
COSAS
Amamos las cosas:
los libros,
los lapiceros,
los discos de vinilo,
los cuadernos viejos…
Cosas.
Solo cosas que palpamos, que sentimos,
que creemos únicas, necesarias.
Acariciamos cosas
como acariciamos la piel de una mujer
o el lomo de un gato torpe.
Cosas que están ahí
porque nosotros las cogimos,
o quizá las encontramos como el tesoro ése
de algún pirata.
En cualquier caso,
cosas que hicimos nuestras porque, a veces,
necesitamos sentirnos algo menos pobres.
Cosas tontas:
canicas, cucharas, una afeitadora,
un soldadito de plástico,
un sello de hace 20 años.
Ellas seguirán, de alguna manera
(ya lo dijo Borges).
Nosotros no.
Pero nosotros pasaremos a ser cosas también:
una camisa, unos huesos, una foto,
una carta apenas empezada,
un cerco seco en la boca de un vaso,
una tarjeta de crédito caducada.
Una huella en la habitación aquella.
Cosas.
Solo cosas.
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