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viernes, 28 de octubre de 2011

Libros, libros, por qué éramos mañana... Lecturas compulsivamente sosegadas



Procesando; a punto de terminar "Juliet, desnuda", me gustaría decir algo de la novela de Hornby, pero creo que me tiene algo descolocado aún para decir cualquier cosa medianamente coherente; una cosa es cierta, las primeras 100 páginas son indispensables para cualquier melómano rockero que se precie, y más aún si tiene en alta estima "Alta fidelidad" (aquí me vale tanto la peli como el libro). Si digo que no me atrevo a decir nada del libro del bueno de Nick, posiblemente sea por la resaca de "La Librería", el precioso libro editado por Impedimenta de Penelope Fiztgerald, el cual tomé como un divertimento y me acabó dando un bofetón en toda regla, tanto estilística como argumentalmente. Si has sido librero, ese libro duele; y si has sido un librero fracasado, ya ni te cuento; y encima es de esos libros que para hablar de ellos tienes que contar, quieras o no, el final y, salvo que seas como yo y no te importe saber el qué porque sabes que a veces importa más el cómo, contar algo de "La Librería" sin caer en lugares comunes sobre la supuesta liviandad inglesa es bastante difícil, sobre todo cuando esa supuesta ligereza sólo está en las primeras ochenta páginas, y la chicha, lo que duele, está después y, claro, debería poner un spoiler enorme, y prefiero descubrir cómo decir algo de este dolorosamente delicioso libro sin joder el final a algún lector incauto (si es que hay de esos por aquí).
 
Jeremy Geddes, detail


Sí, a pesar de haber insinuado hace ya bastantes entradas que estaba enfrascado en "Por qué nos gustan las mujeres", aún no lo he terminado, qué pasa... Soy así... bebo a sorbos lentos, y hay veces que dos páginas abruman más que cien, y soy de los que aguantan a que suene la campana mientras veo las estrellas tras el gancho al mentón, de los que después se van al rincón y se mentalizan que los quince asaltos van a ser muy, muy largos. Aún tengo a Mircea Cartarescu desolado por alguna rumana de la que recuerda cualquier nimiedad (otro libro que juega al juego de espejos de narrador/autor, sí, y qué), esperando en una estación de tren a que me digne a terminar de leer el cuento que me hizo querer parar y pensar todo lo que había leído antes y termine un libro que ya presuponía precioso pero que lo está siendo aún más. Hay lecturas que requieren los seis sentidos, y ese lujo últimamente es alcanzable muy esporádicamente por mí por cuestiones tan mundanas como imperativas, ergo, paseo el libro de acá para allá junto a otros incautos a la espera del gran momento... "Mañana nunca lo hablamos" de Eduardo Halfon es exactamente igual. La culpa la tiene un primer relato de apenas terminé de leer comprobé me había dejado un ojo morado, un hígado castigado y un pulmón distendido. Un playa, un padre, un niño, una muerte que viene a quedarse y un nadador que no piensa y hace lo que cualquiera haría, cualquiera menos la muerte. La cadencia del mar envolviendo unos pies no de niño, hundiéndolos en la arena y en la infancia. Apenas dos páginas de un libro que intuyo un folio y medio en word, apabullantes. No pude leer más. Desde ese día, como si fueran mis zapatos, el libro de Halfon también va conmigo por si las fuerzas volvieran. "Éramos unos niños" y "Dublinés" completan el sexteto de libros que completan mi jubón. Patti Smith está rompiendo con sutileza e imágenes incontestables mis prejuciosos recelos, y el cómic sobre la biografía de Joyce de Alfonso Zapico ha resquebrajado mi máxima irrenunciable de "el Ulises de Joyce pa quien lo quiera, que yo no doy" y lo mismo lo intento again (y van...)


Demasiado frentes, lo sé... Y más cuando la idea es la de acabar hablando de todos ellos por separado en algún momento de los próximos días.... El primero, lo he decidido ahora, será el de "Juliet, desnuda"; la encuesta propuesta por Nikochan Island (http://nikochanisland.blogspot.com/2011/10/face-to-face-with-guzzest.html...) y a la que he sido invitado, me obliga a  ordenar mi cabeza sobre lo que el libro de Hornby me ha hecho darle vueltas...

jueves, 11 de agosto de 2011

Mark Twain. "Las cartas de Satán desde la Tierra". Fragmento


No encuentro lectura mejor para estos días. Satán escribiéndoles cartas a Miguel y Gabriel de su viaje e impresiones en la Tierra.

Mark Twain. "Las cartas de Satán desde la Tierra" (Los escritos irreverentes. Ed. Impedimenta). Fragmento, pág 34-35. 

"5) Cada humano de la Tierra posee algo de inteligencia en mayor o menor grado, pero, tenga el cerebro que tenga, está orgulloso de tenerlo. Y todo humano saca pecho cuando se le nombra a los majestuosos jefes intelectuales de su raza, cuyas espléndidas hazañas adora oír contar. Como tienen la misma sangre, al honrarse a sí mismos le han honrado a él. "¡Mirad de lo que es capaz la mente del humano!", exclama. Entonces recita la lista de los humanos ilustres de todos los tiempos, repasando las literaturas imperecederas que han dado al mundo, los ingenios mecánicos que han inventado, las glorias con las que han ornado la ciencia y el arte. Ante ellos se descubre como ante los mismísimos monarcas, rindiéndoles el más profundo homenaje, el más sincero que puede dar su jubiloso corazón, exaltando así el intelecto sobre todas las cosas del mundo, entronizándolo bajo la bóveda de los cielos en una supremacía inalcanzable. ¡Y entonces se inventa un cielo que no tiene ni un ápice de intelectualidad por ninguna parte!
¿No os parece extraño, curioso, desconcertante? Pues es tal y como os digo, por increíble que parezca. Este humano, un sincero adorador del intelecto pródigo en premiar sus poderosos servicios aquí en la Tierra, ha inventado una Religión y un Cielo que no rinden el menor homenaje al intelecto, desprovisto de toda distinción o grandeza. De hecho, ni siquiera lo mencionan.
A estas alturas habréis notado que el Cielo está pensado y construido con un plan muy concreto, de tal modo que contiene en escrupuloso detalle todas y cada una de las cosas imaginables que le resultan repugnantes al ser humano ¡y ni una sola de las que le gustan!
Pues bien, cuanto más avancemos más aparente será este hecho tan curioso.
Tomad buena nota: en el Cielo humano no se ejercita la inteligencia, ni hay nada en lo que poder emplearla. Allí un intelecto corriente se pudriría en un año. Acabaría podrido y apestoso. Podrido y apestoso, es decir, bendito. Al fin sería un cerebro sagrado, pues sólo lo sagrado puede resistir las alegrías de semejante enajenación."

lunes, 18 de julio de 2011

A day in the life, Jeff Beck y Stanislaw Lem hablando en onda corta. Un valor imaginario.

Stanislaw Lem en su casa de Cracovia, 1975. Foto. Reuters


"El arte no puede detenerse en un sitio ni repetirse siempre a sí mismo: por eso no puede sólo gustar. Si has puesto un huevo, has de incubarlo; si te sale de él un mamífero en vez de un reptil, debes darle algo con que alimentarse; si, pues, un paso consecutivo  nos lleva a algo que despierta un disgusto general e incluso un estado paravomital, no hay remedio. Hemos elaborado ya aquel Algo Concreto, nos hemos arrastrado y empujado tan lejos ya a nosotros mismos que, obedeciendo una orden superior al placer, tendremos que dar vueltas en el ojo, en el intelecto, a lo Nuevo, categóricamente aplicado, porque fue descubierto en el largo camino del ascenso. Por cierto, nadie ha estado nunca allí, ni quiere ir, ya que no se sabe si se puede aguantar en Aquellas Alturas siquiera un momento; pero, a decir verdad, ¡para el Desarrollo de la Cultura esto no tiene la menor importancia! Este lema nos ordena, con la soltura propia de la genialidad displicente, que cambiemos una esclavitud antigua, espontánea y por tanto inconsciente, por otra, nueva. No nos quita las trabas, sólo alarga nuestro ronzal; y así nos lanza a lo Desconocido, dando el nombre de libertad a una necesidad razonada"
Stanislaw Lem. Un valor imaginario. (pág 8-9) Ed Bruguera de bolsillo (1983)

Llevo días dándole vueltas a esto, sea lo que sea. Si la información que infiero no es errónea, la Editorial Impedimenta reeditó este libro de Lem (y otros, maravilla tras maravilla), con el título de "Magnitud Imaginaria", la traductora es la misma, Jagwiga Maurizio, y es la continuación lógica de "Vacío perfecto". Espero no equivocarme, sólo poseo el de Bruguera.

"Cuando se puede hacer todo, nada vale ya la pena y el impulso hacia adelante se transforma en reptación hacia atrás, porque las Artes quieren volver a las fuentes y no saben hacerlo"
Idem, pág 10.

La ausencia, como bien señaló el siempre amable y sorprendente Juan Almohada en un comentario de la entrada anterior, tiene una explicación muda, no saber qué decir, y a la vez, querer volver a decir cosas. Se puede llamar novela, por qué no. Se puede llamar huevo, y por tanto tuve que incubarlo, y alimentarlo pues me salió híbrido, grifo de sangre fría. Soy libre para escribir lo que quiera, aunque casi nadie lo lea ni lo vaya a leer (¿libre de escribir lo que quiero? Según Lem y Spinoza, no, según la propia lógica de lo escrito en sí, tampoco). Sueño, cansancio, esperanzas, grandes como la vida, independientes de la literatura. Jugar al espejo y en el reflejo olvidar quién soy, y entonces escribir. Y en el camino de vuelta leer estas palabras de Lem. Hace varios días vi Solaris. Me gustó muchísimo, pero de eso me di cuenta al día siguiente, pero no sé si estoy seguro. Tras terminar una novela aún con título provisional (cosa que me es indiferente), y habiéndola dejado en barbecho hasta dentro de un par de semanas en la que la vuelva a leer (la sexta ya; sólo una de ellas publicada; tres destruidas; una rechazada 16 veces (en 7 concursos y por 9 editoriales -4 expresamente, 5 por la técnica del silencio administrativo), encuentro una vida cuesta abajo laboralmente y una vida privada que es a la vez salvavidas y acicate. Entre medias, varias decenas de libros que leer y mil canciones que escuchar.

Respecto a las palabras de Lem citadas al comienzo y que resuenan en mi cabeza como un eco (estado paravomital... nueva perla), me han llevado a pensar en Jeff Beck y su revisión de la canción de The Beatles.  Entonces creo que Lem es demasiado pesimista, porque Beck "puede hacer todo", y sí, "nada vale ya la pena y el impulso hacia adelante se transforma en reptación hacia atrás", pero Beck vuelve con paso firme, no repta, es consciente de que "las Artes quieren volver a las fuentes" y parece que él sí sabe hacerlo. Respecto a mí... Ground control to Major Tom..........


viernes, 11 de marzo de 2011

Obituario autoflagelatorio volumen 1, o ¡Que le corten la cabeza! (volumen 4)

Aprovecho una mañana de calma para escribir, tal y como dice Iván que debo escribir aquí, sin corregir y lo que salga, como si de un match de improvisación se tratase. Quedan veinte días para "cerrar" la librería, y cerrar significa que yo me voy con lo puesto y entra otra persona. La semana que viene me toca aleccionar al joven padawan en las artes libreras que sí, algo tienen de jedi, tanto por lo rancio del oficio (librero, válgame) como por la cara de apollardao que se te acaba poniendo, como si un mal viaje te hubiese dejado en órbita o como si poseyeses un secreto privado, que por muy secreto privado que sea, como no vale para nada (arte de vender libros, válgame -2-) pues de ahí la cara de giliposhas. Me armaré de paciencia, primero porque amo mi tienda y, vale que no es el "enterprais" pero sí un rocín orgulloso y terco que merece un final mejor del que yo le puedo dar, y segundo porque lo que yo creía que era el trabajo más sencillo del mundo parece que no lo es tanto, así que no haré como el capitán Cousteau ante la pregunta de cómo se dirige el Nautilus y  no responderé "pues manejándolo, alma de cántaro, tomas asiento y navegas, que no es una central nuclear", sino que me tendré que sentar y parar ante los detalles, contradicciones, trucos, obviedades y silogismos varios que entraman el noble y vulgar arte de vender libros (válgame -3-). Gestionar libros se me da de puta madre (voy a tirarme alguna flor, hombre ya), ahora bien, gestionar económicamente no se me da tan bien. El fondo bibliográfico que ha llegado a tener la Pecera ha sido algo a tener muy en cuenta (piropeado, no mucho, pero alguna que otra vez, y curiosamente, en un 90 % gente forastera que ha visitado y comprado libros entre estas paredes), pero poco a poco se me ha ido marchitando entre las baldas. Es como si en este pueblo me hubiese puesto una levita, me hubiese dejado un bigote daliniano resultón y hubiese sacado de mi chistera a la misma Venus de Boticceli en la plaza del mercado; hasta ahí todo bien (y hasta aquí me duraron las flores para tirarme) pero he tardado en darme cuenta de que a nadie le parecía interesar tan magna belleza y la Venus hubiese acabado entrando casi en coma por el frío, la indiferencia y la dejadez. Ahora bien, dos cosas; primero, la belleza de la Venus no es cosa mía, traer ediciones bonitas y/o baratas y/o maravillosas y/o simplemente ediciones de Carver, Flaubert, Bolaño, Dante, Quiroga, Ajmátova, Perutz, Cheever, Zola... tener todo el fondo de Impedimenta, poner bien a la vista a Wagenstein, Pron, Halfon, Olmos, Foster Wallace, Giralt Torrent, Cartarescu, es decir, intentar mantener el equilibrio entre un fondo bibliográfico que no sólo huele a polvo y a viejo sino que aún está vivo y es algo con sentido y compaginarlo con el noble arte de surtirme de best sellers, esto es, gestionar una librería, eso, eso se hace con la punta de la pluma de la gorra; y segundo, que eso tan bonito sea rentable ya es otro cantar y es un tema a discutir a fondo, y yo no sólo lo he discutido sino que he acabado molido por unos palos que me han caído por todos lados. He sobrevivido cuatro años y medio porque he optado por quitarme gran parte del pan de la boca, renunciando (pero sin renunciar, he ahí el problema) a lo que pienso que debe ser una librería, porque he sacado un pie fuera y he intentado otras opciones laborales (con un pie fuera tampoco uno puede esperar mucho resultados), así que el afuera de mi pie izquierdo se va a convertir en el dentro de mi todo y la Librería pasa a otras manos. He acabado agotado de mi propia cabezonería y romanticismo, y aunque sea muy bonito ser romántico, también es muy ingrato.  Puedo echarle la culpa a la situación geográfico espacial donde se asienta la librería, que no es moco de pavo, pero en el fondo, sé que el problema soy yo. Nueva gestión, nueva vida, el rey ha muerto; ¡Larga vida a la Pecera!


No estaría mal que un día de estos yo pudiese decir como Aristóteles ante las noticias de las gestas de Alejandro, o como Alexis Korner frente a una foto del dios dorado de Robert Plant: "A ese, a ese truhán, todo lo que sabe, se lo enseñé yo", aunque el espíritu sea otro, aunque el rey esté desnudo, y aunque yo siga sin tener para un café. El brillo de la Pecera, o lo que yo quería que fuese, duró poco, tal vez el segundo semestre del 2007 y el primero del 2008, pero al menos conseguí que algo que hice yo brillara, algo al menos, quien quiera verlo que lo vea, y el que no, pues no, pero la medalla es mía y me importa un carajo que al ponérmela me la haya clavado y hecho sangre, aún así luce bien en mi pechera, y me va niquelada con mi decimonónico monóculo y mi ráncio abolengo proletario. ¿Después de esos meses de gloria...? Luego... pues... luego... Si me pongo a pensar en el luego en vez de flores empiezo a tirarme tomates y ya me flagelo bastante yo con lo mío todos los días. Es como montar un sexshop en Siberia, igual por eso de la novedad y el frío y la mente pervertida de algún Siberiano te funciona, pero o le das otro aire o empiezas a pensar cómo darle salida a todos esos dildos, consoladores y fustas. En el fondo he optado por lo fácil, y es pensar que yo no sé hacerlo de otra manera. Es lo primero que le diré al nuevo dueño, dale un buen giro a esto, cúrrate los coles, los "instis", organiza actividades, lo que sea, pero cámbiala (en el fondo eso fue lo primero que le dije cuando me preguntó la primera vez); no es un vago huraño como yo, conoce a bastante gente, así que le será fácil.

Librera Siberiana con local equipado de calefacción central, ¿quién dijo que éste no es un oficio sexy?

Ahora la Pecera da cosa verla; medio vacía, algo melancólica, con una "mustiéz" enorme recorriendo las baldas; sé que tiene hambre de libros y de lectores pero ya le he dicho que espere. En el fondo, y no sé si lo he dicho alguna vez, creo que no, así que creo que por fin lo diré de una vez, el problema es, como también me han dicho bastantes veces mis amigos, que yo mismo soy mi mejor cliente. Imaginaos ese sexshop bien surtido en Siberia; imaginaos un día típico siberiano; imaginaos ahora a ese sexshopero mano sobre mano mirando sus estanterías, fijándose en esa reproducción del aparato genitourinario de la gran Vanessa del Río y mirando la colección de películas altamente esteticistas y preciosas de Andrew Blake, preguntándose cómo demonios no tiene la tienda llena; ahora imaginad que dicho sexshopero se llama Donatien Alphonse François de Sade, oui, vualá, tre vian... Ahora se entiende que nadie le augure un buen futuro al pintón negocio siberiano de ese vicioso marqués; igual con unas mesitas, unas velas, un suculento bizcocho casero, una selección de tés, un taller del uso y correcto majeno de las bolas chinas, una presentación pública para los paisanos siberianos del "jes extender" fabricado por un vecino poeta y lo mismo el sexshop le funciona, pero es que estamos hablando del puñetero marqués de Sade y ese lo que quiere es lo que quiere, está claro; normal que no tenga visión comercial, pero ni aquí ni en Siberia ni en Sebastopol. Ahora bien, darle a ese onanista degenerado un buen mecenas y un gestor con maña y lo mismo convierte esa tienducha perdida en la Siberia más dejada, apática y sin fuste de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviética en un oasis de perversión y libertinaje. Anda que no... Pero la vida es como es, si no se puede no se puede y además es imposible (pleonasmo espetado por Rafael Gómez Ortega "El Gallo" y máxima vital de este librero), y si una etapa se acaba, pues se acaba y punto. Una cosa está clara, voy a echar mucho de menos ser librero, y sobre todo, voy a echar de menos ser mi mejor cliente. A todo esto, ¿de qué estaba hablando? No lo sé, pero mi amigo dice que no debo corregir esto.

jueves, 25 de noviembre de 2010

La Pecera no está en el 84 de Charing Cross Road, lamentablemente

Gustavo se echa la siesta mientras Triki desayuna y piensa si le apetece menú infantil o no

LA PECERA & CO.
18, VIRGIN´S PEACE STREET
MANZANARES
LA MANCHA COUNTY
IsPain
Estimado cliente:

Nos alegramos mucho de que le haya llegado el pedido en condiciones hasta tan lejano destino, esperamos que los libros sean de su agrado. Agradecerle también la postal que nos ha enviado desde Constantinopla, nos parece preciosa, lástima que sean ciertos los rumores que hablan de que le cambián el nombre a tan increible ciudad pronto.  Sí, Estambúl no suena mal, pero Constantinopla queda más literario, dónde va a parar (Por eso Agatha Christie tituló su obra "Asesinato en el Orient Express", porque le jodió no poder titularla "Asesinato en Constantinopla", que era el que le gustaba y, entre ponerle "Asesinato en Estambúl" y "Poirot viaja aburrido en el Orient Express hasta que matan a alguien y entonces comienza la fiesta", prefirió mezclarlos). Ansiamos recibir noticias al respecto cuando a usted le parezca menester respondernos sobre tan sugerente tema.

Carmén Elías con un librero que lamentablemente no soy yo
El librero jefe de La Pecera se está releyendo "84, charing cross road", y le está gustando; lo ha empezado un momento antes de subirse para el servicio, no piense que exagero si le digo que cuando baje lo habrá acabado, es tan fino que a mi me da coseja cobrar por él cuando alguien lo compra. Yo vi la adaptación teatral de ese libro, no porque la dirigiera Isabel Coixet, que de cine sabrá mazo pero de teatro como que no tanto, sino porque trabajaba Carmen Elías, que es mi mito sexual hispánico de la niñez (ella, la morena  novia del capitán Furillo de Hill Street Blues y la desconocida protagonista de La lozana andaluza, casposa película del destape cuya escena del baño con jofaina se me grabó de por vida al verla reflejada desde la tele del salón en el espejo del pasillo escondido tras una puerta mientras mis padres se dormían en el sofá sin saber que su hijo estaba olvidándose para siempre de su barco pirata de los "cliks de famovil"; esas tres, por no hacer una lista ahora muy extensa, tienen la culpa de muchos de mis males) Retomando el hilo, le confieso que lamento que nuestra correspondencia no pueda ser por los cauces del ilustre (y reconfortante) servicio postal del estado apañó, pero desde La Pecera & Co. vemos con buenos ojos la fluidez y la rapidez que este método nos proporciona; al librero jefe le jode gastarse ahora más en timofónica que lo que antes se gastaba en sellos, pero al menos ya no pasan semanas entre carta y carta. Hablando de cartas, debería conocer a nuestro nuevo cartero, parece Yuri Zhivago, con ojitos de susto y bigote elegante; el jefe dice que cada vez que entra en la librería espera que se sacuda la nieve de los hombros, y a mi, cuando me entrega las cartas me entran ganas de consolarde de eso que sea que le ocurre y que le tiene tan triste. Por eso el jefe me renueva el contrato cada mes, dice que no puedo evitar ser literario; cuando le dije que el cartero me recordaba al doctor Zhivago se rió a gusto y luego me dijo que a él le recordaba a Maniñas de joven y, claro, no hay color.

A continuación, y sin más dilación, le paso a detallar las últimas novedades reseñables que hemos recibido, así como alguna reedición que creemos interesante.

En Anagrama ha salido la nueva de Paul Auster, "Sunset Park", pero eso seguro que ya lo sabe, también ha salido "Los Once" de Pierre Michon, lo que nos ha servido de excusa para reponer todo Michon (ays, "Vidas minúsculas"... no puedo evitar suspirar recordando su lectura) y de paso los hemos colocado a todos en un apartadito del escaparate. Ayer el jefe se subió al servicio una novela llamada "El hombre que plantaba árboles" de Jean Giono, una elección muy apropiada para hacer chistes y chascarrillos pero que es una novela juguete, tanto por la edición (pop-up) preciosa de la editorial Duomo como por lo que contiene; cuando el jefe sabe que estoy pensando que es un lector cagón (que no es lo mismo que un cagón lector) me lee la mente y me contesta que unicamente sigue los consejos de Henry Miller y que la mejor selección de una librería ha de estar apilada en el servicio y me vuelve a repetir que "El hombre que plantaba árboles" es su novela eco-naif favorita; supongo que con eso me está lanzando indirectas para que suba a limpiar y deje el baño como los chorros del loro (¿o eran de oro?), pero como se tira todo el día leyendo ahí lo veo dificil. También nuestro librero jefe está más que entusiasmado con un escritor (también de Anagrama, fíjate) llamado Robert Coover, más concretamente un libro llamado "El hurgón amarillo" novela de relatos absolutamente genial (asímismo le remito también el título "Zarzarrosa", del mismo autor, un librito fascinante en el que recrea el "mito" de la bella durmiente en clave cínica...).

Y para terminar con el apartado de novedades, le señalaremos someramente algunas más, aunque le invitamos a navegar por internet para ver sinopsis y críticas (qué bonito, esa es la diferencia entre la red y correos, por la primera se navega y la segunda va por avión o mecanismo terrestre enruedado). Nosotros, todo hay que decirlo, ya le hemos pasado un filtro (uno pequeño, como de cafetera vieja) a la seleccíón que, sin más demora, le detallo a continuación. "No voy salir de aquí", de Micah P. Hinson, de la editorial Alpha Decay. "Algo que brilla como el mar" de Hiromi Kawakami, de Acantilado, y dos cosas de la editorial Impedimenta (bonita como ella sola). "Los escritos irreverentes" de Mark Twain, que es un libro para hacer la lagartija panza arriba una tarde de primavera en el parque del Retiro, es decir todo gozo y solaz, y "En mitad de la noche un canto" de Jiri Kratochvil, que, antes de que me reproche que sólo lo pongo por ser checo, como Milos, como Bohumil, como Milan o como Vera Kresadlová, le diré que es un libro precioso: "Fui concebido bajo un firmamento iluminado por proyectiles y con la tos axfisiante de los lanzacohetes katiuska como ruido de fondo, y nací poco antes de la Navidad de aquel año que sería el último de la guerra y el primero de la paz"... ¿Le diría usted que no a un libro que empieza así?

Hay más novedades, demasiadas tal vez. Si me pregunta a mí, le diré que últimamente estoy enfrascado con la autobiografía de Slash; con un subtitulo como "Puede parecer excesivo... pero eso no significa que no sucediera" ya tienen ganado a este rockero de incognito que es uno. Y para compensar y no verme como un triste que en vez de librero tendría que haber sido rockstar (aunque habría muerto ahogado por el vómito de una groupie preciosa a los veintisiete y no estaría ahora escribiendo eso...) estoy leyendo un libro genial llamado "Cocina para impostores", posiblemente el libro al que más partido le he sacado en mucho tiempo (y ríase usted del "El hombre multiorgásmico"). Sumamente divertido a la par que útil, este libro es maravilloso, vamos, como un dildo rosa con pilas. Escrito por un tal Falsarius Chef es el jit del año en esta triste librería donde tan a menudo suenan lamentos y donde el suelo se llena regularmente de cuero cabelludo y pelos canosos por los tirones desesperados del jefe cuando comienzan a llegar facturas. Por ejemplo: receta para hacer Almeja marinera, y le cito textualmente copiando el libro, de verdad de la buena: Ingredientes: 1 lata de almejas al natural, 2 o 3 dientes de ajo, 1/2 cebolla, 1 guindilla pequeña, 1 vaso de vino blanco (opcional), aceite de oliva extra y sal. Preparación: picas la cebolla, troceas el ajo en láminas y lo pones al fuego con una guindilla pequeña (cayena, la venden en botes como los de las especias). Cuando lo veas doradito añades el vino blanco y cuando hierva un poco, le añades el caldo de la lata y algo de agua, si hace falta, para que se haga una cantidad de salsa razonable. Lo tapas y lo dejas un par de minutos, moviendo la sarten para que hile bien. Cuando la veas apetitosa, añades las almejas y con una cuchara les vas poniendo salsa por encima. El motivo de no removerlas es simplemente que se pueden romper y quedan un poco feas. Estarán enseguida. Y te darán ganas de sacarlas a la calle de paseo para enseñarlas: "las he hecho yo"..." Maravilloso, puritita literatura nocilla, avant grade o avant la lettre (nunca supe qué significa eso pero siempre quise decirlo...).

Hay más novedades, pero ya se las apaña usted; por nuestra parte le adjuntamos foto del nuevo menú y un retrato de la nueva afición del jefe, fotografiarse en los secamanos de los servicios mientras busca libros escondidos por los retretes; lo sé, pero créame, aunque no lo parezca, no es mal tipo.

Sin otro particular, y rogandole pronta respuesta se despide atentamente.
El staff de La pecera

viernes, 29 de octubre de 2010

Degenerados, sinvergüenzas y escritores, ese cajón "desastre"

Me pregunto si la señora Aguirre (y la cito textualmente: "la historia de la literatura está plagada de actos absolutamente reprobables. Por citar sólo algunos, Gabriel García Márquez, Henry Miller, Jaime Gil de Biedma") es realmente una replicante defectuosa o la mala de V, también me pregunto si es verdad eso que dicen que todos los de su ralea tienen en casa un retrato como Dorian Gray que expresa la vergüenza que no muestran y que guardan bajo llave en el trastero más inmundo. De narcisistas como F.S.D no hablo, intento que este blog sea de literatura, o de libros, o de música o de lo que coño me apetezca, pero de eso no...
Hoy me han pedido el libro en cuestión, pobre Boadella. Lo he pedido al distribuidor, por supuesto; los motivos por los que la gente lee o lo que le guste leer no es asunto mío.

¿Hablamos de literatura y de escritores reprobables? ¿De literatura de verdad y de escritores de verdad?
Me apetece citar un texto precioso de un escritor asquerosamente reprobable...

"19 Mayo de 18..
Nadie, ninguna mujer ha impresionado de voluptuosidad mi existencia, como aquella chica de once años que tenía los ojos cuarentones de la madre y los movimientos de una tía suya vestidas con colores muy charros que llegaba los lunes a Bujival. A las mujeres las he exprimido como un limón y las he arrojado lejos. Las más ricas en secretos las he desdeñado como las otras. Sólo el recuerdo de la vecina -ella fue siempre impalpable como recuerdo- insiste en la soledad de mi desgana y de mi desaliento. Es el hada madrina de mi sensibilidad. Mi imaginación parte como una flecha rápida y aguda hacia aquel momento en que su sabiduría intuitiva de mujer le hizo poner el pie sobre una piedra de cantón y me mostró toda la otra pierna. Jamás ninguna mujer, nunca la experiencia de ninguna amorosa vergonzante, llegó a igualar el gesto genial de aquella chica que puso sin necesidad el pie sobre una piedra y me descubrió la crema rosa de su pierna, que sabía bien, en su ansiedad de mujer, ser la fortuna más preciosa que poseía.
Debía reintegrar mi regimiento. No pude estar más cerca de esa mujer en ciernes, de esa paloma criminal que añadía a su belleza y a su juventud la flor carnosa de la inocencia hecha florecer bajo la custodia del jardinero trágico del instinto.
Vecinos éramos. En las vísperas de mi partida, desde mi lecho, en la mañana, la oía alejarse hacia el colegio y comprendía por mis oídos toda la voluptuosidad de sus movimientos. Distinguía el ruido de uno de sus senos pulposos, demasiado grande para su pecho, al desprenderse del otro seno, que como decía Jules Barbey d'Aurevilly a propósito de una virgen de Memling, había resuelto la premisa inmaculada de la concepción mucho antes de que los padres de la iglesia lo resolvieran."
Vizconde de Lascano Tegui. De la elegancia mientras se duerme. Ed. Impedimenta

 
VIZCONDE DE LASCANO TEGUI: UNA CORTA BIOGRAFÍA 
(sacada de http://www.impedimenta.es/ficha_elegancia.htm)
 
Hijo de padre argentino y madre oriental, Emilio Lascano Tegui nació en Concepción del Uruguay, en Argentina, en 1887, aunque su partida de nacimiento nunca fue hallada. En 1908 viajó a Europa como traductor de la Oficina Internacional de Correos y se dedicó, durante sus frecuentes licencias, a recorrer a pie Francia, Italia y el norte de África. Letraherido, comienza en 1909 a firmar anteponiendo el ficticio título de vizconde. En 1914 decide instalarse en París, donde participa de la bohemia y de la amistad de Picasso y Apollinaire. En la capital francesa ejercerá la profesión de mecánico dental durante todos los años que dura la Gran Guerra. A lo largo de su vida, Lascano Tegui trabajó como diplomático, pintor muralista, cocinero y conservador de museo. Su carrera literaria se inicia en 1910 con el libro de poemas La sombra de la Empusa. Al siguiente año publicó el libro Blanco con pie de imprenta falso de París, bajo el pseudónimo de Rubén Darío hijo. Reúne todos sus artículos publicados en diversos medios en el volumen Mis queridas se murieron. Será en 1925 cuando Lascano Tegui publique, en la editorial Excelsior de París, su obra más redonda, De la elegancia mientras se duerme, que narra, como si se tratara de un diario íntimo, la historia de la gestación de un asesinato. Muchacho de San Telmo, su último libro, editado en 1944, integra una colección de poemas en donde el autor evoca su propia infancia.
Una buena parte del resto de la obra de Lascano Tegui está perdida o directamente se duda de su existencia: el original de la obra de teatro La esposa de Don Juan, por ejemplo, se destruyó al incendiarse el camarote de un barco en donde viajaba el autor; otras obras, como el ensayo Vía Láctea de Polillas, se supone que se conservaban en una habitación clausurada de un apartamento bonaerense, que no se encontró. La misma suerte corrieron los manuscritos de Cuando la plata era señorita y Mujeres detrás de un novio. Ambos aparecen mencionados en su testamento hológrafo, pero nunca se hallaron.
El Vizconde de Lascano Tegui vivió sus últimos años en Buenos Aires, donde falleció el 23 de abril de 1966.


jueves, 6 de mayo de 2010

No voy a perder más tiempo...

“A menudo se consideraba que lo único que se podía exigir en el frío y claro aire del Este de Inglaterra era llegar a sobrevivir. Muerte o curación, pensaban sus vecinos; una vida longeva o el envío inmediato a la tierra salina del cementerio”, p. 10.(...) Florence se acusó a sí misma de ser una vanidosa, de autoengañarse y hacer interpretaciones erróneas con premeditación. Era la dueña de un comercio: ¿por qué iba a suponer alguien que ella pudiera saber una sola palabra de Arte?, p. 48 ... " La Librería. Penélope Fitzgerald. Editorial Impedimenta.

Tiempo y dinero, eso ha dicho un amigo antes de colgar el teléfono, sólo necesitamos tiempo y dinero. No para hacer la revolución, que tampoco estaría mal, sino para olvidar nuestro mal llevado día a día de facturas, currículuns (o como coño se escriba), trabajos frágilmente engarzados, más facturas y la pérdida irreparable de años por consumir sintiendo que se nos pasa la vida, el arroz y la entrepierna de los vaqueros. "Me siento muy extraño. Dicen que los cojos y los mancos siguen sintiendo las extremidades ausentes un tiempo después de haberlas perdido. Yo siento a veces que me falta algo y no sé el qué, no es la sensación de "como si no lo supiera", sino la de haberlo olvidado, que es peor", me ha dicho también.
Debe ser el tiempo, el meteorológico, quiero decir. Astenia crónica para el amnésico lumpen. Por olvidar, he olvidado incluso mis efemérides, las privadas y las públicas. Por olvidar he olvidado la fecha en la que murió Bolaño, no recuerdo cuándo nació Boris Vian (mi añorado Boris Vian) he olvidado la fecha del cumpleaños de Ramón Fernández ("Se podría decir que Ramón Fernández fue mi único amigo, o al menos lo fue durante un tiempo, concretamente entre los trece y los dieciocho años") y hasta hace media hora no estaba seguro de cuándo fue exactamente el cambio de válvula (me lo han preguntado en la "consulta" para la renovación del carnet de conducir y he dudado un instante ante la cara de asombro del médico...), confundo los cumpleaños de mi hermana pequeña y mi primo mayor, y he olvidado cuándo John Coltrane grabó "A love supreme" (el disco que más veces he comprado en mi vida junto con The Allman Brothers Band at the Fillmore East, pero lo que diferencia a uno de otro es que mientras el de Coltrane lo he perdido y perdido en mudanzas, amén de algún que otro robo, los de los Allman Brothers los tengo a buen recaudo -vinilo (edición americana del 1971, cara 1 y 4 en el primer discos, y caras 2 y 3 en el segundo, ni yo me lo creo), cinta, cd, edición de Luxe...-). Podría enumerar muchas cosas más. ¿Cuáles considero privadas y cuáles públicas? En este sentido me limito a tirar la piedra y a esconder la mano viendo cómo se disuelven los aros concéntricos en el agua. Si me pongo hiperbólico y obscenamente sincero, por olvidar he olvidado incluso cuándo dejé de ser casto y puro... Tal vez sea mejor así...

Recito esas cosas porque a veces creo que son las que nos ponen los pies en el suelo. Al menos eran importantes para mí, y lo siguen siendo, pero no sé ubicarlas en mi día a día, no sé cómo recordarlas para rendirles tributo. Hablar con amigos vía telefónica y colgar dándome cuenta de lo que los echo de menos hace que me de por escribir estas cosas. Igual ese es simplemente el problema, el no tener ritos en mi vida, el no cumplir rituales, el no rendir culto a esa mitología privada que en el fondo nos define más de lo que nosotros mismos creemos. Tal vez por eso de un tiempo a esta parte estoy más sordo, más opaco, más concentrado en una palabra; ya no estoy tan abierto al mundo. Necesito una puesta de sol de esas de quitar el aliento propias de la mancha perdido en mitad de ningún sitio (es un decir, el camino viejo de Daimiel, desviándose hacia el Moral da mucho juego) mientras suenan Rush, The Band o Tom Petty.
Tiempo... para ver, hablar, crear recuerdos, estar... Tiempo... Hace años tenía una agenda donde había apuntadas fechas de grabación de discos que me gustan. Y me gustaba ponerlos cuando se cumplía el aniversario de los mismos. No es que pensara que se fuera a quebrar el continuo espacio tiempo, pero era un rito que aunque sabía estúpido, me gustaba llevar a cabo. Ahora no sé por dónde andará esa agenda, y hacer una nueva me da pereza.
Los ritos, algún antropólogo diría que eso nos humaniza, y puede ser cierto cierto, eso nos hace crecer o, como diría Ramón Navarro (hablando de echar de menos...), nos ventila las mónadas, lo quiera Leibniz o no.

Hace un rato pensaba que perder ritos es hacerse mayor, ahora tiendo a darle la razón a Lipovetsky... en eso consiste vivir en estos tiempos hipermodernos, en esta era del vacío... lo cual es la mayor gilipollez que he escrito últimamente.
Tiempo y dinero. El año pasado casi tiro la casa por la ventana. Estuve a punto de comprar una entrada para uno de los conciertos de los Allman Brothers en el Beacon Theater y marcharme para NY más feliz que un niño, pero me pudo la cordura (o no), o sería mejor decir la realidad. Hubiera sido una locura, pero es uno de los sueños de mi vida que aún podrían realizarse (como ver a Tom Petty en concierto, cosa que ya no entra dentro de lo posible en el caso de, por ejemplo, con los Screamin' Cheetah Wheelies...) aunque no por mucho tiempo más, que Gregg, Jaimoe y Butch no son eternos...

La librería, de Penélope Fizgerald, es un libro precioso que casi nadie de los que entran en la librería me cree cuando digo que es precioso. Todos los que al entrar en La Pecera me han dicho alguna vez que su sueño siempre había sido montar un sitio como éste deberían leerlo. Pequeña novela, escrita con mimo, donde los personajes que aparecen en ella representan todo un fresco de la sociedad en una pequeña comunidad. El retrato de qué significa y a qué atiende la existencia de una librería en un barrio. No se puede abrir una librería independiente hoy sin haber visualizado y aceptado que en el mejor de los casos, uno acabará echando la cancela con apremio y cierta vergüenza, agotado orgullo y con agujeros en los bolsillos, como la protagonista. Según la web de la editorial Impedimenta: "Novela finalista del Booker Prize, La librería es una delicada aventura tragicómica, una obra maestra de la entomóloga librera. Florence Green vive en un minúsculo pueblo costero de Suffolk que en 1959 está literalmente apartado del mundo, y que se caracteriza justamente por lo que no tiene. Florence decide abrir una pequeña librería, que será la primera del pueblo. Adquiere un edificio que lleva años abandonado, comido por la humedad y que incluso tiene su propio y caprichoso poltergeist. Pero pronto se topará con la resistencia muda de las fuerzas vivas del pueblo que, de un modo cortés pero implacable, empezarán a acorralarla. Florence se verá obligada entonces a contratar como ayudante a una niña de diez años, de hecho la única que no sueña con sabotear su negocio. Cuando alguien le sugiere que ponga a la venta la polémica edición de Olympia Press de Lolita de Nabokov, se desencadena en el pueblo un terremoto sutil pero devastador." La novela se lee con una sonrisa velada, o seguramente será cosa mía, pues es como si un bombero te recomendase ver "El coloso en llamas", pero aún así no deja de ser un muy buen libro.

Tiempo y dinero. Evasión ególatra, puede ser, pero bien es cierto que estamos hasta arriba de "obligaciones" que nos alienan de esa manera tan siniestra que tienen los narcóticos legales. Desde hace 6 años no sé lo que son vacaciones más allá de cuatro días, por eso la llamada de ese amigo se ha superpuesto a la lectura del libro de Penélope (si Serrat no hubiera jodido para siempre ese nombre me gustaría tener una churumbelilla llamada así) y he sentido el vértigo más vértigo, el ritmo más acelerado, los días pisándose los talones unos a otros... Oír hablar de casas rurales en Abruzzo,cerca del mar, es lo que tiene. Me he acordado de la librería Altroquando, de Roma, y del vino que me tomé en una vinacoteca cercana hace años, y a partir de ahí he hilado recuerdos con anhelos y para de contar. Tiempo y dinero. Del primero podemos hacer acopio de mejor o peor manera, del segundo, el maldito parné, la cosa se torna peliaguda... Igual es que son las 10 de la noche , estoy cansado después del paseo en bici y apenas ha entrado nadie en la librería en todo el día, salvo uno que me ha tenido más de 45 minutos buscando libros sobre trastorno de la personalidad y al final ninguno le ha cuadrado... Normal...

Necesito escuchar a los Allman...
and oh, I Ain't wastin' time no more... 'cause time goes by like hurricanes... runnin' after subway trains... don't forget the pouring rain...

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