miércoles, 5 de febrero de 2014

Sobre presentaciones de libros y otros percances escritos a vuela pluma.


Xilografía de Andrea Hauer


Variaciones sobre el "aquí te pillo, aquí te mato": Elijo un disco que me despierte (las neuronas, si es que eso es posible), The Jam, In the city. Dispongo de una hora y me gustaría aprovechar. Es lo que hay.  Sobre la mesa, a mi derecha, "La tentación de fracaso", los diarios de Julio Ramón Ribeyro que publicó Seix Barral en 2002 (la que tengo delante es la tercera reimpresión, de 2008); a la izquierda, la novela gráfica "Asterios Polyp", de David Mazzucchelli, editado por Sins Entido, y que es una jodida maravilla (una jo-di-da ma-ra-vi-lla). Escribo lo que veo, subo el volumen. Un peluche de Triki asoma por detrás de la pantalla, una botella de agua vacía, unas tijeras, una jeringa vacía de enoxaparina, dos cajas de cd´s, uno encima de otro, giro la cabeza y leo, "In the city" y "Stanley Road". En vez de recoger, por una vez he optado por escribir. Al parar de teclear, parezco un pistolero, moviendo los dedos como si no me creyese lo que estoy haciendo. Han pasado muchas cosas, y el filtro no funciona como debería en estos momentos, para poder desechar y elegir uno de los caminos. La experiencia de un cateterismo (que salió bien) hace una semana, el ingreso breve y extraño (como siempre) parecen tamizarlo todo. Y el viernes pasado la presentación de "Cardiopatías" en la Biblioteca de Manzanares, junto a Teo Serna. El viernes que viene el encuentro en Muga, con Andrés Sorel y los amigos que nunca fallan.

Frío, desnudez, olor a yodo, líquido aún más frío limpiando la muñeca y la ingle, una radio puesta de fondo, una camilla estrechísima a la que me tengo que agarrar con la mano izquierda mientras tirito de frío (y de nervios, tal vez miedo, uno piensa muchas cosas), constante ir y venir de enfermeras y enfermeros, cuando creo que hay por lo menos diez, reparo en sus caras y compruebo que son sólo tres, que parecen abejas verdes afanadas en ir y venir, sin parar; alguna me sonríe al pasar a mi lado y ponerme algo en la vía, otra incluso me acaricia la frente, hablamos, todo rutinario salvo por la válvula, que el médico está decidiendo si intenta pasar a través de ella o se queda fuera, aunque lo que es seguro, me dicen, es que entrará por la muñeca. Frío, la radio me hace sonreír, "rock and gol" online, joder, para no sonreír; Sweet child o´mine y  More than a feelin´ de Boston, seguidas; pienso en Kiko Amat y en el libro que de él estaba leyendo hacía una hora, sonrío de nuevo pensando en que donde estoy yo ahora, escuchando lo que estoy escuchando, debe ser el infierno para él (por cierto, su libro, "Mil violines" me parece una lucidísima y divertidísima maravilla). A mí, en cambio, me está relajando; quizá sea algo que me han puesto en la vía. Me sujetan a la camilla y me piden que no me mueva para no caerme; por fin desdoblan la sábana que me tapaba la cintura y me cubren desde los pies hasta el pecho. Aún así, sigo tiritando.

Foto: Juan José Díaz Portales

En la biblioteca decidí no llevar nada preparado para leer. Va a ser la primera vez en mi vida que voy a hablar, sin llevar nada preparado, delante de gente. Mucha gente, al menos para mí. Miguel Ángel, el conserje, me dijo varios días después que fueron ochenta personas (y seis niños). Demasiados me parecen, demasiada gente, no puede ser. Me jura que sí, que los ha contado. Menos mal que, como digo, lo supe después; nunca he hablado para tanta gente, y menos sobre un libro mío. Teo lleva preparada una presentación diferente. Tras la introducción, hablará de cada relato y pondrá una composición musical a partir de lo que a él le haya hecho sentir cada relato. Tengo mi ordenador a la izquierda y yo voy dándole al play cada vez que él me dice. Unos días antes me pasó los archivos con la música, pero al escuchar lo que él dice y escuchar luego la música, me siento afortunado, de tenerle como amigo y de compartir cosas con él, y de descubrir tantas otras. Samuel Barber, Wes Montgomery, Stravinsky, Anton Weber... qué distinta es la percepción... Recuerdo lo que leí una vez: "en lo más profundo, el arte no nos dice nada del mundo, tan sólo nos hace ver cómo nos sentimos". Yo pensaba una cosa cuando escribía esos relatos, escuchando música muy distinta; él siente cosas distintas y en su cabeza suenan otras notas.

El médico se me presenta mientras comienza una canción de Scorpions. "Loving you on sunday morning"... No río a carcajadas porque no es el momento pero ganas no me faltan... Es muy joven; me pregunto si la radio está a ese volumen porque le gusta a él trabajar así. Va a estar justo a mi lado (normal, el cateterismo es por la radial) y me irá explicando todo. Me cuenta cómo va a ser la prueba y que cree que no es necesario intentar sobrepasar la válvula metálica, salvo que vea algo obstruido, por lo que, si todo va bien, será rápido. Notaré algo, pero la pequeña anestesia de la muñeca hará el resto. Empieza a sonar "Simpathy for the Devil" de los Rolling Stones cuando comienza a hurgar en mi muñeca y siento un pinchazo desagradable. No me jodas, pienso, ni que fuese a propósito. Muevo los dedos del pié derecho al compás. Recuerdo a Bulgakov, al Maestro, a Margarita, y a Jagger, que escribió la letra de esa canción inspirándose en ese libro, en el majestuoso capítulo del baile final. Mierda, sigo tiritando y no puedo parar. El médico ya está dentro de mi brazo y sube. Please to meet you... Me mira y dice que me pongan 40 de atropina. ¿Pasa algo? pregunto. No, simplemente estás un poco bajo y muy pálido, responde. Intenta entretenerme pidiéndome que mire a la pantalla donde se ve todo mi interior. Jodido Mick. Hago que escucho y respondo con monosílabos; demasiadas sensaciones de golpe como para asimilarlas todas. Mi corazón en blanco y negro en una pantalla y montones de venas que se vuelven negras cuando él me dice que aguante la respiración, después de sentir un calor extraño por dentro que no palía el frío de mi piel.

Xilografía: A. Hauer
Teo tenía la voz jodida, estaba hecho polvo con una faringitis brutal, pero aún así decidió hacer él la presentación en vez de pedirle a un amigo que leyera lo que había escrito. Es mi poeta salvaje, mi detective generoso. Su voz sufre, mucho, pero él sigue leyendo. La gente luego me comentará que les ha gustado mucho lo que Teo Serna ha hecho, y que la mezcla con lo mío ("lo mío", así lo dicen, es decir, hablar como si no llevara nada preparado cuando realmente no llevaba nada preparado pero hablaba de algo a lo que llevo dando vueltas años) ha estado muy bien, que ha sido diferente a otras presentaciones... Después de Teo yo digo muchas cosas, y si ahora recopilo mentalmente me parece que solté muchas gilipolleces y alguna que otra boutade, que podría haber dicho otras cosas o haber profundizado en cosas sobre las que pasé sin hilar demasiado. Explico cómo salió el proyecto, por qué, y a cuento de qué. Teo ya había hablado de los relatos, por lo que yo apenas hago referencia (algo que luego mi amigo Ramón me reprochará, sobre todo, según él, porque podría haber hablado del "proceso creativo"; dicha puntualización o reproche, creo que viene porque a él le gustaría saber cosas, sobre todo a raíz de un cuento en el que lo convertí en protagonista). ¿Sigo escribiendo en presente? Al final me lío con estas cosas de estilo y teniendo en cuenta que estos textos que escribo en este blog, los corrijo poco (o nada, van a pelo, tal cuál termino) puede resultar un poco caótico... Miro a la gente sentada pero no veo a nadie, tengo que pensar rápido y no estoy acostumbrado, veo a mi santa, miro de refilón a gente, sigo soltando cosas y cosas; veo a la hija de Ramón, que anda por el pasillo y se sienta en el suelo y me sonríe, entre el ala derecha e izquierda de la primera fila, la sonrío, miro a Teo de soslayo, en el fondo todo lo que estoy diciendo, se lo estoy diciendo a él, todo eso sobre hacer las cosas con pasión, con crearnos nuestro hueco, con renovar las fuerzas, todo se lo digo a él, una persona que siempre está creando y que aún hoy busca su sitio en el sentido de "sitio" como lugar tranquilo en el que no hay que responder a la pregunta "¿por qué haces lo que haces?".

Escucho las maracas diabólicas de Brian Jones mientras Mick Jagger continúa su metamorfosis y pasa a ser Voland, aquel que maneja a los humanos y saca de ellos lo oculto, sus debilidades, su libertad. Recuerdo fotograma a fotograma esa canción en la película "Rock and Roll Circus" (y si parece brutal su interpretación, infinitamente mejor estuvieron esa noche The Who). Si tuvieran que intentar pasar la válvula o hubiera problemas, sería todo muy raro... Eso me pone muy nervioso. Al final no hay ninguna coronaria obstruída y la limpieza no irá a mayores. Creo que la canción de los Stones termina aunque yo la sigo oyendo. Algo han debido inyectarme pues ya no distingo nada y estoy muy cansado de golpe. Salen de mi por la muñeca y me parece que lo hacen demasiado rápido, pues siento un latigazo a lo largo del brazo, como si me sacasen algo o rasgasen algo o se llevasen por delante la radial por donde han entrado. Siento un cansancio enorme en el hombro, como si hubiese estado castigado en una esquina de rodillas sosteniendo un libro gordo y pesado con los brazos en cruz. Me gustaría dormir. "Cuando estés en la habitación y te veas con fuerzas, te puedes levantar y caminar un poco" oigo decir. Veo a mi mujer, a mi madre y a mi hermana. Sonríen. Me suben a la habitación. Dicen que hablé con gente, que estaba bien y que me levanté al servicio y anduve un poco por el pasillo. No lo recuerdo. Sé que cené (algo soso y frugal, demasiado soso y demasiado frugal). También recuerdo pedir un nolotíl porque me empezó a doler mucho la muñeca y que me dormí con una extraña sensación de tierno sosiego hasta la mañana siguiente.

Termino de hablar de golpe frente a toda esta gente, o yo creo que lo he hecho de golpe; algunos sonríen. A mi cabeza viene la imagen de un profesor que tuve, Jacobo Muñoz, y de su reloj despertador rosa que ponía sobre la mesa al empezar sus clases, y pienso que debería haberme traído uno. Alguien pregunta algo, aunque más que una pregunta es un alegato, una lanza rota para toda esa gente que escribe y tiene la osadía de publicar sus cosas. Yo contesto algo, y me lío y no digo lo que quiero decir, y es que ya somos mayorcitos y que la autocrítica antes de atreverse a autopublicar se ha de presuponer (tirar, corregir, volver a tirar, volver a corregir y así hasta, casi, el infinito) y que si uno tiene la osadía de publicar sin editor mediante ha de saber también que tiene que tener el aguante para escuchar las críticas más brutales que le tengan que caer, pues las dos cosas van unidas, y más, sobre todo, si te lanzas tú solo. Después la gente se levanta; algunos se van, otros se saludan, la bella niña Julia, Elsa y Alba; Pablo a lo suyo, correteando y haciéndome feliz; algunos se acercan a la mesa y me hablan, escribo cosas en la primera página en blanco... Muchas cosas...

Whatcha trying to say that haven't tried to say before / You're just another red balloon with a lot of hot gass / Why don't you fuck off? / And you think you've got it worked out / And you think you've got it made / And you trying to play the hero / But you never walk home in the dark.... Jodido Paul Weller... Pitido final... el bebé se ha despertado de la siesta... Ya corregiré esto si puedo esta noche...

http://www.manzanares.es/noticias/ver/id/juan-miguel-contreras-presenta-cardiopatias-un-libro-de-relatos-publicado-gracias-al-micromecenazgo-id-15235#.UvJYQfl5OSo

lunes, 27 de enero de 2014

No quisiera morir. Poema de Boris Vian


Boris Vian en su casa de París, 1950
 NO QUISIERA MORIR


No quisiera morir
sin haber conocido
los perros negros de Méjico
que duermen sin soñar
Los monos de culo pelado
devoradores de trópicos
Las arañas de plata
en el nido trufado de burbujas
No quisiera morir
sin saber si la Luna
con si falso aire de moneda
tiene un lado puntiagudo
si el Sol está frío
si las cuatro estaciones
no son en realidad más que cuatro
Sin haber mirado
en una alcantarilla
Sin haber puesto el sexo
en rincones extraños
No quisiera acabar
sin conocer la lepra
o las siete enfermedades
que se atrapan allí

el bueno como el malo

no me darían pena
si si si yo supiera
que lo iba a estrenar
Y está también
todo lo que conozco
todo lo que aprecio
que sé que me gusta
el fondo verde del mar
donde danzan las briznas de hierva
en la arena olvidada

la hierva tostada de junio

la tierra que se agrieta
el olor de las coníferas
y los besos de la
que si tal que si cual
la bella que ahí está
mi osezno, Úrsula
No quisiera morir
antes de haber gastado
su boca con la mía
su cuerpo con mis manos
el resto con mis ojos
ya no digo más es mejor
no ser irreverente
No quisiera morir
sin que hayan inventado
las rosas eternas
la jornada de dos horas
el mar en la montaña
la montaña en el mar
el fin del dolor
los diarios en color

la alegría de los niños

y tantas cosas más
que duermen en los cráneos
de geniales ingenieros
de jardineros joviales
de inquietos socialistas
de urbanos urbanistas
y de pensativos pensadores
Tantas cosas que ver
que ver y oír
tanto tiempo esperando
buscando en la oscuridad


Y yo veo el final
que bulle y que se acerca
con su cara horrorosa
y que me abre sus brazos
de rana patituerta

No quisiera morir
no señor no señora
antes de haber palpado
el sabor que me atormenta
el sabor que es más fuerte
No quisiera morir 
antes de haber probado
el sabor de la muerte...

Boris Vian


lunes, 20 de enero de 2014

El hombre con el cubo de estiércol visita la Casa del Lector de Madrid

Lunes.

Removí el café y me senté tras encender la radio. Después de poner a Supertramp y a The Beatles, en Radio Andalucía Información, descubro que una dulce locutora está relatando la historia de las canalizaciones de agua desde las ciudades sumerias hasta la actualidad, monótonamente, saltando a través de los siglos como quien salta de un charco a otro sin importarle cuánto pueda salpicar. Tristeza y alegría a la vez, monotonía y sosiego. Cuando terminó: París, siglo XIX, y tras un segundo de silencio, comenzó a sonar "Wonderful World", de Sam Cooke, sin que la locutora lo anunciase. Tuberías en un mundo maravilloso. Levanté la cabeza del libro del libro que estaba leyendo (Nostalgia, Cartarescu), sonreí con ganas de soltar una carcajada pero no pude. Un francés con levita y mitones mea y entona a Sam Cooke mientras cultiva las razones objetivas de su chovinismo al ver cómo sus heces se van por el retrete comunitario que le acaban de instalar... Quise volver a la lectura, pero no pude. Vagabundeé por la casa y acabé sentado en el suelo. Acababa de amanecer. Todos dormían aún.... Me lamenté de no recordar la canción de Supertramp (¿"Crime of the century" tras hablar de las letrinas romanas?); la de The Beatles fue "The fool on the hill", y supongo que sería cuando hablaba del origen de la peste negra... Comienza un nuevo programa y no me gusta la música que ponen, así que elijo algo de la estantería y dejo que el saxo tenor de Ben Webster me mantenga un poco más en transito del bostezo a la rutina. Mientras, recuerdo el comienzo de la biografía de Hrabal escrito por Zgustová... Aún no lo he terminado... A la falta de tiempo se le añade que me siento con la intención de absorber cada palabra... Como un chiste malo contado en una cervecería de Praga, las pastillas y las altas horas en las que puedo coger el libro, hacen que la mitad de las veces me duerma a la tercera página... La mitad de las veces, la otra mitad no, y ahí es cuando empieza lo bueno...Hace un par de semanas recibí un correo de una amiga en el que me contaba que la editorial Galaxia Gutenberg va a reeditar este libro "Los frutos amargos del jardín de las delicias", así como a publicar un libro de Bohumil Hrabal que nunca había aparecido en castellano aún. También me comenta algo sobre un exposición en Madrid con motivo del centenario de su nacimiento. Enciendo el ordenador y busco la noticia en la página del Centro Checo... La encuentro: (http://madrid.czechcentres.cz/programa/event-details/100-aos-desde-el-nacimiento-de-bohumil-hrabal/). Recuerdo cómo se abre el libro de Zgustová y también recuerdo el fragmento de "La pequeña ciudad donde el tiempo se detuvo" sobre una mujer joven y hermosa, sobre unas cintas que recogen un pelo larguísimo, sobre una letrina, un vestido, unos nervios incontrolables ante la invitación de un guapo hombre para bailar... Tengo sobre la mesa el libro de Zgustová, el de Hrabal no, está en el dormitorio y no puedo entrar a buscarlo...Ya que dispongo de tiempo antes de que los niños se despierten, abro el abandonado blog y escribo...

Emma Srnova, CAT KING BOHUMIL HRABAL
1994

"Es el día primero de mayo, a principios de los años cincuenta. La pequeña ciudad de Nymburk -como todos los pueblos y todas las ciudades de esa parte del Europa que, unos años atrás, se convirtieron en comunistas- celebra la Fiesta del Trabajo. Los obreros de las fábricas, los empleados de las empresas estatales, endomingados, se han puesto en filas y marchan por las calles adornadas para la fiesta con flores de papel y banderitas checoslovacas y soviéticas. Los escolares y los estudiantes cierran la procesión, todos vestidos con los uniformes de la juventud comunista: camisas azules o blancas, pañuelos rojos de tres puntas atados al cuello,
La procesión pasa por la avenida principal, después gira a la derecha; y entonces, de repente, un extraño caos se introduce en el orden rígido de las filas, las muchedumbres susurran, señalan algo con el dedo, sonríen, los niños y estudiantes se tronchan de risa y dan saltos para ver mejor: de una bocacalle acaba de salir un hombre vestido con una camisa de cuadros, un mono y un casco de obrero; del extremo de un largo palo, que lleva apoyado en el hombro, cuelga un cubo que desprende un insoportable hedor a excrementos: el hombre está limpiando el pozo de la letrina y se lleva la porquería. Lentamente, el cubo procede al encuentro de los ciudadanos vestidos de fiesta, se balancea de un lado a a otro, y los participantes de la procesión se olvidan de agitar las banderitas y las flores de papel; con la boca abierta miran el cubo apestante y, mareados, se hurgan los bolsillos buscando un pañuelo. Como si estuviera solo en el mundo, el hombre con el cubo en lo alto da la vuelta a la esquina y se aleja, majestuosamente, llevando su carga al campo. Como se arrastra la cola del traje de un rey, un velo apestante sigue al hombre del cubo; su extraña sombra. Él también celebra su fiesta particular: limpiar la letrina y transportar los excrementos representa para él una especie de limosna filosófica; en ella, él es el sacerdote que rinde homenaje al ciclo de la vida, trajinando lo humano más allá de donde surgió. Un cubo tras otro lleva a los campos y, sin prisa, vierte ceremoniosamente su contenido sobre la tierra como abono. Se deleita ante la belleza de su rito anual y, en aquel instante, hasta la condición humana con sus metamorfosis le parece sublime."

viernes, 10 de enero de 2014

Andrés Sorel sobre un libro llamado "Cardiopatías"

Estoy pendiente de una intervención quirúrgica y, la verdad, no me veo con ganas de encontrar qué escribir aquí; pasan muchas cosas y a la vez ninguna... como siempre, todo será cuestión de tiempo... Se amontonan los escritos empezados y no acabados, se apelotonan los quehaceres y los días se acumulan como mantras aburridos que sólo consiguen ser silenciados con canciones y pensamientos grabados en los troncos de los árboles del parque, ese al que ya no voy porque hace mucho frío y mi ropa de abrigo está vieja y desgastada.... Me muevo poco para mover "Cardiopatías", no hay librerías que quieran depósitos de libros autoeditados, y mi agenda de contactos es tan corta como la de inspector Clouseau. A veces sí pasa algo, y la aparente levedad de lo que sucede parece casi un cataclismo en determinados momentos. Andrés Sorel me escribe para decirme que ha leído los relatos de "Cardiopatías" durante su estancia en Sesimbra, y me dice que ha escrito algo que ha colgado en la página web de la Asociación Colegial de Escritores de España, que me lo manda también a mí y que espera que nos veamos pronto y que busque un lugar para presentar el libro en Madrid...
Esto es lo que ha escrito... Si alguien lo quiere, sólo tiene que pedirlo



CARDIOPATÍAS. Juan Miguel Contreras

 Arritmias.
Otra vez un lugar de la Mancha. Pero nos encontramos en la segunda mitad del siglo XX. Y entre jóvenes y adolescentes. En el tiempo de la memoria de quién ya sabe que el camino de la vida, que surgió de la nada, desemboca en la muerte, que es la nada a la que se regresa. En el exilio interior, donde la soledad, el tedio y la nula vida cultural, abren grietas al desánimo y la apatía que se combaten mediante el alcohol, las escasas palabras que luego no se recuerdan, y los juegos, en los que el sexo ocupa un lugar privilegiado. Con exiliados que nunca se sienten exiliados dado que conforman la población sumisa, embrutecida, propia de una España que no termina de soltar las cadenas del oscurantismo, del peso embrutecedor que sobre ella impone la religión, de la ignorancia y la falta de utopías liberadoras. Ellos, en sus gestos, actitudes y pensamientos configuran la minoría  ajena, repudiada. Uno es el narrador, que pasea su mirada sobre los tipos humanos que acompañaron su crecer a la vida, su desarraigo del medio en el que la literatura va a jugar su papel determinante.
¿Realmente existió un tipo tan original como el que cobra vida en el arranque de la narración, la arritmia con la que el corazón se pone en marcha para conocer el alcance de su dolencia, y no digamos si es física, humana o existencial, que puede abarcarlas a todas? No intentaremos averiguarlo: porque sea inventado o reinventado, es, fundamentalmente, literatura, y esto, en tiempos de enfermedad tal vez sin operación posible de la propia literatura, es lo que nos importa y seduce.
La tierra de Almería, un desierto propio más que para ambiente de películas, para que en él se pierdan almas vagabundas, expatriadas de si mismas y de países y gentes con las que prefieren no convivir, es el segundo camino- las venas son los caminos del corazón y las rutas de la memoria los relatos confortantes de la literatura- por el que se interna la arritmia que antecede a la hipertrofia.
Un relato bello, amargo y triste como la existencia de quienes tienen necesidad de amar y no son capaces de entregarse a  sus sueños: leyes de la herencia, convencionalismos sociales, la impotencia o la enfermedad de quienes saben que resulta imposible abandonar la soledad. Porque nada existe peor que un vencido que acepta el ¡ay de los vencidos! De la propia existencia. De ahí el progreso, sin cura posible, de las arritmias.
    Hipertrofia.
La presencia de la muerte no es, en ocasiones, más que la continuidad de determinadas vidas. El cojo Lucas es un personaje que en su simplicidad lo expresa con profunda filosofía. ¿En que se diferencian o en que consisten la razón y la locura? ¿No es la vida acaso un absurdo corredor de la muerte? Y en el abismo del morir, saber que uno desaparece sin conocer si existe o no existe Dios y que de existir no se le podrá maldecir lo suficiente por todos los males que viene causando a la humanidad.
La verosimilitud de los personajes tiene que ver mucho con el ritmo de la narración, con la exactitud y el rigor del lenguaje y aquí el escritor se mueve sabiamente como hábil discípulo y continuador de los narradores que hicieron de los relatos el otro género –con la poesía- certero y difícil de la literatura.
Calcificación
La existencia, a través de la literatura. O cómo se vence la enfermedad del cuerpo –casual y provocada por virus tan pesados como inoportunos-. Las cloacas del organismo enrevesado y –perfecto para unos, inexplicable para quienes no aceptan el absurdo del dolor- de la civilización abiertas e intervenidas por cirujanos del pensamiento y la palabra para exponer las miserias del ser humano. En la lectura del mal que asola el espíritu, es decir, el causado por los represores a los diferentes, el estrechamiento de las fronteras entre los criminales y los sensibles, abordados ahora en la estela de un libro maravilloso El maestro y Margarita y un escritor perseguido, Bulgakov, por el estalinismo nocivo, una de las grandes catástrofes de la civilización en el siglo XX, coetánea de la mayor que nunca haya existido, la impulsada desde Alemania por el poder nazi. Sería, al hilo de esta reflexión, bueno reflexionar sobre la desmitificación del concepto pueblo, o de las masas, bajo sistemas políticos y aparentemente antagónicos y que condujeron a crímenes, genocidios y esclavitud para desembocar en regímenes burocráticos, explotadores y corruptos como los que hoy ostentan el poder en esas naciones.
El corazón, de derrota en derrota, hasta la derrota final.
Mordaza de bruma es al tiempo un homenaje al Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Y así entramos en la fase de la
Insuficiencia. Imposible Penélope.
Cuelgamuros. Nuestro pequeño campo de exterminio. Vencidos. Fantasmas. Sobrevivientes. Trabajar, dormir, morir. Despedazados como las piedras que hendían con sus picos, entre las que habitaban en peores condiciones que los animales de las regiones más inhóspitas. El franquismo. La memoria. Otro ayer que no existió. Otra vuelta de tuerca a la existencia del mal, para que así pueda perpetuarse bajo nuevas formas, en las mismas u otras latitudes. Y a la mayor gloria de la Iglesia que conforma  el Dios más cruel y sanguinario inventado por los hombres, que rige quienes se denominan católicos.
“Mi vida no vale nada… tiendo a pensar que fue el mundo el que se fue a la mierda”. Como pensaron algunos sobrevivientes de Auschwitz.
No es el corazón enfermo, son la Humanidad y la civilización quienes en el siglo XX iniciaron el camino hacia la muerte y este libro de relatos homenajea a un puñado de seres humanos para convertirse en la música que nos dice que todavía existe la vida. En los mundos por los que navega el autor, en la absoluta soledad, silencio del espacio –recordemos su gran novela La muñeca rusa –otros hablaron del silencio de Dios, es donde encontramos la angustia y desazón que crean el pensamiento.
“Ella fue la que me hizo descubrir de nuevo mis sueños, la que me hizo volver a verme a mi mismo dentro de mis sueños. Eso fue lo que me mantuvo vivo en esa maldita sierra, donde una manada de desheredados y enterrados en vida escarbábamos la montaña, olvidados del mundo”.
Cuelgamuros. El vagabundo de las estrellas, de Jack London. Palabras. Literatura de un auténtico creador, narrador. Lógico que entre, como les pasó a muchos escritores bajo el régimen censorial soviético, en la semiclandestinidad. Entonces era por el nefasto autoritarismo estaliniano. Ahora es el nocivo y salvaje, explotador neocapitalismo y un mercado que impone la censura económica como arma tan nefasta como la política. Afortunadamente aquellos que todavía son capaces de leer y pensar acabarán encontrando  obras como la de Juan Miguel Contreras.

                                    

domingo, 22 de diciembre de 2013

La luz es más antigua que el amor, fragmento. Ricardo Menéndez Salmón


"Las cosas que más tiempo nos acompañan -nuestros grandes amores, nuestros grandes anhelos, nuestros inmensos fracasos- tienen siempre la edad de la juventud, porque amores, anhelos y fracasos comparten ese lugar donde la inconsciencia y la ambición se encuentran. Toda obra humana llamada a perdurar nace de ahí, del conflicto irresoluble entre lo deseado y lo posible, entre nuestro ideal y nuestras fuerzas; toda obra humana nace de la encrucijada donde dialogan nuestra sabiduría y nuestra ignorancia."
Ricardo Menéndez Salmón, La luz es más antigua que el amor, Seix Barral, 2010, página 170 


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Patricio Pron sobre "Cardiopatías" en El Boomeran

Procuro escribir en este espacio de lo que admiro, o al menos de lo que me gusta y me llena. Ian Hunter, Bolaño, Jethro Tull, The Avett Brothers, Led Zep, Sergei Dovlatov, Emmanuel Carrérè... El caimán, amo y señor de este humilde espacio, me deja su máquina de escribir para verter tonterías o apreciaciones sobre cosas y, desde el "nacimiento" de La Internazional Samizdat, reconozco que esta guadianesca guarida está más centrada en publicitar "La muñeca rusa" o "Cardiopatías" que en lo que me rodea en casa o leo o veo o escucho o hago... Aún así, intento dar salida a esos escritos emborronados donde a veces doy cuenta del diario de lecturas... Tengo varias cosas pendientes, libros sobre todo, y algún que otro disco. Si escribo todo esto hoy a modo de introducción es por la sorpresa (agradable, sorpresiva y sorprendente, dinamitera incluso) de leer que alguien sobre el que yo he escrito aquí, ha escrito algo sobre mí, o más concretamente sobre el libro nuevo, "Cardiopatías". De Patricio Pron  he escrito sobre varios libros suyos, me parece uno de los narradores más dotados e interesantes que hay ahora; a pesar de los palos que recibe en varios blogs que yo sigo y con los que comparto muchas de las opiniones, no puedo decir lo mismo en el caso de Pron, pues, como digo, todo lo que he leído de él me ha parecido soberbio (sobre todo "El comienzo de la primavera"). 

Sobre "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia"":

Sobre "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan":

Sobre "El comienzo de la primavera":

Alguna vez nos hemos escrito correos tan breves como amables y cordiales, y le mandé "La muñeca rusa" cuando ésta salió. Hace un par de semanas le envié el ebook de "Cardiopatías", y me lo agradeció como siempre hace. Yo daba por sentado que la historia de Milos no la había leído (con todo lo que hay por leer...), y suponía que iba a pasar lo mismo con "Cardiopatías"; a pesar de ello, y como no encontraba otra manera de agradecerle su amabilidad y el placer que había encontrado en sus libros, con que los recibiera y siguiéramos "en contacto", me daba por satisfecho. De ahí la sorpresa al encontrar unas líneas sobre mí en su columna de El  Boomeran, que releí porque no me podía creer que yo fuera el mismo al que se refería él, y ese libro fuese otro, y no el mío. Aún sigo analizando el párrafo, en plan adolescente nerd, pero eso forma parte de mis tonterías; la verdad es que me parece alucinante (qué adjetivo tan poco literario).

Aquí el link de su columna:


2
Antes de la publicación de CARDIOPATÍAS, el escritor español JUAN MIGUEL CONTRERAS había escrito las novelas Cuando acabe el invierno(2004) y La muñeca rusa (2012); con la última de ellas, Cardiopatíascomparte el personaje de Milos Meisner, celador allí de un asilo para alienados en Praga durante la "Primavera" y traductor aquí de una obra que, en realidad, se compone de cuentos escritos entre 1999 y 2006. Se trata de relatos que, como afirma su autor, "no fingen su extrañeza ante un mundo del que intentan dar cuenta" (13). Tampoco ocultan las lecturas de su autor y sus vivencias (pequeños pueblos españoles, los intentos de escribir) y giran alrededor de un cuento llamado "Imposible Penélope" que no es un cuento y no narra un hecho sucedido en el pasado: es la tragedia de este país y de sus habitantes sucediendo aquí y ahora, otra vez y como desde hace décadas.


(...)

Después de eso, pasó un día agotador, y llegó el rato nocturno donde intento leer antes de que el sueño venga (y cada vez viene antes)... Cogí "La vida interior de las plantas de interior" que había sacado hace varias semanas de la biblioteca pero que no había podido empezar... O eso creía, porque el primer relato del último libro de Pron sí lo había leído, aunque no recordaba cuándo. Como veía que no iba a aguantar mucho, preferí leer el segundo (al menos que lea un relato entero, me dije), y comencé "Un jodido día perfecto sobre la tierra".... Y no, no me dormí, desde luego que no... Me pareció el acto perfecto para acabar el día, las palabras justas para mantener la cabeza en orden y los pies en el barro... Acabé el relato casi hipnotizado y cuando acabé, volví a un párrafo que necesité releer:

"En España hay muchos concursos, una cantidad incalculable pero que es muy alta y que a tí te da vértigo y, de la misma manera, hay también una cantidad ininteligible de cuentos dando vueltas, saltando sin fortuna de concurso en concurso como satélites que orbitaran alrededor de un centro invisible para que cada uno de los participantes -que tú puedes imaginar perfectamente, sentados en habitaciones con juguetes de niño y facturas impagadas de la luz y bombonas de butano vacías en el balcón- significa algo diferente: dinero, reconocimiento, una oportunidad para salir del pozo y, tal vez, para algunos, la literatura con mayúsculas; sólo que, por una simple regla geométrica, las órbitas nunca tocan el centro, ni siquiera lo rozan, el centro se ríe de ellas y las sujeta a su alrededor con un poder que surge del ansia y la imposibilidad de alcanzarlo y, así, la literatura -la que está viva, la que surge de la desesperación y la ansiedad pero se eleva sobre sí misma hacia la vocación y el reconocimiento- es el centro alrededor del que giran estos cuentos sin poder tocarlo jamás, condenados a no tener siquiera un poco que ver con la literatura, pero fingiéndolo todas las veces"  Patricio Pron. La vida interior de las plantas de interior. Ed. Random House Mondadori, 2013, p.21.

Recordé que cinco relatos de "Cardiopatías", de los nueve (diez si contamos el "bonus" para los mecenas de Verkami), pasaron por al menos diez o doce concursos y sentí algo de vergüenza. Luego pensé en las cartas de rechazo, y me alegré de tener mi pequeña Samizdat moderna, consuelo pequeñito, pero mientras tecleo esto rodeado de juguetes de niño y facturas impagadas de la luz y bombonas de butano vacías en el balcón, creo que es el mejor (y único) asidero que tengo para poder seguir mirándome al espejo. Después me fui a la cama pensando que dormiría del tirón, siendo cerca de la una de la madrugada, pero el pequeño estaba sudando y con fiebre y no me quedó más remedio que fingir insomnio,  ojeras y el vértigo de las palabras... Gracias, señor Pron. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

Algunos carteros llevan un libro llamado "Cardiopatías" en su carrito...

Dentro de un rato iré a preparar la cama para la noche. El pequeño se durmió hace poco, anda fastidiado con los colmillos y las muelas. La hermana no; los jueves está cansada de la semana y no necesita ni cuento. Debería haber aprovechado mejor desde que el pequeño se durmió, pero me quedé mirando un cuadro, sentado en la mesa frente al ordenador, un cuadro de un acantilado, y no me dí ni cuenta de que pasaba el tiempo y daban las doce. El pequeño se ha removido y ha sido cuando he pensado que dentro de un rato iré a preparar la cama para la noche. Pondré la barandilla y los cojines para pasar al pequeño a mi cama cuando se despierte, molesto y desconsolado y se acurruque en mi regazo cuando se rinda al cansancio, después de un buen rato de buscar la postura y molerme un poco a patadas. Los días que su mamá trabaja de turno de noche en el hospital son así. La extraña, como yo, supongo. Antes aprovechaba esos turnos de noche para escribir cuando los niños se dormían; ahora reconozco que me cuesta, yo también llego cansado a la noche y, aunque hago propósito de enmienda, no hay manera, y eso que hasta he pensado en varias cosas sobre las que tengo ganas de escribir. Otro día, imagino. 
(...)


Acabo de hacer unas fotos al libro nuevo. Hoy algunos de los mecenas que me ayudaron en Verkami han recibido su libro y han puesto fotos en facebook. Me ha hecho mucha ilusión, por qué no decirlo, soy bastante fácil en ese sentido. Entre mañana y el lunes, deberían llegar el resto de envíos. Ayer, cuando fuí a la oficina de correos, el hombre de la ventanilla (que era el mismo que me había atendido el día anterior) me compró un libro. El primer día que aparecí con el montón de paquetes, me preguntó curioso y le dije lo que eran. Me imaginó más importante de lo que soy y al día siguiente se armó de valor y me preguntó cómo se llamaba el libro y dónde podía comprarlo. En la mochila llevaba varios para dejarlos en la librería Imagina, así que saqué uno y se lo vendí. Hoy, Nikochan, Anna y Pax han puesto una foto con el envío. Charo me ha avisado por mensaje y, como la mejor librera del mundo que es, me ha dicho que "Cardiopatías" estará en la librería Pasajes si yo quiero. "Si yo quiero...", ja, para no querer... 
(...)
Preparada la barandilla...
(...)
Me prodigo poco por aquí. Sólo leo en las esperas de las consultas del médico, y no mucho, últimamente tengo suerte y no me hacen esperar. Sigo leyendo, entre otros, "Los frutos amargos del jardín de las delicias", la biografía de Hrabal escrita por Zgustová. Más que una biografía de "datos" es una biografía de "sensaciones". Más que contar qué pasó o quién hizo qué, Zgustová pone todo su énfasis en hacerte sentir lo que Bohumil sentía en cada momento determinado de su vida. Cargada de información debido a sus larguísimas conversaciones y acceso completo a todos sus papeles, en vez de centrarse en dar cuenta de sucesos, exprime al máximo su ingente información y se centra en sentimientos y sensaciones. Esto, o este libro, del cuál ya he hablado en varias ocasiones, lo saco de nuevo a colación por varias páginas que he leído estos días, las cuales, curiosamente, si es que existe ese tipo de casualidad, trataban sobre la enfermedad, sobre leer ciertas cosas en determinados momentos y no en otros, sobre la obsesión de Bohumil por comprenderse y purgar sus errores, su forma de ser algo desordenada, su visión del pasado, del presente y del futuro desde la lectura de Lao Tse, más concretamente desde "su" lectura, la de un checo absolutamente genial y surrealísticamente pantagruélico que se sabía de memoria todo lo que había en su lengua editado del filósofo chino. Y eso lo leía yo, sentado esperando ser llamado a las pertinentes pruebas que no auguran nada nuevo ni nada bueno (no dramaticemos, algo lógico habida cuenta de mi historial, pero totalmente llevadero, espero). Y me hacía gracia, sobre todo cuando un libro llamado "Cardiopatías" estaba a punto de salir y yo estaba sentado delante de una puerta con un cartelito que ponía "Ergometría-Holter". 

Alguien podría pensar que es tramposo que yo achaque a la casualidad el título de un libro, "Cardiopatías", con una patología similar cuando he sido yo el que he puesto precisamente ese título, y es posible que tenga razón, pero diré que ese título lleva puesto 6 años y no había motivo para cambiarlo. Lo que me parecía más curioso era el hecho de que uno de los cuentos, "La pena de Desamparado", trata sobre alguien que enferma de gastroenteritis mientras lee un libro y, tal vez por la fiebre, tal vez por el dolor, piensa que cuando acabe ese libro, mejorará, así que a pesar de todo, intenta purgar su enfermedad sin dejar de leer. El cuento lo escribí en el año 2000, y he de decir que el libro "maldito" es "El maestro y Margarita". Estos meses me he acordado mucho de ese cuento, no por el hecho de tener que corregirlo y corregirlo, sino porque desde que comencé con la edición y maquetación de "Cardiopatías" me he encontrado peor, más de lo deseable, y reconozco que alguna que otra vez he llegado a creer ingenuamente que todo se estabilizaría cuando saliera por fin el libro... Cosas de Bulgakov, de Popota y de Voland... Y, bueno, el libro ha salido y tampoco es que me haya puesto a dar sanísimos saltos de alegría imbuido de una vitalidad cuasi sobrenatural, pero sí es cierto que en alguna cosa ha mejorado la situación, así que... Se supone que ahora, como proyección ectoplásmica de una editorial fantasma, he de currarme eso de darle difusión... ¿quieres un libro de cuentos agradable al tacto y escrito con tesón -de momento no tengo referencias que refrenden otro tipo de adjetivos-? Tengo churumbeles que alimentar... Todo está en el aire, ni siquiera está sujeto con pinzas, pero yo sigo empeñado en intentarlo, no sé hacer otra cosa. Aún no tengo noticias con peso de la aventura trasatlántica de "La muñeca rusa", por lo que me resisto a comentar algo. Respecto a otras puertas llamadas, doy por perdida la fe en que contesten positivamente. Acepto moverme en los huecos que yo mismo puedo crearme. Me he prometido no dudar más de publicar yo mismo lo que doy por decente ni de justificarme ante nadie por la decisión de llamar a mi editorial "La Internazional Samizdat" y sacar y vender la literatura de la que soy capaz. Recuerdo a Sergei Dovlatov y otros tantos, y también leo la lista de los más vendidos y veo a la mujer que se hizo famosa por follarse a un torero, y pienso que es obsceno todo, todo el mundo editorial, todo, incluso yo mismo, así que...

Me reclama el calor pequeñito, el dormir rumoso, al final le robo horas al sueño a sabiendas que tendré que pagar el peaje; una mano izquierda, extremadamente suave, que cabe dentro de la mía, tantea el aire buscándome mientras la derecha agarra con fuerza un peluche del monstruo de las galletas. Dormir a saltos, pensar en duermevela por la idoneidad de contar este tipo de cosas, lamentarme un poco y preguntarme si este juego de desvelos y camuflaje de mí mismo como personaje y narrador es a su vez otro juego más, aunque esta vez de ocultación, o quizá por el contrario todo esto es sólo una burda forma de intentar escribir a corazón abierto...

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los Modlin de Paco Gómez y Los Modlin, de Paco Gómez



No soy crítico literario, cada vez me cuesta más hablar de libros; las (pocas) veces que he comentado alguno aquí, aunque he intentado argumentar mi gusto o entusiasmo por el libro en cuestión (no creo recordar ninguna vez que haya hablado mal de un libro en este blog; las razones son dos; paso de que nadie se cabreé conmigo -básicamente porque no obtengo compensación económica para que me la sude enemistarme con ningún escritor-, y dos, cuando no me gusta un libro suelo ser bastante virulento, al poco de intentar argumentar el porqué no me gusta, me canso y sólo me sale, "este libro es una mierda, está mal escrito y es una pérdida de tiempo") siempre me quedo con la sensación de que no sé ejercer eso que se llama "crítica literaria" y que yo, como mucho, sólo se recomendar con mayor o menor vehemencia, un libro... Será mi pasado librero... Será... También será que me cuesta separar la lectura de mi vida, quiero decir, soy incapaz de separar lo que leo de cómo lo leo, lo cual me llena de paradojas a la hora de hablar "objetivamente" de libros... Eso no quita para que no sepa reconocer la mierda cuando la veo... (todo eso lo dice mil veces mejor Kiko Amat en el prólogo de su libro "Mil violines").

Dicho esto, acabo de terminar de leer el libro "Los Modlin" de Paco Gómez. Me ha gustado mucho, muchísimo. Recogiendo la imagen de por qué no puedo criticar algo sin separarlo de mí, la sensación que desprende este libro, o al menos una de ellas, pues son muchas, es cómo se ha trenzado la vida de Paco Gómez con la de esta familia americana llamada Los Modlin.

Me vienen a la cabeza dos palabras, "obsesión" y "arqueología"... Paco Gómez encontró tiradas en la basura, decenas de fotografías y papeles de lo que parecía ser una extraña familia. El tiempo le fue dando las claves de quiénes podían ser esas personas por las que él no podía evitar sentir ciertas fascinación. Dio con los Modlin, y de repente todo se fue cubriendo de casualidades, de azares, de personas que le ayudaban a desentrañar el misterio, y ese misterio, conforme era desvelado, fue formando parte de su propia vida; podemos llamar a eso obsesión, y estaremos en lo cierto, pero hay algo más. Para intentar explicar ese algo más, tengo que recurrir a la palabra "arqueología". Paco Gómez reconstruye la historia de los Modlin como un arqueólogo, interpreta los restos (imágenes) y busca una explicación, un relato medianamente lógico sobre una familia de estadounidenses que, a finales de los sesenta, se instalan en Madrid, pintora ella, actor él, y su hijo, criado por sus padres como un dios terrenal, una especie de "Demian" de Herman Hesse, hermoso receptáculo de todas las esperanzas y sueños de gloria de sus padres... Lo que hace sumamente especial (y donde creo que reside la verdadera fuerza y atractivo de este subyugante libro) es la atracción que Paco Gómez siente hacia esta familia. Desde el primer capítulo este libro deja claro que no es una simple biografía fragmentaria y fragmentada de una extraordinaria familia (son todo menos ordinarios), sino la historia de la obsesión de Paco Gómez. Ahí reside la grandeza de este libro, su humanidad, su carácter real, el cariz literario que emana de cada página cuando es obvio que esa fuerza narrativa no ha sido buscada... Es un libro demasiado humano, como demasiado humana es la historia de los Modlin, de Margaret, de Elmer y de Nelson. Leyendo este libro uno se confunde inmediatamente con su autor, cualquiera podríamos haber sido él, cualquiera puede entender todo lo que él siente, padece y busca, sin embargo sólo uno puede ser Paco Gómez, sólo uno puede contar la historia de una obsesión por descubrir y comprender la historia de una familia que pudo haber sido "bigger than life" y que sin embargo cayó en el más ignominioso olvido... 

Murieron sin importarle a nadie, el plano de la Historia donde ellos quería haber entrado a formar parte los ignoró de manera dolorosa; ellos querían formar parte de los libros, de las noticias, de la Historia (del arte, del cine) pero acabaron en un contenedor de basura. Nadie quiere los cuadros de Margaret ("la más grande pintora del Apocalípsis de todos los tiempos"), Elmer no pasó de ser un simple actor secundario... Ellos fueron demasiado humanos. Y alguien tan extraordinario como Paco Gómez quiso saber quiénes fueron desde que el azar quiso que encontrase los documentos que atestiguaban su vida (fotografías, imágenes que había que interpretar como un arqueólogo interpreta restos de cerámica, escombros arquitectónicos, huesos...). Uno entiende que Paco Gómez se vea arrastrado por esa familia, lo entiende perfectamente, y el libro ofrece capítulos soberbios de esa atracción, y lo hace de manera inteligente, porque tú (lector) estás elaborando en tu cabeza el trayecto que siguió su autor, y cuando te preguntas cosas (¿qué pasó con Nelson?, ¿qué hacía Elmer en Nagasaki?), pasas las páginas y lo encuentras; pero el autor no da una visión cerrada, no afirma con seguridad las cosas, no rellena los huecos de los que no tiene información... ese detalle, eso que se podría leer como un fallo del autor, se convierte en su mayor aliado, porque tú (lector) te encuentras entonces fabulando también sobre esa familia, te preguntas cosas y poco a poco sientes esa obsesión como propia... Cierras el libro, y sigues pensando y pensando en ellos, no sólo en Margaret, Elmer y Nelson, sino también en Paco, en su periplo vital, luchando por mantener la cordura o dejándose llevar por ella, luchando contra la incomprensión de los que tienen la llave de los mayores secretos de esa familia (Olga Barrio y su familia), contra esos misterios que en cada fotografía encuentra... Cierras el libro y de alguna manera sabes que esa familia volverá a tí de algún modo u otro, y terminas por creer que quizás también en algún momento de tu vida, los Modlin se cruzaron contigo. Algo te lleva a pensar que seguramente no haya más, que la historia de esa familia, en el fondo, sea lo que Paco Gómez te ha contado y se pueda resumir en un puñado de líneas, pero, por otro lado, sabes que no... Abres el libro de nuevo (preciosa edición) y buscas en esas fotos algo en lo que aún no hayas reparado y que te de las respuestas que buscas...


BOOKTRAILER

domingo, 24 de noviembre de 2013

Exposición de Andrea Hauer en Gijón. La Salita. "Hogar dulce hogar"


El próximo 29 de noviembre, mi amiga Andrea Hauer, responsable del diseño de la portada de "Cardiopatías" y miembro del Colectivo el Quiltro, expone en Gijón. Me ha pedido un breve escrito sobre su obra para el catálogo de la galería. Aquí os dejo algunas muestras de lo que hace, el texto que he escrito y el link de su página web. http://blog.elquiltro.es/category/andrea/


"La fuerza plástica que esconden estos mimbres, estas imágenes, estas estampas de lo cotidiano de Andrea Hauer, estos retratos cosidos, despierta en nosotros una cantidad enorme de sensaciones que ya dábamos por perdidas, o por lo menos las sentimos muy habituales (muestran la cotidianeidad); sin embargo las sentimos renovadas por la manera en la que esta artista nos las muestra, haciendo que afloren inmediatamente en nosotros como hacía tiempo no sentíamos. Podría haber optado por fotografiar o por dibujar, y eso no haría de esta exposición algo menos interesante (por su forma de mirar), sin embargo Hauer teje, cose, hace del laberinto de hilos un retrato fundamental y fundacional de su vida, de LA vida. Ahí está Penélope, con su rueca, tejiendo y esperando, tejiendo y creando un retrato de su vida, de su espera, de sus miedos y de sus esperanzas, pero también está Ariadna, pidiéndonos que elijamos un extremo del hilo, un comienzo cualquiera y que, a partir de él, recreemos el mundo (el mundo de la artista que inmediatamente hacemos nuestro) y encontremos la salida (acaso hacia nosotros mismos), para así, volver al principio de todo, porque lo que Andrea Hauer tal vez espera encontrar no es un camino para huir, sino para regresar."




"Sin embargo, esta artista no bebe solamente de esas fuentes griegas (quizá un tanto obvias pero no por ello menos potentes) sino que retoma y reelabora otros mitos, más suyos, más ajenos a nosotros, que vivimos al otro lado del Altántico. Los mapuche chilenos nos recuerdan que una araña vieja llamada Lalen Kuzé es la dueña del hilado y del tejido, que fue la primera tejedora, siendo también la protectora, la maestra que cuida y protege a las Ñerefe (tejedoras), que son las que vertebran la vida de su comunidad. Lalen Kuzé enseñó a tejer a Ulcha Domo, una de las cuatro partes (dos masculinas, dos femeninas) de la divinidad primigenia, quien a su vez enseñó a tejer a las primeras mujeres. El telar mapuche es el útero de la comunidad, la fuente transmisora de la cultura, y la mujer, el ovillo del que todo surge, el aedo que comunica a través de, y desde ella misma. Tejer es por tanto una metáfora para entender la relación entre lo sagrado y lo mundano, es un arte y a la vez un modo de transmisión de conceptos, de ideas, de historias… Nosotros, tan habituados a otras maneras de representar y de ver las cosas, inmersos en lo audiovisual, nos sentimos de golpe descolocados y asombrados ante estas telas; donde esperamos ver óleos, pigmentos o aluros de plata formando imágenes, encontramos hilos sacados de una madeja (del vientre de una araña sagrada), cuyo hilvanado forma una imagen muy reconocible para nosotros mismos (la serie se llama “Hogar Dulce Hogar”) pero que nunca habíamos visto de esa manera, con esa cantidad de sentidos soterrados y de sensaciones por descubrir."


jueves, 14 de noviembre de 2013

Cardiopatías, un libro de relatos


Muchas veces hay dos maneras de ver las cosas, e incluso “dos” se puede antojar poco si uno se pone a discurrir a gusto, pero de momento nos quedaremos con dos. Lejos de intentar meterme en disgresiones sobre la nueva manera (o no tan nueva) de poder hacer cosas en torno a la literatura que ofrece la web, intentaré escribir a vuela pluma un par de tonterías, sobre todo ahora que el proyecto que lancé en Verkami para poder editar y publicar “Cardiopatías” ha terminado. Como sabéis de sobra los que de vez en cuando os dejáis caer por aquí, me lancé a la autopublicación hará cosa de año y medio, y salió a la luz una novela llamada “La muñeca rusa” bajo mi nombre que, en círculos muy reducidos (reducidísimos) ha sido bien acogida. Visto el resultado y sopesando las cartas y comentarios que me llegaron al respecto, decidí que podía volver a hacerlo y publicar otro libro, esta vez un conjunto de relatos. La historia de “Cardiopatías” es similar a la de “La muñeca rusa” en cuanto a rechazos editoriales se refiere, sólo que anterior, pues son 9 relatos escritos y salvados de la papelera entre 1998 y 2006. La diferencia estriba en un detalle, una anécdota, que hizo que los abandonara (yo creía que para siempre). En mayo de 2006 recibí la llamada de un editor (me guardaré el nombre) de una editorial que yo siempre he admirado, por su fondo y por su manera de editar, y me llamaba para decirme que “Cardiopatías” le había gustado mucho. Cuando yo empezaba a pensar que por fin había encontrado editor (y menudo editor), éste comenzó a hablarme de algo que yo ya sabía, que no me conocía nadie, que no era nadie y que nada me avalaba si él, al final, decidía editarme (es decir, que tenía sus reticencias a jugarse su dinero). De repente me dijo que había un premio, de una diputación (que también me guardaré) en el cuál él estaba como jurado y cuyos premiados editaba su editorial. Me dijo que dejara ese título (que no le convencía mucho) pero que lo enviase a ese premio, aunque debía darme prisa porque el plazo expiraba pronto, no sabía cuándo, pero pronto. Él haría el resto (y su dinero estaría a salvo y no tendría reparos en jugarse el de otros, público además, pensé yo). No me aseguraba el premio, pero prometía hacer todo lo que estuviera en su mano. Y colgó.

Yo me quedé un poco (bastante) descolocado. Años buscando editor y recibiendo cartas de rechazo y de golpe me sucedía “esto”… Y, claro, comencé a pensar en cosas éticas, morales o de sinsentido común que, torpe de mí, tal vez debería haber desechado de un plumazo de mi cabeza. Me dije que lo meditaría con la almohada y al día siguiente haría lo que creyera conveniente. Escribir esto, siete años después, puede dar a entender que mi moral se impuso férrea y que no vendí mi culo (una venta insignificante de un culo más insignificante), pero no fue así… La realidad siempre resulta más patética…

Al día siguiente me dije que a la mierda la ética y la moral, que yo enviaba ese libro y qué si el concurso estaba amañado… Encendí el ordenador, busqué las bases del premio dispuesto a copiar la dirección y enviar el manuscrito cuando, oh mísero de mí, vi que el plazo había acabado el día anterior, cuando me llamó el editor....
Mi cara supongo que lo diría todo…

Decidí tomarme eso como una señal y guardé el manuscrito en un cajón…
Estuve varios meses recibiendo cartas de rechazo, y cada misiva era como un clavo en el cajón donde yo ya daba por perdidos esos cuentos…


Pero llegó Milos Meisner, e Irina Belokoneva, y La Internazional Samizdat, y la gente que ha leído “La muñeca rusa” y Andrés Sorel, y Pilar Gómez Rodriguez, y la gente de la librería Muga, y esos cuentos comenzaron (haciendo honor a su título y evocando a Poe) a palpitar ruidosamente en el cajón…

Aún así, yo no podía asumir los gastos de otra aventura editorial, sin red y con el trapecio roído, así que opté por el crowdfunding, aliándome con el colectivo El Quiltro, para sacar “Cardiopatías” y, además, intentar hacer un libro y unos accesorios vinculados con el acto de leer que no redujese todo a un mero “necesito dinero para sacar mi libro”. Estuches, cajas de cartón donde guardar los libros encuadernados artesanalmente, xilografías de la portada (preciosa portada de Andrea Hauer), y un libro escrito (revisado), diseñado, maquetado e impreso con todo el cariño del mundo (o al menos del que somos capaces). Y aquí es donde digo que hay dos maneras de ver las cosas (esta cosa en particular), porque no sé cómo agradecer el apoyo que he encontrado. Toda la gente que ha apoyado el proyecto (42) son para mí mis editores, anónimos cooperativistas de un proyecto inane y en cierto modo vaporoso (un libro), valientes suicidas que han aportado lo que han podido para que yo me crea “escritor”, para que… bueno… dejaré esta rama sin explorar… para que yo publique un libro… Sin embargo no es todo tan sencillo. Casi la mitad de la gente que ha aportado algo no me conoce, no son familia ni amigos, pero aún así, o porque han leído la historia de Milos o porque vaya uno a saber por qué, lo han apoyado… Para alguien que vive en los arrabales del extrarradio de la periferia del mundillo literario, eso es algo que no olvidaré… nunca…

En vez de eso, todo esto podría verlo como que he conseguido que 42 personas compren por anticipado un libro, verlo todo como una mera transacción económica, muy ventajosa para mí, y que esos pedidos por anticipado han propiciado que yo pueda publicar de nuevo, pero no… No ha sido eso… Quiero cambiar de mentalidad, una mentalidad crematística que es donde hemos crecido todos y que estamos viendo día a día que no funciona, que no trae nada bueno, y que no para de alienarnos…

La producción del libro (y de todo lo demás) está en marcha; no paro de pensar en qué hacer para poder agradecerle como merecen a todas esas personas (42, para mí un mundo, una clase de colegio masificada, casi un autobús; tal vez para otros eso no sea nada) que yo pueda sacar un libro estéticamente precioso, acompañado de cosas también preciosas que les serán útiles para leer otros libros a parte de "Cardiopatías". Lo que ese libro contenga por dentro, es algo que yo no puedo juzgar más allá de decir que me he dejado parte de mi corazón en que sean buenas historias, o al menos historias normales contadas de manera decente…

Ya está gestionado el ISBN (¡¡¡¡la Internazional Samizdat operando legalmente!!!!), los textos corregidos sobre la primera prueba de impresión (la de erratas que se le escapan a uno en la pantalla del ordenador...), la maquetación está en fase de “últimos detalles”, la portada con la tipografía definitiva y el gramaje del papel adecuado, la moqueta de los estuches cortada, la lista de los mecenas y los agradecimientos escrita… En quince días podré comenzar los envíos, y el libro como tal estará disponible para quien lo quiera…

Próximamente, “la historia de cómo el libro de Milos Meisner, “La muñeca rusa” encontró editor (digital) allende los mares…


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