el ingreso breve y extraño (como siempre) parecen tamizarlo todo. Y el viernes pasado la presentación de "Cardiopatías" en la Biblioteca de Manzanares, junto a Teo Serna. El viernes que viene el encuentro en Muga, con Andrés Sorel y los amigos que nunca fallan.

Frío, desnudez, olor a yodo, líquido aún más frío limpiando la muñeca y la ingle, una radio puesta de fondo, una camilla estrechísima a la que me tengo que agarrar con la mano izquierda mientras tirito de frío (y de nervios, tal vez miedo, uno piensa muchas cosas), constante ir y venir de enfermeras y enfermeros, cuando creo que hay por lo menos diez, reparo en sus caras y compruebo que son sólo tres, que parecen abejas verdes afanadas en ir y venir, sin parar; alguna me sonríe al pasar a mi lado y ponerme algo en la vía, otra incluso me acaricia la frente, hablamos, todo rutinario salvo por la válvula, que el médico está decidiendo si intenta pasar a través de ella o se queda fuera, aunque lo que es seguro, me dicen, es que entrará por la muñeca. Frío, la radio me hace sonreír, "rock and gol" online, joder, para no sonreír; Sweet child o´mine y  More than a feelin´ de Boston, seguidas; pienso en Kiko Amat y en el libro que de él estaba leyendo hacía una hora, sonrío de nuevo pensando en que donde estoy yo ahora, escuchando lo que estoy escuchando, debe ser el infierno para él (por cierto, su libro, "Mil violines" me parece una lucidísima y divertidísima maravilla). A mí, en cambio, me está relajando; quizá sea algo que me han puesto en la vía. Me sujetan a la camilla y me piden que no me mueva para no caerme; por fin desdoblan la sábana que me tapaba la cintura y me cubren desde los pies hasta el pecho. Aún así, sigo tiritando.

Foto: Juan José Díaz Portales

En la biblioteca decidí no llevar nada preparado para leer. Va a ser la primera vez en mi vida que voy a hablar, sin llevar nada preparado, delante de gente. Mucha gente, al menos para mí. Miguel Ángel, el conserje, me dijo varios días después que fueron ochenta personas (y seis niños). Demasiados me parecen, demasiada gente, no puede ser. Me jura que sí, que los ha contado. Menos mal que, como digo, lo supe después; nunca he hablado para tanta gente, y menos sobre un libro mío. Teo lleva preparada una presentación diferente. Tras la introducción, hablará de cada relato y pondrá una composición musical a partir de lo que a él le haya hecho sentir cada relato. Tengo mi ordenador a la izquierda y yo voy dándole al play cada vez que él me dice. Unos días antes me pasó los archivos con la música, pero al escuchar lo que él dice y escuchar luego la música, me siento afortunado, de tenerle como amigo y de compartir cosas con él, y de descubrir tantas otras. Samuel Barber, Wes Montgomery, Stravinsky, Anton Weber... qué distinta es la percepción... Recuerdo lo que leí una vez: "en lo más profundo, el arte no nos dice nada del mundo, tan sólo nos hace ver cómo nos sentimos". Yo pensaba una cosa cuando escribía esos relatos, escuchando música muy distinta; él siente cosas distintas y en su cabeza suenan otras notas.

El médico se me presenta mientras comienza una canción de Scorpions. "Loving you on sunday morning"... No río a carcajadas porque no es el momento pero ganas no me faltan... Es muy joven; me pregunto si la radio está a ese volumen porque le gusta a él trabajar así. Va a estar justo a mi lado (normal, el cateterismo es por la radial) y me irá explicando todo. Me cuenta cómo va a ser la prueba y que cree que no es necesario intentar sobrepasar la válvula metálica, salvo que vea algo obstruido, por lo que, si todo va bien, será rápido. Notaré algo, pero la pequeña anestesia de la muñeca hará el resto. Empieza a sonar "Simpathy for the Devil" de los Rolling Stones cuando comienza a hurgar en mi muñeca y siento un pinchazo desagradable. No me jodas, pienso, ni que fuese a propósito. Muevo los dedos del pié derecho al compás. Recuerdo a Bulgakov, al Maestro, a Margarita, y a Jagger, que escribió la letra de esa canción inspirándose en ese libro, en el majestuoso capítulo del baile final. Mierda, sigo tiritando y no puedo parar. El médico ya está dentro de mi brazo y sube. Please to meet you... Me mira y dice que me pongan 40 de atropina. ¿Pasa algo? pregunto. No, simplemente estás un poco bajo y muy pálido, responde. Intenta entretenerme pidiéndome que mire a la pantalla donde se ve todo mi interior. Jodido Mick. Hago que escucho y respondo con monosílabos; demasiadas sensaciones de golpe como para asimilarlas todas. Mi corazón en blanco y negro en una pantalla y montones de venas que se vuelven negras cuando él me dice que aguante la respiración, después de sentir un calor extraño por dentro que no palía el frío de mi piel.

Xilografía: A. Hauer
Teo tenía la voz jodida, estaba hecho polvo con una faringitis brutal, pero aún así decidió hacer él la presentación en vez de pedirle a un amigo que leyera lo que había escrito. Es mi poeta salvaje, mi detective generoso. Su voz sufre, mucho, pero él sigue leyendo. La gente luego me comentará que les ha gustado mucho lo que Teo Serna ha hecho, y que la mezcla con lo mío ("lo mío", así lo dicen, es decir, hablar como si no llevara nada preparado cuando realmente no llevaba nada preparado pero hablaba de algo a lo que llevo dando vueltas años) ha estado muy bien, que ha sido diferente a otras presentaciones... Después de Teo yo digo muchas cosas, y si ahora recopilo mentalmente me parece que solté muchas gilipolleces y alguna que otra boutade, que podría haber dicho otras cosas o haber profundizado en cosas sobre las que pasé sin hilar demasiado. Explico cómo salió el proyecto, por qué, y a cuento de qué. Teo ya había hablado de los relatos, por lo que yo apenas hago referencia (algo que luego mi amigo Ramón me reprochará, sobre todo, según él, porque podría haber hablado del "proceso creativo"; dicha puntualización o reproche, creo que viene porque a él le gustaría saber cosas, sobre todo a raíz de un cuento en el que lo convertí en protagonista). ¿Sigo escribiendo en presente? Al final me lío con estas cosas de estilo y teniendo en cuenta que estos textos que escribo en este blog, los corrijo poco (o nada, van a pelo, tal cuál termino) puede resultar un poco caótico... Miro a la gente sentada pero no veo a nadie, tengo que pensar rápido y no estoy acostumbrado, veo a mi santa, miro de refilón a gente, sigo soltando cosas y cosas; veo a la hija de Ramón, que anda por el pasillo y se sienta en el suelo y me sonríe, entre el ala derecha e izquierda de la primera fila, la sonrío, miro a Teo de soslayo, en el fondo todo lo que estoy diciendo, se lo estoy diciendo a él, todo eso sobre hacer las cosas con pasión, con crearnos nuestro hueco, con renovar las fuerzas, todo se lo digo a él, una persona que siempre está creando y que aún hoy busca su sitio en el sentido de "sitio" como lugar tranquilo en el que no hay que responder a la pregunta "¿por qué haces lo que haces?".

Escucho las maracas diabólicas de Brian Jones mientras Mick Jagger continúa su metamorfosis y pasa a ser Voland, aquel que maneja a los humanos y saca de ellos lo oculto, sus debilidades, su libertad. Recuerdo fotograma a fotograma esa canción en la película "Rock and Roll Circus" (y si parece brutal su interpretación, infinitamente mejor estuvieron esa noche The Who). Si tuvieran que intentar pasar la válvula o hubiera problemas, sería todo muy raro... Eso me pone muy nervioso. Al final no hay ninguna coronaria obstruída y la limpieza no irá a mayores. Creo que la canción de los Stones termina aunque yo la sigo oyendo. Algo han debido inyectarme pues ya no distingo nada y estoy muy cansado de golpe. Salen de mi por la muñeca y me parece que lo hacen demasiado rápido, pues siento un latigazo a lo largo del brazo, como si me sacasen algo o rasgasen algo o se llevasen por delante la radial por donde han entrado. Siento un cansancio enorme en el hombro, como si hubiese estado castigado en una esquina de rodillas sosteniendo un libro gordo y pesado con los brazos en cruz. Me gustaría dormir. "Cuando estés en la habitación y te veas con fuerzas, te puedes levantar y caminar un poco" oigo decir. Veo a mi mujer, a mi madre y a mi hermana. Sonríen. Me suben a la habitación. Dicen que hablé con gente, que estaba bien y que me levanté al servicio y anduve un poco por el pasillo. No lo recuerdo. Sé que cené (algo soso y frugal, demasiado soso y demasiado frugal). También recuerdo pedir un nolotíl porque me empezó a doler mucho la muñeca y que me dormí con una extraña sensación de tierno sosiego hasta la mañana siguiente.

Termino de hablar de golpe frente a toda esta gente, o yo creo que lo he hecho de golpe; algunos sonríen. A mi cabeza viene la imagen de un profesor que tuve, Jacobo Muñoz, y de su reloj despertador rosa que ponía sobre la mesa al empezar sus clases, y pienso que debería haberme traído uno. Alguien pregunta algo, aunque más que una pregunta es un alegato, una lanza rota para toda esa gente que escribe y tiene la osadía de publicar sus cosas. Yo contesto algo, y me lío y no digo lo que quiero decir, y es que ya somos mayorcitos y que la autocrítica antes de atreverse a autopublicar se ha de presuponer (tirar, corregir, volver a tirar, volver a corregir y así hasta, casi, el infinito) y que si uno tiene la osadía de publicar sin editor mediante ha de saber también que tiene que tener el aguante para escuchar las críticas más brutales que le tengan que caer, pues las dos cosas van unidas, y más, sobre todo, si te lanzas tú solo. Después la gente se levanta; algunos se van, otros se saludan, la bella niña Julia, Elsa y Alba; Pablo a lo suyo, correteando y haciéndome feliz; algunos se acercan a la mesa y me hablan, escribo cosas en la primera página en blanco... Muchas cosas...

Whatcha trying to say that haven't tried to say before / You're just another red balloon with a lot of hot gass / Why don't you fuck off? / And you think you've got it worked out / And you think you've got it made / And you trying to play the hero / But you never walk home in the dark.... Jodido Paul Weller... Pitido final... el bebé se ha despertado de la siesta... Ya corregiré esto si puedo esta noche...

http://www.manzanares.es/noticias/ver/id/juan-miguel-contreras-presenta-cardiopatias-un-libro-de-relatos-publicado-gracias-al-micromecenazgo-id-15235#.UvJYQfl5OSo

miércoles, 19 de enero de 2011

The Rolling Stones escuchan Wild Horses


¿Qué censor pensó que esta portada es más suave que la original?
Yo no sé qué cara tengo cuando escucho alguna de mis canciones favoritas, no sé qué cara pongo cuando me dan una buena noticia, ni cuando estoy en la ducha cantando, ni cuando hago el amor, ni cuando tengo un orgasmo, ni cuando estoy en un concierto y sé que soy feliz, no lo sé, ni tampoco lo había pensado (alguna vez, tal vez, seguro). Respecto a lo del orgasmo, eso tiene fácil solución, con apuntarme a Beautiful Agony lo solucionaría rápido, con el resto pues supongo que igual, con grabarme o hacerme alguna foto, listo, pero no estoy yo por la labor de convertirme en un entomólogo de mí mismo (Kafka dixit). Y pensar que todo esto es para hablar de lo Rolling Stones... Sí, es un tanto ridículo, lo sé, pero el otro día una amiga compartió en FB un video de esos que te sorprenden, que te colman de gozo como buen mitómano que eres y que te dejan enganchado. ¿Qué cara pusieron los Stones cuando escucharon por primera vez en el estudio una primitiva versión de su canción "Wild Horses"? ¿Satisfacción, placer por el trabajo bien hecho, sorpresa, regocizo, ausencia, regodeo? Supongo que algo de eso, o no; no soy digno de sopesar el genio, y por tanto mucho menos de conjeturar sobre cómo se siente o qué se siente. No se me ocurren más cosas, salvo volverlo a ver. Dicciembre de 1969, Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Mick Taylor y Jim Dickinson escuchando en el estudio Wild Horses. Extraido del documental 'Gimme Shelter'. Los Stones la grabaron, junto con otras canciones de Sticky Fingers, en los estudios Muscle Shoals de Alabama a principos de diciembre de 1969. Se dice que Wild Horses fue escrita por Keith Richards inspirado por los sentimientos enfrentados que sentía por el hecho de tener que dejar a su hijo Marlon para irse de gira con la banda. Nunca sabremos la mano que tuvo Gramm Parsons en su composición, ahí cada Stoniano tiene su opinión. Estoy leyendo el maravilloso libro de Kiz Richards, Vida, memorias, pero llevo poco y no sé si hablará de eso. Muchas veces me he tumbado a escuchar esta canción, y nunca me canso de ella. Estoy deseando que haya por fin un día soleado de invierno para ponerla en el coche, mientras conduzco por una maltrecha carretera comarcal a media tarde y persigo a un sol radiante incubando ilusiones nuevas.

Watts se prepara, con los ojos cerrados, no mueve un músculo en los primeros acordes, hasta que Mick canta los primeros versos, que abre los ojos y uno se pregunta qué piensa alguien como él en esos momentos; igual nada; Richards con los ojos cerrados, sobrado, cantando y satisfecho, orgulloso como padre la canción que lleva tantos meses dando forma, dios sabe si pensando qué o en quién; Jagger algo nervioso al principio, y luego visiblemente complacido (no es para menos); Jim Dickinson sabiendo que la canción era enorme, se relaja y escucha; Watts no sé si con sueño, tal vez preguntándose por qué le estaban grabando, perdido o no; y Taylor comedido, con mil preguntas y con esa cara de no saber porqué le habían invitado aún a esa fiesta, incapaz de calibrar su inmenso peso en esa histórica y definitivamente mastodóntica banda. Y el video termina y uno hace exactamente lo mismo que Mick, pero sin ser Mick, claro, aunque no deja de ser curioso que posiblemente ese gesto similar incluya el eco de la misma palabra resonando en la cabeza, la suya, la mía, la de cualquiera, "cojonuda"... Pocas manifestraciones artísticas nos han dejado momentos visuales tan significativos como la música...

Para saber más de este film: http://www.miradas.net/2009/03/contraplano/gimme-shelter.html 

En la web del grupo han colgado la que ellos consideran que es una de las mejores interpretaciones de "Wild Horses" que nunca hayan hecho (en este punto de la historia de los Stones uno se pregunta quiénes, pero yo no diré que no han acertado, desde luego...). Jagger se   acerca al micro y dice: "Vamos a hacer una canción muy, muy, muy triste". Knebworth, 1976... "Wild horses, could't drag me away"

 

miércoles, 16 de junio de 2010

Viajando con los Stones en el 72



Robert Greenfield se embarcó como cronista en la gira de los Rolling Stones por Estados Unidos en 1972. Esos años cambiaron de manera radical el modo de entender la música, sobre todo el negocio, y la lectura de un libro como "Viajando con los Rolling Stones" y esa gira en particular del 72 resultan especialmente reveladores. Los 60 quedaron atrás y la música se convirtió en un gran, gran negocio. Los grupos tuvieron que profesionalizarse de una manera no vista anteriormente. Todo se empezó a controlar al detalle... Promoción, imagen, gira.... ¿gira? Hablamos de sus satánicas majestades, por lo que si era imposible que una gira de Cher fuese normal, mucho menos la de la más famosa banda del mundo. ¿Qué importa Chicago si reciben una invitación a pasar unos días en la mansión de Playboy? La máxima implícita frente a la industria era, "exprímeme, sángrame, estáfame, saca toda la plusvalía que puedas de mí, mátame incluso, pero déjame hacer todo lo que me salga de los huevos y sálvame de las consabidas y siempre engorrosas detenciones policiales".


En el libro de Greenfield, y recuerdo de memoria porque mi ejemplar está en otras manos, la música poco importa dado que escasamente hace su aparición en forma de comentario ocasional. Por el contrario, el planteamiento y descripción de los entresijos del grupo humano que rodea a los Rolling es impactante. Y la libreta de Greenfield se llena velozmente. De hecho, esa fue la única vez que Jagger ha permitido a un periodista seguir una gira de los Stones con el pase de "Access all areas". La corte que forma el núcleo duro de la gira vela por los intereses de los Rolling, encargándose de "interpretar" sus deseos, a la hora que sea, donde sea y como sea. Al final todo es tan caótico que peticiones expresas se mezclan con "sugerencias" y simples comentarios al vuelo, provocando escenas de lo más delirante, de manera que, un comentario trivial de Mick Jagger sobre las vistas desde su habitación, provocan el cambio de hotel ante la indiferencia del cantante. Dentro del equipo de la gira (que incluye diferentes facciones de intereses contrapuestos, Richards por un lado, Jagger por otro, un Taylor perdido de un modo totalmente kafkiano entre aquel delirio, un Watts misterioso que juguetea con las damas y la heroina y un asqueado Wyman ávido de Lolitas) los ascensos o las caídas en desgracia se suceden con la misma rapidez que vemos pasar las ciudades, conciertos, altercados y bacanales; si curras con los Rolling seguramente un día acabes prefiriendo a la pasma antes que a unos enfurecidos Keef y Mick, aunque si hay diversión, en ningún otro lugar desearás estar...

La persecución de las grouppies se mezcla con la represión policial en los convulsos primeros setenta. Los Rolling Stones por los Estados Unidos son como unos apátridas aristócratas con patente de corso para hacer lo que les venga en gana. Todo es un frenético carrusel, el cual te sumerge en un torbellino donde se suceden orgías, drogas y sexo a mansalva, depresiones nerviosas, encontronazos con la policía... Truman Capote, enviado en calidad de corresponsal de la revista Rolling Stone, abandona la gira contrariado y asqueado de todo. No es dificil de entender que este libro se convirtiera en un clásico del periodismo contracultural y que a Jagger no le gustase (se cuentan demasiadas cosas que nadie se atrevió a desmentir ni a contrastar, ejemplo, un viaje relámpago a Canadá para comprar mercancia de la buena entre bolo y bolo es sorprendido por un control policial en un aeropuerto, que por las descripciones debía de ser más una pista y una torre de control enana en mitad de la nada. Cuando todo parece indicar que Keith acabará en chirona, Jagger llama a la mujer del primer ministro canadiense, el cual llama a su vez dando precisas instrucciones y todo acaba con el grupo cogiendo el avión y llegando al concierto. No se dice la cantidad de "mierda de la buena" que llevaban ni se afirma que Jagger y la esposa del ministro tuvieran más que palabras, pero todo queda "dicho" de tal manera que a uno le caben pocas dudas sobre su veracidad). En el magnífico prólogo de Diego A. Manrique, se pueden leer cosas como: "La grandeza del libro de Greenfield reside en la nitidez con que retrata el paisaje de fondo -un país polarizado- y la dinámica interna de un Stones Touring Party: los círculos de poder, las caídas en desgracia, las subidas y bajadas de energía general, el sentimiento de formar un clan aparte, la degradación colectiva, la psicosis que ataca a todos al final del trayecto." La sensación de caos viene acompañada por el estilo directo del autor, que no ahorra detalles a la hora de describir este particular descenso a los infiernos.


A la edición de Anagrama, puestos a criticar, habría que echarle en cara que no se haya molestado en revisar el texto, el cual tiene la misma tipografía y maquetación que cuando se editó por primera vez a finales de los setenta, estando salpicado de torpes erratas que cualquier relectura hubiera subsanado facilmente. Ahora que circula esa flamante edición especial del "Exile on Main Street", uno de los grandes clásicos de la música rock (precisamente el disco que presentaban en esa gira) y que además, la reedición coincide con el lanzamiento de un nuevo documental sobre la banda: Stones In Exile, me apetecía rescatar este libro.

Dentro del caótico ritmo de lecturas que llevo (causado principalmente por unos estudios gremiales de inmimente puesta a prueba) últimamente han caído varios libros sobre músicos. Sacar a colación "Viajando con los Rolling Stones" en el post anterior, me ha hecho animarme a verbalizar la opinión de que cualquier libro sobre música moderna, independientemente del estilo, puede ser tanto o más interesante que la muchas de las novelas que se agolpan en las secciones de novedades (aquí en la Pecera, sección...). Me explico. Un libro que narre las andanzas de los Motley Crüe, de David Bowie, de Charlie Parker, o Capricorn Records, o sobre personajes satélite (el maravilloso libro que acaba de salir de Patti Smith sobre Robert Mapplethorpe) o incluso sobre una sóla canción ("Like a Rolling Stone" de Greil Marcus), tiene todas las papeletas para, en principio, ser una novela redonda que los críticos mirarán con condescendencia y apartarán a la sección de biografías, subgénero "musicos" (es decir , lo peor, salvo que sea sobre un reputado músico de jazz, que parece que últimamente queda bien). Y digo que en principio pueden ser novelas redondas, pero lo digo en sentido positivo, porque estos libros suelen estar escritos con un notable pulso narrativo por periodistas musicales (los anglosajones nos dan mil vueltas en eso) y rebasan el género de "ascenso, caída y posterior redención al uso de un músico". Sí, la máxima "Sexo, drogas y rock and roll" está omnipresente en la mayoría de esos libros, pero siempre hay mucho más. Leyéndolos, a veces, tienes la sensación de estar ante buenas novelas donde, despojadas de su cariz "biográfico", reflejo de cierta realidad, lo que se narra con gran pulso son historias que otorgan una sucia y luminosa visión del alma humana, con toda su grandeza y miseria. Lástima que nadie se haya dignado a traducir en este país a Lester Bangs... y luego está "Cocksucker Blues" pero eso ya es algo que se me va...
Viajando con los Rolling Stones, Robert Greenfield, Ed. Anagrama, 2005. 15,00€


Beast of burden. Mick y Bette se lo montan

Hay días que da gusto que tu subconsciente se sacuda el polvo de los hombros (con perdón) y saque a la luz de tu vigilia canciones que hace tiempo que no escuchas, haciendo que al despertar resuenen insistentemente en tu cabeza. Esta noche he soñado que veía a los Stones en directo; da gusto soñar cosas así, dentro de la lógica particular de los sueños, claro está. Se me han colado las imágenes de la película de Scorsese (que todavía no he visto, lo siento), he visto a los rolling desde un lateral del escenario y he acabado tomando una cerveza con Ron Wood hablando de rusas mientras él recordaba su infancia, cuando vivía en un bote en el Támesis. Luego he soñado con otras cosas, y otras cosas y otras cosas y me he levantado con Beast of burden resonando gloriosamente en mi cabeza. Así que me he ido directamente al tocadiscos y he puesto Black and Blue (sí, ya sé que en ese disco no está Beast of burden, no tengo some girls en vinilo.... pero tengo el Black and Blue!!!!!!!!). Esta mini fase Stones que padezco viene porque he comprado por la ridícula cifra de 30 euros el "Let it Bleed", "Black and Blue", "Trought the past darkly" -edición portada exagonal inglesa original del 69- "Goats Head Soup" y dos recopilatorios de la época (es decir, 1971 y 1969 respectivamente)... Joder, para salir corriendo haciendo el Benny Hill. Cosas así pasan.
Un jubilado que se va a vivir a Alicante entró en la librería la semana pasada preguntando si compraba libros de segunda mano. Depende, le dije. Él me explicó que se mudaba y que quería deshacerse de cosas, libros y discos basicamente, porque no le cabían en su casa nueva. "¿Discos?" dije. "Sí", contestó, "discos de los Rolling, Serrat y Lluis Llach, los purple y cosas así..." Vamos, que no me entró la risa nerviosa por poco... Intentando que no se me notara mucho, le pregunté si le importaría enseñármelos...
Me los trajo el otro día para verlos y casi lloro. A los vinilos antes citados (ediciones originales de la época) hay que sumarle el primer disco de Suzie Quatro, un recopilatorio de Soul (fantásssstico), The Animals, un directo de Elvis, el Metal Heart de Accept y alguno más... ¿30 por todos?, le dije. "¿Los vas a cuidar bien?", contestó él. "Joder que si los voy a cuidar bien...". "Trato hecho", zanjó... Y ya está... Y yo más feliz que Humbert Humbert espiando a Lolita mientras baila en su habitación al ritmo de Hey Negrita... Así que estos días pongo los discos en el tocadiscos de arriba (todo un prodigio artesanal de la naturaleza que aún funciona) y yo abajo paso las mañanas contoneandome cuan bastardo lejano (muy muy lejano) de Jagger. De los libros no hablo, porque los buenos no los vendía, y yo soy un fetichista de manual pero todo tiene un límite, y loque no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

Así que "Beast of Burden" ha sido el "hit of the day" en la Pecera (la librería rebautizada como Championship Bookshop!!! Echo de menos a Dick y Barry)... En vez de colgar una versión de los Stones de la citada voy a colgar una versión que hizo Bette Milder porque me he reído de lo lindo viendo el video que esta siempre excesiva cantante hizo del mismo, con cameo especial de Jagger incluido. El video es genial, divertido y ochentero a más no poder. Jagger, haciendo de amante flemático con leve y arrebatadora pluma, hace de novio de Midler, y va a verla con flores a un show. "Rosas", dice Midler, "es que se ha muerto alguien". "Yo", dice Jagger burlándose para despúes hacer la típica escena de amantes celosones. Ella quiere juguetear, él está cansado, ¿acaso hay otra?, se molesta ella, no, no dice Mick... "Quédate a escucharme cantar tu canción", le insinua Midler, "nadie la canta mejor que yo". "Bueno..." dice un herido e irónico Jagger (con un careto antológico). Ese intercambio de egos exaltados ya te pone la sonrisa directa y más en estos días previos al solsticio de verano. Un camerino más propio de una fan enferma (flores y fotos de Jagger por todos lados) y una Midler en todo su explendor. Y Mick, que está diabólicamente exhultante en todo el video. Se nota que ambos se lo debieron pasar de vicio (¿acabaría la cosa en revolcón?... demasiado feeling para que no sucediera nada...) Y luego el jeque... (porque aparece un jeque, ya sabeis, los ochenta fueron así)... Como digo, la versión no le hace la más mínima sombra a la de los Stones (donde la de los Stones respira, esta se ahoga, donde la de los Stones fluye sola esta se encorseta (los 80, again...) pero como digo, el video es un despiporre hedonista que da gusto ver.
Beast of burden... Esas canciones donde de la desdicha se sacan fuerzas, donde el patetismo del amante suplicante no oculta el punto de orgullo... Canciones que animan los días... Y aprovecho para recomendar el libro (porque esto va de libros, no?) "Viajando con los Rolling Stones" de Robert Greenfield, editado por Anagrama por unos indecentes 15 €, superlativo libro sobre la gira americana de 1972 repleta de todo lo que se espera de sus satánicas majestades y mucho más.




Nunca seré tu bestia de carga,
mi espalda es amplia pero está herida,
lo único que quiero que hagas, es que me hagas el amor.

Nunca seré tu bestia de carga,
he caminado muchas millas y mis pies están heridos,
lo único que quiero que hagas, es que me hagas el amor.

No soy lo suficientemente duro?
No soy lo suficientemente violento?
No soy lo suficientemente rico?
No estoy tan ciego como para no ver.

Nunca seré tu bestia de carga,
así que vamos a casa y cerremos las cortinas,
pongamos música en la radio…
y vamos nena… hazme el amor dulcemente.

No soy lo suficientemente duro?
No soy lo suficientemente violento?
No soy lo suficientemente rico?
No estoy tan ciego como para no ver.

Oh querida,
hermosa, hermosa, hermosa, hermosa niña,
sos una hermosa, hermosa, hermosa, hermosa niña,
vamos nena por favor, por favor, por favor.

Te voy a decir algo,
puedes echarme y dejarme
descalzo de patitas en la calle…
pero sácame, sácame de esta miseria.

Sí… toda tu enfermedad…
la puedo absorber,
puedes tirármela toda a mí…
que me la puedo sacar de encima.

Pero hay una cosa nena
que no logro comprender…
continúas diciéndome y diciéndome
que no soy tu tipo de hombre.

No soy lo suficientemente violento? oh, nena,
No soy lo suficientemente resistente?
No soy los suficientemente rico?... en amor?
oh, por favor!

Nunca seré tu bestia de carga,
nunca seré tu bestia de carga,
nunca, nunca seré.

Nunca seré tu bestia de carga,
he caminado muchas millas y mis pies están heridos,
lo único que quiero que hagas, es que me hagas el amor.

No necesito una bestia de carga,
no necesito caprichitos,
no necesito que me cuiden,
nunca, nunca seré tu bestia de carga...


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