lunes, 7 de noviembre de 2011

Ese día piensa en mí. Hermes Alogo Mebuy...

Si fuiste acnéico púber, pre-púber, post-púber o adolescente rarito a secas en los ochenta y confiesas que no cantaste alguna canción de Los Suaves una noche lluviosa de noviembre con un tercio mahou de cuello corto por las calles de tu triste pueblo junto a un amigo a las tantas de la madrugada, entonces me preguntaré en qué coño estabas pensando y por qué echaste a perder tus mejores años... Los Suaves es uno de mis vicios inconfesables. Ya cumplí mi cupo de darles oportunidades en directo, pues dudo que vuelva a repetir, pero a sus discos les suelo dar rutinaria escucha de vez en cuando. No tengo su discografía entera, ni mucho menos, pero los discos que tengo de ellos les tengo mucho cariño, sobre todo "Frankenstein", "Ese día piensa en mi" y "San Francisco Express" (y en menor medida "Si yo fuera dios" y "Malas noticias"). En un país como este es raro hablar de según qué grupos (me remito a post de Topo), y tampoco me extenderé mucho sobre el tema. Yosi siempre me ha parecido un letrista magnífico, mezclando la cadencia de Dylan con la imaginería de Lynott,  y ha escrito momentos memorables con algunas de sus canciones. 

Me gusta cantar cuando conduzco solo (segundo vicio inconfesable que se me escapa hoy) y hacerlo karaokeando con Yosi o con Rosendo es fabuloso según el día. La música rock es principalmente evocadora, tanto de vivencias ajenas como de propias, y el poder catártico que tiene para mí es sagrado y pienso que ninguna otra manifestación cultural tiene el poder que la música tiene. La primera vez que vi a Los Suaves, cuando no tenía criterio objetivo de lo que veía, gastaba melenas y parches en mi chupa vaquera, lo único que perseguía era confundirme con otros como yo y mimetizarme con las canciones que amaba, alzando el puño y rozando la afonía tras dos horas de olvido de mi triste vida. Yosi para eso era el mejor (y los Cero, y Rosendo, y Topo, y Barón Rojo, y Los Enemigos...). Hoy, en el reproductor del coche ha aparecido "Ese día piensa en mí". No me acordaba que estaba en el mp3 entre "La vida mata" y "Orgasmatron" (no pienso contestar al porqué de ciertas compilaciones motoras de mi buga Perdigón). Ha sido una sorpresa. Grata. Y entre legañosas y desafinadas voces, el recuerdo del guitarrista negro de los Suaves, Hermes, y de su historia que corría como una especie de mito en los años que no se podían comprobar los mitos en internet porque no había tal cosa, y lo mismo que Gene Simmons tenía lengua de vaca y Tracy Lords era menor de edad, o que Boris Vian había muerto en un cine viendo la adaptación de "Escupiré sobre vuestras tumbas" y la muñequera enorme que lucía Bruce Dickinson se la había hecho Sherpa, no sabías si la historia que te contaban de Hermes de Los Suaves era verdad o no, pero te daba igual, tu te creías todo, lo verdadero y lo falso, porque era tu mundo y tu mundo era también tu refugio y tu escuela... ¿Cuál era la historia de Hermes? Ya la contó el propio Charly Dominguez una vez, cuando repasaba las grabaciones de los discos de Los Suaves. Un historia genial.
Lástima que ya no haya tercios de cuello corto ni yo ya tenga quince años... Hoy llueve y echo de menos a mis amigos...

"ESE DÍA PIENSA EN MI"

"De nuevo un largo viaje por carreteras que ya conocíamos de Ourense a Asturias, hasta llegar a los Estudios Eolo de Gijón para grabar las canciones que completarían el tercer trabajo discográfico de Los Suaves. Era el mismo estudio en donde se grabaron los dos discos anteriores (bajo el nombre de Estudios Norte), como los mismos fueron los ingenieros de sonido René de Copeau y Pedro Bastarrica además del mismo productor Paco G. Rodríguez. La nueva compañía, Clave Records de Santiago, se estrenaba en la promoción y distribución discográfica. Durante un mes o treinta días, no recuerdo, con un horario de catorce horas diarias, fueron grabadas un total de diez canciones, quedando nueve para completar las dos caras del " vinilo" y, sin que sea un mérito, fue una grabación con esfuerzo, gritos y alguna que otra bronca olvidada tras la toma siguiente. Los bronquistas, unos mas que otros fueron, Ramón "Montxo" Costoya (guitarra), Yosi (voz,armónica y voces), Carlos "Charli" Domínguez (bajo), Hermes Alogo Mebuy (guitarra solista), con la colaboración de Alejandro Cano, a la batería, que nos ayudó en los ensayos previos y en la grabación, además de Alberto Cereijo, que fraseó y soleó en el tema "No puedo dejar el Rock". Se terminó de grabar a las seis del despertar del último día, con el último tema (Nena, te voy a dejar), sin posibilidad de continuar por falta de presupuesto. El disco se dedicó a la memoria del gran Phil Lynott (Thin Lizzy)que nos dejó un maldito 4 de Enero de 1986. 

Pero en la memoria suave también quedará la figura de Hermes que no hace mucho (deseo no saber cuándo), le dijo adiós al mundo que tanto recorrió, después de muchos sinsabores físicos y personales, que siempre intentó superar con sonrisas y silencios. Tras una vida de fugas, se fue de su país Guinea y de sus gentes para no asumir a los catorce años la posición de Jefe de la aldea heredada de su padre. Eligió irse con el circo de La Ciudad de los Muchachos de Ourense, para cargar en sus hombros y sobre una bicicleta a quince compañeros, en un número con forma de una figura de cola abierta de pavo real, hasta el día que pensó que era mucho esfuerzo y decidió ser el guitarrista del grupo del circo, es decir cambió el coso por la platea. Viajó con el circo por todo el mundo; estuvo en Australia, donde él decía que conoció a los hermanos Angus y Malcom Young de AC/DC, en Colombia, en New York donde conoció y viajó en metro por primera vez, en Japón en donde compró su guitarra Yamaha roja por 7.000 pesetas luego tuneada de negro, y que nunca se abandonaron. Llegó a grabar en la capital de china para no se quien. Y un día en los ochenta entró en los Suaves pasando toda la década en grabaciones y conciertos, regalando solos de su vieja guitarra Yamaha 7.000. Se casó con una gallega, tuvo dos hijos, fue feliz durante unos años y luego... se quedó solo, después fue infeliz el resto de sus días, acompañándole una parálisis parcial, una suerte desagradecida y unos papeles esquivos. Regresó a su tierra rechinando palabras de injusticia y rabia, para no volver jamás. Donde quiera que estés, querido Hermenegildo Alogo Mebuy "Hermes", véngate de los tiempos injustos y recuerda los buenos que pasamos. Aquí nosotros siempre te recordaremos...
Tu amigo Carlos "Charli" Domínguez 30-1-2006."



14 comentarios:

Chals dijo...

genial compañero, que tiempos, y cuanto dinero en psicólogos que nos habrá ahorrado el rock, yo pasé todas esas etapas que cuentas, aunque yo cantaba por las calles a Loquillo, a Sabina y a Gabinete Caligari. Genial, me apunto este remember rockanrolero.

Iván dijo...

Nosotros también te echamos de menos. Se agradece esta inusual periodicidad en la publicación de post para los que te leemos (más de los que crees). Si los dioses lo permiten, nos vemos pronto. Cuídense. Se os quiere.

Anónimo dijo...

Asi hasta pareze una buena persona y todo.

al-ma dijo...

Increíble post, me he emocionado ,identificado y disfrutado tanto de la manera de contarlo como de la forma de hacerlo. Me quito el sombrero ante su talento, por favor mas historias de los suaves! Mas historias de mi vida...

Anónimo dijo...

Lástima que ya no haya tercios de cuello corto ni yo ya tenga quince años... Hoy llueve y echo de menos a mis amigos...

Joder, se me va a humededer hasta el alma!!!! Coño que tiempos aquellos!!!

Fernando Antolin dijo...

Soy misionero testigo de Jehová. Ahora vivo en Bolivia pero viví varios años en Guinea Ecuatorial, donde conocí a Hermes Alogo. Llegó un día al único Salón del Reino que había entonces en la ciudad de Bata, en el barrio de Comandachina. Se sentó en uno de los bancos de madera del salón, en la parte de atrás, y al concluir la reunión se fue tal como había llegado, poco a poco y en silencio, medio arrastrando una pierna. Desde ese día comenzó a asistir asiduamente a las reuniones de la congregación de Comandachina. Se sentaba siempre en la parte de atrás y al terminar se iba sin decir palabra. Asistencias de más de cuatrocientas personas abarrotaban en aquél tiempo nuestro salón, pero Hermes no pasaba desapercibido y enseguida llamó mi atención. Aparte de sus evidentes dificultades físicas para caminar, la primera impresión que recibías es que estaba mentalmente tocado. Llegaba como sobrevolándolo todo, con sus ojos muy abiertos pero como abstraídos hacia su interior, parecía estar siempre entre sorprendido y deslumbrado sin aparente razón, permanentemente ido y como ajeno a la realidad que le rodeaba, lo que le confería un aire de alucinado. En aquella época solían aparecer de vez en cuando algún que otro loco por nuestro salón, que se mantenían sorprendentemente calmados durante el tiempo que duraba la reunión, y que luego salían a continuar con su locura, así que cuando Hermes apareció por allí pensamos que era uno más de aquellos dementes que en aquél tiempo vagaban por Bata sin un lugar a dónde ir. Su aspecto físico reflejaba un absoluto abandono. Siempre muy desastrado, vestía permanentemente la misma ropa, muy desaseada, como él mismo. Una barba, no muy abundante, pero igual de desaliñada que el resto, baba asomando a veces sobre su pronunciado labio inferior, unas viejas chancletas que dejaban a la vista unos pies que eran todo un poema, y unas uñas en pies y manos ya retorcidas de puro largas completaban la descripción del Hermes que conocimos cuando empezó a asistir a nuestras reuniones, calculo que sobre el año 2.000.

Algo en él, no obstante, me llevaba a pensar que no era un loco más. Sus ojos, siempre muy abiertos, como transportado a otro mundo, parecían regresar a la realidad y se iluminaban fugazmente cuando le saludabas, mientras asomaba en su rostro una triste sonrisa. Apenas hablaba, pero los escasos monosílabos que conseguías de él cuando intentabas entablar una conversación, revelaban que estaba completamente cuerdo, así que le ofrecí un estudio de la Biblia que aceptó sin más. A partir de entonces nos estuvimos viendo tres veces por semana. Los jueves y domingos en la reunión y los sábados por la mañana para el estudio de la Biblia, que siempre hacíamos sentados a la sombra en el patio del salón. Nunca faltaba, lo cual era una auténtica proeza, ya que aunque vivía en el barrio de Shangay, pegando a Comandachina, le tomaba cerca de una hora hacer un trayecto que a cualquiera de nosotros nos tomaría no más de cinco minutos, atravesando directos por los atajos mal trazados que suben y bajan entre casuchas, piedras y regueros, imposibles de recorrer para alguien en su condición, así que tenía que ir, lento pero tenaz, arrastrando penosamente su pierna hasta Villa Udeac y luego rodear por el mercado grande hasta el salón de Comandachina. Al llegar a la altura del salón, seguía su trayecto impávido, sin detenerse, y, pasaran o no los coches, no miraba ni a un lado ni al otro. Tardaba un siglo en cruzar la calle, pero los coches se detenían pacientemente hasta que terminaba de cruzar. En África se respeta mucho a los locos, incluso se les teme, pues en la mayoría de los casos pierden la cordura a resultas del espiritismo, y para la mayoría de la gente Hermes era solo un loco más al que convenía dejar tranquilo.

fernando antoln dijo...

No obstante Hermes, al margen de historias pasadas que posiblemente le mortificaban, parecía tener su mente en perfecto estado. Sus respuestas a las preguntas durante el estudio de la Biblia, siempre breves y sin explayarse, evidenciaban sin embargo que asimilaba bien las ideas y comprendía aún los conceptos más complejos. Incluso transmitía en ocasiones cierto humor entre burlón y melancólico. Nunca hablaba de su pasado pero mencionaba a menudo a su madre, más que nada para maldecirla, como acusándola de ser la responsable de sus desgracias. Decía que era bruja, así que llegué a la conclusión de que Hermes se encontraba así como consecuencia de experiencias sufridas años atrás en su entorno familiar. La mayoría de los dementes en Guinea fueron en el pasado niños llevados de curandería en curandería y sometidos a todo tipo de ritos y ceremonias espiritistas. Concluí que posiblemente sería un pasado de ese tipo lo que ahora le atormentaba.

Sin embargo cierto día Hermes me dijo que había vivido en España y que había sido guitarrista con Los Suaves… ¡¡¡Los Suaves!!! Yo no he sido siempre testigo de Jehová ni misionero, y aunque llevaba ya muchos años muy desconectado del mundillo del rock, sí que conocía vagamente esa banda y la leyenda que lleva detrás como uno de esos grupos emblemáticos que son seguidos por una pléyade de admiradores incondicionales con una devoción diría casi que digna de envidiar incluso para un testigo de Jehová. “¿Los Suaves?” -le pregunté incrédulo- “¿ese grupo de rock duro?”. Yo no había seguido musicalmente al grupo, pero si había oído hablar de él y tenía esa noción de ellos, como una banda casi mítica del rock nacional con esa aureola que convierte a sus seguidores casi en una religión. De habérmelo dicho al principio de conocerle hubiera pensado simplemente que estaba majara. Nada más lejos del estereotipo de un rockero que el Hermes que yo conocí. Menos aún podía relacionarle, ni por asomo, con una banda de las características de Los Suaves. Sin embargo, cuando me comentó esto le conocía ya lo suficiente como para saber que no mentía. Para corroborarlo sacó una fotografía bastante gastada en que aparecía durante una actuación con una guitarra eléctrica sobre un escenario. Esa tarde indagué en la Wikipedia y, efectivamente, aparecía el nombre de Hermes Alogo como uno de los miembros de Los Suaves en las etapas iniciales del grupo. A raíz de esta revelación hablamos alguna vez de cómo es que había llegado a ser guitarrista de una banda de rock. Me contó que había estado en la ciudad de los muchachos, en Orense, que al principio había sido ciclista en el circo pero que luego comenzó a tocar la guitarra y con el tiempo acabó en Los Suaves. En Guinea prácticamente nadie conocía nada del pasado de Hermes, no tenía amigos ni se relacionaba con nadie, salvo con los hermanos de la congregación que se encariñaron con él y llegaron a tenerle verdadero aprecio a medida que acostumbraron a su presencia y se fueron familiarizando con él. La verdad es que Hermes se hacía querer con su sola presencia y su leve sonrisa alucinada. Lo que llevaba a sus espaldas sólo lo sabía él, pero parecía tenerlo ya más que aceptado y asimilado. Durante los aproximadamente dos años que se relacionó con nosotros nunca le oímos quejarse de su suerte en la vida, aunque estoy seguro de que había episodios particularmente dolorosos entre las brumas de sus recuerdos.

fernando antoln dijo...

Hermes nunca llegó a bautizarse como testigo de Jehová, pero su estudio de la Biblia sí dio ciertos frutos. Por ejemplo, con respecto a su apariencia descuidada y permanentemente desaseada con la que le conocimos al principio. Era evidente que para cuidar su aspecto necesitaba, a demás de motivación, de cierta ayuda física que no recibía en su entorno familiar, pero después de hablar con él sobre este asunto, llegó un día al salón con ropa diferente y limpia, aspecto aseado y las uñas cortadas. También su personalidad evolucionó positivamente, desde aquel Hermes medio ido, al que conocimos al principio y de quien solo obteníamos algún que otro monosílabo, a un Hermes más hablador, ocurrente y en ocasiones, socarrón. Lo que nunca conseguimos es que dejará de pronunciar tacos, con los que adornaba frecuentemente sus ocurrencias, dándoles un toque de humor. Pero la procesión iba por dentro y era evidente que Hermes era básicamente un ser humano que sufría. Un día le comenté que tenía una vieja guitarra española en casa y le pregunté si quería probar a tocar algo. La leve sonrisa que recibí por respuesta me hizo subir a por ella y cuando se la di, la tomó y se puso en posición como para ponerse a tocar algo y así se quedó durante un tiempo, inmóvil y con una mirada indescifrable en sus ojos, aunque diría que profundamente triste. Fue incapaz ni de intentarlo. Yo pensaba que ahora que ya no tenía las uñas excesivamente largas podría quizás tocar algo, peo creo que ya le faltaba el chip que en otro tiempo había hecho de él un guitarrista virtuoso, aparte de que tenía una de sus manos semiparalizada. En otra ocasión percibí esa misma intensa tristeza en su mirada cuando me mostró otra vieja fotografía en la que aparecía una mujer bastante guapa y dos niños pequeños. Me comentó que eran su esposa y sus dos hijos y que estaban en España. Aunque le pregunté cómo es que no estaban juntos, no puedo precisar ahora mismo con exactitud lo que me dijo. En determinados asuntos Hermes era bastante reservado y nunca aclaró quién fue el responsable de la separación y el porqué. Lo que sí puedo aseverar es que, al menos en Guinea, Hermes no probaba el alcohol.

fernando antoln dijo...

Cierto día por la mañana vino alguien a casa a avisarnos que Hermes había muerto. Fuimos mi esposa y yo hasta Sanghay y entramos por primera vez en la maltrecha caseta de tablas donde Hermes había pasado los últimos años de su ingrata existencia. Allí estaba, con el aspecto de siempre, metido en lo que podría llamarse una caja de pino sin más, colocada sobre la mesa. En Guinea no había entonces funerarias donde comprar algo que mereciera el nombre de ataúd. En el momento en que alguien moría la familia iba al carpintero más cercano y le montaban en un pispás un cajón con tablas de madera en bruto, sin pulir. Y ésa fue la última imagen que nos quedó de nuestro querido y entrañable Hermes Alogo. Fue la primera vez desde el día que le conocimos que, al encontrarnos con él, no nos obsequió con su característica leve sonrisa. Tampoco abrió ya esta vez sus ojos… aquellos ojos siempre muy abiertos, como de hipnotizado, que le conferían un aire de visionario permanentemente soñando o quizás huyendo de una suerte que a menudo le fue esquiva y de una penosa vida que no le trató como merecía. Por allí andaba su madre, que fue la que nos mandó avisar. La verdad, no parecía bruja, pero cualquiera sabe. Hermes nunca hablaba por hablar. Nos dejaron al menos hacer una oración y los hermanos de la congregación aportaron dinero a la familia para ayudar en los gastos del entierro. Ese fue el final de la historia. Su muerte repentina nos pilló por sorpresa. Hasta el final estuvo asistiendo regularmente a las reuniones y acudiendo puntualmente al estudio cada semana. Nunca se lamentó de que se encontraba peor ni evidenció en ningún momento un deterioro en su salud ni en su estado físico que hiciera presagiar una muerte inminente, pero obviamente durante su última etapa en Guinea su salud estaba ya muy lastrada. Hermes cargaba su madero en silencio y con resignación, mientras día a día iba arrastrando sus despojos sin el menor alarde de sufrimiento. Nos dejó en el momento menos pensado y cuando nadie lo esperaba, pero estoy convencido que, para él, el encuentro con la muerte fue su liberación.

fernando antoln dijo...

Y nada más que añadir. Parece como que hoy fuera “ese día” en el que, desde algún rincón oscuro de mis recuerdos, Hermes me hubiera dicho “piensa en mí”. Al poner “Hermes Alogo” en Google he descubierto sorprendido páginas donde aún se le recuerda. En algunas se preguntan qué fue de él. Espero que el relato anterior arroje algo de luz sobre esa, hasta ahora, oscura última etapa de su vida. No pretendo presumir de nada si afirmo que Hermes me consideró durante esos últimos años un verdadero amigo y la persona más cercana a él. Para mí Hermes Alogo fue fundamentalmente un hombre bueno a quien la vida le desbordó. Un niño grande e inocente que vivió en un mundo complicado que nunca fue digno de él. Hoy le he visto, por primera vez, tocando la guitarra solista con Los Suaves, en “Dolores se llama Lola” en youtube. Definitivamente, imposible ver en Hermes, ni siquiera entonces, el perfil del típico rockero. Sí, maneja la guitarra, y la maneja tan bien que engrandece a la banda, pero aparece un ser aparte, como algo añadido que no acaba de encajar, como si procediera de otro planeta. ¿Nunca os habéis preguntado como alguien venido de un país como Guinea, sin ningún tipo de tradición rockera, llegó a dominar los solos de esa manera? Yo le pregunté un día y, después de unos segundos pensativo, me respondió con dos palabras. Pero eso ya es otra historia.

Bueno, rockeros, sabed que Hermes hoy no está en el cielo ni tampoco en el infierno. Se pudrió en la tierra, como todo quisqui. Que nosotros hoy le recordemos más o menos, carece ya de importancia. Lo realmente importante es que en sus últimos años encontró el rumbo que hoy la inmensa mayoría sigue sin hallar, y desde entonces permanece indeleble en la memoria de Dios. Por mi parte, estoy absolutamente convencido que volveré a verle pronto y a abrazarle en un nuevo mundo en el que también llegó a creer, y sé que esto le ayudó a hacerle más liviano y llevadero el peso de la vida durante su última etapa.

Esto, amigos, se va al garete. Yo también fui rockero y me di una vuelta por el lado salvaje en mis años jóvenes. Era entonces la manera más a mano de ir contra la corriente. Pero me leí mi primera Atalaya en 1.981 y aquello se acabó. Justo a tiempo, porque por entonces estaba apareciendo ya la “movida” y aquella nefasta “nueva ola” que arrasó con lo poco de auténtico que aún quedaba. Yo me quedé en los Burning del LP “Madrid”, aquellos Asfalto de la primera época y sus sucesores Topo, junto a los Ñu, Bloque y aquellos Coz originales de los hermanos Castro y, esspecialmente, Leño, que eran los que tocaban en la mayoría de los festivales de rock de aquellos años. Ya apenas seguí a Barón Rojo y Obús, que surgieron entonces, mucho menos a Los Suaves, Barricada, Extremoduro, Platero y tú… y todas esas bandas que surgieron después, salvo a Leño y Rosendo, a quienes he seguido toda mi vida, porque me impactaron desde el día que asistí a uno de sus conciertos y por un curioso intercambio de miradas con Rosendo, a quien siempre he percibido como alguien auténtico y legal. Para mí trasciende al mundo del rock y puede que algún día abra los ojos.

Solo animaros a que no dejéis de conversar con cualquier testigo de Jehová con el que os lleguéis a topar, lo cual no será difícil. Estamos por todas partes. Mejor aún, corred al Salón del Reino más próximo y emprended cuanto antes el cambio de rumbo que Hermes llegó a tiempo de iniciar. No hay tiempo que perder. En pleno 2014 ya no se puede ser rockero. Los auténticos “contracorrientes” hoy son los testigos de Jehová, así que hay que apresurarse a cambiar la chupa de cuero por la Biblia. Solo en ellos y en lo que enseñan se puede encontrar ahora mismo algo genuinamente auténtico por lo que merezca la pena dejarse la piel. Como los mismos Suaves reconocen, está vida os está matando, como mató a Hermes. Es tiempo ya de emprender otra vida que os haga vivir de verdad.

Quizás algún día cuente la razón por la que dejé de caminar por el lado salvaje y por qué nunca me he arrepentido de ello. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Busco información sobre Hermes, como tantas veces... y encuentro estos comentarios de primera mano hechos hace dos dias. Algunos rumores, ciertos por lo que veo, habían llegado del destino de Hermes. Gracias, Fernando por compartir tu experiencia.

Su historia conmueve, y parece la de un personaje de una canción de los Suaves... con un halo de tristeza y fatalismo del que no se puede escapar.

D.E.P. amigo Hermes, sigues resonando en mi cabeza.

Bob Marley dijo...

Wow, impresionante el relato de fernando antoln. Hacía muchos años que no buscaba nada sobre Hermes, y hoy escuchando algunas canciones de Los Suaves he retomado mi interés por esta persona que, no sé por qué, siempre me ha despertado mucha curiosidad. Creo que fue una buena persona, sin malicia, y que la vida no fue justa con él. Vivió momentos increíbles también, y en el recuerdo me queda su melódico sonido de su vieja guitarra. Cada vez que escuche, por ejemplo, Ese Dia Piensa En Mi o Neta, Te Voy A Dejar, sentiré una gran admiración por Hermes. Un saludo.

https://www.youtube.com/watch?v=kD0KYZynXGc

Ernesto Vazquez dijo...

Personaje enigmático el Hermes, el relato de Fernando es tan emocionante como la vida misma de este ser humano al que conocimos por sus habilidades con la guitarra. Descansa en paz Hermes

Anónimo dijo...

Fernando antoln, te agradezco ese relato de los últimos años de una persona que sin saberlo nos cambió y nos reafirmó en nuestra concepción como personas a través del rock, ahora después de leerlo, me siento como un traidor, como ese mundo en el que iniciamos del ya y ahora y se acabó, traidor por dejar pasar casi 20 años sin pensar en el. Porque la vida es así? no lo se, solo se que si ser roquero hasta el final, me condena, estoy condenado.
Ibas muy bien en tanto contabas lo de Hermes y sus últimos años, pero la ultima parte de las salvaciones y redenciones espirituales y tal, las cagao. SALUD.

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