
"Las manos de Clara". Teo Serna. Lecciones de anatomía. Huerga y Fierro editores, 1997.
Endenich, Octubre, 1855
Mi querido Johannes:
Me apresuro a escribirte aprovechando estos momentos en que la razón acude a mi mente, cansada sin duda de tanto vagar solitaria por los rincones del manicomio gris donde me encuentro.
Aún me vienen a la memoria, con la transparencia del cristal, los gloriosos días de Düsseldorf, en la primavera de 1853, con el revuelo que armó mi artículo en la Neue Zeitschrift Für Musik, y lo que nos reímos juntos, frente a una jarra de cerveza, cuando Vd. me decía: "¿No le parece, Schumann, que eso de un hombre joven a cuya cuna dieron guardia las Gracia y los Héroes es demasiado?" Sí, Johannes, entonces reímos. Yo estaba ultimando mi concierto en re menor y Vd. tenía entre manos su sonata en fa menor. Y hablando de manos... ¿recuerda las de mi Clara? ¡Cómo olvidarlas! Cuando se posaban sobre el teclado, su firmeza de mármol se volvía ligereza de pluma y saltaban, volaban sobre la superficie blanquinegra con la agilidad de la alondra.
La primera vez que vi a Clara (lo recuerdo perfectamente) fue en casa del doctor Carus: nos reunimos varios amigos para hablar de música y de poesía; entonces apareció ella, frágil, con el pelo recogido por una pequeña cinta dorada. Llevaba un vestido largo, rosa, ceñido a la cintura con un lazo negro. Esa tarde tocó la sonata patética y todo dejó de existir, salvo ella y Beethoven. Y nada en ella era más cierto que sus manos. Me enamoré al instante. Yo tenía 19 años; ella 9, pero supe que los dos estaríamos unidos siempre. Incluso aquí, ahora, la veo entre las sombras, sus manos saltarinas dibujando mariposas en el aire. Papillons. Nadie las tocó como ella. Nadie podrá tocarlas como ella jamás. A veces creo que sin ella mi música nada valdría. No existiría. Quizá yo tampoco.
No sé el tiempo de lucidez que me quede. Quisiera escribirle a Clara, decirle -otra vez- que la añoro, que la ausencia de sus manos descubre el silencio y que lo terrible se me revela con una certeza de gruta oscura y fría. Si la ve, Johannes, dígale esto; dígale, también, que perdone los celos que alguna vez sentí hacia ella, hacia su fama, hacia sus manos.
He de dejarle ya, el doctor me visitará pronto y a él no le gusta que escriba demasiado. Estos días han sido tristes. Dibujaré en un papel sus manos. Las manos de Clara. Las recortaré luego y las colocaré en el techo. Sobre las paredes se proyectará su sombra cuando la luz de la tarde pase por la ventana. Cogeré entonces un espejo y lanzaré rayos y más rayos. En todas direcciones. Será un tiovivo de sombras, un manantial de manos oscuras, una cajita de música destapada. Sus manos surcarán este pesado ambiente buscando mi razón, mi memoria. y las encontrará sin duda entre las flores marchitas que tengo en el jarrón. Serán sus manos quienes me salven otra vez, quienes me resuciten, quienes me rescaten de esta pesadilla.
¿Se imagina, Johannes? la habitación toda llena de manos fantasmas, fantásticas, toda llena de espíritus puros que volarán como papillons de clara sombra. De sombra clara. De Clara.
Reciba un fuerte abrazo de: ROBERT.
P.D. ¿Verdad que tratará de editar mi concierto para violín? Nadie lo sabe, pero el motivo inicial me lo susurró directamente al oído el alma de Mendelsson.
¡Ah, Johannes! ¡Aquellos días de primavera en Düsseldorf!
Extractos del Glosario Onomástico:
CARUS, DOCTOR: Médico alemán, residente en Leipzig; él y su mujer Agnes fueron amigos de Robert Shumann. Agnes, excelente cantante, reunió a un grupo de amigos para celebrar una velada musical; allí conoció Schumann a Clara Wieck, hija del famoso pianista Friedric Wieck
CLARA: Clara Schumann, de soltera Clara Wieck (Leipzig 1819 - Frankfurt del Main 1896), fue esposa de Robert Schumann. Célebre pianista y compositora, mantuvo una gran amistad con Johannes Brahms, quien -se dice- estaba platónicamente enamorado de ella.
ROBERT (Schumann): Compositor alemán (Zwickau, Sajonia, 1810 - Endenich, cerca de Bohn, 1856). En 1834 fundó la revista Neue Zeitschrift Für Musik, donde realizó labor de crítica, apoyando al por entonces Johannes Brahms. Se casó con Clara Wieck, tras vencer la oposición del padre de ésta en una lucha que duró cinco años. En sus escritos, se adelanta a Pessoa en la creación de heterónimos, firmando como Eusebius (el soñador) y Florestán (el enérgico), entre los cuales aparece Maese Raro, representando la moderación. Los tres personajes (como una trinidad) representan tres facetas de la personalidad de Schumann, sostenidos en la lucha contra los filisteos en una unión de la cofradía de David (Davidbund). Murió loco en el manicomio de Endernich.
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