
Josef Brodsky nació en San Petersburgo.
Abandonó sus estudios de bachillerato.
Pasó 18 meses en un campo de trabajo soviético, acusado de parasitismo social.
Tenía 24 años.
Dos imágenes...

Juez: ¿Cuál es su ocupación?
Brodsky: Soy poeta.
Juez: ¿Quién lo reconoce a usted como poeta? ¿Quién le ha dado la autoridad para llamarse poeta?
Brodsky: Nadie. ¿Quién me ha dado la autoridad para pertenecer al género humano?
Juez: ¿Ha estudiado para eso?
Brodsky: ¿Para qué?
Juez: Para ser poeta. ¿Por qué no hizo usted estudios en una escuela donde lo prepararan, donde pudiera aprender?
Brodsky: No pienso que la poesía pueda ser materia de enseñanza.
Juez: ¿Qué es entonces?
Brodsky: Creo que es... un don de Dios...
"Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos". Anne Applebaum. Ed. Mondadori.
Un periodista tomó estas notas y las pasó a occidente.
Después de dos años, se le concedió la libertad, y finalmente fuie expulsado de la URSS.
Una imagen...
La bofetada de un ratón a un elefante...
"La poesía es... un don de Dios..." ("Soy algo que no podéis controlar... Hago algo que no podéis regular...")
Segunda imagen:
"... La literatura, como la pobreza, es conocida por cuidar de los suyos, sobre todo por la antigua y quizá hasta ahora infundada creencia de que, si los maestros de este mundo fueran mejor leídos, podrían reducirse la incuria y la desdicha que obligan a liar los bártulos a millones de personas. Como no nos queda mucho en que poder confiar, y casi todo parece condenado al fracaso, debe insistirse en que la literatura constituye el único seguro moral posible para una sociedad; en que es el antídoto permanente del principio según el cual el hombre es un lobo para el hombre; en que aporta el mejor argumento contra cualquier teoría política que sólo tenga en cuenta a las masas y aplaste al individuo, aunque sólo sea por el hecho de que la diversidad humana constituye el material básico de la literatura y su raison d'être. Se impone que hablemos porque debe insistirse en que la literatura es la mayor maestra de sutileza humana (probablemente más que cualquier religión), y en que si una sociedad impide la existencia natural de la literatura y la posibilidad de aprender de las obras literarias, lo que está haciendo es reducir su propio potencial, retrasar su progreso y, a la larga, poner quizá en peligro su propio tejido. Si todo ello significa que vamos a hablar sólo entre nosotros, tanto mejor (no para nosotros pero sí para la literatura)."
Del dolor y la razón. Ed. Destino, 2000. Pág. 33

foto encabezamiento Andrea Hauer
1 comentario:
Joder, qué historia y qué valor.
Publicar un comentario