Esto que voy a copiar ahora podría haberlo escrito yo, de hecho, la primera frase la pensé exactamente igual en la ducha antes de ayer mientras volvía a escuchar, de nuevo, I and love and you de The Avett Brothers, y cantaba como un poseso bajo el agua, así que cuando he leído esta reseña hace un rato, me ha dado un extraño escalofrío...
Extraído del Ruta66 de enero y escrito por Toni Castarnado, subscribo palabra por palabra. Y tocan en el Azkena de este año...
THE AVETT BROTHERS. LIVE VOLUME 3
"Sin lugar a dudas, I and love and you es el disco que más he escuchado durante este curioso e inovidabe 2010. Unas canciones que me han acompañado siempre en los momentos buenos y también en los malos. Porque esas canciones tan saludables han sonado a todas horas en mi destartalado coche, en mi iPod mientras paseaba por la ciudad, haciendo una pila de kilómetros en la cinta de correr sudando la gorda, cocinando lo que buenamente sé y puedo... Por lo tanto, la edición de Live Volume 3 era para mí algo parecido a una cuestión de estado, una necesidad de primer orden. A la espera de que algún promotor se juegue su dinero o que en cambio sea yo quien me lo gaste cogiendo un avión para verles en directo, este artefacto es de momento un gran consuelo para un servidor. Grabado un mes antes de la publicación de I and love and you en Charlotte, ciudad que es la cuna del basket universitario, aquí suenan las canciones de discos anteriores, Mignorette, Four Thieves Gone o, por ejemplo, Emotionalism, la muestra que les enseñaba a los chicos que había otro camino que escoger. También algunas de su aclamado último disco, aunque curiosamente se nota que a éstas les faltaba un poco de rodaje en directo, aunque piezas como "The Perfect Space" o "Kick Drum Heart" suenen como los ángeles. Enérgicos, optimistas, con amplitud de registros, unas voces que retumban en todo momento en tu interior, canciones como la espiritual "The Ballad of Love and Hate", la agresiva "Colorshow" o la tremebunda "When I Drink" no pasarán en balde, eso seguro. Una maravilla..." Toni Castarnado
I and love and you...
Live...
Video de su gira europera del 2010 (no pasó por aquí, claro), segunda parte, Paris to Amsterdam, y preciosa versión desnuda de Kick Drum Heart.
Hoy me he levantado echando de menos a Roberto Bolaño, sé que soñé con él, que hablábamos un rato y que nos despedíamos en una esquina, no recuerdo nada más. Luego abrí la tienda, trabajé y olvidé que soñé con Bolaño y que le echaba de menos. Mientras tanto no paraba de escuchar canciones de los Avett Brothers, sintiendo a la vez tristeza por todo y unas ganas infinitas de vivir. Podría decir que estaba raro, pero no sabía por qué. Hasta que subí arriba y empecé a hojear (ojear) libros mientras berreaba como un poseso sobre uno de los mejores discos del año pasado, "I and love and you" y esperaba que pasae algo que me explicase todo...
"Hace unos días me llamó Horacio Castellanos Moya para decirme que Bolaño estaba hospitalizado enfermo del hígado, grave, vos, no le vayás a mandar tus libros porque el cuate anda grave, me dijo. De hecho, tenía ya dos ejemplares empaquetados y listos para enviarle a su residencia en Blanes, acompañados por una breve carta, escrita a mano, solicitándole su participación en este manuscrito. Hoy en la madrugada Roberto Bolaño falleció.Como un tipo de pésame literario, o algo así, cargué varios de sus libros conmigo durante todo el día. Qué mejor manera de despedir a un amigo que sólo se conoció a través de su literatura, que releyéndola. Había dicho Bolaño que uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto. Había dicho Bolaño que quería un entierro al que pudiera llegar por sus propios pies o, en su defecto, una ceremonia vikinga; el muerto, su hijo y sus amigos fantasmas, nadie más. Allí estaré yo, entonces, entre tantos amigos fantasmas, cuando sus cenizas sean esparcidas por su hijo Lautaro en el mar.Para mí, dijo o quizá dijo Bolaño en alguna entrevista, es dificil responder por qué escribo un libro. Seguramente porque es lo mejor que sé hacer. Seguramente, Roberto." Eduardo Halfón. El ángel literario, Anagrama.
Ahora que vuelvo a ser libre, "intelectualmente" hablando, vuelvo a leer por gusto, por placer y porque sí, porque no sé hacer otra cosa. He comenzado una mudanza y mientras guardo libros en cajas veo algunos que no recordaba tener. Me gusta meter cosas entre ellos, papeles de todo tipo, cosas que encuentro a mano para marcar la lectura si por cualquier motivo he dejar de leer. Subrayo los libros, antes mucho más que ahora. Le tengo respeto a los libros pero por otro lado no me importa maltratarlos, como un árbol donde se graba con un buril improvisado "E.C. was here" o "Romeo loves Julieta" con corazón y flechita incluida. No soporto a los que leen libros y al finalizarlos estos se quedan impolutos, más nuevos que nuevos, es como hacer el amor a una mujer sin quitarle la ropa ni acariciarla. Me gusta estar sólo cuando guardo mis libros en cajas; no es mi primera mudanza (si yo te contara) pero sí es una de las más importante que haré. Cojo libros y de ellos caen cosas, yo mismo me caigo, y las palabras se pasean por todos lados como si llevasen mocasines húmedos, dejando el piso repleto de huellas y cronopios azules. Releo cosas que no recuerdo haber leído, aunque estén subrayadas, y leo párrafos que podría citar de memoria de libros que no sabía tener, maravillas plasmadas, arrugadas, dibujadas, inundadas de una vida vivida o echada a perder o a volar, vanidosa y terca que se afana en seguir y seguir... "Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto"...
El documental completo está incluido en un dvd adjunto con el libro "Bolaño Salvaje" de la editorial Candaya.
Llueve. 13 de abril. Estos cámbios de tiempo (de temperatura, de presión, de isobaras y de céfiro ánimo) me tienen frito (qué viejo me estoy haciendo) me suenan todos los huesos y me duelen algunos de los puntos de la pierna y el pecho ("pobrecito"). Hoy he recibido noticias inesperadas de un escritor admirado y me he puesto contento. La pecera sigue medio llena de libros, con los anzuelos puestos aunque hay pocos peces dispuestos a poner en suspenso sus vidas y vivir en otras; claro que hay de todo y a veces bastante tiene uno con lo que tiene, pero la pecera hace aguas y, para qué negarlo, estoy preocupado. Pagos del primer trimestre de Hacienda, autónomo de "mírame y no me toques que no me puedo pillar la baja", grafómano somnoliento (¿dije que por fin acabé "La muñeca rusa"?), opositor de baratillo y váter, café adicto (descafeninado de máquina, que ya sé que no vale pero es que soy muy impresionable, a la par que autosugestionable) me jode sentir que apenas leo.
A Rodrigo Fresán, a Pascal Quignard (que los dioses bendigan a este hombre)y a Eduardo Halfón, de momento, los he dejado aparcados (que no apartados), absolutamente genial pero, quizá para mí en estos momentos, abrumadores y agotadores. Sostengo el ánimo con "Los Trapos sucios" de Mötley Crüe y "Las aventuras de Huckleberry Finn", pero el estudio me tiene frito y hago lo que puedo como librero. Así que para mis humos, leer, lo que se dice leer, pues poco, la verdad. Lo que me he dado cuenta que sí hago es pasear libros, van y vienen conmigo, algunos más pesados que otros, como si ingenuamente pensase que me van a entrar las ganas en cualquier momento y hubiese de estar preparado; bueno, las ganas tal vez no, sino el momento (algo así como si de un bucle picassiano se tratase y la frase "si la inspiración viene, que me coja trabajando" se hubiera convertido en "si puedo leer que tenga un libro cerca") aunque la espalda se resienta. Vaya en bici, andando o en perdigón, la mochila no la suelto, y los libros van y vienen de acá para allá con el consiguiente mareo literario, las lecturas fragmentadas y las tramas cruzadas, como "picar entre horas", que eso no es comer ni es ná y además es malo. A veces hecho de menos la línea 6 de metro de Madrid, como cuando me sentaba sin prisa volviendo de casa de mis tíos y leía sin culpa ni prisa, y hasta me pasaba de parada y pensaba, "bah, como es circular, ya llegaré de nuevo", en vez de bajarme y coger el metro en sentido contrario.
Pedro, un cliente de esos que todo librero quiere tener (no por lo que compra sino por lo que lee o ha leido y por cómo es) me ha traido un libro que está agotado, que sabe que yo quería leer y que, casualmente (o no, pues él fue librero en los ochenta) tenía. "La Enciclopedia de los muertos" de Danilo Kis. Lo he empezado, claro, y me ha dejado como todo lo que he leído de Kis (me ahorraré epítetos para no parecer un moñas) pero por ahora descansa en la mochila y va de aquí para allá conmigo con tan sólo 34 páginas leidas. También ocupa mi bolsa (y destroza mi espalda) los cuentos completos de Antonio di Benedetto, autor del que no he leído nada y sobre el que he leido cosas buenas (si Bolaño dice que es uno de los mejores habrá que hacerle caso) y "Escrito en el cuerpo" de Janette Winterson (este es pequeñito pero hay que tenerlo muy en cuenta) y alguno más, aparte de cuadernos emborronados, bolígrafos, facturas por archivar (la pecera es un caos), cd´s (el último de Wilco entre otros), papeles (entradas de cine, tickets del mercadona, notas varias...) pastillas de sintron y un tampón (creo que Celia lo metió allí el cuando fuimos de viaje y, claro, si no me lo pide pues no me acuerdo que tengo eso ahí -¿algo parecido a la idea picassiana de los libros?-).
Ocho libros son muchos para una mochila tan vieja. Me gusta escuchar últimamente a The Avett Brothers (mientras escribo esto suenan en La Pecera); "Emotionalism", el glorioso "A Carolina Jubilee" y el imprescindible "I and Love And You" me acompañan a todos lados, aunque ahora mismo alzo la vista y Thelonius Monk me mira desde la carátula de un disco -una de las mejores carátulas de la historia, por cierto- y no sé qué me quiere decir (está al lado de Parzival y unos escritos de Satie, ¿significará eso algo también?) Seguramente no. Qué cojones, voy a poner mi composición preferida de Celedonio Monje, los peces de La Pecera lo merecen... Solamente quería escribir algo.