sábado, 1 de marzo de 2014

Boris Mikhailov, un fotógrafo del hundimiento



Boris Mikhailov, Superimposition. 1965.
Enfrentarse a la fotografía de Boris Mikhailov resulta estremecedoramente desolador. Hacía tiempo que no veía algo tan duro. La cosa se complica cuando lees cómo desarrolla su trabajo. En una entrevista del 2011 con motivo de una retrospectiva de su obra en el MOMA, respondió con un lacónico “documentary cannot be truth” cuando le preguntaron su opinión acerca de quienes dudan del carácter documental de sus imágenes, habida cuenta de que él no oculta que paga a sus “modelos”. Esa entrevista se desarrollaba con motivo de su exposición titulada “Case History”, la mayoría sobre indigentes ucranianos. ¿Qué es verdad? Todo se mezcla cuando ves las imágenes de Mikhailov, y más cuando algo particular como es la representación de una Ucrania post-soviética, pasa a ser un universal, y entonces lo que ves es LA pobreza, EL dolor, EL abandono, LA animalidad, EL detritus en el que el ser humano se convierte cuando el capitalismo arrolla con todo y a todos. Mikhailov tiene una posición muy particular respecto a su quehacer fotográfico, lleno de matices en los que perderse, sobre la objetividad, el equilibrio de poder entre el que muestra y el capta, sobre el objeto de la fotografía, sobre cómo es posible, o no, captar la realidad. Como si Boris Mikhailov hubiese dicho, "¿queréis realismo social? tomad realismo social", 
¿Es posible documentar la vida sin mancharnos las manos?.

Tríptico de la serie "The Wedding" 2005 - 2006


Nacido en Ucrania en 1938, Boris Mikhailov es uno de los principales fotógrafos de la antigua Unión Soviética. Fue a finales de la década de 1960 cuando hizo su primera exposición. Después de ella, la KGB entró en su domicilio y encontró fotos de su esposa posando desnuda. El acoso policial del que fue objeto, hizo que perdiera su trabajo como ingeniero, dedicándose tras ello por completo a la fotografía. Durante más de 30 años, su interés ha estado centrado en explorar cómo el individuo se engarza e incorpora a los mecanismos históricos comunitarios, tanto dentro del dominio soviético como en las condiciones de vida en la época post-comunista de la Europa del Este. Su obra más famosa del que podría ser su primer período (1968-1975) fue la "Serie Roja". En estas fotografías utiliza principalmente un filtro de color rojo para representar la ciudad, sus personas y grupos. Hasta la caída del comunismo, experimentó con diversas técnicas de revelado y positivado, aunque su objetivo siempre fue el mismo. Posteriormente, ya en los noventa, centró todo su trabajo en analizar las consecuencias que la ruptura de la Unión Soviética tuvo para la ciudadanía, fotografiando sistemáticamente a personas sin hogar hundidas por el alcohol y la ausencia de futuro. Más de 500 fotografías (la serie "Case History") muestran la situación de las personas que, tras la disolución de la Unión Soviética, no fueron capaces de agarrarse a un sistema que no entendían y que no contaba con ellos. De una manera muy directa Mikhailov centra su crítica contra la "máscara de la belleza" del levantamiento post-soviético dentro del capitalismo salvaje que allí se instauró.


Boris Mikhailov
Aunque profundamente enraizada en ese contexto histórico, el trabajo de Mikhailov incorpora retratos profundamente interesantes y personales de lo que es el humor, la lujuria, la vulnerabilidad, el envejecimiento y la muerte. Con la desintegración de la U.R.S.S. fue testigo directo de cómo su sociedad agonizaba; su trabajo es único a la hora de valorar el tránsito de la decadencia del sistema soviético al capitalismo salvaje en una suerte de apocalipsis poscomunista y postsoviético.

Boris Mikhailov de la serie "Yesterday's sandwich" 1965-1981
Ha sido, como indiqué anteriormente, “Case History” su serie más famosa. En ella explora el horror en el que viven las innumerables personas que se han quedado sin hogar tras el colapso de la Unión Soviética en Ucrania. Con el trasfondo sombrío de la ciudad industrial de Kharkov, las fotografías de Mikhailov (en color, y a tamaño natural) documentan la opresión, la pobreza devastadora y la realidad cotidiana de una comunidad de marginados que viven en los márgenes de nuevo régimen económico de Rusia. Después de vivir unos años, tras la caída del comunismo, en Berlín, Boris Mikhailov recuerda el impacto de su experiencia al volver a Kharkov varios años después. Cuenta cómo, tras la aparente tranquilidad de la devastación, la cual hacía creer que la ciudad había adquirido el halo moderno del centro de Europa (con un montón de anuncios extranjeros, un simple un envoltorio brillante), se quedó muy sorprendido por el gran número de personas sin hogar. Los ricos y los sin techo eran las nuevas clases de una nueva sociedad, y Mikhailov fotografía a una de ellas, la más numerosa, creando una obra que es uno de los documentos más inquietantes de las condiciones urbanas post-soviéticas.

Boris Mikhailov, tríptico "Blue Girl" (de la serie "Look at me I look at water")

Cuando se produjo la caída de la Unión Soviética y de todo el bloque oriental, los nuevos gobiernos pidieron ayuda al Occidente pudiente para superar la crisis. La ayuda llegó en forma de niñatos avariciosos sin escrúpulos graduados en Harvard con brutales programas de "reformas" económicas liberales (nota personal, releer “Limonov" de Carréré). Los resultados fueron desastrosos, y no sólo desde el punto de vista económico (caída de la esperanza de vida, aumento de la mortalidad, desahucios, tasas de paro insoportable, alcoholismo galopante, etc). La privatización acelerada dejó las antiguas empresas públicas en manos de funcionarios corruptos que, con los contactos adecuados, los "empresarios audaces" pudieron comprar por cuatro rublos. De algún modo, los dirigentes europeos estuvieron contentos, pues el futuro que preveían para la parte oriental del continente (que era ser una especie de mezcla entre puticlub de extrarradio y cementerio nuclear) se vio totalmente cumplido. Ya a finales de los noventa escuché en la facultad a un profesor decir que esa demolición exprés de un modo de vida determinado que se había desarrollado bajo un sistema político y económico determinado iba a traer consecuencias nefastas. Muchos vimos a ese profesor como un leninista trasnochado, pero es bien cierto que ese aviso lo he ido escuchando a lo largo del tiempo. Exactamente no recuerdo quién dijo que el futuro no se podía predecir y que dentro de 20 0 30 años nos íbamos a arrepentir de seguir esa política y de ignorar y humillar a esos países, especialmente a Rusia (no sé si fue Houellebeq o Delors, o el propio Limonov).

En los rotativos occidentales, a mediados del 2000, se pudo leer una afirmación de Putin que fue entendida como una boutade más de un tirano ignorante y residual del espíritu soviético, y que era algo así como que la caída de la Unión Soviética había sido la peor catástrofe geopolítica del final del siglo XX. Muchos, incluyendo el por entonces primer ministro Mevdeved, se echaron las manos a la cabeza, pero según las encuestas, la mayor parte de la población de las antiguas repúblicas soviéticas estaba de acuerdo. Hoy, la política rusa es cada vez mas agresiva, aumenta su presupuesto militar, presiona a los países de su entorno para unirse a la nueva Unión Euroasiática mientras, al mismo tiempo, grupos de ultraderecha y fascistas no paran de crecer en Europa Oriental amparados por Estados Unidos y la UE (como algunos de los que han protagonizado la revolución-motin-golpe militar de Ucrania). Tal vez no hoy, tal vez no mañana, pero pronto, nos estalle todo en la cara...

¿Qué tiene que ver esto último con Boris Mikhailov? Muchísimo… Pues algunas de las sensaciones que uno experimenta a ver su trabajo son “miedo”, “horror”, “desolación”. África, Asia... Europa Oriental... cada vez al capitalismo le cuesta más mantener centrifugados a los residuos de su descontrolada voracidad neoliberal. Pero quizá el horror está cada vez más cerca,  igual ya instalado de lleno en el corazón de Europa (la llamada crisis y el soterrado desmantelamiento del ninguneado "estado del bienestar"). Mikhailov lo retrata con la minuciosidad de un cirujano tan hábil como borracho. Pero su trabajo esconde varias paradojas más allá del carácter testimonial de 60 años de trabajo. Dejaré de hablar de la crítica social. No olvido que paga a sus “modelos”. Sin embargo, a la luz de este detalle, ¿dejan de ser veraces las imágenes de Mikhailov por ese hecho?, ¿posar es mentir?, ¿dejarse retratar en fingir? Él insiste: “Documentary cannot be truth”. ¿Qué es entonces lo que él representa, qué sentido tienen sus retratos de indigentes en Ucrania en "Case History"? En la fotografía documental, la interacción fotógrafo-fotografiado siempre implica un sistema de relaciones desigual entre ambos actores. Es inevitable que uno de los dos adquiera una posición de inferioridad, lo cual no implica que el que retrata abuse o se aproveche del retratado, sin embargo no hay que olvidar ese hecho, pues, de esta manera, por ejemplo, el poder recae sobre quien tiene la capacidad de influir en la acción del otro. Pero, ¿quién influye realmente en quién?

Paradójicamente, al comienzo es quien busca las imágenes quien carece de poder, vagando y buscando supuestamente "a ciegas"; un poder que de golpe el fotógrafo adquiere cuando toma una decisión y se acerca a un individuo y le hace una oferta por su imagen, o simplemente cuando intenta fotografiar creyendo captar el instante objetivamente (una falacia positivista como cualquier otra); luego, el individuo que posa recupera el poder cuando la tensión del momento le permite decidir si muestra más o menos. Boris Mikhailov admite sin pudor que paga a los indigentes que posan para él, pues cree que con ello pone en valor la imagen del testimonio que quiere mostrar. Quiere que "ellos" sepan que les está fotografiando, pues esa consciencia tiene sus consecuencias. ¿Cuáles?

Con esto se me cuela el gato de Schrodinger (¿sé dónde está pero no sé cómo es, pero si sé cómo es, no sé dónde está? Eso sin contar que no tampoco sé si está vivo o muerto), pero es innegable que las imágenes de Mikhailov plantean infinitos dilemas, no sólo en lo que atañe a lo que muestran, sino a cómo ha conseguido el fotógrafo que muestren lo que muestran. El acto de pagar a los fotografiados y dirigirlos en su performance puede ser un mecanismo que lo libere del dilema de la veracidad. Sus fotos no son verosímiles, pero son verdaderas. Sus imágenes nos muestran unos personajes con una narrativa impresa en sus propios cuerpos donde la desnudez, el maltrato y el abandono no son más que envoltorios del horror. No estamos hablando de estética apocalíptica a lo Mad Max u otra impostura distópica vacía de contenido, hablamos de lo que está sucediendo en un país que está a un puñado de kilómetros del nuestra amada Unión Europea. Mikhailov (en "Case History" sobre todo, aunque me temo que es algo que lleva haciendo toda la vida) muestra dientes, piel, coños, cicatrices, mugre, hedor, cabezas piojosas, ojos enrojecidos, piel macilenta y pone entre él y el individuo una relación contractual que los deshumaniza y convierte en soportes vivos del relato que quiere construir. Es como si preguntara, ¿de verdad he de esconderme y fotografiar sin que nadie se de cuenta para mostrar la verdad? ¿Y qué pasa si lo que yo muestro te resulta incómodo, acaso es menos verdad? ¿Estás seguro de ello? El momento de encontrarte rodeado de sus fotografías no se diferencia del de mirar pornografía bizarra. Mikhailov con ello muestra la línea divisoria entre la búsqueda de la imagen real y la llamada fotografía documental, desarrollada por fotógrafos cargados de prejuicios, "buenrrollismo" y ganas de agradar... Como leí en alguna parte, no es cómodo ver las imágenes de Boris Mikhailov porque sus pobres están vivos y son atrevidos. Quizá los medios de comunicación nos manipulen y al final no sepamos quién dirige el mundo ni qué sistema de fuerzas e intereses condiciona nuestra conciencia, pero hacia dónde parece que está avocado el mundo, da miedo...


Autoretrato de Boris Mikhailov, Berlin, Germany, 2004 

http://es.wikipedia.org/wiki/Boris_Mikha%C3%AFlov_(fot%C3%B3grafo)

2 comentarios:

Free Matojo dijo...

Sobrecogedor. Me quedo con "la minuciosidad de un cirujano tan hábil como borracho"...
Gracias por el reportaje, por darle luz a la oscuridad. chau

lu dijo...

Joder, sus fotos no son postales, eso está claro. Me han parecido muy interesantes los dilemas que planteas, Juanmi, mucho. Que sepas que me pillé "Limonov" por recomendación tuya y va a caer muy prontito. Ya te contaré.
Besos!

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