miércoles, 5 de febrero de 2014

Sobre presentaciones de libros y otros percances escritos a vuela pluma.


Xilografía de Andrea Hauer


Variaciones sobre el "aquí te pillo, aquí te mato": Elijo un disco que me despierte (las neuronas, si es que eso es posible), The Jam, In the city. Dispongo de una hora y me gustaría aprovechar. Es lo que hay.  Sobre la mesa, a mi derecha, "La tentación de fracaso", los diarios de Julio Ramón Ribeyro que publicó Seix Barral en 2002 (la que tengo delante es la tercera reimpresión, de 2008); a la izquierda, la novela gráfica "Asterios Polyp", de David Mazzucchelli, editado por Sins Entido, y que es una jodida maravilla (una jo-di-da ma-ra-vi-lla). Escribo lo que veo, subo el volumen. Un peluche de Triki asoma por detrás de la pantalla, una botella de agua vacía, unas tijeras, una jeringa vacía de enoxaparina, dos cajas de cd´s, uno encima de otro, giro la cabeza y leo, "In the city" y "Stanley Road". En vez de recoger, por una vez he optado por escribir. Al parar de teclear, parezco un pistolero, moviendo los dedos como si no me creyese lo que estoy haciendo. Han pasado muchas cosas, y el filtro no funciona como debería en estos momentos, para poder desechar y elegir uno de los caminos. La experiencia de un cateterismo (que salió bien) hace una semana, el ingreso breve y extraño (como siempre) parecen tamizarlo todo. Y el viernes pasado la presentación de "Cardiopatías" en la Biblioteca de Manzanares, junto a Teo Serna. El viernes que viene el encuentro en Muga, con Andrés Sorel y los amigos que nunca fallan.

Frío, desnudez, olor a yodo, líquido aún más frío limpiando la muñeca y la ingle, una radio puesta de fondo, una camilla estrechísima a la que me tengo que agarrar con la mano izquierda mientras tirito de frío (y de nervios, tal vez miedo, uno piensa muchas cosas), constante ir y venir de enfermeras y enfermeros, cuando creo que hay por lo menos diez, reparo en sus caras y compruebo que son sólo tres, que parecen abejas verdes afanadas en ir y venir, sin parar; alguna me sonríe al pasar a mi lado y ponerme algo en la vía, otra incluso me acaricia la frente, hablamos, todo rutinario salvo por la válvula, que el médico está decidiendo si intenta pasar a través de ella o se queda fuera, aunque lo que es seguro, me dicen, es que entrará por la muñeca. Frío, la radio me hace sonreír, "rock and gol" online, joder, para no sonreír; Sweet child o´mine y  More than a feelin´ de Boston, seguidas; pienso en Kiko Amat y en el libro que de él estaba leyendo hacía una hora, sonrío de nuevo pensando en que donde estoy yo ahora, escuchando lo que estoy escuchando, debe ser el infierno para él (por cierto, su libro, "Mil violines" me parece una lucidísima y divertidísima maravilla). A mí, en cambio, me está relajando; quizá sea algo que me han puesto en la vía. Me sujetan a la camilla y me piden que no me mueva para no caerme; por fin desdoblan la sábana que me tapaba la cintura y me cubren desde los pies hasta el pecho. Aún así, sigo tiritando.

Foto: Juan José Díaz Portales

En la biblioteca decidí no llevar nada preparado para leer. Va a ser la primera vez en mi vida que voy a hablar, sin llevar nada preparado, delante de gente. Mucha gente, al menos para mí. Miguel Ángel, el conserje, me dijo varios días después que fueron ochenta personas (y seis niños). Demasiados me parecen, demasiada gente, no puede ser. Me jura que sí, que los ha contado. Menos mal que, como digo, lo supe después; nunca he hablado para tanta gente, y menos sobre un libro mío. Teo lleva preparada una presentación diferente. Tras la introducción, hablará de cada relato y pondrá una composición musical a partir de lo que a él le haya hecho sentir cada relato. Tengo mi ordenador a la izquierda y yo voy dándole al play cada vez que él me dice. Unos días antes me pasó los archivos con la música, pero al escuchar lo que él dice y escuchar luego la música, me siento afortunado, de tenerle como amigo y de compartir cosas con él, y de descubrir tantas otras. Samuel Barber, Wes Montgomery, Stravinsky, Anton Weber... qué distinta es la percepción... Recuerdo lo que leí una vez: "en lo más profundo, el arte no nos dice nada del mundo, tan sólo nos hace ver cómo nos sentimos". Yo pensaba una cosa cuando escribía esos relatos, escuchando música muy distinta; él siente cosas distintas y en su cabeza suenan otras notas.

El médico se me presenta mientras comienza una canción de Scorpions. "Loving you on sunday morning"... No río a carcajadas porque no es el momento pero ganas no me faltan... Es muy joven; me pregunto si la radio está a ese volumen porque le gusta a él trabajar así. Va a estar justo a mi lado (normal, el cateterismo es por la radial) y me irá explicando todo. Me cuenta cómo va a ser la prueba y que cree que no es necesario intentar sobrepasar la válvula metálica, salvo que vea algo obstruido, por lo que, si todo va bien, será rápido. Notaré algo, pero la pequeña anestesia de la muñeca hará el resto. Empieza a sonar "Simpathy for the Devil" de los Rolling Stones cuando comienza a hurgar en mi muñeca y siento un pinchazo desagradable. No me jodas, pienso, ni que fuese a propósito. Muevo los dedos del pié derecho al compás. Recuerdo a Bulgakov, al Maestro, a Margarita, y a Jagger, que escribió la letra de esa canción inspirándose en ese libro, en el majestuoso capítulo del baile final. Mierda, sigo tiritando y no puedo parar. El médico ya está dentro de mi brazo y sube. Please to meet you... Me mira y dice que me pongan 40 de atropina. ¿Pasa algo? pregunto. No, simplemente estás un poco bajo y muy pálido, responde. Intenta entretenerme pidiéndome que mire a la pantalla donde se ve todo mi interior. Jodido Mick. Hago que escucho y respondo con monosílabos; demasiadas sensaciones de golpe como para asimilarlas todas. Mi corazón en blanco y negro en una pantalla y montones de venas que se vuelven negras cuando él me dice que aguante la respiración, después de sentir un calor extraño por dentro que no palía el frío de mi piel.

Xilografía: A. Hauer
Teo tenía la voz jodida, estaba hecho polvo con una faringitis brutal, pero aún así decidió hacer él la presentación en vez de pedirle a un amigo que leyera lo que había escrito. Es mi poeta salvaje, mi detective generoso. Su voz sufre, mucho, pero él sigue leyendo. La gente luego me comentará que les ha gustado mucho lo que Teo Serna ha hecho, y que la mezcla con lo mío ("lo mío", así lo dicen, es decir, hablar como si no llevara nada preparado cuando realmente no llevaba nada preparado pero hablaba de algo a lo que llevo dando vueltas años) ha estado muy bien, que ha sido diferente a otras presentaciones... Después de Teo yo digo muchas cosas, y si ahora recopilo mentalmente me parece que solté muchas gilipolleces y alguna que otra boutade, que podría haber dicho otras cosas o haber profundizado en cosas sobre las que pasé sin hilar demasiado. Explico cómo salió el proyecto, por qué, y a cuento de qué. Teo ya había hablado de los relatos, por lo que yo apenas hago referencia (algo que luego mi amigo Ramón me reprochará, sobre todo, según él, porque podría haber hablado del "proceso creativo"; dicha puntualización o reproche, creo que viene porque a él le gustaría saber cosas, sobre todo a raíz de un cuento en el que lo convertí en protagonista). ¿Sigo escribiendo en presente? Al final me lío con estas cosas de estilo y teniendo en cuenta que estos textos que escribo en este blog, los corrijo poco (o nada, van a pelo, tal cuál termino) puede resultar un poco caótico... Miro a la gente sentada pero no veo a nadie, tengo que pensar rápido y no estoy acostumbrado, veo a mi santa, miro de refilón a gente, sigo soltando cosas y cosas; veo a la hija de Ramón, que anda por el pasillo y se sienta en el suelo y me sonríe, entre el ala derecha e izquierda de la primera fila, la sonrío, miro a Teo de soslayo, en el fondo todo lo que estoy diciendo, se lo estoy diciendo a él, todo eso sobre hacer las cosas con pasión, con crearnos nuestro hueco, con renovar las fuerzas, todo se lo digo a él, una persona que siempre está creando y que aún hoy busca su sitio en el sentido de "sitio" como lugar tranquilo en el que no hay que responder a la pregunta "¿por qué haces lo que haces?".

Escucho las maracas diabólicas de Brian Jones mientras Mick Jagger continúa su metamorfosis y pasa a ser Voland, aquel que maneja a los humanos y saca de ellos lo oculto, sus debilidades, su libertad. Recuerdo fotograma a fotograma esa canción en la película "Rock and Roll Circus" (y si parece brutal su interpretación, infinitamente mejor estuvieron esa noche The Who). Si tuvieran que intentar pasar la válvula o hubiera problemas, sería todo muy raro... Eso me pone muy nervioso. Al final no hay ninguna coronaria obstruída y la limpieza no irá a mayores. Creo que la canción de los Stones termina aunque yo la sigo oyendo. Algo han debido inyectarme pues ya no distingo nada y estoy muy cansado de golpe. Salen de mi por la muñeca y me parece que lo hacen demasiado rápido, pues siento un latigazo a lo largo del brazo, como si me sacasen algo o rasgasen algo o se llevasen por delante la radial por donde han entrado. Siento un cansancio enorme en el hombro, como si hubiese estado castigado en una esquina de rodillas sosteniendo un libro gordo y pesado con los brazos en cruz. Me gustaría dormir. "Cuando estés en la habitación y te veas con fuerzas, te puedes levantar y caminar un poco" oigo decir. Veo a mi mujer, a mi madre y a mi hermana. Sonríen. Me suben a la habitación. Dicen que hablé con gente, que estaba bien y que me levanté al servicio y anduve un poco por el pasillo. No lo recuerdo. Sé que cené (algo soso y frugal, demasiado soso y demasiado frugal). También recuerdo pedir un nolotíl porque me empezó a doler mucho la muñeca y que me dormí con una extraña sensación de tierno sosiego hasta la mañana siguiente.

Termino de hablar de golpe frente a toda esta gente, o yo creo que lo he hecho de golpe; algunos sonríen. A mi cabeza viene la imagen de un profesor que tuve, Jacobo Muñoz, y de su reloj despertador rosa que ponía sobre la mesa al empezar sus clases, y pienso que debería haberme traído uno. Alguien pregunta algo, aunque más que una pregunta es un alegato, una lanza rota para toda esa gente que escribe y tiene la osadía de publicar sus cosas. Yo contesto algo, y me lío y no digo lo que quiero decir, y es que ya somos mayorcitos y que la autocrítica antes de atreverse a autopublicar se ha de presuponer (tirar, corregir, volver a tirar, volver a corregir y así hasta, casi, el infinito) y que si uno tiene la osadía de publicar sin editor mediante ha de saber también que tiene que tener el aguante para escuchar las críticas más brutales que le tengan que caer, pues las dos cosas van unidas, y más, sobre todo, si te lanzas tú solo. Después la gente se levanta; algunos se van, otros se saludan, la bella niña Julia, Elsa y Alba; Pablo a lo suyo, correteando y haciéndome feliz; algunos se acercan a la mesa y me hablan, escribo cosas en la primera página en blanco... Muchas cosas...

Whatcha trying to say that haven't tried to say before / You're just another red balloon with a lot of hot gass / Why don't you fuck off? / And you think you've got it worked out / And you think you've got it made / And you trying to play the hero / But you never walk home in the dark.... Jodido Paul Weller... Pitido final... el bebé se ha despertado de la siesta... Ya corregiré esto si puedo esta noche...

http://www.manzanares.es/noticias/ver/id/juan-miguel-contreras-presenta-cardiopatias-un-libro-de-relatos-publicado-gracias-al-micromecenazgo-id-15235#.UvJYQfl5OSo

2 comentarios:

Solo dijo...

Me alegro mucho, Juanmi. Recibe un abrazo!

Ned.

Free Matojo dijo...

Che, qué bueno, boludo... así que sós escritor?
Me hubiese gustado estar en la presentación, pero mis tendones no me dejaron. De todas formas me llegaron las Cardiopatías y en eso estamos...

A tu salud, topalante!
Er Manu

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