
En aquel tiempo en Madrid yo me sentía ajeno a todo, cayendo en picado laboralmente, extraño, desubicado y seguramente más perdido de lo que habría estado dispuesto a admitir si me hubiesen preguntado; paseaba como un lunático, leía como un poseso y me dedicaba a evitar darme cuenta que ya era hora de dejar de esperar; entre medias intentaba quedar con amigos y de vez en cuando me iba con la Vacazul de bolo por ahí. Lo dijo Antonio una vez, “te falta el carnet de conducir y saber llevar una mesa de sonido”. Cabo de Gata, León y Sevilla fue la pequeña gira que hice con ellos, siempre amables, acogedores y geniales. Da para un libro fantástico lo que se habla y se vive en una furgoneta de un grupo de Rock, siempre lo he pensado.
El viaje a Sevilla no fue accidentado pero pudo serlo. Salimos tarde de Madrid, y recuerdo que hacía un día asqueroso, frío y resacoso. Todos estábamos cansados y entre que cargamos la furgo, tomamos café y logramos salir, nos dieron cerca del mediodía.

Fue entonces cuando Jairo se puso a tocar “La Llorona” con una guitarra pequeña, casi como un tres cubano que se había traído al viaje todo orgulloso. Fue mágico, de esos momentos que te resarcen de todo y te reconcilian de nuevo. Javi, Antonio y yo nos dimos cuenta de eso, nos miramos, sonreímos y nadie se atrevió a decir nada. Jairo la tocaba despacio, con esa voz que a veces saca, buscando acordes. A veces paraba y comenzaba de nuevo, aprovechando para contarnos que la había oído tocar a un mejicano en la selva hacía poco tiempo. La tocó varias veces, no tuvimos que decirle que lo hiciera, era obvio que todos sabíamos que en aquel momento no importaba nada más que esa canción.
Entrábamos en Sevilla cuando Jairo cantaba otra vez “ay de mí, llorona, llorona, llévame al río… tapáme con tu rebozo llorona, porque me muero de frío…”. Si por mí hubiese sido, hubiésemos seguido hasta Cádiz escuchándole cantar...
Llegamos con el tiempo justo, y el concierto fue buenísimo, y la noche dio para muchas cosas, algunas de ellas delirantes (ese hostal y su dueño...) y otras entrañables… pero como batallitas de abuelote, con esta es suficiente…
He visto este video de Jairo volando como Depedro, grabado en junio del año pasado en el World's Fair Warehouse, unas cien veces en las últimas semanas. Viéndolo, todas estas cosas se me han venido de golpe… Magia, magia de la de verdad… como la de aquel día...
1 comentario:
¡Por la marcha que nos dio, Larga vida al Rocanrol!
Bonita entrada hermano. ¿Estás preparado para menear melena el sábado? Luego hablamos y vamos concretando.
Se os hecha de menos por la capital del Imperio. Muchos besos a todos/as.
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