jueves, 2 de octubre de 2014

Mil lunas para "mi"...




Por algún motivo me siento a escribir. No encuentro nada que decir, ni tampoco mi vida se ha visto sacudida por un suceso revelador o importante. Simplemente hacía demasiado tiempo que no me sentaba ante el ordenador a teclear, teclear, teclear... Ayer recibí noticias de Aitor (tal y como hoy en día se reciben noticias, en un móvil donde aparecen un par de frases que anuncian la promesa de una historia que ansiamos que llegue). Ya no encontramos mensajes en botellas, simplemente llevamos botellas vacías en las manos donde, de vez en cuando, aparecen mensajes que nos hacen creer que abandonamos por un instante nuestra isla desierta. Hace poco, un amigo, durante una de esas conversaciones telefónicas que me atan al mundo, me declaraba su veneración por Orwell y su 1984, que había acertado en todo salvo en lo de las pantallas de televisión que nos vigilan en casa. Me decía que el culmen (y que Orwell no había alcanzado a imaginar, o quizá sí lo había imaginado pero no había querido creer) había sido que "alguien", quien sea, había conseguido que fuésemos nosotros mismos quienes llevásemos nuestra pantallita a cuestas, y que voluntariamente éramos nosotros los que nos dejábamos vigilar "conectándonos" constantemente. "Qué mal te sienta el inicio del otoño", pensé, pero no se lo dije; necesito esas conversaciones como el aire, y en ese momento no me apetecía iniciar una discusión o que pensase que no le tomaba en serio.

A mí tampoco me sienta bien el otoño, de alguna manera yo también pierdo algo, y muchas veces no sé si esa pérdida será reparable, por lo que lo vivo con cierta angustia. Además, estoy leyendo unas cosas que me están costando tomarlas con perspectiva; un manuscrito que me está encantando de un bloguero amigo que se ha convertido en amigo sin más, aún en proceso (el manuscrito) pero luminoso y doloroso. A poco que pula ciertas cosas dará con la radiografía generacional que todo el mundo busca y que pocos libros están ofreciendo (recuerdo el libro de Gonzalo Aróstegui, y me sorprende que no haya parado de crecer en mi memoria después de tanto tiempo). Yo estoy en las mismas, intentando llevar a buen puerto lo que considero que es una historia que merece ser contada, al menos que merece que yo me tome la molestia de intentar contarla, pero por un lado está la falta de tiempo y por otro que lo que yo creía que era un bonsai, está resultando un jardín descontrolado. Echo de menos recibir cartas, como antes, pero más echo de menos escribirlas. Se me acumulan en las intenciones cartas a Araceli, Aitor, Gonzalo, a esas dos personas que por facebook han querido decirme cosas y que no contesto, a mi editor colombiano (¿habrá vendido alguna muñeca rusa o la vostok se habrá estrellado sin dejar rastro?), a Pax, a Andrea, a Iván, a Nerea... incluso a mi mujer... a Pavel hace mucho que tampoco le escribo, y eso que últimamente es evidente que nos echamos de menos de una manera extraña. 

Me resulta paradógico y en gran medida patético por mi parte, descubrir que he dejado de escribir con el ritmo con el que escribía antes no sólo por la falta de tiempo, sino como reacción a la manera en la que veo que escribe y obscenamente se muestra alguien cercano (que no queridamente cercano). Es como decir, joder, si me da asco lo que leo y me ruborizo por las similitudes que encuentro con cierto estilo "confesional" abordado por ambos, ¿no debería dejar yo de hacerlo? Y eso he hecho. De un tiempo a esta parte me esfuerzo en escorar lo que escribo a cierta indeterminación, a cierta profesionalidad si puedo usar esa palabra. Mihailov, Ordine, Townshend, Iniesta... desde marzo de 2014 todo cambió... 

Escuchar discos sin pensar en los otros que quiero escuchar, ir y venir de kilómetros... Lo sé, estoy perdiendo el ritmo de estas frase y sobre todo estoy perdiendo el sentido de las mismas y todo esto está resultando un tanto aburrido... Escribir las biografía, o el intento de nota biográfica de mi tío abuelo, ha hecho que me vacíe más de lo que hubiera sido deseable, y eso que a primera vista no lo parecería, pero me ha obligado a pensar muchas cosas y a recordar muchas otras, y no he sabido gestionarlo bien. Intenté mover el texto por alguna revista especializada, por algo cercano a la justicia poética para con él, un pintor extraño, pero no ha habido suerte; supongo que era esperable... Con el paso de los días se ha despertado en mí cierto resentimiento hacia él, hacia como hizo las cosas y hacia la obligación que parece haberme dejado a cargo. ¿Si él malogró el recuerdo de su obra, por qué he de ser yo el que la intente restituir más allá de esas líneas? Dejarlo todo como está, diluyéndose poco a poco, es hacer lo que hizo él, y meterme en sus entrañas, discutir con gente, pelearme con montones de papeles es de algún modo revelarme contra él, y no sé si se merece tal cosa. Ni yo tampoco.
Stop.
Recordar ahora la exaltación momentánea que me ha supuesto ver de nuevo Un soplo en el corazón de Louis Malle, Creo que ninguna película me ha provocado tal respuesta, con sus últimos diez minutos, como esta película de Malle.
Sumirme en la lectura de "Un hombre enamorado" de Karl Ove Knausgard también ayuda. Me gusta verme leyendo un libro así, me gusta ser capaz de verle las costuras a un autor sabiendo que al libro no se le ven dichas costuras, saber a qué quiere jugar o qué quiere obligarme a hacer. Me despierta los mismos sentimientos que Emmanuel Carrérè, pero de otra forma, porque de algún modo a Knausgard le veo las intenciones, y eso me gusta. Y comenzar Anna Karenina, por supuesto que sí, comenzar Anna Karenina y parar en la página 23 porque de algún modo me siento cegado, como cuando vuelvo a casa de trabajar y en la carretera un puto camión no quita las luces largas y me ciega. Tolstoi como un camión en la noche en una carretera secundaria, cegando a quien se cruza con él. Duele. No es que sea grande, es que es un puto dios, un dios que estorba en este mundo donde la sobreabundancia crea raquíticas obras a su lado. ¿1002 páginas (en la edición de Alba)? ¿Cómo se gestionan 1002 páginas de tal potencia en un día a día de links y lecturas a vuela pluma, en un día a día al que parecen faltarle minutos, o al que parece que uno no está a la altura del ritmo que se te exige? Puto Tolstoi, le amo, su figura, su vida, sus libros, sus diarios, De mayor no quiero ser Tolstoi, me conformaría con ser la mota de polvo que se posa en su mierda antes de que él tire de la cadena. ¿Esto cuela como carta, Aitor? No creo...
Querído diario, ¿debería dejarlo aquí? Como desahogo creo que por hoy ha valido... Al menos me ha acompañado todo este rato Meschiya Lake...




3 comentarios:

Gonzalo Aróstegui Lasarte dijo...

784 páginas mi edición de letra chiquita de Bruguera, Juanmi. Una novela tan exageradamente buena que no tiene rival, "Ana Karenina". No podías haber acabado mejor tu carta. Ah, y gracias.

Un abrazo.

ned henry dijo...

Lo pensaba esta mañana al escuchar el podcast del programa de Lara López, "gracias por existir Lara", y lo mismo puedo decir de ti y de tu obra a pesar de que tú no te ayudas precisamente a ti mismo.

Me apunto Ana Karenina, tuve que dejar de leer ElMaestro y Margarita a las trescientas páginas porque mi copia estaba mal encuadernada y de la trescientos y pico pasaba al final y luego otra vez atrás y podía haber hecho como con Rayuela, pero encima le faltaban páginas, así que me quedé justo en cuando Margarita accede al " trato".

Me gusta mucho esa cantante que has puesto, estoy en plena fase Fats Waller y Sidney Bechet, así que me viene bien.

Nada más, que espero que estés bien y la family también.

Abrazo, y recuerda que escribes bien, que es lo tuyo. Rechaza imitaciones.

TwoHeadsOneBrain dijo...

Que necesidad de hundirse en las palabras..de caer en frases que hacen pensar, sentir, tal vez soñar..Que hermoso descubrir espejos en los que uno quiere reflejarse...
Gracias por la las palabras, gracias por lo que arrastran tras de si..

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