MADRID-MOSCÚ
(Notas de viaje, 1933-1934). RAMON J. SENDER. Ed. Fórcola
Reseña aparecida en el número 225 de la revista La aventura de la Historia. Julio 2017
Valiosísima
reedición de estas crónicas de Sender, las cuales no habían vuelto a ver la luz
desde 1934, cuando la editorial Pueyo las reunió; valiosas tanto por lo que en
ellas se cuenta, la visita del escritor a la Unión Soviética invitado por la
Internacional Comunista, como por el meritorio intento de la Editorial Fórcola
de poner en valor la, parece, actualmente olvidada figura de Ramón J. Sender.
El luminoso y justo prólogo de José-Carlos Mainer vale por sí solo la
adquisición de este libro, recordando y profundizando en una biografía
apasionante, contradictoria, vital, paradigmática, inspiradora y terrible. Perseguido
por unos y por otros, su huida de España no pudo ser más dramática. Estas
crónicas pertenecen por tanto a ese periodo donde todo podía pasar, las ideas
parecían convulsionar continentes y el fin de las categorías que regían el
mundo estaban a punto de estallar.
A
raíz del triunfo de Hitler en 1933, se constituyó la Asociación de Amigos de la
Unión Soviética. Un año antes Sender había publicado su cuarta novela, Siete domingos rojos, basada en la
historia del movimiento anarquista español. Es en este contexto cuando la
Komintern lo invita a visitar la URSS. Al año siguiente de su regreso, con Mr. Witt en el cantón, ganaría el Premio
Nacional de Literatura.
Queda
patente que Sender cae en el mismo juego de los soviéticos con los que se rodea:
purga su mirada porque ha sido invitado por la Komintern y hace lo que se
espera de él, dando cuenta de la maravilla y de los esfuerzos por conseguirla.
Pero también escribe que en Polonia había oído decir que Stalin tenía
mentalidad de limpiabotas. El propio Sender confesó en 1965 que fueron estas
crónicas las que provocaron la campaña de desprestigio que casi le cuesta la
vida durante la guerra civil, perseguido por los golpistas y, a la vez,
sospechoso en el bando republicano de portar
el virus trotskista tras su regreso. Algo que, todo sea dicho, se puede
rastrear en estas notas a través de pequeñas frases escondidas, creando con el
lector una especie de jugosa y bipolar lectura (todas las críticas a Stalin
siempre escribe que se las cuentan otros). Aunque resulta obvio que es preciso
contextualizar, el libro resulta apasionante porque refleja a la perfección todas
las contradicciones en las que se debatían los revolucionarios de la época:
Admirados por la industrialización y logros de la Revolución, corrieron el
riesgo de cegarse y justificar las voces que se estremecían bajo todo ello. Sender
da buena cuenta de ello en estas crónicas periodísticas (donde pretende
únicamente informar) mientras narra sus peripecias (el simulacro sorpresa en
Leningrado de un ataque con gas químico resulta tan brillante como cómico). La
ineludible humanidad y apasionamiento histórico de Sender nos hace comprender
por qué no ve, por qué no quiere ver, por qué cree que aquello de lo que
intenta dar cuenta de manera estilísticamente tan brillante es condición
ineludible para la construcción del hombre nuevo: Porque el camino hacia la
concreción de dicho hombre no está exento de sangre. Sin embargo, hoy es fácil
entender que aquello había derivado más en un Purgatorio que en un Paraíso,
pero los ojos de Sender son otros y prejuzgarlos es el mayor error que uno
puede cometer al acercarse a este libro brillante, ameno, fascinante y,
también, inconsolable.
ficha del libro en la página de la editorial:
http://forcolaediciones.com/producto/madrid-moscu/
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