jueves, 5 de abril de 2012

Por qué voy a autoeditarme... cap I

Pido prestado un ordenador en una casa ajena y, haciendo caso omiso al ruido que me rodea, intento dar señales de vida, como si a alguien le importase que el caimán, por muy sincopado que sea, de señales de vida. Además, tengo el ordenador estropeado en casa, un virus no me permite acceder a ninguna cuenta de correo y navega con demasiada agua entrando por la quilla. Hasta que no inventen el chip que permita colgar entradas vertidas directamente desde tu cerebro, será necesario seguir buscando un tiempo y un lugar en el que sentarse a escribir.  Estos días han ocurrido muchas cosas y las sensaciones que me han causado han pasado por el filtro semántico de ser traducidas y verbalizadas dentro de mi cabeza; y ahí se han quedado.


Uno: Notas a pie de página, criaturas pequeñas e indefensas puestas en mis brazos, círculos concéntricos, cordones umbilicales que hacen que todo se relativice y lo que es tuyo pase a ser de esa persona, que depende absolutamente de ti. ¿Quién soy yo? Sea lo que sea, a partir de ahora lo soy por él.

Dos: Recibir una nueva carta de rechazo de una novela ("la muñeca rusa") ha sido tomada como la excusa necesaria para no avergonzarme frente al espejo sin fin en el que ahora me miro. Una carta de rechazo, la 18 o la 19, que ha sido diferente a las anteriores y que ha dinamitado mi autoestima como siempre, pero... Los días anteriores a la llegada de dicha carta, me replanteaba varias cosas respecto a dicha novela. Todas giraban en torno a lo mismo; ser poco a poco más consciente de que estaba inconclusa, de que la había dado por terminada demasiado pronto. Uno busca inconscientemente las razones que justifiquen lo que consideras tu merecido fracaso, y la impaciente necesidad de salir al paso de algo que cambiara mi vida y mi suerte de manera radical, hicieron que pusiese la palabra fin demasiado pronto y mandase dicha novela a casi todas las editoriales posibles sin querer ver que "La muñeca rusa" era una novela fallida, no acabada, imperfecta en muchos de sus lugares y rematadamente necesitada de una mayor concreción y desarrollo. 18 rechazos no fueron suficientes para darme cuenta. Llevo diez años anteponiendo mi concepción de la escritura y de lo que escribo a una industria (la editorial) demasiado acostumbrada a pasar como un rodillo por encima de muchisima gente como yo (es decir, una gran masa mediocre y tiernamente heroica) mientras con sarcástica ironía vemos cómo esa misma industria burguesamente autoindulgente, saca a la luz muy a menudo a escritores de calaña infame con padrinos de clase agradecida. Quiero decir, no publicaba porque lo que escribía era, y es, una mierda, pero a la vez, la misma industria editorial te la razón para lamentarte de tu mala suerte y, sin saber por qué, sigues escribiendo. Algunos mejoran y dan la campanada con un concurso que les permita ver su obra publicada, pero ahí acaba la cosa. Otros ven cómo van dejando de escribir y la vida les cae encima, y allá cada cual cómo se las ingenie para seguir soñando. Y otros lo vuelven y vuelven a intentar hasta que un día mueren sin que nadie les diga realmente si eran buenos escritores o no. Esos son los fantasmas, de verdad, los espíritus tristes que pueblan los sueños de Poe que después de muertos siguen preguntándose dónde está la objetividad que les permita saber si su vida mereció la pena o no y escribieron al menos una página digna de ser escrita aunque a nadie le importase que así fuese...

¿Yo? No lo sé. Por escribir he escrito varias cosas, un libro de relatos, un par de novelas, hasta la historia de uno de esos tristes aspirantes al título; he abierto un blog, lo he vuelto a intentar mientras me despreciaba a mí mismo y  me he consolado pensando que el romanticismo de la literatura estaba en empeñarme en cruzar el muro de Berlín mientras me iba empobreciendo oyendo una canción de Bowie y me quedaba con la duda de no saber si sólo era un estúpido o un genio incomprendido. Pues ni una cosa ni otra. El responsable del servicio de Publicaciones de la diputación de Ciudad Real ha hecho que abra los ojos. ¿Cómo? Pues devolviéndome "La muñeca rusa" junto a una carta donde se me comunicaba que  la comisión calificadora que decide los manuscritos que la diputación va a editar este año desestimaba mi novela propuesta. ¿Qué hace a este rechazo distinto a los demás? Pues que mi novela se quedó en un cajón y no fue entregada a ninguna comisión. No tengo pruebas, tampoco las necesito. Él lo sabe. Yo lo sé y así me lo ha confirmado una persona que no comprometeré diciendo quién es. Es raro abrir las tres copias de un manuscrito rechazado comprobando que no ninguna ha sido abierta. Allá él. Conforme salí de la copisteria fueron mandadas por correo y se me han devuelto igual de vírgenes y crepitantes. Ha tenido que pasar esa nimiedad para que pueda dar el paso necesario. No ha bastado con concursos amañandos, con cartas tipo (un aspirante a paso pluma no necesita cartas tipo, necesita "sí" o "no" o "trabaja el juego de piernas" o "dejas al descubierto el rostro al bajar la derecha" o "eres un manta pero tienes un gancho que es la hostia"), tampoco necesita saber que ha tirado su dinero a la basura (fotocopias, espirales, correos) en envío a concursos repartidos de antemano, y por no necesitar, lo que menos necesita son silencios eternos de editores condescendientes. Creía que cualquier editorial era mil veces mejor y tenía más autoriad que yo. No es que ahora hay cambiado de opinión, es su trabajo y yo soy un diletante; lo que ha cambiado es que me da igual que lo sea o no, esa no es mi guerra ni yo me defino por ella. Me ha hecho falta un rechazo de mentira de un editor de mentira para que yo, en este momento de mi vida, lo vea, si es que lo que estoy viendo no es un delirio también... 

Casi lo agradezco. Quiero decir, yo ya había asumido que "La muñeca rusa" necesitaba una profunda revisión y reescritura; su rechazo casi ha sido un alivio ("competía" con 3 novelas más, esta es tierra de poetas, las opciones de tener por fin un sí eran mayores, sencillamente), lo que no quita que de vez en cuando me cabree al pensarlo. Pero el otro día, viendo a mi hijo de diez días dormir, me di cuenta de algo. "La muñeca rusa" necesitaba que yo estuviese a la altura y le metiese mano de verdad (o al menos hasta donde soy capaz), y que por mi parte, le iban a dar mucho por culo al mundo editorial; soy demasiado viejo para ser una estrella del rock y soy demasiado joven para sentirme un fracasado (miro atrás y veo un negocio que me ha arruinado, un corazón defectuoso, un puñado de manuscritos rechazados, una falta de trabajo desmoralizadora y cruel, una ineptitud social congénita... ¿sigo?). A la mierda. Que le den por culo una ristra de mandriles en celo al mundo editorial mientas entonan la marsellesa cien mil parias y cien mil zorras decapitan a cien mil políticos y a cien mil hijos de puta, yo incluido entre ellos (y que alguien que no sea yo decida dónde ponerme).

Llevo varios días reescribiendo la historia de Milos Meisner. Me queda aún mucho trabajo. Bowie me sonríe desde una esquina llena de basura mientras silba (corregido) y se coloca el paquete. ¿Qué haré cuando acabe? Cuando acabe, si es que no la acabo de joder y consigo que la historia de Irina Belokoneva y un triste librero enfermizo y complaciente sea contada como merece (o al menos me acerque bastante), la registraré, Andrea Hauer hará una portada (tan preciosa como el grabado que preside este blog), Iván Pérez la maquetará y Felipe Rojas la imprimirá; después me haré una cuenta en paypal y la enviaré a quien me la pida, viva en el lugar del mundo que viva, al precio de un paquete de pañales, y si alguien la quiere en ebook, por el precio de un potito se la enviaré al correo electrónico que desee. ¿Qué puede suponer eso? ¿12, 15 ejemplares? No estaré más arruinado de lo que ahora estoy, y el mundo, aunque siga igual de feo, tampoco será peor, creo.

8 comentarios:

Alex Palahniuk dijo...

Joder, y vas pones Heroes de Bowie para rematar la pedazo de entrada que te has marcado, ya te vale.

Maje dijo...

ahí queda eso, sí señor
y aunque el mundo vaya como va, desde luego es más bonito desde que llegó Pablo ;-)

love you

Iván dijo...

Con dos cojones. Sí señor. Ya sabe usted que será un placer robarles algo de tiempo a mis retoños para componer tu texto. Me apetece mucho formar parte de este proyecto. Y que nos quiten lo bailao. Muchas ganas de ver a Pablo. Muchoa besos a todos.

lu dijo...

¡¡¡Bravo!!! Standing ovation, Juan Miguel, que le den por culo a todo ya, la autogestión es la opción más digna y esperanzadora en un momento como éste, di que sí. Cuenta conmigo, que yo me compro el libro a ciegas, confío en tu muñeca rusa a muerte. Y cuenta también con la humilde promoción que pueda hacer en mi blog o donde sea. Si me gusta, claro, pues no soy cabrona yo... qué va, artista frustrada de los pies a la cabeza. Pero me tiene que gustar a la fuerza, qué estoy diciendo, no entro aquí a leer mierda, precisamente. Me entusiasma el proyecto, tío, ponte las pilas que hay comprar pañales y potitos. Besos y achuchones.
¡Y felicidades, papi!

La Pecera del Caimán dijo...

Alex, Bowie is the answer... Ja, gracias...
Maje e Ivan, cuando os pille...
Lu, joder, gracias... Me dejas sin palabras... Te mantendre informada... Y solo espero que la reescritura no joda lo poco bueno...

Cecilia dijo...

Felicidades, guapetón.

Guzz dijo...

"Un escritor siempre escribe" que sería el tópico. Y los tópicos están por algo (se han ganado su condición joda o no a quién corresponda), y para el caso éste blog con pedazo entradas como la presente. Abrazo guzzero Sr. Caimán.

Pd. Y felicidades por ingresar en el mundo del pañaleo, lugar ese al que también pertenezco desde escasas seis semanas.

Anónimo dijo...

Lo siento, pero: "silbar" va con b

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