jueves, 1 de marzo de 2018

Varian Fry, vida y muerte de un hombre honesto

Introducción: A finales de enero colgué un artículo sobre Eduard Pernkopf, escrito para la revista La Aventura de la Historia (Pernkopf). En la introducción contaba que en un corto periodo de tiempo me había visto documentándome sobre dos personajes opuestos, definitorios de unos años determinantes. Desde que escribí sobre ellos pienso mucho en sus vidas, en lo que fueron y lo que representan, en cómo durante sus años claves influyeron a tanta gente, directa e indirectamente, y, sobre todo, lo que significa la manera en la que murieron. Esta que sigue es la vida de Varian Fry, escrita todo lo mejor que pude (sobre todo debido a las limitaciones del encargo, número de palabras). A sus pies, admirado Varian. 

La Aventura de la Historia, Año 20 nº 231. Enero de 2018. Depósito legal: M-4597-2012.


“LOS ALEMANES IBAN DE GRIS, TÚ IBAS DE AZUL”. 
BREVE HISTORIA DE VARIAN FRY
por Juan Miguel Contreras


Cuando el 13 de septiembre de 1967 murió a los 59 años un hombre llamado Varian Fry, la onda expansiva de tan luctuoso hecho apenas transcendió los muros de su humilde casa de Redding, el pequeño pueblo de Connecticut donde había vivido sus últimos años. Pocos lamentaron públicamente su pérdida. Claro que, ¿quién había sido ese hombre, qué es lo que había hecho para poder censurar la ausencia de conmoción por su fallecimiento? Posiblemente sean muchos los sentimientos, ideas, novelas, ensayos y vidas las que, sin la idealista determinación de Varian Fry, se hubieran perdido: fue él quien ayudó a más de 2.000 personas a abandonar Francia durante la ocupación nazi, incluyendo a líderes políticos, culturales y laborales como Hannah Arendt, Marc Chagall, Wanda Landowska, Max Ernst, André Breton, Arthur Koestler, Alma Mahler o Leon Feuchtwanger.

La fulminante ocupación de Francia por los ejércitos de Hitler de alguna manera también colapsó a los Estados Unidos y Gran Bretaña, empeñados en mirar hacia otra parte. En medio de un debate público que amenazaba con fracturar a la sociedad estadounidense, surgieron voces que mostraron su preocupación por los refugiados en Europa, tal y como anteriormente la guerra civil española había provocado. El foco se centró en el artículo 19 del Armisticio Franco-Alemán, donde se decía que cualquier ciudadano debía ser entregado a las autoridades nazis si así era demandado.

En 1940, un grupo de ciudadanos se reunió en Nueva York y organizó el Comité de Rescate de Emergencia (ERC) para ayudar a los judíos y no judíos disidentes desplazados por la guerra. Varian Fry, un joven editor de la Asociación de Política Exterior de Headline Books y uno de sus fundadores, se ofreció voluntario para viajar a Francia y brindar ayuda y asesoramiento a refugiados antifascistas.

Hijo único de un conservador liberal protestante de Wall Street, nació en la ciudad de Nueva York el 15 de octubre de 1907, y fue criado en el suburbio de Ridgewood, Nueva Jersey. Su madre había sido maestra de escuela pública y le hizo un gran lector.  Siendo universitario en Harvard fundó la revista literaria Hound & Horn, donde defendió a autores prohibidos por entonces como Joyce o Henry Miller, y llegó a ser expulsado durante varios meses antes de graduarse en 1931. Su gama de estudios fue amplia, con especial énfasis en los clásicos de Grecia y Roma. Un viaje a Alemania en 1935 lo convirtió en un ardiente anti-nazi. No fue hasta 1940 cuando se presentó la oportunidad de hacer algo concreto más allá de denunciar la situación. “Recordaba lo que había visto en Alemania. Sabía lo que les pasaría a los refugiados si la Gestapo se apoderara de ellos. Era mi deber ayudarles”. Tenía 32 años. 

Gracias a la intermediación de Eleanor Roosevelt, el Departamento de Estado de los EEUU hizo una excepción en su restrictiva política de visados, proveyendo de permisos de entrada a un número limitado de doscientos refugiados. La paradoja estribaba en el hecho de que el ERC era una asociación no gubernamental financiada de manera privada, pues la diplomacia aún imponía la neutralidad. La indolencia respecto de la barbarie nazi se mantuvo hasta Pearl Harbor, lo cual no se entiende sin tener en cuenta la polarización de la opinión pública, las alabanzas que su aliado Winston Churchill prodigó a Hitler en 1938 (de las que aún no se había retractado) y, sobre todo, por los negocios del régimen nazi con grandes industriales norteamericanos, al que suministraban armas y materias primas a través de Suiza.

Así pues, Fry viajó en calidad de periodista, sin que se supiera nada del encargo de ayudar a intelectuales y figuras de renombre varados en Francia. Su función era llegar a Marsella y hallar la manera de sacarlos de allí antes de que los alemanes los reclamasen. Su misión, por tanto, no era meramente humanitaria, sino también incómodamente elitista, sin embargo no eran tiempos para remilgos. Aún así, Fry, cuyo conocimiento del espionaje provenía únicamente de las películas, se encontró protagonizando una historia brutalmente heroica. Su valiosísimo libro, “La lista negra”, publicado en España por la editorial Confluencias, resulta totalmente imprescindible, no sólo para comprender lo que hizo, sino también para entender el espíritu y los valores que gran parte de esa generación de entreguerras poseyó y la guerra sepultó. 

Llegó a Marsella a principios de agosto de 1940, con 3.000 dólares ocultos bajo la ropa, una maleta con ropa y una lista de 200 refugiados en peligro. Esperaba permanecer un mes, pero rápidamente se dio cuenta de que la situación era dramática y su trabajo mucho más complicado de lo que había imaginado. Los que huían del Tercer Reich eran miles, y las autoridades francesas cooperaban con los alemanes al negarse a expedir visas de salida.  

Durante las primeras semanas se estableció en el hotel Splendide, pero los rumores de su llegada se extendieron tan rápidamente que su plan inicial se desbarató al momento: los refugiados pagaban altas sumas en el mercado negro solo por conseguir su dirección. Pronto descubrió que el consulado norteamericano no iba a ayudarlo y que tendría que trabajar de modo independiente. Fry decidió actuar libremente rodeándose de un grupo reducido al que denominaron el Centro Americano de Socorro (Centre Americain de Secours). El trasiego de personas en su cuarto del hotel Splendide era tal (entrevistaban entre 60 y 70 personas por día) que resultaba imposible mantener su coartada de periodista.

Uno de los pasaportes de la red de Fry

Cada uno de los más cercanos colaboradores de Fry merecería artículos aparte: El falsificador de pasaportes y visados Bill Freier, llamado artísticamente Bill Spira, deportado a Polonia en 1942 y que logró sobrevivir a varios campos; la estudiante de arte y arquitectura de la Sorbona Miriam Davenport; la “pasadora de fronteras” Lisa Fittko; la rica heredera de vida novelesca Mary Jane Gold; el actor, activista y soldado de la Royal Air Force Charles Fawcett o el periodista y musicólogo Charles Wolff, que acabaría torturado y asesinado por la Milicia fascista en Toulouse, fueron algunos de ellos.

Aunque no tenía experiencia en el trabajo clandestino, Fry organizó y puso en marcha una compleja operación. Una vez que los doscientos visados norteamericanos se agotaron, intentó obtener visas de otros países; falsificaron documentos e hicieron transacciones en el mercado negro; algunos refugiados fueron enviados clandestinamente en barcos de guerra hacia el norte de África disfrazados de soldados desmovilizados; otros fueron sacados de Francia por la frontera con España. Sus actividades alcanzaron unas dimensiones tan significativas que se volvió imposible seguir manteniéndolas en secreto. La Policía francesa emprendió acciones contra él y, tanto la embajada norteamericana en Vichy como el consulado en Marsella, le negaron todo tipo de ayuda. La policía allanó sus oficinas y lo detuvo en varias ocasiones. En diciembre de 1940 fue retenido en un barco-prisión en el puerto de Marsella. Vencido su pasaporte y dispuesto a continuar su labor hasta que fuese expulsado, fue entonces cuando alquiló la villa de Air-Bel, a las afueras de Marsella. Por aquella mítica casa recalarían personajes como André Breton, Max Ernst, Victor Serge y decenas de refugiados de la élite cultural de entonces. Para la mayoría de ellos, cualquier paso en falso podía significar la detención, la deportación o la muerte. Y aunque tanto él como sus colaboradores pasaron por grandes sacrificios personales (hambre, frío, sueño, amenazas, presión) no fueron pocos los momentos de distendida felicidad y confraternización.

Fry con André Breton, André Masson y la esposa de Breton, Jacqueline
Por seguridad, Fry destruía la mayor parte de sus papeles cada noche, pero para mayo de 1941, de acuerdo con sus estimaciones, habían atendido unos 15.000 casos. De ellos, aproximadamente 4.000 personas recibieron asistencia y visados y 1.000 habían sido sacadas clandestinamente de Francia por diversas vías. En agosto del 41 Fry fue arrestado por la policía francesa, dándole un plazo de una hora para recoger sus pertenencias antes de acompañarle en tren hasta la frontera española. Se le dijo que su salida forzosa había sido ordenada por el Ministerio del Interior francés en coordinación con la embajada estadounidense.

Fue expulsado por el gobierno francés de Vichy como “extranjero indeseable” por proteger a judíos y anti-nazis. Fry describiría luego su partida: “Era un día gris y lluvioso cuando abordé el tren. Miré por las ventanillas e innumerables imágenes se acumulaban en mi mente. Pensé en los rostros de los miles de refugiados que había enviado afuera de Francia, y los de miles más que había tenido que dejar tras de mí”. De regreso a Nueva York, contó su historia y trató de advertir sobre la inminente masacre de los judíos y disidentes, pero hasta el ataque a Pearl Harbor en diciembre, el gobierno no hizo nada.
Su vida entró en declive. Nada podría igualar la misión llevada a cabo en Francia. “Las experiencias de 10, 15 e incluso 20 años han sido comprimidas en una”, escribió. Incapaz de maneja la rutina y rechazado por el ejército a causa de una úlcera estomacal, Fry pasó de un trabajo a otro, desde el periodismo hasta la edición de revistas, la producción de películas y finalmente la enseñanza secundaria. Investigado por el FBI, numerosos amigos comenzaron a evitarle. El 13 de septiembre de 1967, la Policía Estatal de Connecticut encontró a Fry en la cama, muerto a causa de una hemorragia cerebral. Pocos meses antes, veintiséis años después de ser expulsado, el gobierno francés le galardonó con la Orden de Caballero de la Legión de Honor.

Es lógico que Varian Fry genere en nosotros una historia distorsionada y hasta cierto punto romántica, con exiliados desesperados, nazis amenazadores, contrabandistas, gendarmes de dudosa catadura moral, documentos falsificados y fugas a medianoche a través de las montañas, casi como si fuese el guión de alguna vieja película de Hollywood. Quizá lo único que falte sea Peter Lorre. Pero a cambio tenemos a Marcel Duchamp y un puñado de maravillosos surrealistas. Más que Bogart, uno casi espera la aparición de Groucho Marx. Pero el que estaba ahí era Varian Fry, afortunadamente.


LA LISTA NEGRA. VARIAN FRY. http://www.editorialconfluencias.com/la-lista-negra/

sábado, 3 de febrero de 2018

Reseña de "Cardiopatías. Relatos de insumisión y dudas" en Las Inquilinas de Netherfield

Reseña aparecida en el blog LAS INQUILINAS DE NETHERFIELD. http://inquilinasnetherfield.blogspot.com.es/2018/01/resena-by-mb-cardiopatias-juan-miguel-contreras.html (P.d. El giro del final, del plural al singular , es abrumador). Gracias


RESEÑA (by MB) ::: CARDIOPATÍAS - Juan Miguel Contreras




Título original: Cardiopatías. Relatos de insumisión y dudas
Autor: Juan Miguel Contreras 
Editorial: Baile del Sol
Prólogo: Pilar Gómez Rodríguez
Páginas: 174
Fecha esta edición: 2017 
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 10 euros
Ilustración de cubierta: Inma Luna
Ilustraciones interiores: Hauer Guzmán
¿Dónde van a parar los recuerdos guardados en bolsas de basura, dónde todo aquello que no pudimos decir, las historias rotas, las carreteras magulladas, lo que queda por escribir y tememos no conseguir siquiera esbozar?  Estos nueve relatos aquí incluidos, fueron escritos entre 1998 y 2006. Su autor los reunió después de perderlo casi todo y verse obligado a empezar de nuevo. Se trata de historias que no fingen su extrañeza ante un mundo del que intentan dar cuenta, llenas de homenajes literarios, donde el recuerdo de una adolescencia diletante se mezcla con otras historias, más o menos amables, sobre amigos devastados y amores imposibles. También tienen cabida relatos históricos de una memoria aún ignorada, andanzas de músicos y directores de cine, teatrales periodistas y enfermos sin redención posible. Cardiopatías es un mosaico narrativo que dibuja unas vidas siempre en cambio y siempre frágiles. Unas vidas que resuenan en el violín de una niña que echaba de menos a su familia, que fue cuando empezó realmente todo.

Estos relatos no ocultan las lecturas de su autor y sus vivencias (pequeños pueblos españoles, los intentos de escribir) y giran alrededor de un cuento llamado "Imposible Penélope" que no es un cuento y no narra un hecho sucedido en el pasado: es la tragedia de este país y de sus habitantes sucediendo aquí y ahora, otra vez y como desde hace décadas. 
El Quijote fue el primer libro con el que sentí y percibí esa sensación tanto de realidad como de conexión cuando el personaje se independiza de su autor y traspasa la ficción para convertirse en alguien que existe fuera incluso de su propia historia. Este sentimiento es la génesis de mi pasión por la lectura, la columna vertebral que alimenta mi ansia lectora.

Un libro es el producto de una mente creadora, y cuando lo definimos como más o menos bueno, en mi caso, además de otras circunstancias o elementos como podrían ser las tramas, ambientaciones, descripciones, etc... considero que lo más importante siempre es el personaje, y la primera pregunta que me hago cuando un libro cae en mis manos es si el autor habrá sido capaz de forjar e investir a sus personajes, otorgándoles las cualidades y apariencias necesarias para que se presenten ante el lector con la dignidad suficiente para recalar en su mente. Y si hay suerte (porque no sucede todas las veces ni con todos los libros), esos personajes podrán salir de su historia y de sus hojas encorsetadas para quedarse en la memoria, y ser percibidos como algo real cuando la conciencia o inconsciencia nos los recuerda de alguna manera.

Juan Miguel Contreras es uno de esos pocos autores que sabe insuflarles alma a sus personajes. Ya lo hizo en La muñeca rusa, con Milos Meisner e Irina Belokoneva (que ya forman parte de mi realidad), y en Cardiopatíasencontramos todas las semillas que pululan el universo tan particular del autor.

En este libro nos ofrece una recopilación de nueve relatos distintos, diversos y diferentes. Elijo todos estos adjetivos porque en él descubrimos relatos de todo tipo, pero unidos y encofrados en un mismo y enfermo corazón. Juan Miguel Contreras construye a partir de las enfermedades de corazón (esas cardiopatías) el esqueleto de su libro, encuadrando los relatos con dichas enfermedades. 

Esta es una manera como cualquier otra de enlazar los relatos pues, en mi humilde opinión, el verdadero hilo conductor del libro, lo que lo hilvana y lo une, es la coherencia de todos sus personajes. Estos nos cuentan diferentes historias ambientadas en épocas dispares, pero todos al final, de alguna manera, las sobrepasan. Con eso no quiero decir que el relato sea insuficiente, que conste, pues Cardiopatias no necesita más ni menos; el autor, en su destreza, ha sabido utilizar las palabras necesarias para concretar y delimitar todas las tramas. Si las ampliáramos se perdería la esencia de los propios relatos, pues una cosa es que los personajes se salgan de la historia porque son capaces de independizarse para recalar en nuestra memoria, y otra es que terminemos una historia para empezar otra en ella misma (no sé si me explico).

grosso modoCardiopatías es lo que es; una recopilación de relatos, y no necesita más. Los personajes nos transmiten y nos dicen todo en sus respectivas argumentaciones, y si pasaran a una novela hablaríamos de otros personajes con otras historias.

Así, al leerlos puede parecernos que somos unos extras de la película Con faldas y a lo loco de Billy Wilder, o, por lo que a mí respecta, que me traslado a las puertas del pub junto a mis no tan viejos colegas (qué tiempos aquellos). Con cada uno de estos relatos se nos despiertan sentimientos y se renuevan sensaciones un tanto olvidadas, pero todos, de alguna manera, consiguen tocar esa fibra invisible que denominamos como sensible. 

Conforme saboreamos los finales partidos, en los que esos personajes demuestran el coraje suficiente para dejar atrás lo que no puede seguir adelante (y dar carpetazo y recomponer, mejor o peor, sus vidas), vemos que nuestro autor es un gran artesano en la fabricación de historias gracias a los diferentes registros que abarca, ya sea género histórico, novela negra o intimista... en este último caso en sentido figurado y también en el literal más escatológico, pues no quiero pensar cómo quedó la toilet del señor Ramón Navarro.

De todos los personajes, Maika, de La ciudad trenzada, es la que más me ha calado, quizás porque las dos coleccionamos momentos y personas particulares. Al final he descubierto que estoy unida con el hilo rojo del destino a este tipo de personajes que solo tú,Juan Miguel, eres capaz de engendrar. La verdad es que he disfrutado de cada uno de tus relatos. Toda esa rica narrativa, enriquecida con la extensa cultura que se aprecia en cada una de tus descripciones, lejos de parecerme complicada en realidad facilita en todo momento la lectura, pues tu saber hacer lo transforma todo en sencillez y agilidad.


ENLACE AL CUESTIONARIO PROUST-NETHERFIELD DEL AUTOR
http://inquilinasnetherfield.blogspot.com.es/2017/12/cuando-proust-visito-netherfield-1-juan-miguel-contreras.html


Juan Miguel Contreras nació en Madrid en 1974, aunque creció en un pueblo de la provincia de Ciudad Real, Manzanares. Actualmente reside en Alcázar de San Juan. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid. En 1998 recibió el primer premio del certamen de relatos Villa de Torralba con el cuento La ciudad trenzada. En 2004 publicó la novela Cuando acabe el invierno en la editorial Biblioteca de Autores Manchegos (BAM). En 2007 quedó finalista del concurso de relatos de la Revista Eñe, Cosecha Ñ, con el cuento titulado Sobre hojas de humo
Entre el 2000 y el 2005 fue director y programador del Festival Internacional de Teatro Lazarillo, en Manzanares. Durante los primeros años del siglo XXI ha sido tramoyista y librero en Madrid; en 2006 abrió su propia librería, La Pecera, en Manzanares, hasta que la dejó en otras manos en 2011. En 2012 creó la editorial fantasma La Internazional Samizdat, donde publicó la primera edición del libro de relatos Cardiopatíasasí como una primigenia versión de La muñeca rusa. Las dos obras están publicadas actualmente con la editorial Baile del Sol.

martes, 30 de enero de 2018

El atlas de Pernkopf. Lección de anatomía nazi


En un periodo de tiempo corto me he visto investigando y escribiendo sobre dos personas diametralmente opuestas, ambas inmersas en el horror, en ese periodo histórico que abarcaría la primera mitad de siglo XX, y más concretamente centrados (definitoriamente) en la Segunda Guerra Mundial. Ambos artículos han aparecido en la revista La Aventura de la historia. Por cuestiones de programación, han aparecido con varios meses de diferencia. Recupero en primero de ellos (con intención de colgar también el segundo, aparecido este mes de enero, dentro de unos días). Versa sobre el anatomista alemán Eduard Pernkopf, autor de uno de los libros de anatomía más controvertidos de la historia, de su vida y de las implicaciones que ésta y su obra se derivan para entender algo de lo que somos. El otro personaje es Varian Fry, periodista americano, en los antípodas humanas de Pernkopf, pero igualmente definitorio y necesario. Con respecto a Pernkopf y su obra, fue bastante turbador y duro investigar y leer sobre él; uno ha de tener cierta entereza para ver según qué cosas y leer otras, y aunque yo no presumo de ella, creo que he salido indemne, algo tocado como es lógico, pero con muchas conclusiones al respecto (que me valieron enormemente a la hora de afrontar la investigación de Varian Fry, por ejemplo). Al final del artículo he puesto dos links para, quien quiera, se descargue los dos primeros tomos del famoso Atlas. Aviso que, a la luz de lo que se sabe de ellos, su visión no es lo que se dice ligera.

Juan Miguel Contreras
La Aventura de la historiaISSN 1579-427X, Nº. 225, 2017págs. 24-27



 I.
El atlas anatómico de Pernkopf, el Topographische Anatomie des Menschen (Atlas de Anatomía y Topografía Aplicada Humana), iniciado en 1933 y concluido en 1960, es considerado una de las obras anatómicas más importantes de todos los tiempos, a la altura de De Humani Corporis Fabrica de Andreas Vesalius. Los cuerpos que diseccionó para ello, muy posiblemente, procedían de los campos de exterminio. En sus distintos volúmenes se incluyen más de 800 acuarelas hechas por un equipo de cuatro artistas, consideradas aun hoy como auténticas obras de arte a pesar de incluir muchas de ellas la esvástica en la firma de dos de sus autores. Pernkopf fue nombrado decano de la facultad de Medicina en 1938, y rector de la Universidad de Viena en 1943, gracias no sólo a sus credenciales académicas, sino también a su filiación política.
Puede resultar sorprendente que el aura maldita que desde su publicación ha perseguido a este atlas fuese obviada durante décadas, y que además, debido a su relevancia científica, haya sido utilizado por estudiantes, médicos e investigadores de todo el mundo, reimprimiéndose con normalidad en varios idiomas sin que eso supusiera ningún problema moral. Sin embargo, desde que a mediados de los años ochenta se constató el origen de la mayor parte de los cuerpos diseccionados, la controversia y los distintos puntos de vista que defienden o reprueban su uso no han hecho más que crecer.
Durante la década de 1990, gracias a diversos estudios, la visión sobre Eduard Pernkopf y su atlas cambió por completo. Ya no era posible ver su contenido sin tener en cuenta tanto su historia como la de su autor. Una serie de artículos y libros sobre la medicina durante el Tercer Reich sacaron a la luz la relevancia de Pernkopf y se empezó a cuestionar la idoneidad del uso de su atlas anatómico. En febrero de 1997, el Rector de la Universidad de Viena, Alfred Ebenbauer, anunció que había formado una comisión para investigar el asunto, y en octubre de 1998, emitió su informe final. Debido a que la mayor parte de los registros de la Universidad de Viena habían sido destruidos por los bombardeos aliados durante la guerra, el seguimiento de los orígenes de los 4.000 cuerpos adscritos al Instituto de Anatomía resultó difícil. Mediante el uso de los registros y restos conservados, la comisión pudo determinar que, además de varios centenares de fetos y cadáveres de niños procedentes del programa de “eutanasia” realizados en diversos institutos psiquiátricos, los cuerpos de al menos 1.377 personas ejecutadas acabaron en el Instituto. De éstos, sólo ocho pudieron ser identificados como judíos. De la gran mayoría de los 2.600 restantes no se pudo determinar su procedencia, así que se les catalogó como fallecidos por causas naturales. No se encontró ninguna indicación sobre víctimas provenientes de los campos de concentración.  Dos tercios de las ejecuciones fueron por razones políticas (“delitos de resistencia y alta traición”). El resto fueron ejecutados por delitos menores como el robo de carteras. Estos 1.377 cuerpos aparecían asignados a un anatomista concreto. Sorprendentemente, solo unos pocos de los ejecutados por delitos menores aparecían asignados a Pernkopf. Cuesta creer que, dada la meticulosidad y relevancia del trabajo encargado a Pernkopf, tan solo unos pocos de los 1.377 individuos que fueron asesinados entre 1938 y 1945 acabaran en la mesa de disección de Pernkopf. ¿Y qué pasaba con los otros 2.600 restantes que por falta de documentación fueron tenidos como fallecidos por causas naturales? A pesar de todo, nada parecía eximir de responsabilidad a Pernkopf, decano, rector y el anatomista más importante de dicho periodo.
Pero, ¿quién era Eduard Pernkopf? ¿Qué contenía y quién era esa persona al frente de la elaboración de tan relevante atlas anatómico, considerado una maravilla editorial, una obra de arte criminal y maldita, ilustrada vívidamente por los mejores pintores y acuarelistas comerciales de Austria cuando esta nación estaba bajo el influjo y yugo del Tercer Reich?

Eduard Pernkopf el 6 de abril de 1938, Facultad de Medicina de la Universidad de Viena

II.
Eduard Pernkopf nació en Rapottenstein en 1888, un pequeño pueblo al sur de Austria. Era hijo de un médico en ejercicio y el menor de tres hermanos. De niño mostró un gran interés en la música, pero al fallecer su padre en 1903, y con el fin de ayudar a su familia, decidió continuar la carrera paterna. Tras varios cursos preparatorios, se matriculó en la Escuela de Medicina de Viena en 1907. Allí se unió a una fraternidad estudiantil de marcado cariz nacionalista, Die Akademische Burschenschaft Allemania, fundada en 1815, la cual, durante el régimen nazi, pasó a ser en uno de los bastiones principales, ideológicamente hablando, de las tesis sobre eugenesia y supremacía racial. Tras titularse como médico en 1912, Pernkopf encontró trabajo como asistente en el Instituto Anatómico de Viena, cuyo director, Ferdinand Hochstetter, pasó a ser su tutor, enseñándole anatomía topográfica. Tras la I Guerra Mundial, donde se alistó como médico, Eduard se habilitó en anatomía en 1921, convirtiéndose en profesor extraordinario en 1926 y, en mayo de 1928, en profesor de anatomía en la Universidad de Viena. La habilidad de Pernkopf con el bisturí dejó impresionado a Hochstetter desde el momento que pudo verle diseccionando un cuerpo por primera vez. En pocos años fue capaz de descubrir capa por capa la epidermis de la cara, dejar al descubierto arterias con los vasos principales que las ramifican, o desollando con una precisión y maestría asombrosa, y sin lesionar, músculos, venas o cartílagos.
Pocos meses antes de su nombramiento como director del Instituto, Pernkopf ya había empezado a trabajar en un manual de laboratorio, una guía de disección del cuerpo humano que sirviera de apoyo para los estudiantes. Pernkopf había buscado textos y atlas para apoyar la tarea pedagógica que tenía asignada, pero ninguno lo satisfizo. Teniendo en cuenta sus ideas sobre eugenesia, raza y trascendencia vital del destino del pueblo alemán, lo que comenzó como un simple material de soporte para las clases, pronto adquirió nuevas dimensiones más ambiciosas.
La reputación que comenzaba a tener hizo que, a finales de 1933, la editorial Urban & Schwarzenberg le hiciese una oferta para publicar su proyecto. Dicho encargo colmaba sin duda el tamaño épico de los sueños de Pernkopf: un atlas anatómico completo en cuatro volúmenes, divididos en siete libros, editado lujosamente gracias a los avances tecnológicos en materia reprográfica que hacían posible la impresión a cuatro colores. El atlas reproduciría fielmente el palpitante, intrincado y viscoso interior del cuerpo humano gracias a las más de 800 láminas que contendría.


El oscuro objeto de deseo de Pernkopf transformó sus hábitos de vida. Se dice que Eduard era un hombre obsesivo: diariamente se levantaba a las cuatro de la mañana, dictaba notas que luego transcribía su mujer para sus clases, el atlas o sobre cuestiones administrativas y después se sumía con febril diligencia en su trabajo, al que dedicaba 14 horas al día, pues no siempre su bisturí era tan diestro y certero como su contumaz perfeccionismo, y los cuerpos perdían la viveza, textura y detalle que buscaba reproducir; también fumaba exactamente 15 cigarrillos diarios y leía con compulsión a Schopenhauer. Toda su rutina estaba llena de orden y manías inalterables. El consumo de Pervitin, una metanfetamina de uso masivo entre la población, afianzaba aún más su inalterable ánimo. Su vida giraba en torno a las ideas de disciplina y lealtad; disciplina para culminar la obra para la que pensaba había sido destinado y lealtad sin ambages al Partido nazi. Su sueño fue materializándose hasta adquirir magnitudes tan delirantes, colosales y desmesuradas como el régimen que le facilitó poder llevarlo a cabo.
Pernkopf organizó su atlas en cuatro regiones. Pecho, región pectoral y extremidades superiores; abdomen, región pélvica y extremidades inferiores; cuello y, por último, anatomía topográfica y estratigráfica de la cabeza. Con la firma del contrato de edición con Urban & Schwarzenberg, Pernkopf culminaba un año perfecto de cara a sus intereses, pues también en 1933, como ferviente creyente del nacionalsocialismo, se unió al NSDAP (algo que tuvo que hacer en secreto, pues las leyes austriacas lo prohibían en ese momento) y a la Sturmabteilung, o camisas pardas, un año más tarde.
Al igual que Pernkopf, los artistas contratados por él también eran miembros activos del Partido. El jefe de ilustradores era Erich Lepier (1898-1974), quien durante algún tiempo firmó sus pinturas con la esvástica (la edición inglesa, en dos volúmenes, de 1964 aún incluía dichas firmas). El equipo lo completaba Ludwig Schrott, Jr. (1906-1970), Karl Endtresser (1903-1978), cuyas dos “eses” de su apellido tenían una característica forma en su firma, y Franz Batke (1903-1983).
El primer volumen, que consta de dos libros, se publicó en 1937, y el segundo en 1941. Entre uno y otro se dio un acontecimiento que impulsó el, ya de por sí, la carrera de Eduard Pernkopf. El 2 de abril de 1938, menos de un mes después de la invasión de Austria por Hitler, fue nombrado decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena. El 6 de abril dio un discurso en el que exponía claramente su punto de vista político, acelerando así su ascenso a la primera posición en la Universidad. Ante un público receptivo y entusiasta, el mimado anatomista habló con vehemencia sobre la necesidad de “la higiene racial”, “la eliminación de lo defectuoso”, la esterilización y “el control de los matrimonios”, todo ello sustentado y justificado gracias al hombre “en quien la leyenda de la historia ha florecido”.
Una de sus primeras decisiones en el cargo fue expulsar de la facultad a todos los judíos y demás miembros indeseables por sus ideas políticas (en total, 153 de los 197 miembros; entre ellos, tres premios Nobel). La mayoría de ellos fueron deportados a campos de concentración como Theresienstadt y Dachau. Ocho aparecieron ahorcados en la parte trasera del instituto y existen indicios de que pudieron terminar como “modelos” para el atlas. En 1943 fue nombrado Rector Magnífico de la Universidad de Viena. Su ascenso no podría haber ocurrido sin la aprobación del Ministerio de Educación, controlado por el NSDAP, en Berlín.
Aunque nunca fue acusado de crímenes de guerra, fue detenido en agosto de 1945 y pasó casi tres años en un campo de prisioneros aliado cerca de Salzburgo. Tras su puesta en libertad, todo lo que había sustentado y dado sentido a su vida había desaparecido, o casi. Sin herramientas ni habilidades sociales para incorporarse a la vida pública, Pernkofp no pudo más que regresar a la Universidad de Viena, aunque despojado de todos sus títulos. Su intención era reanudar su trabajo y terminar el atlas. Se le asignó una sala en el departamento de Neurología y allí se reunió de nuevo con los ilustradores Batke, Endtresser, Schrott y Lepier. En estas condiciones, Pernkopf compiló y publicó el tercer volumen en 1952. Murió el 17 de abril de 1955 a causa de un derrame cerebral mientras trabajaba en el cuarto, que posteriormente terminaron Werner Platzer y Alexander Pickler, y fue publicado en 1960. Resulta tentador pensar que quizá a alguno de los dos se le pasó por la cabeza diseccionar al propio Pernkopf e incluirlo en su, horrores aparte, magnificente atlas, pero no existen pruebas de ello.
Después de todo, la pregunta final sigue siendo la misma, ¿debería seguir usándose o por el contrario debería prohibirse el Atlas de Pernkopf?

Tomo 1 en pdf: http://www.mediafire.com/file/c9xb5h6w9c1ej4x/pernkopf+tomo+1+by+gmolate.pdf

Tomo 2 en pdf: http://www.mediafire.com/file/z2spus27h7dhv8k/pernkopf+tomo+2+by+gmolate.pdf



lunes, 16 de octubre de 2017

CEMENTERIO MILITAR DE CUACOS DE YUSTE

CEMENTERIO MILITAR DE CUACOS DE YUSTE: CUANDO LA MUERTE BORRA LAS HUELLAS Y A LA VEZ LUCHA CONTRA EL OLVIDO.
Artículo publicado en la revista La Aventura de la Historia, número: 219


1.
... os aviso, cuando a los grandes de este mundo les da por amaros, es que van a convertiros en carne de cañón...”
En ningún Cementerio Militar hay escrita esta frase de “Viaje al fin de la noche” de Louis Ferdinand Céline, aunque creo que no sería mala idea. Visitar un cementerio militar cuando no te une ningún vínculo familiar con nadie de los allí enterrados, es muy extraño, siempre. Sobre todo cuando los otros lazos casi se han desatado y no hay ni patria ni ideología ni religión que te conecte a esos cuerpos. Pero siempre queda algo, los muertos siempre dejan algo más, no solo un puñado de monedas a Caronte. Todos los cementerios guardan, por pequeña que sea, una porción de belleza y de verdad, que además suelen coincidir en la misma cosa. En la comarca de La Vera, al norte de la provincia de Cáceres, concretamente en Cuacos de Yuste, se encuentra el único cementerio militar alemán de toda España. En él se encuentran los restos de 180 soldados germanos, fallecidos durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales en territorio español o cerca de sus costas.

En esa ladera de la sierra de Gredos, veintiséis olivos cobijan con su sombra una formación de cruces grisáceas exactamente iguales. Una imagen impactante: 180 sencillas cruces de granito oscuro, cuidadosamente alineadas. El cementerio consta aproximadamente de 3.850 metros cuadrados, con robles y alcornoques rodeando una capilla y el claro donde están enterrados esos militares caídos en época de guerra. Al lado de la carretera que sube al monasterio, una pequeña muralla y un igualmente pequeño aparcamiento adosado al arcén, da paso a un sendero que conduce hasta la capilla. En torno a ésta se encuentran, por un lado, los jardines y, del otro, tres patios funerarios y las tumbas. Al llegar a la puerta de la capilla, posiblemente uno se tope con Pedro, un amable rumano que dice vivir allí y que se ofrece como oficioso guía a quien lo desee. Muy cerca de él dormita un perro llamado Pablo. Viste un mono azul, sonríe constantemente y en sus ojos no hay ni rastro de locura, al contrario, son serenos y amistosos. Paseando por entre las tumbas uno se pregunta muchas cosas, y también en qué lugar dormirán Pedro y su perro, cómo serán las noches en aquel lugar, en mitad de una carretera algo escarpada de una sierra fecunda, acompañado de cruces de granito.

Grabadas en las cruces puede leerse el nombre del militar, su rango y el día de su fallecimiento. Bajo ellas se encuentran enterrados aviadores y marinos alemanes de la primera y segunda Guerra Mundial que llegaron a las costas y tierras españolas debido a naufragios o derribo de sus aviones; 26 militares de la Primera Guerra Mundial, 129 de la Segunda, la mayoría de ellos pertenecientes al Ejército del Aire (Luftwaffe) y a la Marina de Guerra (Kriegsmarine), 25 In Memorian (no contienen restos) y ocho de soldados desconocidos. No hay ningún otro símbolo más allá del silencio que envuelve el lugar.



2.
Después de la Gran Guerra, a finales de 1919, nació en Alemania la Comisión de Cementerios de Guerra Alemanes (Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge), una asociación no gubernamental cuyo objetivo era buscar, promover y conservar las tumbas de los militares fallecidos fuera de sus fronteras. Dicha entidad ha estado activa desde entonces, con un pequeño “paréntesis” durante la Segunda Guerra Mundial, manteniendo un total de 827 camposantos en 45 países. En 1954, recibió el encargo del Gobierno de la República Federal de Alemania de buscar en el extranjero las sepulturas de los soldados alemanes, no para repatriarlos, sino para reunificarlos, creando para ello cementerios propios en esos determinados países.

La Comisión adquirió en 1975 un terreno en el que finalmente se establecería el cementerio militar alemán, concretamente en el municipio de Cuacos de Yuste. El motivo de su ubicación hay que buscarlo en el monasterio donde el emperador Carlos de Austria o Habsburgo, conocido como Carlos I de España y V de Alemania, pasó sus últimos meses: En 1556 el emperador Carlos abdica, dejando sus reinos en manos de su hermano y su hijo e instalándose en la comarca de La Vera a fin de encontrar mejoría para la molesta enfermedad que le aquejaba (gota). Mientras se hospedaba en el castillo de Oropesa por cortesía de Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa, mandó construir junto al Monasterio de Yuste una casa palacio, donde se hospedó desde febrero de 1557. Poco más de un año después fallecería víctima del paludismo, el 21 de septiembre de 1558. Ese es el motivo principal que explica porqué dicho cementerio se encuentra allí. Aunque en 1573 Felipe II trasladó los restos de Carlos V de Cuacos de Yuste al Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial, siempre fue el deseo del emperador Carlos que sus restos descansasen allí. Resulta imposible imaginar el deseo último de los soldados alemanes que fueron trasladados a unas decenas de metros del monasterio, pero seguramente ninguno imaginó que pudiese ser aquel.

En junio de 1980 comenzaron las obras del cementerio. Al mismo tiempo, una joven empleada de la Embajada Alemana en España, llamada Gabriele Marianne Poppelreuter, iniciaba la búsqueda de las tumbas de todos los soldados alemanes que se hallaban distribuidas por el estado con el fin de trasladarlos al futuro cementerio. Tardó tres años en dar por finalizado su trabajo (recorriendo más de 15.000 kilómetros en ello). Los restos de los militares fueron introducidos en urnas precintadas y rotuladas que fueron almacenadas en una sala del Palacio del Monasterio hasta la finalización de las obras, pudieron ser inhumados. El cementerio se inauguró el 1 de junio de 1983 con una misa oficiada conjuntamente por un sacerdote protestante y el abad del Monasterio de Yuste. Una placa en la entrada del recinto explica su origen, señalando que los soldados “pertenecieron a tripulaciones de aviones, submarinos y otros navíos de la Armada hundidos. Algunos de ellos murieron en hospitales”. Ninguno de los enterrados en Cáceres perteneció a la Legión Cóndor que luchó en la Guerra Civil española. “Sus tumbas estaban repartidas por toda España, allí donde el mar los arrojó a tierra, donde cayeron sus aviones o donde murieron”.

Aunque el camposanto fue diseñado para albergar 186 tumbas, finalmente sólo fueron ocupadas 180 debido a problemas en las exhumaciones. 25 fosas no guardan cuerpo alguno, debido a que los mismos habían sido depositados en osarios comunes o se desconoce su destino. Son las cruces que llevan la inscripción In Memoriam. Tanto en unas como en otras tan solo aparece el nombre del fallecido, su ocupación en el momento de la muerte y la fecha de nacimiento y defunción, sin diferenciar rangos militares. Además, los soldados están agrupados con los de su mismo cuerpo de servicio y guerra en la que tomaron parte. También se colocaron ocho cruces pertenecientes a soldados cuya filiación se desconocía y en las que puede leerse la frase “Ein Unbekannter Deutscher Soldat” (Un soldado alemán desconocido).


3.
Cada año, el segundo domingo de noviembre, la Comisión de Cementerios de Guerra Alemanes organiza el Día de Luto Nacional (Volkstrauertag), en el cual se recuerda a todos estos soldados fallecidos dentro y fuera de sus fronteras, así como a los que en la actualidad se encuentran en misiones de paz o humanitarias.

En las últimas líneas de la placa conmemorativa del Cementerio Alemán de Cuacos de Yuste puede leerse: “Recordad a los muertos con profundo respeto y humildad”. Paradójicas palabras que siempre resultan certeras. Gran parte son muchachos que sólo contaban con 18 o 20 años.

martes, 10 de octubre de 2017

MADRID-MOSCÚ (Notas de viaje, 1933-1934). RAMON J. SENDER

MADRID-MOSCÚ (Notas de viaje, 1933-1934). RAMON J. SENDER. Ed. Fórcola
Reseña aparecida en el número 225 de la revista La aventura de la Historia. Julio 2017




Valiosísima reedición de estas crónicas de Sender, las cuales no habían vuelto a ver la luz desde 1934, cuando la editorial Pueyo las reunió; valiosas tanto por lo que en ellas se cuenta, la visita del escritor a la Unión Soviética invitado por la Internacional Comunista, como por el meritorio intento de la Editorial Fórcola de poner en valor la, parece, actualmente olvidada figura de Ramón J. Sender. El luminoso y justo prólogo de José-Carlos Mainer vale por sí solo la adquisición de este libro, recordando y profundizando en una biografía apasionante, contradictoria, vital, paradigmática, inspiradora y terrible. Perseguido por unos y por otros, su huida de España no pudo ser más dramática. Estas crónicas pertenecen por tanto a ese periodo donde todo podía pasar, las ideas parecían convulsionar continentes y el fin de las categorías que regían el mundo estaban a punto de estallar.

A raíz del triunfo de Hitler en 1933, se constituyó la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Un año antes Sender había publicado su cuarta novela, Siete domingos rojos, basada en la historia del movimiento anarquista español. Es en este contexto cuando la Komintern lo invita a visitar la URSS. Al año siguiente de su regreso, con Mr. Witt en el cantón, ganaría el Premio Nacional de Literatura.

Queda patente que Sender cae en el mismo juego de los soviéticos con los que se rodea: purga su mirada porque ha sido invitado por la Komintern y hace lo que se espera de él, dando cuenta de la maravilla y de los esfuerzos por conseguirla. Pero también escribe que en Polonia había oído decir que Stalin tenía mentalidad de limpiabotas. El propio Sender confesó en 1965 que fueron estas crónicas las que provocaron la campaña de desprestigio que casi le cuesta la vida durante la guerra civil, perseguido por los golpistas y, a la vez, sospechoso en el bando republicano de portar el virus trotskista tras su regreso. Algo que, todo sea dicho, se puede rastrear en estas notas a través de pequeñas frases escondidas, creando con el lector una especie de jugosa y bipolar lectura (todas las críticas a Stalin siempre escribe que se las cuentan otros). Aunque resulta obvio que es preciso contextualizar, el libro resulta apasionante porque refleja a la perfección todas las contradicciones en las que se debatían los revolucionarios de la época: Admirados por la industrialización y logros de la Revolución, corrieron el riesgo de cegarse y justificar las voces que se estremecían bajo todo ello. Sender da buena cuenta de ello en estas crónicas periodísticas (donde pretende únicamente informar) mientras narra sus peripecias (el simulacro sorpresa en Leningrado de un ataque con gas químico resulta tan brillante como cómico). La ineludible humanidad y apasionamiento histórico de Sender nos hace comprender por qué no ve, por qué no quiere ver, por qué cree que aquello de lo que intenta dar cuenta de manera estilísticamente tan brillante es condición ineludible para la construcción del hombre nuevo: Porque el camino hacia la concreción de dicho hombre no está exento de sangre. Sin embargo, hoy es fácil entender que aquello había derivado más en un Purgatorio que en un Paraíso, pero los ojos de Sender son otros y prejuzgarlos es el mayor error que uno puede cometer al acercarse a este libro brillante, ameno, fascinante y, también, inconsolable.

ficha del libro en la página de la editorial:
http://forcolaediciones.com/producto/madrid-moscu/


viernes, 6 de octubre de 2017

TRENES RIGUROSAMENTE VIGILADOS. Bohumil Hrabal

TRENES RIGUROSAMENTE VIGILADOS. Bohumil Hrabal. Editorial Seix Barral.
Reseña aparecida en el número 221 de la revista LA AVENTURA DE LA HISTORIA

Fotograma de la película basada en el libro de Hrabal, de Jiri Menzel


La vida de Hrabal impregna su obra y es a través de ella como uno puede acercarse a la vida, no ya la de Bohumil, sino de un siglo, el pasado, para encontrar e iluminar retazos de la propia; tal es la fuerza narrativa del escritor checo. La Editorial Seix Barral recupera con mimo esta ya clásica novela que nunca ha llegado a desaparecer del todo de las librerías de nuestro país. La obra de Bohumil Hrabal (1914-1997) refleja como pocas el heroísmo cotidiano del hombre, de cualquier hombre, común, gris, vital y monótono, sumido en el surrealista devenir de la vida. Sus libros, y este en particular, están repletos de gags y humor negro que rezuman sabiduría popular y preguntas siempre sin contestar.

Trenes rigurosamente vigilados (1965) es una novela construida a partir de un relato anterior, llamado “La leyenda de Caín”, de 1945, inspirado El extranjero de Albert Camus. Aquí, en lugar de un fratricidio, lo que se comete es un intento, frustrado, de suicidio. Durante esos 20 años, Hrabal dejó madurar esa historia. Mientras tanto, sus cuadernos se llenaron con historias y anécdotas de ambiente ferroviario, que escuchaba en las tabernas o que vivió él mismo (uno de los trabajos que desarrolló a lo largo de su vida y de los que en su obra da buena cuenta; además de ferroviario también fue metalúrgico, prensador de papel y tramoyista). En los sesenta retomo aquella historia y surgió este maravilloso libro, pequeño y divertidísimo (la primera mitad está repleta de disparatados malentendidos que esconden verdades tan terribles como livianas),  que gravita sobre un hecho trágico: la ocupación nazi de la antigua Checoslovaquia y cómo sus ciudadanos la vivieron con tan humanas contradicciones. La verdad como un desvelamiento que solo tiene fin cuando se toma partido y se asume el destino que ello conlleva. La burlona levedad de la vida de una pequeña estación mezclada con la tragedia más descarnada en unas páginas llenas de una belleza arrebatadora que siempre merecerán ser rescatadas.  

Juan Miguel Contreras.

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