sábado, 15 de septiembre de 2012

Memorias de un librero pornógrafo, Armand Coppens

Actualmente uno se siente atraído por un libro gracias a muchas cosas, obviando las personales, me quedaré hoy con dos; las reseñas en blogs y las sinopsis que la propia editorial escribe al respecto. Esto último es un arte no bien ponderado... De mis años de librero adquirí un rechazo a toda reseña que viniera de la propia editorial, y la vez me convertí en un adicto a ellas. Casi se las puede considerar un género en sí mismo. Hay editoriales que evidentemente pasan del tema, cuatro líneas y las citas de rigor de críticos, en eso basan todo su "canto de sirena" para que caigas rendido y sientas la necesidad de adquirir el libro. Don Draper los colgaría de las pelotas o les mostraría su elegante desprecio. otras en cambio son pequeñas joyas, no ya de la publicidad (inocular una necesidad, qué es eso si no...) sino de "relato"... Es más difícil para mí, por ejemplo, hacer una sinopsis de "la muñeca rusa" que haberla escrito (al lateral me remito)... Por eso está bien que alguien que no es el autor, lo haga, y que lo haga bien ya debe ser la leche. Hay una a la que tengo gran aprecio (si es que uno puede escribir que siente aprecio por una sinopsis de un libro), y es la que tiene colgada la editorial Tusquets acerca de un libro maravilloso llamado "Memorias de un librero pornógrafo" (genial hasta el título) de Armand Coppens. No puedo evitar la tentación de copiarla aquí, por muchos motivos, incluso por el propio Milos (quien haya leído su historia sabrá por qué, de hecho, esa fue una de las partes que más disfruté escribiendo, no tiene interés ninguno, y no le otorga al texto más valor que el que pueda tener, pero para mí, que soy el relojero, el albañil (ja) o el cuidador del bonsái en el cual se ha convertido "La muñeca rusa", tiene gran valor, por eso de jugar con la realidad, la ficción, la retroalimentación entre ambas, en una palabra, sacar el libro de su espacio ficticio y dejarlo flotando en el espacio); y ahí va:


"Este es uno de los típicos libros eróticos, aclamados por la crítica aficionada al género, cuya leyenda ha rodeado de un halo de misterio debido, ante todo, a la imposibilidad por parte de quienes han tenido interés en investigar la identidad de su autor, ni de saber a ciencia cierta si Armand Coppens es su verdadero nombre, ni si es realmente librero.
   La edición que ha llegado a manos de los lectores franceses —y que ha dado ha conocer este libro— lleva el copyright ilocalizable de «Marie Concorde, éditeur 1970» ; dice ser una traducción del inglés (atribuida a una tal Françoise Maleval) de Memoirs of Erotic Bookseller, cuyo autor es Armand Coppens «con la colaboración de su esposa, Clémentine, exhausta, y de su lejano amante»… Dados la ausencia —intencionada o no— en el título inglés del artículo an (un) delante de Erotic (que, en todo caso, es un error revelador del poco conocimiento del inglés del autor) y el nombre de la esposa de éste —Clémentine—, evidentemente francés, los curiosos e investigadores llegaron a la conclusión de que el recurso a una posible traducción del inglés no fue sino una artimaña para despistar a posibles indiscretos y que Armand Coppens es (o era), efectivamente, de nacionalidad francesa o, por lo menos, de lengua francesa.
   Hace pocos años, el editor y escritor francés Jean-Jacques Pauvert, especialista en literatura erótica, nos puso sobre la pista de un posible librero, de nombre Armand Coppens, en Amsterdam, Holanda. Pero ni él ni nosotros obtuvimos respuesta a nuestras cartas, ni tenemos constancia de que exista tal librero, ni de nadie que responda a este nombre, en la dirección que se nos dio. Por lo tanto, sigue el enigma.
   Sea como fuere, el caso es que estas Memorias de un librero pornógrafo se inscriben, aunque la historia se sitúe en nuestro siglo y bien podría estar ocurriendo todavía ahora en cualquier ciudad de Europa, en la mejor tradición francesa de la literatura erótica del siglo XVIII, siglo muy fructífero y eminentemente creativo en este género.
   Este librero de ocasión pasa de la página al acto, de la biblioteca a la alcoba, del libro a la cama con el desenfado y el tacto de un erudito y de un disoluto. Entre lo que la lectura de ciertos libros suscita en la fantasía sexual de un librero bibliófilo y los actos que su fantasía le conducen irresistiblemente a llevar a cabo, median apenas sutiles fronteras que ningún ser humano sería capaz de delimitar y menos aún de juzgar… Porque quien esté libre de pecado de imaginar y fantasear ¡que tire la primera piedra !"

Es de un naif que tira para atrás, pero también tiene ese punto de espolear la imaginación y querer saber más; no sé, igual mi oficio en el momento que cayó este libro en mis manos (gracias como digo a ésta sinopsis) influyó en mi apreciación de la misma, pero la relectura posterior en la que me hallo no me está quitando la razón... Aunque también he de reconocer otro hecho. Cuando era librero, una vez cada cierto tiempo, hacía un pedido de primera necesidad, por vicio solamente, para calmar mis ansias de acariciar papel, de oler hojas recién impresas, de desvirgar lomos encolados, de leer una pila de libros a las vez, dos, tres hojas no más, al azar, como una especie de trastorno erótico gramático, literario exclusivamente, pues no buscaba quedarme con ninguno ni leer exclusivamente ninguno, sino simplemente leer, crear un libro casual sin argumento de muchos libros, dejarme llevar simple y llanamente por el placer de leer, a veces sólo leía un libro formado por el primer capítulo de 20 libros; no sabía la extensión (dependía de cada libro, y yo no lo sabía, simplemente abría y comenzaba, acabado el primer capítulo, abría otro, y si no había capítulos, en la primera sangría de texto o cambio de ritmo), otras veces de la mitad, una hoja, otras veces de finales... ¿Qué hacía luego con los libros? Fácil, o los devolvía, o los ponía en la mesa de novedades (era muy cuidadoso leyendo cuando era librero, apenas se notaba que había pasado por allí) o terminaban formando parte del fondo de la librería (uno de los argumentos para explicar cómo me fui a la ruina construyendo una librería de fondo en un pueblo donde era imposible que funcionase una librería de fondo). Vicios inconfesables que sólo pueden salir a la luz cuando una lleva ya más de un año alejado del gremio... Pues bien, el libro de Coppens llegó a  mis manos y formó parte de ese ritual, pero no lo devolví ni nadie lo compró... Y esto nos lleva a segundo "arte" de la publicidad literaria: las reseñas de blogs. No voy a diseccionar ni a clasificar, cada uno tendrá sus prioridades y sus gustos, yo tengo los míos, y hay gente que no conozco de nada pero que me animan a hacerme con un libro a ciegas dependiendo lo que digan (El Niño vampiro, El librero humanoide, Lu, Aitor las veces que habló de libros... etc...)... he citado uno, el librero humanoide... fue él el que me hizo sacar el libro de pulcra apariencia rosada de la estantería, haciendo que me dedicara a él exclusivamente.. disfruté como un enano... y he decidido volverlo a hacer, releer la reseña y releer el libro de Coppens...
La copio, pero si has llegado hasta aquí, humilde y alabado lector de este lugar infame, tras leerla, tienes la obligación de pasarte por su espacio...


"26 de dicciembre de 2010.
Un librero pornógrafo puede ser tenido como una especie de sacerdote de un culto pagano, toda vez que el erotismo puede ser visto como una peculiar condición psicológica humana, suceptible de producir un placer ilimitado a través de la única vía de la excitación intelectual. Un librero es alguien que puede transcurrir entre un mundo y otro. Alguien que es capaz de discurrir en el estrecho límite de lo imaginario y lo real. La inclinación o la preferencia de lo imaginario contra lo real no es un caso aislado. La literatura erótica puede funcionar como remedio ante la realidad frustrante. Los deseos, las fantasías, son la única cosa que parece no tener ningún tipo de límite.

Algunas personas creen que el librero forma parte de un mundo insólito y clandestino en el que reina el vicio. Y tal vez sea así, pues el coleccionismo es un tipo de vicio, como lo es el ansia de conocimiento, el ansia de estimular la imaginación y el pensamiento.

Coppens nos relata cómo una vez ha entrado en una librería donde una vietnamita accedió a sacarse fotos subidas de tono, para beneplácito del librero, que luego las venderá en el mercado negro. Mientras Coppens no puede disimular su emoción y su excitación ante el espectáculo casual del que es testigo, el socio del librero se muestra indiferente. Tal vez debido a la costumbre.

Coppens conversa con el librero sobre perversiones y clientes y personajes curiosos, la peculiar galería de consumidores de literatura erótica. Coppens recuerda que alguna vez un gran coleccionista quiso deshacerse de su colección, grandiosa pero sin valor comercial, pues todos los ejemplares fueron dañados por propia voluntad. El cliente habría mutilado todos los margenes de los libros, en una extravagante manifestación de miedo a la castración.

Por otra parte, Coppens piensa que es bueno que el hombre se rebele contra los límites que se le imponen y es natural que trate de traspasarlos. Por eso es necesario que el librero no tenga escrúpulos. Coppens se inició en el oficio por pura necesidad. Si hubiese sido un hombre con dinero, simplemente se hubiera convertido en un coleccionista, pero como sus recursos económicos fueron limitados, tuvo que dedicarse a la profesión para tener acceso a todas esas obras que robaban su sueño.

Alguna vez intentaron persuadir a Coppens de abandonar su predilección por la literatura erótica. Algunas veces los argumentos eran convincentes. Otras, simplemente una manifestación de la estrechez mental que caracteriza a cierto sector de la burguesía bien pensante. Lo cierto es que, con la literatura erótica, se empieza por curiosidad y se acaba verdaderamente poseído. Esta pasión invade todo el ser.

Le han dicho a Coppens que la pornografía solo tiene una finalidad: fomentar los más bajos instintos del hombre, lo cual le impide ver el elemento trascendental del acto sexual. Coppens piensa que, ciertamente, la vida conlleva dos elementos irreconciliables, la concupiscencia y el amor.

La pornografía no satisface al hombre, le deja en un estado de profunda frustración que siempre le conduce a buscar nuevas experiencias sexuales.

Coppens relata la historia del sacerdote fraudulento que fundó su Iglesia Gnóstica Ruso Bizantina, sobre una base ideológica inmoral que, no obstante, gozó de excelente fortuna y aceptación entre numerosos acólitos.

Un loco con imaginación arrastra siempre adeptos. El sacerdocio del protagonista de la historia de Coppens comenzó su carrera por casualidad. Un día se vistió con los hábitos de un cura para una fiesta de disfraces y ya nunca más se separó de su disfraz. Por accidente o por azar, el protagonista aseguró haber encontrado su verdadera vocación. Lo que resulta de lo más extravagante, cuando se tiene en cuenta que este personaje resulta ser un alcohólico y un homosexual que no abandona ni abandonará sus costumbres mientras dura el ejercicio de su religión.

Luego Coppens relata sus andanzas sexuales, las historias de sexualidad y excesos de las que ha sido protagonista o ávido espectador. Incluso la gente más inhibida es proclive a ceder al delirio colectivo. Coppens ha sido testigo de numerosas orgías voluntarias o casuales, en las que ha tenido ocasión de conocer a personajes notables en un contexto insólito.

Aunque el personaje más insólito puede ser un antiguo editor, obsesionado con el lesbianismo, cuya máxima aspiración en la vida es tener ocasión de poder contemplar a dos hermanas acariciándose y besándose frente a él. Su obsesión ha sido tan grande que ha minado todos sus logros y éxitos comerciales. El consuelo de un servicio pago jamás podrá satisfacer una situación que merece ser genuina.

La pornografía, el ocultismo y el surrealismo parecen cortados con la misma tijera. Revelan una tendencia humana hacia lo extravagante y lo abominable. Coppens está igual de interesado por todas las rarezas del género humano.

Cualquier objeto bello es una alegría eterna. Los clientes de Coppens, enloquecen por el libro que les falta. Coleccionistas de literatura de temática homosexual, de sadomasoquismo. Una pareja con extraños rituales. Buenos negocios. Un manuscrito de Ashbee extraviado por accidente. Un suicida incestuoso cuyo objeto de amor reverencial se ha perdido para siempre.

Todos desfilan sin orden ni concierto, por las memorias de un librero pornógrafo. Todos los clientes, los conocidos, los amigos. Todas las pasiones, las fantasías, los éxitos y los fracasos, lo posible y lo imposible. Todo desfila y estalla. En una de las expresiones posibles del mito del orgasmo universal."

http://librerohumanoide.blogspot.com.es/

  Si no tienes la necesidad de hacerte con este libro después de ésto, que Don Draper y Armard Coppens te maldigan
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