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domingo, 30 de enero de 2011

Aquel lejano viaje a parìs del 2006... VI parte, y última

Madrid, 30 de enero de 2006.
 Bonjur queridísimos parientes:
Ya estoy de vuelta sano y salvo en Carpetovetónia. En mi última misiva finalizaba mi relato de manera un tanto brusca, acto que debéis disculpar debido no sólo a cierto cansancio acumulado sino también al hecho de que Cristina y Gaél me esperaban hambrientos y atentos para cenar y no era cuestión de hacerlos esperar.


 
He de confesar que el viaje ha finalizado de manera muy grata para el que aquí os habla (con dos años sin vacaciones, grato hubiese sido ir hasta mojarme los pinreles en Ruidera) sobre todo porque ayer, después de esa cena a la que mis anfitriones me requerían, salimos a tomar y a ver París (Montmatre) por la nuit. Todo comenzó cuando nos estábamos poniendo un poco mohínos después de tan opíparo banquete que prepararon mientras yo os escribía. Cristina había trabajado a destajo durante toda la semana y apenas la habíamos visto pero decía que por lo mismo necesitaba salir; Gaél, que había vuelto del día anterior ensayando con sus colegas en la campiña, secundó la moción con su habitual amabilidad, y yo pues, ya sabéis, aunque me seguía doliendo el pie (creo que del tropezón del otro día), no estoy todos los días en Paris; así que nos calzamos las chirucas, los gorros, los guantes, las orejeras, los chalecos reflectantes, las ruedas de repuesto y los martillos pilones y cual pandilla de enanitos salimos por ahí (siendo exactos dos enanitos y Blancanieves, elegid vosotros los enanitos que podíamos ser cada uno, yo no me atrevo). 

Para gran solaz del que aquí os habla, me llevaron, pues estaba al lado, al café donde grabaron la peli de Amelíe y que, lejos de estar lleno de turistas y gente cool (o eso me temía yo, a veces me sale una vena prejuiciosa que doy miedo, la verdad), es un sitio muy agradable y merece la pena ir, tiene un punto cutre, de verdad, que me encantó. Pedimos vino caliente, que para el frío que hacía nos sentó de maravilla (se nos fue de golpe todo el amohinamiento) y para quien no lo sepa (yo no lo sabía) el vino caliente es eso precisamente pero con un vino previamente macerado con su poquito azúcar, su canela y unas rodajas de naranja o limón (vamos, casi como nuestra sangría de toda la vida pero un poco más fino y caliente), ideal para cualquier afección respiratoria y del ánima. Una vez perfectamente acoplados allí, con el vino caliente entre las manos y sentados en el mismo sitio de “el loco de la grabadora”, coge Cristina y me suelta que en el barrio vive Audrey Tautou y que la suelen ver mucho; “comorr” dije sacando el Chiquito que todos llevamos dentro, sí, dice ella y también Irene Jacob vive por aquí ("Adiós muchachos, “Rojo”, “La doble vida de Verónica”...) pero es un retaco cabezón (ya le salió la vena prejuiciosa femenina también a ella, pensé) y Emmanuel Beard, dijo también (me estaba mantando) pero está superoperada, y yo para por favor, para, el desfribiliador, en la mochila, cógelo... así que, ala, nerviosito ya para toda la noche; para que luego me meta yo con las fans del Bisbal (bueno, yo soy un poco más comedido, no?, aunque nunca lo sabremos porque no vi a ninguna para comprobar mi reacción) Yo, con la excusa de los nervios, aproveché para ir a los servicios y eran como la película (y vi los dos, pero porque me equivoqué, y eso que había cartelitos, a saber en quién o qué estaría pensando) y no sé cómo ni por qué acabé orinando en ambos (¿estaré ya de la próstata?). En el servicio de mujeres me saqué del bolsillo el último cuaderno que había escrito (un moleskine negro cosido finito y un tanto maltratado) y lo escondí detrás de la cisterna. Adiòs, palabritas de amor inútiles, nunca os sacaré plusvalía ni harán que ninguna dama caiga rendida a mis pies pero aquí estareis mejor, que es donde debeis estar realmente, tras la cisterna de un vater, dije a modo de despedida mientras tocaban a la puerta...

Al salir de allí llovía un poco pero inspirados por el espíritu aventurero del ínclito Miguel de la Cuadra Salcedo (pero lamentablemente más feos que nuestro Indiana Jones patrio) nos pusimos a subir y a bajar cuestas por Montmatre como locos pues Cristina quería ver la tienda del señor Colignon (el frutero de Amelíe) que también está por allí y no recordaba dónde estaba exactamente. La encontramos pronto, es una tienda tipo chinos que no cierra nunca regentada por unos musulmanes y, la verdad, tiene algo de mágica (un diez para el director artístico) allí, en una esquina perdida bajo la ocre luz del dos bombillas baratas, con el cartel “Fruterie Colignon” coronando un toldo verde oscuro que parece recién sacado de una ilustración de cuento infantil, me juré un par de cosas que quedan en secreto entre mi corazón y mi cabeza. Después pateamos las calles adoquinadas cual Dorothy acompañada de el hombre de paja y el de hojalata (el León y Totó se fueron a olisquearse el culo, estaban en celo) y sin saber cómo topamos con la casa de Satie (sin saber cómo yo, que ellos sabían muy bien por dónde íbamos) y le rendimos pleitesía como merece y parece ser que es costumbre, y es escribiendo algo en un papel y dejándolo pegado en la pared. La noche era preciosa y en ese momento lamenté no haber hecho el viaje acompañado (algo que he lamentado todo el viaje pero en ese momento especialemente); en fin, otra vez será.

Dejamos atras los cuentos infantiles y las películas tiernamente ñoñas y nos tomarnos una (yo dos, que me entró mucha sed) cerveza blanca (rápidamente: es como la clara de limón de aquí pero sin tanto gas y de barril) en un bar (Le Rendevouz des Amis o algo así, el encuentro de los amigos, o la quedada de los amigos) que por su estética y su gente me hizo comprender y ver de golpe a Toulouse Lautrec (había una anciana elegante con un sombrero enorme que miraba como coqueteando a todo el mundo a la vez que con su mano izquierda jugueteaba con su dentadura y con la izquierda sujetaba un cigarrillo apagado, había dos amigos hablando acaloradamente frente a una botella casi vacía de vino, había un hombre que era como Punset pero en decadente y sin afeitar intentado ligarse a una veinteañera con pinta de nínfula que estaba sentada frente a él, había...). Finalmente terminamos la noche viendo bajo un reconfortante chaparrón de nuevo la casa de Erik Satie y visitando el busto de Dalida (la que cantaba eso de “Parole, parole, parole”). Yo me asusté cuando vi dicho busto, era de noche, llovía, giré la cabeza y dije, coño, Rocío Jurado, pero no, era Dalida... Gaél, en un extraordinario ataque de inspiración (y eso que habla poco), instauró a partir de esa noche el ritual de pedir un deseo mientras se posan las manos morosamente en las tetas del busto de Dalida. Debido al volumen de dichos pechos no tuvimos más remedio que pedir varios deseos. Cristina fue la que pidió más deseos (yo me conformé con dos, soy así, no porque me entrara un comedimiento candoroso ante el tamaño de tan generoso y maternal busto, sino porque en ese momento sólo se me ocurrieron dos, uno por seno), pero Gaél mientras ya nos marchábamos calle abajo le dijo a Cristina que esperaba que hubiese pedido estar con él toda la vida y la pobre echo a correr cuesta arriba a tocar de nuevo esos magníficos (y espero que magnánimos) pechos mientras Gaél me decía al oído “sabía que se le había olvidado eso”. Un hombre entrañable, sí señor; cuando me dijo eso al oído casi voy  también de vuelta a tocarle las tetas a Dalida y pedirle que yo también... No dudéis en buscar, queridos parientes, el busto de Dalida en Montmatre, ni tampoco dudéis en pedirle un deseo y, sobre todo, no os avergoncéis si al pensar qué pedir os entran unas ganas incontenibles de tocar esos preciosos y brillantes pechos de bronce.
Después llegamos a casa y dormimos como benditos.
Y ya está, ya va siendo hora de terminar esta pesada crónica, aunque al hacerlo ya no esté en París sino en Madrid, con la maleta sin deshacer del todo pero con el Sena aún en la retina. No os olvidéis de este, vuestro devoto y diletante tío-abuelo Jean Michele.


Cuidaros mucho y hasta pronto.

viernes, 28 de enero de 2011

Aquel lejano viaje a París del 2006... V parte

Parìs, 28 de enero de 2006.

Queridìsimos parientes, aquì vuestro tìo-abuelo con su ùltima crònica desde la ciudad de la luz (del amor me temo que para la pròxima vez). Estoy cansado y me duele un pie, el derecho màs concretamente; Por cuà? Cesc que sè? El tropezón de ayer, me temo, monsieur Bonaparte.
 
Ayer fue un dìa movidito, queridos, se me pasò volando; fui al museo Rodin, que està de un decadente preocupante. Parece la casa de la familia Munster,  los suelos chirrian, las paredes se descascarillan y un Balzac de escayola pequegnito que està por ahì en una urna tiene telaragnas; como soy incorregible me dio por pasear por los jardines del museo pues està plagado de estatuas y casi fenezco por congelaciòn, pero le echè un par (pequegnitos y duros por el frìo) y por ahì que estuve. Luego Cristina me djo que habìan dicho en la radio que habìa sido el dìa màs frìo de lo que llevamos de invierno en Parìs y todo me cuadrò. Asì que ya lo sabeis, salvo que vengais con un/una churri que os caliente los pinreles por la noche y se os cuelgue del brazo todo el dìa, venir en otra època (a partir de Abril, como dice la canciòn). Despuès de eso pateè las calles de nuevo inasequible a la rasca por la rivera del Sena y tras un ardiente té en un agradable lugar donde intenté leer un rato, me pasè por el Crocojazz otra vez (a ver si seguìa ahì el vinilo de Underground de Monk) y el gabacho duegno de la tienda se alegrò de verme (bon jour mesiè, me espetò esa mezcla de Garci con bigote y Asterix con gafas al entrar por la puerta); y comenzamos con nuestro inglès vallekano: me dijo que le habìa preguntado a un amigo por bluesman espagnoles (de ahì que el dìa anterior yo le prometiese enviarle a los KO y a los 3000 Hombres, porque no se creìa que se hiciese buen blues en espagna; tambièn le dije "Gnaco Gogni" pero yo creo que se creìa que estaba de cogna porque me mirò con cara de "¿quièn?") y va el tìo y me suelta tan ancho que su amigo le ha hablado de un tal Javier Vargas. Amos anda, no me jodas; le espetè (me saliò del alma, oye) y le hizo muchisima gracia mi expresiòn (yo le dije que era "an usular spanish exprèsion" y dijo ah, como "no se què no se què (lo siento; lo he olvidado) y me dijo que le ensegnase otra expresión de esas y se me ocurriò, no sè por què, "vete a cagarla a parla" y entonces fue la hecatombe, casi se me muere de risa el gabacho (pa mì que iba un poco màs soplao que el otro dìa), expresiòn que para los franceses debe ser como un trabalenguas (dicen que si se les ocurre decir tres tristes tigres mueren fulminados). Al final, a lo que vamos que me lìo, no me comprè el disco (mi pauperrimidad es preocupante y el vinilo de Monk està a todas luces fuera de mis posibilidades, aunque seguro que me arrepentirè el resto de mis dìas de mi estùpida decisiòn).



Ya por la noche, Cristina me sacò a cenar (Gaêl no estaba, para ensayar con su grupo tiene que irse fuera de Paris y no iba a volver a dormir) a un sitio tipical francaise muy bonito bajo Montmatre, con mesitas con velas y garsones sorprendidos por mi nula capacidad de hablar frances, los cuales me ponìan cara de "vaya, acompagnado de tan bella dama y tan inùtil". El restaurante de llamaba Le Kokoliòn y era precioso (y no sòlo porque uno es sumamente impresionable). La cena, suculenta, estuvo bagnada con un vino cojonudo, culminada por una mus de chocolat que pa què (de rica) y aderezada por una discusiòn gorda en la mesa de al lado a la nuestra de una pareja (yo al principio pensè, què detalle, una performance tipical francaise por cuenta de la casa, pero no, iba en serio). El tìo era un chulo indecente de todas todas (muy grande ademàs) y menos mal que ella se levantò. le soltò no se què y, tiràndole la servilleta a la cara, se largò del restaurante, si no me hubiera tocado hacer de Cyrano y defender el honor de tan bella dama (que uno tenga que irse tan lejos para hacer segùn què cosas...). Èl se quedò con dos palmos y cuando reaccionò e intentò salir tras ella (con intenciòn de abofetearla, se le notaba en los ojos) uno de los camareros no le dejò salir (y olè por el garson; ese sì que le echò un par) hasta que considerò que ella ya le llevaba la ventaja suficiente como para no verle màs, y despuès, sin inmutarse y muy elegàntemente, le pasò su abrigo. Yo casi le aplaudo, de verdad.
Por lo demàs poco màs, el Louvre, la Opera, la tumba de Jim, el Sena otra vez, y yo que tengo un suegno que me muero.

Vuestro tìo-abuelo que os quiere se despide pidièndoos paciencia por la ùltima crònica que serà ya a la vuelta.
Besos y arrevoire

jueves, 27 de enero de 2011

Aquel lejano viaje a París del 2006... IV parte

Parìs, 27 de enero 2006.

Queridos parientes todos; aquì vuestro tìo-abuelo de nuevo. 

Tras un ligero golpe de duda (cual golpe de mar mevilliano o mirada aviesa del capitàn Kurtz vìa Marlon Brando) ayer no me atrevì a escribiros pero hoy me he dicho, que cogno, para una vez que estoy por estos lares, sacarè un ratillo...


Para los morbosos (que los hay, como en todas las buenas familias) deciros que Gaêl y yo el otro dìa no acabamos borrachos, si acaso un poco chispas (como la colonia) pero yo no le vi el lado malo pues el muy cabròn (del Gaêl) cogiò su guitarra y se lanzò a tocar unos blues con gran atino (yo le pedì unas seguidillas pero no pareciò entenderme) y sobre todo con gran sorpresa para este torpe corresponsal pues sabe tocar lo suyo, es màs, toca de putìsima madre, asì que no serè yo quien le ponga pegas a una balada estilo Reinhardt o al "See Here" de los maravillosos Taste del bueno de Rory Gallagher (que los dioses le tengan como merece) que el ìnclito del Gaêl se marcò no sòlo con gran atino sino que, por gnogno que parezca, sonò  màgico, mientras uno (yo) se sujetaba la manibula y los ojos se le ponìan brillosos de la emociòn, como a la Candy Candy (para mì que la muchacha no era demasiado emotiva sino un poco tendente a a tener multiorgàsmos espontáneos, dicho sea de paso).


Por la matineè salì a pasear yo solo, pero una llamada de Gaêl requirièndome para comer (a las 12:30 por dios, ¿què horario es ese?) me hizo volver (mapa en mano) a la mesòn tan bonita donde viven y me alojan. Despuès recogimos a Cristina en su curre y fuimos a comer a un coreano (je, vas a parìs a comer a un coreano, lo sè... pero despuès del aprecio que le he cogido a Gaèl no le iba a decir nada). Apuntad, un coreano al lado de los canales que salen en Amelie (no hay muchos, asì que no hay pèrdida), buenìsimo. Màs tarde comprobè la virtudes de tanta especie exòtica en la comida pues tuve un agradable infiernillo bullèndome por dentro toda la tarde -no, no eran gases ni la llamada de la fe- el cual me mantuvo calentito toda la tarde. 

Aquì tengo que hacer un breve inciso para relataros mi enèsima rotura de cuore (y van...): Todo ocurriò bajo la cortante y gèlida brisilla parisina (avant la letre) de enero, cuando despuès de comer nos encontramos con una compagnera de trabajo de Cristina que, evidentemente, tambièn volvìa al trabajo (adonde nos dirigìamos a dejarla sana y salva); la susodicha le dijo a Cristina que le llevaba su libro favorito, ese que le habìa prometido dejarle, y que despuès de mucho perdìrselo Cristina, por fìn se lo llevaba. A mì me sonriò, que es lo que hacen las francesas educadas cuando conocen a un humanoide con cara de bobo y con coloretes tras comer una comida abundantemente condimentada y me sonriò, con lo cual ya se otorgaba ventaja sobre mì; yo, ingenuo, tambièn sonreì, sin saber aùn que la muy traidora lo que le llevaba era el libro de Hrabal, "Una soledad demasiado ruidosa", de mi querido Bohumil Hrabal... Los que me conocen ya sabràn el resto, y los que no pues deciros que es muy facil, atribuì mi acaloramiento repentino (màs aùn, no debì pedir bulgogi) a la comida coreana, me caguè en la mismìsima madre del arquitecto de la torre de Babel por no poder articular palabra (como que hubiese podido articular algo ante semejante bellezòn bretòn... ya...), no sin antes basfemar largamente acordàndome de los preciosos genes de la merè de la susodicha, y me despedì de ella como el buen caballero que a veces soy sin atreverme,eso sì, a mirarla a los ojos; pero ya sabeis que cuando un sentido falla, siempre hay otro que lo suple, lo cual fue el ùltimo clavo de mi ataud, pues al darle los dos besos de rigor pude apreciar un profundo y agradable perfume que presiento que cada vez que vuelva a abrir un libro de Hrabal volverè a sentir en mi delicada pituitaria  como si fuese ayer y estuviese en un canal en Parìs recièn almorzado junto a una parisien guapa a rabiar que para colmo lleva bajo el brazo uno de mis libros preferidos (y ahora ve y rìete tu de la madalena del Proust, chulo).

¿Que què hice despuès? Y yo que sè, ¿importa acaso? 
Ah, oui, sì, sì, sì... paseando camino del museo Picasso, ya solo y abandonado (mis hospitalarios amigos se habìan ido a trabajar) me crucè con... Patti Smith!!! Cogno..., sì, eso dije yo, cogno, no puede ser, pero sì que era, lo juro por los churumbeles que tal vez tenga (¿hablaràn francès y se reiràn del estùpido de su padre cuando su madre les cuente la sonrisa de idiota que tenìa en una calle de Parìs que, por mucho que èl insista, ni sonaban violines ni su cara de estùpido respondìa a lo que le estaba repitiendo una sabrosa comida coreana? -curioso que el amor de sopetòn y repentino se parezca tanto al bullir estomacal tras una comida coreana-). Yo miraba y miraba a la que creìa que era Patty, esperando el semaforo en verde (y ella en frente, claro) y cuando me lanzò una mueca picarona me dije, date, sì que es ella (tambièn puede ser que no fuera ella y que hubiera ligao, pero pa mì que no). Fijo que era ella, ala, la Patti en Paris; corretando como yo en plan turista, lo que es la vida, y la mitomanía...

A eso de las 5 comenzò a nevar pero lejos de amilanarme por los caràmbanos que sentìa formarse en los pelillos de mis piernas, me calzè el discman, puse "A Love Supreme" de Coltrane a toda pastilla (a toda lengüeta tal vez) y apretè el paso dispuesto a comerme el mundo (comenzando por Parìs, que por eso estaba ya allì) pero lo que me comì fue un bordillo en el cruce de rue de Lobau con rue de Rivolì (en tò el centro, vamos) y a trompicones parè el tràfico, obligando a algunos coches a tocar el clàxon, que es algo que no suelen hacer los franceses, y un motorista se cagò en mi madre, o bien me mandò a la mierda, no sè bien (es que confundo merè con merdè, por eso yo he optado por decir sòlo mercì, el resto en inglès de vallekas, que he descubierto que es el que hablan aquì tambièn). Avergonzado, y sano y salvo,  me santigüe varias veces y me resguardè del chaparròn y optè por volver a hacer la tècnica del sueco (socorrida como pocas). Despuès tomè tè au lait en un sitio precioso y encontrè una tienda de discos (Crocojazz) que era todo un digno lugar con 4 gabachos maduritos que bebìan cerveza y fumaban mientras el dependiente (el gabacho màs ruidoso) ponìa un blues tras otro. Los cuatro vinilos y el CD que me comprè por 25 euros no tienen precio y uno de los gabachos (el duegno, deduje) me preguntò que de dònde era yo, y comenzamos a hablar (inglès arapajoe de vallekas, claro) y una cosa llevò a otra y... total, que me ha hecho prometerle que cuando vuelva a espagna le voy a enviar los cd`s de Los reyes del KO y los 3000 hombres (a cambio, me regalò un vinilo de Clifford Brown -lo tenìa a dos euros tampoco os penseis que el tìo se luciò, sobre todo porque se dio cuenta de que estuve largo rato mirando el Underground de Thelonius Monk que costaba 30 € y no dijo ni mù de rebajàrmelo).

Al llegar a casa Gaêl me esperaba con un chatò del 98 y los Who... Què tìo, oye, màs salao...

Ya no os quiero aburrir màs; ruego, queridos parientes, me dispenseis y disculpeis ya que, como no ejercito durante el dìa el sano ejercicio de compartir ni contar lo que hago (tipo el chiste de la isla desierta del naùfrago y la Schiffer), pues abuso de vuestra hospitalidad en cuanto me dan un ordenador con conexiòn a internet. Àla, me voy a zascandilear por ahì, que en desde que he llegado, apenas he visto a Cristina (màldito trabajo) y me quiere sacar a cenar por ahì. Vuestro tio-abuelo no os olvida. Alors. Arrevoire 

miércoles, 26 de enero de 2011

Aquel lejano viaje a Paris del 2006... III parte

Parìs, 26 de enero de 2006.

Queridos parientes, aquì vuestro tìo-abuelo de nuevo.

Lo primero; Hace un frìo de cojones en la france!!!!!
Pero todo bien, mi acercamiento con (a, hacia,entre...) los gabachos va viento en popa, de hecho en este instante nos acabamos de beber una botella de un vino cojonudo mi benefactor parisien Gaêl y yo, y le acabo de oir descorchar la segunda, asì que.... oui, viva la france... y no salgo a la calle adoquín en mano a pecho descubierto porque hace mucho frìo y porque Delacloix no me hubiese aceptado ni como modelo de valerosa turgencia y ojos enfurecidos.
Aquì estamos, Gaêl y moi, hablando en inglès (no os engagneis, tenemos el mismo cutre-nivel, pero aùn asì, en plan Gerònimo, es sumamente divertido) con el socorro de un diccionario espagnol-francè que tienen aquì en la mesòn cortesìa de Cristina... Asì que, en fin, salud, otra copita.... 
...silben una canción, imagìnense unos comerciales, hagan algo para que parezca que pasan un par de minutos, ayuden un poco... mon dieu...

Hoy he andado como un endemoniado, estoy muerto y temo amanecer magnana con las piernas màs duras que la Tina Turner, lo cual, dicho sea de paso, nunca viene mal. Vi la puerta del infierno de Rodin en el Museo de Orsay y casi me da un pasmo; afortunadamente, me repuse a tiempo y salì de allì con vida, la justa como para enamorarme por trigèsima quinta vez de otra francesa de caìda de ojos fulminante de necesidad, tras lo cual caì en la calzada, fui rodando pont des arts abajo y me zambullì en el Sena tan pancho, emergiendo finalmente frente a Notre Dame, y como allì ya estàn acostumbrados a ver emerger a gente de todo tipo (espagnoles inclusive) entre otras cosas por lo del jorobado y algùn que otro gabacho disoluto, pues no me han hecho ni caso. Acto seguido comenzò a llover, pero como yo ya estaba como una sopa me dio un poco igual, no asì a la sengorita de la inmensamente preciosa libreria "Shakespeare and co" (uno de los diez lugares de peregrinaciòn obligada para cualquier librero que se precie, aunque sea como mua que es el ùltimo mono en la Librerìa Internacional Pasajes, y si me pichas para cualquier persona humana con sentimientos humanos, y no sòlo porque sale en "Before Sunset", ("Antes del atardecer" en castellano, en francès no me preguntèis no lo sè) y Julie Delpy estuvo allì -y siempre puede volver a ver si un gilipollas espagnol anda haciendo el idèm por allì) sino porque es una librerìa bonita de verdad; tiene libros en varios idiomas -como donde yo trabajo-, en ruso, inglès, alemàn, fracaise (por supuesto) y espagnol -no os hagais ilusiones de encontrar algo que merezca la pena en el idioma de cervantes (ay, si levantara la cabeza), no tienen nà, acaso un libro leìdo de la biografia de Luis de Villalonga y uno de no sè què que no comprè-, y aunque puedan ponèrsele (maldito chatò, què expresiones) pegas, se le perdonan todas; apuntad, "Shakespeare and Co", antes del Louvre, y tachad euro disni... He leìdo por ahí que en la parte de arriba hay una habitaciòn  que es el suegno de todo escritor (o escritor en ciernes, o pseudoescritor, o caradura o romàntico giliposhas simplemente) donde el duegno (propietario)  te deja pernoctar a cambio de unas horas de curre entre libros; yo no me he atrevido a decir nada porque, primero, bastante tiempo paso entre libros en Pasajes como para hacer de bohemio, segundo, ni soy bien parecido ni tengo talento y por ùltimo,  ya me cuesta lo suyo hacerme entender como para meterme en semejante berenjenal, sin contar que soy un cagao y un cobarde de mierda, amèn de un vergonzoso irrecuperable...



Despuès volvì a casa y compramos vino. Alà, Gaêl me dice que se acabò la botella, non dieu, nos vamos, magnana sigo.
Os quiere vuestro tìo-abuelo, adieu

martes, 25 de enero de 2011

Aquel lejano viaje a París del 2006... II parte


25 de enero de 2006

Queridos y estimados papa, mama, primos, nietos, sobrinos, amigos, ornitorrincos y fraguels en general, aquì os escribe vuestro tìo-abuelo desde Parìs. Contra todo pronòstico he llegado sano y salvo a casa de mis benefactores Cristina y Gaêl sin màs contratiempo que un desalojo en el metro, estaciòn de Chatelet, por no sè què causas (huelga decir que los seres que aquì habitan, tras su aparentemente familiar apariencia humanoide, hablan un tanto raro y por el momento siento decir que apenas soy capaz de descodificar lo que dicen) pero tras tres trenes en los que no nos han dejado subir (bajando a los susodichos ocupantes que venìan, con el consiguiente follòn en el andèn y la lògica expresiòn de susto-angustia en este que os escribe) al final he vuelto a subir al metro con la numerosa compagnia de los seres de aparienca humana que para abreviar desde ahora denominaremos "gabachos" y que como veis, en sus teclados no tienen nuestra patriòtica n con banderilla, vièndome obligado a escribir gn, cogno, y de los acentos ni hablo, que llevo diez minutos buscando la teclita en cuestiòn y sòlo he encontrado la que està azotada por el viento del este. 

Tras ese ligero contratiempo en el metrò que he de confesar que poco ha afectado a mi ànimo (hasta ese momento no sòlo no me habìa perdido sino que sin preguntar a nadie -soy hombre, espagnol y, aunque no tenga mapa no pregunto; digo esto por no decir que soy un vergonzoso de merde-) todo ha seguido con normalidad y tras tomar posesiòn de un còmodo sofà cama en el salòn de un pisito sito en Montmatre (bajo el "sacre crer", vosotros ya sabeis a què me refiero) y que me ha deprimido muchìsimo (quiero uno igual...) he salido a patear por ahì, ala; yo solo; con mi plano, sin tener ni puta idea de decir correctamente ni un simple "escuse mua maudmasel je ne comprè rian de rian". De camino al "sacre crer" (que quedaba tan cerca que mi lista de primer lugar al que ir cuando estè en Parìs se ha ido a la merde, otra vez) me he topado con un numeroso grupo de especìmenes de apariencia humanoide llamados "japoneses"; me he topado tambièn con un amplio espectro de especìmenes femeninos de apariencia humana llamadas "francesita tìpica" (que sì, que existen, aunque al tipo Amelie aùn no la he visto), y con varios grupos de espangoles tipo "deje que el inserso le descubra el mundo" cuya presencia era màs que notoria y vergonzante, no sòlo para aquel que comparta  similar tarjeta de D.N.I., sino para cualquier bípedo. Para estupor mìo varios de ellos se me han acercado y me han preguntado còmo se iba a "no se dònde" (intentaban decirlo en frances, muy despacio pero en francès, y no he entendido nada; claro) y tras dame cuenta que me habìan confundido con un autòctono (con gran solaz para aquì el que os escribe) he optado por hacerme el sueco, pues, dicho sea de paso y para què nos vamos a engangar, doy el pego como "sueco de genes sefarditas por parte de abuela materna". Deciros tambièn que tristemente en Parìs tambièn hay palomas pesadas, muchas, pero por las inmediaciones del "sacre crer" me he topado (con gran asombro, todo hay que decirlo, en este punto de la historia todo yo era un asombro con patas sin control) con una majestuosa pareja de cuervos màs negros que los ojos de Caronte (parezco Poe, serà por la levita?) que paseaban lozanos por ahì; asustando palomas màs chulos que un ocho (8).
 
Por lo demas, todo todo muy bonito y, aunque hace frìo, luce el sol y hay mucha gente (sobre todo autòctona, creo) por la calle. Hace diez minutos he sido capaz de comprar (con la tècnica del "dedo que segnala") un bocata en una panaderìa. Una vez en la calle me he quitado el cuchillo de la espalda tras la clavada (iba a poner pungal pero no se puede, y tambièn iba a pedir cinco kilos de churros al màs puro estilo gurb pero a eso no me he atrevido, bastante mal me miraba ya la dependienta con ojos tan de color miel que daban ganas de empezar una cruzada) y he vuelvo al piso (que estaba increiblemente cerca,  creo, o eso o, ahora que lo pienso he andado en cìrculos y no me he enterado).

La pregunta que os estareis haciendo, y con razòn, es què hago perdiendo el tiempo (y hacièndoos perder el vuestro) escribiendo chorradas que dudo que os interesen (descastaos, que sois unos descastaos) cuando podìa seguir sembrando el pànico por ahì levantando adoquines al grito de esquiroles vendidos que lo dejàsteis todo a medias en el 68 y os echàsteis a dormir, y la respuesta es que suena el "Kind of blue" de Miles Davis en un saloncito precioso, frente a mì tengo una copa con un borgogna riquìsimo y no me puedo creer que esté donde se supone que estoy. 

Sin otro particular; se despide vuestro tìo-abuelo afectuosamente hasta nuevo parte informativo.

Un abrazo, por supuesto.

lunes, 24 de enero de 2011

Aquel lejano viaje a París de 2006... I parte

Primera parte del rescate de un diario de viaje escrito en un viejo blog inactivo. ¿Por qué el rescate? Por varios pecados capitales, por supuesto, pero también por onomástica, por penilla, por salud y por qué no...

Madrid, 24 de enero de 2006



Queridos, me voy a París, a dejar unas cosas allí (qué mejor que estén allí, digo yo) y sobre todo a ver si soy capaz de manejarme solo por ahí, a ver si soy capaz de documentarme para lo que quiero escribir y para ver si soy capaz de volver.

Nos vemos pronto.

Como el tio de los Fraguel, intentaré manteneros informados de las fascinantes aventuras que me puedan suceder con esos especímenes humanos llamados "gabachos".

Saludos, no pido que me deséeis suerte, os conozco, o mejor dicho, no os conozco y, de hecho, dudo mucho que alguien me escuche o le importe.
 

jueves, 30 de septiembre de 2010

"El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" de Patricio Pron, o como contar batallitas para hablar (bien) de un libro



Cumplo uno de los errores básicos que todo aspirante a "blogoscritor" debería remediar a toda costa, no llevar siempre una libreta encima. Mis aspiraciones "literarias" han ido escondiéndose poco a poco hasta el punto de que ni yo mismo sé dónde guardo mis libretas viejas, así que tampoco hay problema, sin embargo el otro día sí que eché de menos tener una libreta a mano, cuando fui a Madrid y quedamos varios amigos, algo así como "el chikiclub de la serpiente" se reune para despedir el verano azul y cantar eso de "soy así, pero me gusta"... Somos unos brasas, las cosas como son, para qué engañarnos. Yo estaba aún convaleciente de una inesperada gastroenteritis, inesperada porque según mi horóscopo esa iba a ser una semana maravillosa, con amor, salud y dinero a raudales, sobre todo porque Saturno estaba entrando en el extrarradio de mi chabola 5 y la Luna se iba a alinear con Venus en un baile cosmológico de primer orden, culminando en un hiperbólico cumpleaños y todo, todo, todo me iba a ir teta... Pero está visto que mis fluidos astrológicos van a lo suyo porque, como digo, el día siguiente de leer ese esperanzador horóscopo del suplemento de El Mundo (que compra mi padre y leí en su casa, al cual yo le he vaticinado, por cómo está últimamente, que va a tardar dos semanas en pasarse a La Gaceta, y me da a mí que yo sí que lamentablemente no me voy a equivocar) fui víctima de una gastroenteritis que me tuvo en  boxes un par de días. Con anterioridad las he sufrido más virulentas, pero mi cuerpo tiene un defecto (¿sólo uno?) y es que si me da fiebre caigo en lo más profundo del abismo de Helm y ya puedes ir olvidándote de mí. Mi historial médico no es que sea de aúpa, pero varias medallas al mérito sí que me han dado a lo largo de los años (y lo que te rondaré morena) y si hago memoria puedo hacer una bonita lista de perrerías sufridas a manos de carniceros con fonendoscopio, y de todas ellas he conseguido salir, pero, dame fiebre, una poca si quiera, y me convierto en un ser de lo más  inservible y moñas. Lo mejor de cuando me da fiebre (en el fondo intento ser un tío positivo...) es el submundo onírico febril donde caigo cuando eso me pasa, de hecho, el día anterior a mi visita a Madrid escribí el mejor post de la historia o el mejor monólogo que soy capaz; lástima que estuviera tirado en la cama de la habitación de arriba de la Pecera, tiritando y hablando en voz alta sin que nadie pudiese copiar tan digno soliloquio. Imaginaos a Gila en pleno trip de LSD, pues algo similar soy yo cuando tengo fiebre. Lamentablemente, para los que leen este blog de vez en cuando, del delirio del otro día apenas me acuerdo, pero han habido veces que sí he logrado acordarme, sobre todo en mis retiros hospitalarios, e incluso he tenido una libreta a mano para apuntar algo de esos egotrips que ríete tú del perro andaluz... Porque tengo superada la calderoniana división entre sueño y realidad, si no, mis soliloquio a lo Segismundo vestido con pijama azul y gotero hubieran dado con mis huesos en la planta de psiquiatría, sin embargo como sublimar sublimo de puta madre, he podido convertir dichos delirios en relatos, en cuentos más o menos certeros que, si bien han tenido poca suerte en las cruentas batallas del submundo de los concursos literarios, al menos están ahí.

Veamos: Una vez, en la UCI del clínico de Madrid, me pasé diez horas acompañado de Billy Wilder paseando por Nueva York mientras me contaba que realmente "Con faldas y a lo loco" surgió de una experiencia real que le pasó a él al llegar a Estados Unidos procedente de Galitzia en 1934 y terminamos paseando por Central Park junto a Cary Grant y Jack Lemmon hablando de... qué importa, paseaba con Cary, Jack y Billy por Central Park!!!; otra vez, también en Madrid pero en casa, convaleciente, un cosmonauta ruso me contaba que había sido el primer hombre en llegar a la Luna en 1962 y que al llegar había visto una estatua de Cyrano de Bergerac, y que por eso lo perseguía la KGB (y por ende, a mí también); esa vez pasé de los 40º, fijo. Esos delirios febriles son tan reales que cuando se me pasan salgo de ellos un poco acojonado. El del otro día no fue tremendo, no dio para un cuento (o sí, pero como no me acuerdo), creo recordar algo sobre mis espermatozoides y el dibujo que hacen mis lunares en mi cuerpo, y que salían Charly García y Patricio Pron; todo eso asusta, pero tiene su explicación (no astrológica, que si así fuera ahora mismo este post lo estaría escribiendo mi secretario mientras yo dilapido mi fortuna rodeado de bellezas) aunque es demasiado larga para este blog y por mucho que la terapia me salga gratis, tampoco hay que abusar...

El caso es que sin estar del todo recuperado, me arriesgué a viajar con los bolsillos llenos de "fortasec" y paracetamoles y me lanzé a los madriles, contento y nervioso ante el reencuentro con los amigos. Y es ahora cuando entran las señales, esas cosas que nos pasan y en las que nos fijamos preguntándonos qué sentido tienen, porque pueden interpretarse de manera positiva o negativa según nos interese. 

Quedé con uno de los amigos antes y juntos nos encaminamos hacia el Retiro (que estaba esplendoroso y reventón, y siempre me da subidón ver la estatua del ángel caído). En vez de ponernos a hablar de fútbol y mujeres, nos dio por hablar de literatura, primero porque somos unos  tristes con síndrome de abstinencia, y segundo porque somos unos brasas sin más. Subíamos por la cuesta de Mollano desgranado "El comienzo de la Primavera" de Patricio Pron y hablando de la culpa, individual y colectiva, del pueblo alemán, de lo buena que es la jodia novela, de lo viejos que somos, no ya para ser promesas de nada, sino para ser algo sin más, cuando mi ojos se fueron a uno de los tenderetes de libros que jalonan la cuesta librera por excelencia y dieron con el nuevo libro de Pron, "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan" y ahí que me abalancé dejando a mi amigo hablando solo. El libro tenía un precio escandalosamente ridículo y cantaba, viendo de los que estaba rodeado, que era producto de un hurto y posterior reventa. ¿Cómo un librero iba a comprar, no ya un libro, sino un libro robado? El caso es que estaba ahí, en mis manos, a 5 € (he de decir que soy un librero al que en la vida un distribuidor o editor le ha regalado un libro, y en mi relación laboral "compra venta de libros", ni por 5€ consigo yo el nuevo libro de Pron). Lo había visto en el preciso instante en el que hablábamos de ese autor como perteneciente desde ya (desde que nuestra ignoracia fue un poco menos) al grupo de "los que hay que leer", y eso es algo a tener en cuenta y que hay que sopesar... (sí, ya, no creo que si en vez de Pron hubiésemos estado hablando de  Ferré estaría diciendo lo mismo...)

Sí, lo admito, lo compré, y lo siento, pero interpreté esa casualidad como una manera de redimir a ese librero que compra mercancía robada en la cuesta de Mollano, así que lo hice (por 10 € te llevabas 3, por lo que completé el lote con "El ministro del velo negro" de Hawthorne (tan imprescindible como Wakefield) y otro de un eslavo del que ahora no recuerdo su nombre (pero era eslavo, joven y licenciado en filosofía, lo cual no es baladí). Pagué y seguimos nuestro camino retomando la conversación donde la habíamos dejado. Mi amigo hablaba de un director de orquesta alemán que había tocado para los nazis, de escritores alemanes, y volviendo a lo jodidamente bueno que es el libro de Pron, sólo nos faltaba tirarnos de los pelos y revolcarnos por el cesped; está bien que un libro  (o un disco, o un cuadro, o una mujer) provoque eso, aunque la gente no lo vea con buenos ojos Yo sabía adonde quería llegar y, efectivamente, llegó. "¿Sorteamos los libros? Uno para cada uno y el tercero a suertes" (coño, pero si los he pagado yo...) Maldito bribón, para eso están los amigos... Me cogió con la guardia baja y la sensiblería alta, y una cerveza en una terraza en el lago del Retiro tuvo la culpa de mi  k.o. a los puntos. Me hice el remolón, pero yo sabía que me había quedado sin libro de Pron (esa es la maldición del librero que compra libros robados), así que cuando llegaron el resto, olvidamos el tema y me sumergí con gusto en la camaradería gremial y peluda de los que se conocen hace más de 15 años y ya son casi como hermanos. Abrazos, indirectas sobre las entradas y el tejido adiposo acumulado en la cintura, ojillos relampagueantes, en fin, lo normal... Ya lo dije antes, somos unos brasas; las carnes morenas que aún se veían por las calles intentaban desviarnos de nuestro propósito, que era el de siempre, hablar y hablar y desbarrar de lo lindo matando de aburrimiento a todo bicho viviente que nos escuchara de refilón, unos snobs, como siempre...  Y eso que faltaban un par de pilares fundamentales, un ateo nietszcheano que trabaja para los salesianos y un  francés chinoparlante que hace el mejor sushi de este lado del telón de acero que acaba de ser padre...

Mezclar en una conversación a Kevin Dubrow y la escena heavy de mitad de los '80 con la última y apoteósica actuación de Placido Domingo en el Real y las series de la HBO no es fácil; hablar de nuestras tristes y aburridas vidas y darnos cuenta que no son tan tristes ni tan aburridas tampoco lo es, pero acabar mezclando a Asimov con la posibilidad o no de un cambio político social intentando no caer en el nihilismo de Houellebecq y a la vez bromear a costa de personajes como el  repelente J.M. de Prada y antiguos profesores troskistas que ahora salen en Intereconomía y descubrir que un grupo de bellísimas damas nos mira con estupor sentadas a nuestro lado en una terraza de Lavapiés  mientras uno de nosotros lanza imparable un monólogo acerca de lo que él llama "La próxima invasión bárbara" y sus repercusiones históricomateriales, eso ya es atroz y es para corrernos a gorrazos, sin contemplaciones, vamos... Lo malo no es eso, lo malo es despedirse un rato después soltando cosas como "esto hay que repetirlo más a menudo" o "joder, cómo nos lo hemos pasado"... La edad, que no perdona... y yo sin libreta para escribir las ocurrencias de Ramón... Al final regalé el libro de Pron, pero ya me ha llegado nuevo a La Pecera (legal y moralmente) y mientras acabo "Dublinesca" y empiezo "Corona de Flores" de Javier Calvo, leo esos cuentos que crecen poco a poco, que se meten bajo la piel, que destrozan, liberan y colocan las cosas en su sitio, que no es ninguno, que no es ni más ni menos que un mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan; lo digo habiendo leído por ahora solamente 6 de los 18 relatos, y lo digo sin fiebre, palabrita de Fahrenheit, Kelvin, Celsius y Billy Wilder, pero es que no sólo hay que cuidar de los amigos que hacen el mundo más soportable sino que, "coño, hay que leer a Pron".
 

sábado, 1 de agosto de 2009

De regresos, rosarios, Catalinas y mariposas moribundas


Queridos primos, sobrinos, infantes, bastardos y demás familia en general, no, al final no me compré una bici y me volví en ella, como en un principio pensé, y dada la demora en finalizar tan magno diario así puede parecerlo, que he estado peladeando por esas tierras del señor cuan gulliver de la triste figura hasta regresar a ¿casa?, pero ya os digo yo que no... No tengo excusas, más allá de la socorrida e infame desidia no puedo esgrimir nada digno de ser tenido como atenuante... Vuestro tío matt volvió sano y salvo y se le olvidó cerrar esta crónica...
Hoy he soñado con Hrabal, es la primera vez que se me cuela un escritor en un sueño, y si ha sido él... Tal vez no es extraño pero para mí sí que lo ha sido pues soy básico en mis sueños y, por muy enrevesados y delirantes que sean, las causas son obvias, pero esta vez no tengo ni idea de por qué he tenido este sueño con Hrabal, si no estoy releyendo nada de él, ni escribiendo nada sobre él, ni pienso en Praga como hace poco... No diré que me ha dicho que escriba en el blog (je) porque no iba de eso el sueño (eso queda entre él y yo), pero intentando recordar cosas del mismo, me han entrado ganas de escribir aquí que he soñado con Bohumil...

El recuerdo de Irina, la depresión posparto (epidural mediante), poscoital (ya, claro...) posvacacional (esta va a ser que sí...) y otras minucias me mantuvieron alejado de este portal osceno donde a veces desbarro a conciencia...
¿Cuántas posibilidades hay de volver de un viaje en el mismo avión en el que fuiste cinco días antes? Supongo que bastantes, y más si el destino no es un aeropuerto grande... Pero uno, que viajar en avión viaja poco, cuando le llevan en bus al avión y lee en el morro del mismo(por cierto, ¿se llama morro el morro del avión?) que se llama Santa Catalina de Alejandría, descubre que es el mismo que le trajo hasta ese lugar, pues le hace ilusión (uno, que es fácil de complacer, siempre me lo han dicho...) Pero, ¿cuántas posibilidades hay de que te toque en el mismo asiento? Igual esto también es lo normal pero a mí me desconcertó... 20 A... Podría estar reservado para mí o algo, pero la señorita en el "chekin" me preguntó, ¿ventanilla o pasillo?... Yo dije, la primera... y ella me miró muy mal, y me dijo, su billete no es de primera... y le contesté como si nada, pues ventanilla...
Al sentarme por fin en el avión pensé, qué hago, me acojono... rezo mis oraciones... me "emparanoyo"... me despido mentalmente de todos mis "ayegados"...? No me dio tiempo a nada de eso, porque en cuanto despegamos no sé qué me pasó que me dormí como un bendito...


No es que estuviera cansado de la farra riminiana (que no ramoniana, que las he tenido), de hecho la noche anterior fue todo bastante tranquilo... roturas de corazón, cervezas, delirios renacenistas de emisarios ducales por las callejuelas aledañas al puente de Tiverio, mercadillos increibles (esto sí que merece la pena... en la Piazza Cavour, un mercadillo de muebles, ropa, libros, antigüedades, discos de vinilo... (lo que vieron mis ojitos, mamma mía...) memorabilia fascista y nazi, postales ajadas de Gina y Marcelo, abalorios... un sitio donde sacar mil y una historias...)
La ausencia de Irina se me hizo dificil, me gustaría mentir y decir que aquella sirena rusa me miró a los ojos y descompuso toda mi cosmografía pero desapareció sin más, con una sonrisa increible y el salitre pegado a sus salados poros lunáticos, pero he de decir que se esfumó tal y como apareció... La busqué por la cuidad y tampoco hubo suerte. Una camarera llamada Kate intentó ayudarme, y después de 20 minutos de darle patadas al diccionario de inglés, descubrí que se llamaba Catalina y que tenía un dulce acento dominicano, pero de irina no sabía nada...
Me despedí de mi bici lila y me sumergí sin quererlo y luchando contra ello en "Kafka en la orilla" de Murakami, y ahora pienso que no podía haber leído mejor libro en este viaje (otro de los motivos por los que no he podido mandaros esta misiva antes, queridos parientes), me bañé de madrugada en el Adriático (a ver si me rescataba la sirena rusa, imagino) y me bebí una cerveza infame llamada Gradisca que me supo a gloria bendita. El madrugón no fue para tanto y los ánimos estaban a medio gas, pero en el tren de camino a Bolonia se sentaron a mi lado y al otro lado del pasillo cinco mujeres de mediana edad avanzada y un cura... Mira que mi hermana me avisó mientras esperábamos a su lado en el andén, y yo le hice caso y al llegar el tren le dirigí a otro vagón, pero mientras mi hermana sacaba su lado tierno (que lo tiene...) y me buscaba por las ventanillas, se me sentaron al lado... Me confundieron cuando al ofrecerme a ayurdarles a subir las maletas al portaequipajes una de ellas me dijo que yo era un hombre galantísimo. Cuando el tren arrancó (con mi hermana haciendo aspavientos socarrones en el andén por la beatas) me anestesié con el dulce sonido de sus voces y su lengua, y me dije... ala, a dormir un poquito hasta Bolonia... Todo iba bien hasta que comenzaron a rezar el rosario... La virgen, qué viajecito... ni dormí, ni me relajé mirando el paisaje, ni pude leer a mi admirado Murakami... El rosario... a las 7 de la mañana... eso no es plato de gusto...
Pero en fin...
Al llegar a Bolonia les ayudé con las maletas, claro, y no sólo me repitieron lo de galantísimo (que oye, mola, nunca me lo habían dicho, vale que la emisora no era lo que se dice para hacerme olvidar a Irina, pero imaginación al poder...) sino que una de ellas me regaló un rosario!!!! UN ROSARIO!!!! Que la fuerza te acompañe, dijo, o algo similar, creo que fue, que la virgen te guarde, pero viene a ser lo mismo... Mi cara sería un poema y ahí estaba yo, en el andén de la estación de Bolonia con la maleta en una mano, un rosario en la otra y con una cara como de estar esperando a que Fellini dijera "cortén.... a positivar..."

Me desperté en el avión cuando la azafata me avisó para abrocharme el cinturón, pero como me había dormido ipso facto al salir (y yo no quería...) ya lo llevaba puesto... Y el santa Catalina de Alejandría (coño, como la camarera, ahora que caigo...) tomó tierra dulcemente...
Lo más alucinante (y esta seguramente es la única verdad de todo esto) fue cuando el hombre que estaba sentado a mi lado, cuando nos estábamos levantando para salir del avión, me dijo "ten cuidado" y me señaló el hombro... Tenía una mariposa amarilla con un ala medio rota posada en el hombro, creí que estaba muerta pero al ir a tocarla con el dedo, salió volando por el avión.
Nadie se fijó en ella...

sábado, 18 de julio de 2009

De Tu Vuo' Fa l'Americano y sirenas rusas

Creo que Irina es también una sirena… Ayer la vi meterse en el mar y nadar hasta que fue imposible verla, màs allà de las boyas de seguridad… A la hora la vi salir del mar de nuevo, sonriente y pelirroja, con sus ojos verdes y su bikini azul. Me entristece saber que un par de días tendrè que despedirme de ella y no volverla a ver…

Ayer no pasò nada, y a la vez muchas cosas pero no quiero aburrir y estoy muerto, y los ratos en los que puedo sentarme a escribir están restrigidos y hoy hace menos calor que ayer y he de aprovechar. Me queda un dia aqui y me han invitado a volver a un bar alucinante...

De la Piquer y de la Mirandola...



Sobrinos, caracoles, amici, lunáticos y demás fauna, buona será, aquí vuestro tío abuelo de nuevo, por aqui las cosas siguen igual, más o menos.
Los humanos con bañador marca paquete color churrasco llamados italianos estaban también ayer en la playa, y ya reconocí a varios del día anterior, y cuan Rodríguez de la Fuente observé sus estratagemas para con la bambinas… Asombroso… Para tomar apuntes… O se tuestan al sol o ligan… Nosotros por nuestra parte disfrutamos de la brisilla, nos bañamos y jugamos a las palas (comprobando no sin asombro que tengo un mortal juego de muñeca de izquierda, que mi hermana juega de puta madre y que a veces grita igual que la “sarapova”)… Ah, un pez del Adriático se me puso chulo… madre qué susto… iba yo nadando tan pancho y de repente algo similar a un jurelillo saltó frente a mi cara, yo diría que me estaba esperando, o que se asustó con mi floreado bermudas rosa y marrón (dando la nota entre tanto paquete…) no sé, pero qué susto… He visto Buscando a Nemo y Liberad a Willy, y tal vez el jurelillo quería decirme algo, pero hombre, no son maneras… Mi cuñato casi se muere de la risa…
Después llegó Irina y yo me fui a la luna… tan pancho…
Anoche creo que cené el mejor risoto que he probado en mi vida (afirmación exagerada donde las haya, me llego a comer ayer un bocata de anchoas y hubiese dicho lo mismo), pero el lugar era precioso, y el vino de la casa todo lo excelente que puede ser un vino de la casa (me quería reservar para luego pero luego no hubo nada, cuando viajas con gente los planes se consensuan y se cambian a merced), y eso que vi un bar que en la entrada ponía Jazz y vino (dos de mis cinco palabras favoritas…) y que la noche estaba magnífica, y que nos colamos en el Castillo de Malatesta sin querer queriendo, y que casi me da un pasmo tras otro en la zona vieja con tanta elegancia, tanto esplendor, tantos ojos verdes (me dio por cantar lo por bajini a Concha Piquer, para eso de darme brios), tanta terraza de tanto bar precioso, Round about midnigt sonando tras la vuelta de la esquina, calles somnolientamente vacias ( yo imitando a Roberto Begnini en “Una noche en la tierra”…Roma deserta…. Roma deserta… e intentando recordar tan fabuloso monòlogo), hadas en bici, visiones de Adriano y santos de pacotilla en altarcitos callejeros, pero nos volvimos, nobleza obliga y cansancio también, no estaba solo ni nadie compartía mi entusiasmo… Probaré suerte hoy… Es lo beno de viajar en familia, no pasa nada si no te hacen ni puto caso y tampoco pasa nada si tu haces cosas sin dar explicaciones, pero si se està cansado y hay que madrugar, pues se vuelve a entonar “ojos verdes” por lo bajini y se emprende el camino a casa… Y pasa susto cuando sonò el móvil a las 2 de la magnana, los de securitas direct, que ha saltado la alarma de la librería… Lo sabia… Menos mal que tras rapidas gestiones aparecieron las fuerzas de èlite, cuyos nombres en clave son padre y madre a batirse con los malos cuan Batman y Robin, y por fortuna todo estaba en orden… quizá fue Firmin, o los putos Pixie y Dixie, o la polilla Carmen Maravilla, que salen a leer por las noches y hacen saltar las alarmas y me cago en sus muelas los sustos que dan… Virgencita que me quede como estoy, se me oyò rezar esa noche…
Ayer descubrí que la predicción del tiempo en Italia la da un señor vestido de militar… Pregunté y me dijeron que el ejército aquí se encarga de da el tiempo. ¿Os imagináis al eterno Motes de Oca con un flamante traje verde con galones dando el tiempo con su famosa flema? Por cierto, ¿hace mucho que se jubiló? ¿Cómo se llamaba el otro que también salía? ¿Alguien ha visto a la morenaza que a veces da el tiempo en Canal Sur? ¿Los militares italianos se encargan del tiempo? Inquietante… O no… Igual se equivocan menos por eso… Un regio militar madurito dijo ayer que hoy iba a ser el día más caluroso del año aquí y no se ha equivocado, y en Rimini la humedad el ambiente ha subió un huevo, dios, lo que habré podido sudar hoy con la bici por sus calles. Cambié la bici lila de mi hermana por una de montaña de mu cugnato, y no sé qué habría sido peor, si mi sudorosa y desconcertante imagen en una acaramelada y femenina bici, o si la misma imagen en una bici de montaña sin frenos, con los cambios rotos, el sillín medio caído, y obviamente pequeña dada mi envergadura, pero allí que me he lanzado hoy también. La ciudad te la haces en un pis-pas. La ciudad es perfecta para recorrerla en bici, no soy tan fiable como los de Lonely Planet pero pràcticamente todo Rimini està acondicionada con carril bici. Y hay millones de bicis, claro. Da un gustazo ver abuelas con su bici por ahí, madres con bebes (el culmen, bicis con dos sillitas de bebe, una acoplada al manillar y otra detrás), estudiantes, padres… en fin, pasear con la bici por el parque de Maria Callas hasta en arco de Adriano, bordeando la muralla romana no tiene precio. ¿Despuès? Comprè un libro, (Novecento de Baricco, me dio un vuelco el corazón cuando vi esa ediciòn barata de bolsillo, pues la ultima vez que la vi fue hace un montòn de agnos en Tamajòn, y con tan alucinante regresión no pude màs que comprarla (había entrado a la librería huyendo del calor, no os vayais a creer, soy librero pero no masoca… o si… va a ser que si…)… museo de la ciudad… visita al templo Malatestiano (con un fresco de Picco de la Mirandola que quita el sentio) escribi cosas en un diario que no quiero confundir con este blog… y no, no liè nada extragno, creo … Ah, nota de lonely Planet, aquí cierran las tiendas a la una, por muy despistados, por muy poco que entiendas el idioma aunque te hablen despacio (el calò mata neuronas…) cierran la una y punto…

jueves, 16 de julio de 2009

Tribulaciones italianas en tierras fellinianas, I


Queridos primo, sobrinos, gatos y caracoles, aquí de nuevo vuestro tío abuelo ejerciendo de indigno sucesor de mis idolatrados precursores viajeros Gurb (del cual sigo sin tener noticias), Boris Vian, el tío Matt, Willy Fog y Marco Polo. Al final llegamos, sin que yo le creara muchos problemas a mi hermana, aunque en el avión, tal vez aquejada de un extraño mal de altura, no paró de darme el coñazo, hablando de Logroño, frutos secos, haciendo fotos del mar y de lo que ella creía que era ya Italia pero que había que fijarse mucho para descubrir tras las nubes algo similar a un plano cartográfico bajo nuestras alas. Aunque si he de ser sincero, ceo que el coñazo se lo dí yo… aún no me explico qué me pasó pero me dio por hacer todo lo que sabía…
Lo poco que vimos de Bolonia desde el bus camino a la estación hizo que me dieran ganas de bajarme allí mismo y quedarme para siempre pero el autobusero no me entendió, o se hizo el sordo, o vete tu a saber qué clase de prisas tendría, porque un trayecto estipulado de 30 minutos se lo hizo en casi 15… Tiempo ganado que perdimos en la estación de tren, frente a una máquina expendedora e billetes que no entendíamos y de la cual, tras 10 minutos yo esperaba que nos diera tabaco o pipas (no, pipas no que aquí no hay) antes que el billete que le pedíamos. Al final, alma de cántaro que somos, lo que pasaba es que el tren iba lleno y la amable máquina lo que nos decía era que si nos daba billete era sin asiento… Todo sea por la familia… Pues de pie… al menos viajaríamos con aire acondicionado (porque vaya bochorno –parole e parece típica italiana y que no dejábamos de decir- que hacía en Bolognia..) Y unos huevos… Santa Madonna qué deshidratación, qué olor y qué saborcillo más salado que debíamos tener todos en el tren… Pero yo iba tan ensimismado con el paisaje, mirándolo todo y comprobando que el sano hábito de viajar desentumece las neuronas que me daba lo mismo, fíjate… Eso sí, la lipotimia no me la quitaba nadie si llega a tardar diez minutos más el viaje…
Una vez recogidos por la sorela pequeña y su inestimable novio fuimos a su casa, tan acogedora como coqueta, y descubrimos que esto es como un mini playa de San Juan pero a lo italoeuropeo y con casco antiguo para rodar por sus calles como pelusa contenta y feliz. En lo que llevo de vida en este planeta no había visto tanto hotel junto, aunque de justicia es decir que la mayoría son pequeños y coquetuelos. Mientras me quitaba la ropa con una mano y con la otra me ponía el bañador y con las otras tres colocaba la ropa por las perchas que me daban amablemente, mi mente ya estaba tendida en la playa, fascinada por saber que algo tan estúpido como bañarme en el Adriático estaba a punto de sucederme…
No todo iba a ser tan idílico; queridos sobrinos y sobrinas, pero sobre todo los de origen adániense, si es cierto que en carpetovetónia vamos con retraso frente a la moda masculina italiana, os pongo sobre aviso de que el año que viene nos veo a todos con bañadores marca paquete, así, de sopetón… Iros haciendo a la idea, apuntaros al gimnasio o lo que creáis oportuno pero echarle huevos, nunca mejor dicho… Santa Madonna (estoy aquí, se me perdona repetir estas expresiones, no?) y encima a tan lujoso trapito hay que añadirle un inevitable y acaramelado color moreno currasco (si optáis por el gimnasio que tenga rayos uva). Yo, ya lo he dicho… Vuelve el packet man, el año que viene nos toca, ir tirando los bermudas esos ripiosos floridos y algunos hasta de colores chillones que atesoráis con amor, incluso los que os llegan por debajo de las rodillas, porque el año que viene lo único blanco que tendréis de cuello para abajo serán los carrillos del culo (de las pelotas no hablo que algunos las tienen muy negras, pero eso es por la crisis, así que no cuenta).
Una vez pasado el susto (es que están por todas partes, el italiano moreno currasco con bañador marca paquete es el espécimen masculino más parecido a dios en las costas destinadas al recreo y al solaz, es casi omnipresente; vale que estoy en su territorio pero lo que hacen para hacerse notar no es normal, de verdad que no). Una vez pasado el impacto, me tiré en la playa a comprobar cómo mi hermana tenía razón en todo aquello que me había dicho y que ella, en su candidez, no era capaz de saber el calado emocional que la veracidad de sus palabras tendrían en mi…
Ay, sólo diré que creí ver a una desconocida llamada Irina, y que todo volvió a su ser…
Esta mañana, cabezón que es uno, a pesar del calor (bochorno, así, con el gestito ese de las manos, bochorno) me he ido al centro en bici… Toda la esperanza que me quedaba de forjar una bonita amistad con alguna amable ragazza se ha ido al traste por el color lila dulce, la cestita que corona el manillar y el vigoroso timbre de la bici que mi hermana me ha cedido con gusto… Eran más mis ganas de hacer el piraña (aunque fuese sin tito) por las calles de Rímini que los prejuicios que pudiese suscitar, así que me largué tan campante con mi bici de Candy Candy…
Parecía Luis Ciges en “Así en el cielo como en la tierra” cuando Paco Rabal le está enseñando el paraíso, sólo emitía tímidos sonidos guturales a modo de asombro. Vale la ciudad es pequeña, es terriblemente turística y demás, pero una vez que uno se aleja del paseo marítimo, aparece una ciudad asombrosa… Universidad (con su aquel renacentista que algunos nos llega tanto que), iglesias, su Castillo de Malatesta, sus palacios, sus casas, su arco romano (hombre…) su puente (romano), su festival de danza (empieza este viernes) su, cosas, vamos… esas que te hacen soltar tus lagrimitas, que al final me vieron muy bien para quitarle en inoportuno chirridito a tan austera y desapercibida bici con la que iba y venía…
Cuando me he hartado de sonrisas cómplices y miradas, he intentado recuperar la poca hombría que atesoro como mejor sé, y es imaginarme que soy Steve MacQueen… Dejar la bici aparcada por ahí y encontrarme con un precioso volkswagen que casi decido robar me han ayudado mucho, a pesar del bochorno, el sudor y la apariencia física que para nada se corresponde, pero…
Como no podía ser de otra manera, he batido mi propio record de enamoramientos por minutos, pero como era lógico, no me ha servido de nada, ni cuando intentaba decir que la bici era de mi sorella… Mañana repito experiencia, hoy me he hecho a la idea y he apuntado mentalmente lugares… Y me van a dejar otra bici distinta… De momento me piro a hacer el Giusseppe Tornatore a la playa con mi libro y mi libreta, a ver si el destino me hace ver de nuevo a Irina por ahí… Esta noche igual me enfundo mi disfraz de lino de Miguel de la Cuadra Salcedo (medio-cartón y con menos bello, no se puede tener todo en esta vida) y me pimplo una buena botella de vino por las inmediaciones del Ponte di Tiberio mientras sueño con volver dentro de unos meses acompañado por alguna de las personas de las que tanto me acuerdo y que sé que esto les encantaría…
Vuestro tío abuelo que tanto os quiere… Boris…

martes, 14 de julio de 2009

De viaje a Rimini (previo)

Queridos sobrinos, primos, perros, peces, familiares en general y amigos en particular, os saluda vuestro tío abuelo Boris, que anda, como siempre, nervioso por dentro y crujiente por fuera, dispuesto y listo para comenzar por fin las vacaciones más largas que he disfrutado en mucho tiempo.
En cuanto cierre la pecera, cojo a Perdigón y nos vamos, primero Madrid, y después a Rimini. Via aerea llego a Bolonia, y después tren a Rimini, patria de Federico Fellini y hogar actual de mi hermana pequeña. Cinco días, por fin. Me calzaré las botas del tío Matt y si tengo tiempo iré relatando cosillas por aquí, en algo que se podría llamar "Cuaderno de viaje de un frustrado latifundista anarquista" o "Tribulaciones italianas en tierras fellinianas" o algo así.
No prometo nada pero, para empezar, ayer reparé en que mi dni y mi pasaporte estaban caducados... Ejem... Ya, lo sé...
Así que hoy corriendo a Valdepeñas, pueblo español cerca de donde resido actualmente, el cual es famoso por su vino y sus conocimientos de geografía, no en vano a mi me han confundido con un francés esta mañana, cuando perdido, preguntaba a un aparentemente amable aldeano por la comisaría, y él a mí que de dónde era... cuando he dicho que Manzanares, el ha respondido, ah, francés... Coño, he pensado, como el funcionario piense igual que este amable señor, no me va a renovar el dni ni su putamadre, ya verás...
(Nota para los foráneos, desde tiempos inmemoriales, los de valdepeñas llaman a los de manzanares franceses, y ete aquí que eso era algo que yo ya hacía siglos que había olvidado...)
Luego no ha sido para tanto, quitando el hecho de que al pedirme una foto reciente le he dado una que guardo en la cartera y en la cual no salgo mal, y el funcionario me ha preguntado, mirándola, ¿es recienten?, y yo, si, creo que no tendrá más de un año o así... seguro? ha insistido él, y yo... sí, claro, por qué?... es que es la misma del carnet caducado, lo ve?... joder...
Vale, en la foto tengo menos canas y un colorcillo más saludable, pero no he cambiado tanto... Así que, ala, a correr y buscar un fotomatón... A partir de hoy soy otro más de esos millones de españoles y/o humanos en general que, al sacar su carnet, dirán, no te fijes mucho, sé que parezco un terrorista... (La cual es una de las claves para distinguir a un terrorista de un hombre de a pie, y es que ellos se hacen las fotos ojerosos, sudorosos, cuellicortos, sin afeitar y sin sonreir, pero a propósito... el resto no, el resto salimos sin querer, o por no se sabe qué...)
En fin, que a pesar de todo, en un pis-pas, queridos sobrinos, me volvía con Perdigón a la Pecera, con mi documentación en regla, a organizar cosas para el viaje...
Por el momento está casi todo, mi hermana, ante la pregunta, "quieres que te lleve algo", que es algo que se dice cuando hablas con tus hermanos cuando vas a ir a verlos, y me ha dicho que sí, que quería que le llevara una bolsa de pipas, lo cual me ha llevado a preguntarme por el grado de civilización del pueblo que visito, tanta historia para que tu hermana te pida, así, con mucha penilla, que le lleves una bolsa de pipas...
Le compraré dos...

El tío Matt

Me despido hasta no sé cuando, pues el viaje será largo y duro, tal vez dure meses, quizá años, ni siquiera sé si llegaré o acabaré en cualquier otro lugar; tampoco sé si allí tendrán internet (no tienen pipas -ni siquiera pipas facundo, ah, qué engañoso es su eslogan- así que nunca se sabe), por si acaso, os dejo una de mis canciones favoritas, de esas que uno pondría en su boda, en su funeral, o simplemente una vez al mes... Se deben tener a mano las cosas que a uno le hacen sonreir... Mi amiga Andrea dice que a veces se siente como si fuera Greta Garbo, y sale a la calle con otro porte; a mi me pasa con Phil Lynott, incluso con el ojo morado tras una pelea por el honor de una cualquiera... Dancing in the moonlight...

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