jueves, 2 de diciembre de 2010

Moonwalkers. Lunáticos que aullan a Selene


Una pregunta estúpida. ¿A dónde puedes ir una vez que has estado en la Luna? De vuelta en tu casa, en tu cama, tumbado, piensas que has pisado la Luna, que hace semanas que volviste, entonces ¿adónde ir? Entre pedidos de navidad, facturas y libros pendientes, por fin le hinco el diente a dos libros que salieron el año pasado sobre la carrera espacial. "La conquista del espacio" de Matthew Brzeninski y "Lunáticos", de Andrew Smith; este último cuenta las peripacias del autor para preguntarles eso mismo a todos los astronautas todavía vivos que han pisado la Luna.¿A dónde puedes ir una vez que has estado en la Luna? Sólo doce personas lo han hecho, siempre y cuando nos creamos totalmente la versión oficial, pero como no estamos para teorías conspiratorias ni apuntes para una novela mediocremente delirante, nos fiaremos de la versión oficial. Doce. En diciembre de 1972 fue el último viaje tripulado a la Luna. No ha habido más. El 20 de julio de 1969 llegó el primer hombre, en 19 de diciembre de 1972 salió de allí el último. Doce hombres han pisadol a Luna (sin contar a Cyrano de Bergerac). Eugene Cernan fue el último, un americano de padre checos; desde entonces no ha ido ningún astronauta o cosmonauta más. El libro de Andrew Smith comienza con su encuentro con Charlie Duke, el décimo de esos doce hombres, y a partir de ahí no podrá dejar la historia para encontrar y entrevistar a los restantes moonwalkers, auténticos lunáticos. Uno pinta siempre el mismo cuadro, otro escribe canciones country sobre su alunizaje, varios se dieron al alcohol, algunos no quieren saber nada del mundo ni de la entrevista, otros sufren enfermedades psiquiátricas, se han apartado del mundo o militan en extrañas religiones... 

"Charlie Duke no fue el único para el que la vuelta a la Tierra fue dificil. Investigué sobre los demás y descubrí que habían reaccionado a aquella experiencia de formas totalmente distintas. El primer hombre ne pisar la Luna, Neil Armstrong, se hizo profesor y se retiró de la vida pública, "para volver a los fundamentos del planeta", mientras que su compañero Buzz Aldrin pasó enredado en el alcoholismo y la depresión, para después lanzarse a desarrollar estravagantes ideas espaciales. Alan Bean, el astronauta rebelde por naturaleza del Apollo 12, dejó el espacio para hacerse artista y pintar multitud de óleos que representan escenas de la misión lunar. Edgar Mitchell experimentó un "fogonazo de comprensión" en el que se conectó al universo, y detectó una inteligencia que pasó toda su vida intentando comprender, después de curó de un cancer mediante un curandero con telepatía y hoy es un acérrimo defensor y testigo de la vida extraterrestre. De manera aún más radical, Jim Erwin afirmó haber escuchado a Dios susurrándole a los pies de los majestuosos y dorados Montes Apeninos, por lo que dejó la NASA y se pasó a la religión a su vuelta. Mientras que, el temible Alan Shepard, el único que almitió haber llorado en la superficie, hizo algo que nadie hubiese imaginado que haría, o más bien, que podía hacer: se serenó..." Esta es parte del prólogo... (...) Un párrafo después... "Los nepalíes, por ejemplo, creen que sus muertos residen en la Luna. Cuando el veterano del Apollo 14, Stu Roosa, visitó Nepal, tuvo un ataque de ansiedad cuando alguien le preguntó: ¿Vio usted a mi abuela?" (...) James Irwin, del Apollo 15, creó una secta cristiana llamada "Alto Vuelo" y dedicó gran parte de sus fuerzas y recursos en montar expediciones a Turquía para encontrar el Arca de Noé"

Hemos crecido viendo películas espaciales, viendo a primates enormes como Chewaka lanzando gurutales gritos mientras millones de chavales soñábamos con tener una pizca de la canalla espacial de Han Solo, y resulta que los pocos hombres que han orbitado y salido de esta roca decadente y preciosa han acabado medio tarados, siendo casi unos inadaptados. Y si miramos a los cosmonautas soviéticos sale otro libro fascinante. El libro de Matthew Brzeninski, "La conquista del espacio" se centra más en los años anteriores al primer alunizaje... (Nota estúpida: Madrid, hace ocho o siete años, borrachera con mi prima, el bar San Román, yo le hablo de estas cosas, lo sé, es algo que siempre me ha llamado la atención, reimos, exaltamos la amistad, o más bien el parentesco, yo digo alunizaje de nuevo, ella me mira muy seria, como si algo en su cabeza se hubiese encendido y pregunta "y si vas a Júpiter, entonces qué es ¿ajupitaje? y de golpe cerveza saliendo por los orificios nasales y ala, fuera del bar...) Ambos libros se pueden leer como libros de ensayo histórico o, uno como novela de aventuras histórica (el de Brzezinski), y otro como el relato de una crónica en primera persona (el de Smith) para buscar una respuesta vital; a poco que alces la vista y mires a la luna mientras lees alguno de ellos, tú también te convertirás en un lunático.
¿Por qué todos los hombres que han sobrevivido a un alunizaje parecen auténticos alienígenas? Auténticos héroes de una época extraña, han sufrido el olvido, el descrédito e incluso la burla, viven en el letargo, la inadaptación.

No sé porqué recuerdo ahora a Rudoff Hess. En varios de sus delirios dijo que habían llegado a la Luna ellos primero, los nazis, y que habían construido una base lunar. Hess en Spandau... Mejor no pensarlo mucho. En enero de 1970, por ejemplo, le dejaron ver la televisión por primera vez en su vida. La primera imagen que apareció fue la de una chica anunciando un sostén. No hubo justicia poética y en la pantalla no apareció un judío en Auswitch, apareció una chica en sujetador. La sonrisa ladina de Hess, la mueca rota de un muñeco infame. El 13 de marzo de 1970, tras una salida de Spandau por causas médicas, Hess volvió a su prisión, a la cárcel más grande para una sola persona tras la salida de Speer. No volvió a su celda de siempre, sino a la capilla, más espaciosa, donde se le instaló una cama de hospital. Aquellos meses volvió a dar muestras de su obsesión con el viaje a la Luna, asunto sobre el que devoraba libros y artículos. ¿Porque el viejo Hess se obsesionaba con la luna en su celda de Spandau? Rudolf Hess, lugarteniente de Hitler hasta su misterioso vuelo a Escocia y posterior captura, tenía un gigantesco póster en su celda con los cráteres lunares. Obsesionado por la astrología hasta el final de sus días, su otra pasión se ha mantenido oculta muchos años: la Luna y sus consideraciones científicas, los entresijos técnicos de la aeronáutica y la carrera espacial. Tenía verdadera fijación personal sobre la Luna, y sus últimos días no hicieron más que acrecentar ese interés. Hay una fotografía donde se le ve señalando algo en la Luna. Su dedo apunta al Mar de la Tranquilidad, aquella zona lunar dónde aterrizó el Apolo XI...

"La conquista del Espacio" de Matthew Brzezinski está editado por Editorial El Ateneo y cuesta 19.50 €; "Lunáticos" de Andrew Smith, por la Editorial Berenice, y son 19.95 €.
¿Qué le dices a alguien que realmente ha cantado en la Luna? ¿Qué puedes pensar que pensaba?
Jack Schmitt y Gene Cernan cantado en la Luna. "I was strolling on the Moon one day, in the very merry month of May..December" Filmado en diciembre de 1972.

1 comentario:

TSI-NA-PAH dijo...

The Moon! me encanta su nombre en cualquier lenguaje!
Tengo una amiga que se llama Selene y su madre Moon! Lo de Rudolf Hess, es que, a lo mejor pensaba, en la cantidad de campos de concentracion que podia haber construido en la luna!
Un saludo

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