miércoles, 24 de julio de 2013

Las "Cardiopatías" de La Internazional Samizdat

Di patata... La Internazional Samizdat vuelve a repetir los errores del pasado...

La editorial más inútil del mundo, La internazional Samizdat, vuelve a copiar clandestinamente un original denostado por la Intelligentsia editorial patria, para quien tenga a bien quererlo leer. Se trata de un libro de relatos que atiende al nombre de "Cardiopatías", básicamente cuentos escritos por el dueño del caimán /que soy yo) que han sido rescatados de la quema con la intención de ser salvados del olvido. Cuentos que languidecían en una carpeta perdida del disco duro y que batallaron por separado por esos mundos de dios y que un día fueron reunidos creyendo que igual juntos peleaban y se defendían mejor, pero fue que no. Hace unos meses me topé con ellos, buscando otra cosa y leí algunas páginas al azar, un par de cuentos. Vi que necesitaban alguna corrección de estilo pero que en el fondo eran, al menos, bastante dignos, o al menos eso pensé en ese momento, cuando me sorprendía al no recordar de qué iban ni cómo estaban escritos. No me sonrojé ni quise tirarme por el balcón, que es mi vara de medir para lo que escribo, así que los he dado por decentes... Ahora estamos en fase de corrección, cual hacendosa gobernanta en lánguido y polvoriento hotelito de provincias que quiere limpiar a fondo pero también que se quede todo como está y no se pierda su decadente encanto. Iván ya anda intentando maquetar lo que no necesita revisión (el finalista del Cosecha Eñe 2007 y aquel lejano premio de Torralba del 99, donde ya se adivinaba a un jovencito Milos sentado por ahí, al final). Se preveé para finales de otoño... Nos gustaría correr más, pero es nuestro ritmo, el del extrarradio, donde la luz se roba de las farolas y se culpa del fracaso a la mala suerte.

Esta vez La Internazional Samizdat colaborará estrechamente con el Colectivo Elquiltro, pues ya que vamos por libre, sin cencerro y sin perrito que nos ladre, queremos hacer algo conjuntamente para ofrecer al mundo mundial (ya ves tú qué necesidad tiene el mundo...pero...) un objeto bonito y resultón, o varios objetos bonitos y resultones... Todo está por ver y aún hay mucho que hablar y muchas cuentas por hacer... De momento, tras un par de noches en vela, se han salvado 9 relatos, más uno que si resulta viable, será maquetado, reprografiado y cosido de manera distinta, cual bonus track de las lost tapes de un grupete del que nadie se acuerda y cuyo mayor éxito fue no enviar "Cardiopatías" al concurso aquel que ese reputado editor le dijo que lo enviara, que ya se encargaría él... Me cago en el imperativo kantino... Seguiremos informando...



miércoles, 17 de julio de 2013

El mayor Tom nunca devuelve las llamadas


Reviso escritos que tengo guardados como "borrador" por si ahí hay algo que pueda rescatar, o más que rescatar debería decir que me ayude a asomarme de nuevo al borde del trampolín. Una vez asumido que la regularidad en cuanto a publicaciones es posible que no vuelva más a los dominios del Caimán Sincopado, he de saber cómo afrontar el hecho de qué escribir aquí cuando pueda escribir aquí. Las torpes aliteraciones son a propósito. He preparado la cama para dos, es tarde, Pavel y yo estamos solos, dormimos mal desde hace un tiempo, las vicisitudes de crecer, su mamá no puede estar hoy, trabaja, los sueños son más abruptos, irregulares, derrotados cuando llegan. Yo recojo las libretas de la mesa. Meto el sueño entre las pestañas aún sabiendo que se me escapará en cada parpadeo. Las cosas de las que me gustaría escribir (porque pienso cuando están ocurriendo que me gustaría escribir de ellas, sólo de ellas) se agolpan en la libreta, apuntadas con aparente desdén, cuando realmente es prisa. Lo que deberían ser ejercicios donde teclear y no perder el juego de piernas, escribiendo sobre un concierto en concreto, sobre un libro en concreto, sobre un disco en concreto, sobre la última aventura en el parque de vuelta del supermercado, sobre una reunión de amigos improvisada cuando eso implica días y días de mensajes equívocos para fijar una fecha, todo eso, todo, se queda en un puré mal batido de buenas intenciones, como listados de cosas por hacer (antes de estar muerto o cuando visitemos Denver alguna vez). Sólo así se entiende que apenas pueda hablar sobre Sílvia Pérez Cruz en un increíble concierto en el Circo Price, en el último libro de Winterson que he podido acabar y que ha desaparecido de casa antes de que pudiera releer algunas páginas que quería para entender mejor algo que se ha quedado colgando de un par de canas del lado derecho de mi torpe cabeza, de la estupefacción y la tierna desolación que me ha dejado ver la última película de Julie Delpy, Ethan Hawke y Richard Linklater, esa que completa otro capítulo vital tras Viena y París, llamada "Antes del anochecer", tal vez también hablar sobre los cuatro discos de Bobby Whitlock en los setenta (maravilla tras maravilla) o quizá sobre los dos primeros discos de Rory Gallagher y sobre esas conexiones que a veces hago para evadirme, donde especulo sobre Jimi Hendrix, Mike Bloomfield y el propio Rory (Hendrix dijo una vez que el único guitarrista con el que le daba miedo tocar era Bloomfield, y yo pienso en una jam con Jimi y Rory...¿y por qué no los tres? Descabellada escena que queda en nada ante la noticia del telegrama -real, éste sí- que se ha descubierto en el cual Hendrix le preguntaba a Paul McCartney si quería unirse al grupo que estaba haciendo con Miles David y Tony Williams... telegrama que nunca llegó a su destinatario...) ¿Qué más? No sé qué más... Milos hace mucho que no me manda noticias, aunque tras la feria del libro de Madrid pasó algo de lo que nunca pude (ni quise) hablar y que hicieron que por unos días anduviese algo extraño, mitad eufórico mitad ceniciento; digamos que "La muñeca rusa" ha llegado a manos de dos personas con capacidad de dinamitar un mundo (el mío) o al menos de tambalearlo considerablemente, aunque el tiempo (esos días que pasan formando semanas y cansinos meses) pone cada cosa en su sitio, y en este caso es el que ya tenían... Ni ha pasado nada, ni se espera.
Así que, si no puedo extraer la autonomía que quisiera para abordar esos temas señalados: Cómo no hablar del vestido rojo de Silvia, de su voz, de la piel erizada al oírla cantar el pequeño vals vienés, de las lágrimas reprimidas al escuchar la batalla injusta entre un gallo rojo y un gallo negro; cómo no hablar de un libro ("La niña del faro") donde todo se condensa en una hondura tan liviana como atroz y donde mi extrañeza para con dicha autora hace plantearme tontas reflexiones sobre autores de moda o no, y sobre lo que eso puede significar dentro de un delimitado y concreto canon más o menos común.


El dolor de las primeras muelas (¿sólo salen una vez?), el sueño de los atrasos, el calor atroz que cae sobre un cuerpo con un corazón que no se lleva bien con la calima y las pastillas, las nuevas y las habituales. Las palabras esbozadas. Recuerdo tener una idea  hace un rato, en duermevela, tumbado junto a alguien muy pequeñito, sobre una novela, o una idea para una novela, o la idea de una novela, y que, por un momento, casi profundamente dormido, haber pensado que era una idea genial. Ahora no la recuerdo. Soñar con leer, simplemente sentado, y leer, es un sueño recurrente que suelo tener de un tiempo a esta parte. Miro la pila de libro sin acabar y pienso que no sería mala idea. Hoy me reuní con alguien de nombre soberbio y del que pienso que podríamos ser buenos amigos pero no, aún no, y le contaba cosas sin parar, y una de las veces he intentado hacer recuento de los libros sin acabar y me ha faltado el aliento. Ayer también me junté, esta vez sí con amigos, y fueron mi tabla de salvación. Les prometí esforzarme, centrarme, organizarme, serenarme, cuidarme, les prometí escribir algo más, o al menos escribir algo... Y eso es lo que he intentado todo este rato, mientras iba y venía. A propósito, ¿qué título le puedo poner a esto?

jueves, 27 de junio de 2013

"La niña del faro", Jeanette Winterson. Almost blue...


"La niña del faro" Jeanette Winterson... No tenía previsto leer este libro de momento, pero acabó en la mochila junto con otros cuantos, de camino a la casa rural (algo ajada, algo dejada, encantadora a pesar de todo, azul, blanca en mitad de la nada) y anoche comencé a leerlo, y noté las ganas de no dejarlo poco a poco anidando dentro, pero preferí tomármelo con calma... Dibujo, leo, miro, robo tiempo al tiempo, veo jugar y perseguir gallinas al pequeño Pavel, imitar los ruidos que oye y que le sorprenden... Almost blue...



miércoles, 12 de junio de 2013

Firma de "La muñeca rusa" en Muga. Algo cercano a una crónica...

desde dentro...
Llegué a Madrid temprano, aunque dejé el coche en Getafe para poder ver y comer con unos amigos. En la mochila llevaba algunos ejemplares del libro de Milos y con la cabeza puesta en cualquier cosa, intentaba no pensar mucho en la firma de por la tarde en la feria del libro. Encontrarme con Eduardo siempre es un acicate, por no usar palabras desgastadas como "gusto", "alegría"; aunque decir "acicate" quede cutre, es así. Todos necesitamos un hombro en el que llorar, o al menos reposar la pesadez de los días, y hay gente con la que hacerlo es tan natural como sencillo, aunque termines hablando de cualquier gilipollez. Comentamos los libros, por leer y leídos de Belén Gopegui, su relación con otros autores, su posición casi límítrofe, no sabemos si buscada o provocada por la intrínseca mamonéz del mundillo literario patrio. Hablamos de libros, sobre todo de libros, de las cosas por hacer aún para crear la ansiada editorial, de las cosas que no nos dejan descansar, de la esperada revuelta, la interna y la otra, de los años que no pasan en balde pero que pesan como lo que parece cartón piedra pero que realmente es piedra y, por qué no, de nosotros. Fue breve, como siempre y como debe ser, lo cual no significa que no joda su brevedad, pero aún así aprovechamos el trayecto compartido a la capital en cercanías para limar asperezas y prometernos llamadas de atención. 

Imitando un cuadro de Picasso
Después recogí a Charo del trabajo y caminamos hasta el Retiro dejando un reguero de rutina tirada a nuestro paso hasta que por fin conseguimos reírnos, un poco, lo justo, mientras escuchábamos a nuestro alrededor cómo circulaba el capital  y nosotros nos empeñábamos en nuestra suicida tozudez de proles (ella) y de excluido social (yo, en palabras de Eduardo). Divagamos sobre una versión cinematográfica de "la muñeca rusa" (por pedir, digo, por soñar...) y eso nos sirvió de excusa para relajarnos. Llegamos y en la caseta 135 estaba Pablo, cuyo encuentro gremial  y amistoso con Charo hizo que a mí se que quitase cualquier resto de nerviosismo. Preparamos todo, es decir, quitaron libros, saqué los míos que unimos a los que tenían ellos, y me senté, como un chamarilero cansado y sonriente a los pies de una furgoneta rota. Todo me parecía tan increíble que el simple hecho de ver pasar a la gente ya era un placer. Tonto que es uno, y que a veces me conforma con esas cosas, como un chaval marcando un gol en una plaza de tierra a media tarde con sus amigos (imaginarios), diciendo "me importa una mierda que no haya nadie mirando, acabo de meter un golazo". Al poco aparecieron Diego y Andrea, y a otro poco Gonzalo, al cual no conocía y fue un gustazo saludar y hablar atropelladamente de todo. Luego una señora, que rebuscó en su monedero los 3,50 que le faltaban para comprar el libro mientras se notaba a la legua que cada nueva suma que hacía mientras removía monedas en su monedero gris le hacía preguntarse si estaba tomando la decisión correcta. 

La caseta, Pablo, tú, la cola invisible, Ana y Susana

Pablo viendo las guarradas que le escribía a Gonzalo
Luego la familia, las risas, sobre todo cuando yo siempre afinaba el oído tarde y no escuchaba mi nombre por megafonía. Luego un tipo, joven, discutiendo vehementemente de política con Gonzalo y un atónito yo, cuando era más que evidente que los tres opinábamos lo mismo. Luego apareció Juan Vilá, al cual fue un gustazo saludar, serio y frío como siempre (debería decir extremadamente educado). Un par de profesores que por un azar (totalmente) del destino han leído el libro de Milos y pasaban a saludar. En ese momento yo ya estaba en mi mundo, es decir, en ese interín donde uno se olvida del negro porvenir y se recrea en un presente que, aunque del todo banal, es sólo nuestro. El tiempo que vuela, los minutos en los que parece que la feria se para y parece que no hay nadie y puedes escuchar la conversación del jefazo de Pasajes está intentando tener con Pablo de Muga y ninguno de los dos (ni el jefazo ni Pablo) sabe que tú (yo) sabes más de lo que a primera vista deja entrever la cara de despistado y la sonrisa de sobredosis de atenolol, como ese pringao de todos los curros que se muerde la lengua al oír los cantos de sirena de un potentado que intenta vender la moto de su "sufridísima" posición a otro, que no eres tú, pero que está a tu lado y parece que está en otra cosa cuando en lo que está pensando es en los picapedreros del tren hacia el oeste y en lo mal repartido que está los picos y los látigos. Y después la visita inesperada de Mari Carmen, las despedidas al vuelo, la recogida de los trastos, el momento de dar las gracias apresuradamente porque la caseta sigue abierta y ellos y tú queréis decir más de lo que podéis pero hay que atender a la gente. Y el regalo del último libro de Rafael Reig, y la compra de un par de libros más, uno de ellos recomendado por Pablo y su compañero, que a estas alturas del partido no recuerdas su nombre y te da reparo preguntar. Y el Adversario de Carrére. Y caminar junto a Charo y Gonzalo. Y encontrar mientras bajan la reja de la caseta que comparte Libros del Asteroide "Alí y Nino", y casi soltar el dinero con peligro de que te pillen la mano, y tú que te cagas en todo por no encontrar los ojos que necesitas y que están lejos, trabajando. Y recordar lo que te gustan las entradas de Rafael Reig sobre la feria, y saber que tú no podrías escribir algo así. Y las últimas despedidas, y luego la vuelta, y el kebab de antes en tres bocados, y el teclado de Ray Manzarek sonando en tu coche... Y todo, que termina como un sueño... como un sueño que termina bien...

desde fuera...

martes, 4 de junio de 2013

Firma de "La muñeca rusa" en la Feria del Libro de Madrid...


Tenía una frase perfecta para empezar esto, pero la he olvidado; en serio, no la recuerdo, y ahora no sé por dónde empezar. No tengo editor, "La muñeca rusa" sigue huérfana de "padre" pues sigue siendo una novela bastarda editada de manera ficticia y, la verdad, tal y como se están desarrollando las cosas, no creo consiga tenerlo, no ya la historia de Milos Meisner, sino cualquier cosa que yo escriba en mi puñetera vida. Todo es paradógico con respecto a Milos, pues el mismo día que me llega un nuevo rechazo (el último), resulta que me invitan a ir a firmar una tarde (el jueves día 6 de junio, entre las siete y las nueve de la tarde) a la caseta número 135 de la Feria del Libro de Madrid, la caseta de la Librería Muga, la grandísima librería Muga que tanto ha hecho por Milos y por mí.

Hay varias cosas que me llaman la atención, y puesto que no voy a entrar el lo que significa ir a firmar una tarde a la Feria del Libro de Madrid (si es que significa algo), me quedaré ahí, en el hecho de que "yo" voy a darme el gustazo de hacer un brindis al sol con Milos, una meada a favor del viento, un mutis a lo Shylock del brazo de Tubal. "La muñeca rusa" no tiene isbn porque no me da la gana, pero tiene licencia Creative Commons. La historia de Milos esta editada por una editorial fantasma (que se legalizará en los próximos meses pero que a día de hoy no se sabe, si cuando eso pase, "La muñeca rusa" pasará o no a formar parte de su catálogo), una editorial con el nombre de La Internazional Samizdat. Hay tres ejemplares en tres librerías: uno en La Pecera de Manzanares, otro en la librería Imagina de Alcázar de San Juan, y otro en Libros 10 de Almansa. El la librería Muga de Madrid también dejé, no recuerdo si 15 o 20, pero porque Ígor quiso que los dejara; yo hubiera dejado uno, más por lo testimonial que por una hipotética racanería mía, cuando no autoprotección, pero yo a Ígor soy incapaz de decirle que no, y eso que de momento nos conocemos poco. Así que en la feria de Madrid hay libros de Milos, pero sólo en una caseta, la 135, en ninguna otra de las más de trescientas hay otro libro mío (digo esto porque incluso si la diputación de Ciudad Real tuviera caseta (compartida), que no sé si este año ha ido, podría afirmar que ahí tampoco hay ningún libro mío, y eso que mi carrera literaria oficial empieza y termina en ellos y lamentablemente no con Milos como protagonista, sino con un insoportable adolescente). Así que resulta curioso que yo vaya a firmar libros a la única caseta que tiene libros míos, aunque resulte que ese libro sea tan fantasmal e inexistente como un cosmonauta llamado Alexi Belokonev. Y si a eso le sumamos que a los tres repartidos por tan ilustres librerías y a los que tengan aún en Muga (me temo que todos los que dejé) a mí, en mi casita, me quedan 7, por lo que puedo afirmar que, a pesar del clamor popular, no va a ver nueva edición de ningún tipo. Así que el hecho de "ir a firmar" libros de "La muñeca rusa" tiene todas las papeletas para ser un privado y digno homenaje de despedida al señor Meisner. Por eso voy a ir, vaya si voy a a ir, elegante y dandesco como un Bartleby incoherente, vehemente y atormentado como el Felipe de Quino, aliviado y culposo como un Fausto que llega tarde o un Robert Johnson que en vez de pasear por Clarskdale se hubiera perdido en el pueblo de "Amanece que no es poco". Gracias a la gente de Muga y a todos aquellos que sin conocerme de nada, e incluso conociéndome, han comprado un libro de Milos y se lo han leído, compartiendo conmigo lo que han creído conveniente... Caseta 135, entre las siete y las nueve de la tarde, el jueves 6 de junio de 2013.

Imagen que han hecho los de Muga...

 
"Don´t you kown we are the lucky ones...
...but...
...And then came the rush of the flood, the stars at night turned deep to dust..."
 

martes, 28 de mayo de 2013

Salvation Blues. Mark Olson.


Salvation Blues

En dos días he visto dos arcoiris inmensos entre nubes negras mientras conducía por estas carreteras vastas a la orilla de campos que se están renovando tras el invierno. Pronto la siega, la recogida del melón y la vendimia. El otro día no pude evitarlo y paré el coche y robé varias calabazas en un camino al que de vez en cuando me gusta ir en bici. Me acordé del día de difuntos e imaginé a un americanito pensando qué hacer con las calabazas sobrantes, a principios de siglo XX, y haciéndoles una cara con un cuchillo oxidado. A veces las cosas surgen del aburrimiento más absoluto. Uno empieza a escribir, tras unas frases lo deja y cuando vuelve a escribir han pasado días, muchos, y la estación se ha hecho más calurosa, y el tiempo más lento porque anochece más tarde y los ritmos los marca una personita muy pequeña todavía.

Amontono libretas emborronadas, pero me da miedo acercarme a ellas con la intención de ordenarlas y ver si puedo salvar algo de ellas. La bipolaridad me asalta en cada esquina y compagino sin saber cómo guitarrazos extremos con pianos barrocos, voces sefardíes dolorosamente hermosas con gargantas guturales salidas del mismísimo infierno. Sin embargo me obligo, también aquí, a no ir a la deriva y a intentar centrarme. Smooth, cool, americana, palabras para teclear cualquier cosa. Dylan, la luz, ayer escuché "Oh Mercy" y respiré tranquilo, esperando que el sol de un mayo plagado de invierno llamase a la puerta para que le invitemos a entrar cuando quizá ya esté aquí desde hace semanas. Mark Olson hoy. "Salvation Blues" es algo más que un conjunto de canciones, física y emocionalmente. Disco libro, poesía canción. Si uno se descarga este disco se pierde algo que de ninguna manera voy a explicar más allá de la palabra fetiche. un libro poesía ficticio acompañado de un cd con el propio Mark cantando esos versos llenos de Thoureau, de Gramm Parsons, de Walden, de sol cegador, propiedad de la biblioteca del condado de San Bernardino.



Salgo al patio a descolgar las sábanas de las cuerdas, rápido, llueve, miro hacia arriba y veo un cielo tan negro como confuso iluminado por una luna de espanto, redonda y firme como un pecho polvoriento. Mi cara se moja. Me río de mí mismo, o al menos lo intento. Hay pocas estrellas.

Vi junto a Andrea al señor Olson junto a Gary Louris sin The Jayhawks un sábado hace varios años en Madrid, en el Neu Club (la sala Galileo), acompañados por la soberbia Ingunn Ringvold a la percusión y voces. Ajusté cuentas emocionales y estuve a punto de llorar cuando sonó "Blue" (porque tocaron "Blue"). Volví a 1996, enero, cuando compré el vinilo de “Tomorrow the green grass” de The Jayhawks y me sentí crecer a pasos agigantados. Igual cogí una vía muerta y por eso ahora estoy como estoy, pero aquella noche un jovial Olson me puso un sonrisa en la cara y volví de golpe, más tranquilo y con más ganas de lo que está por llegar. A Gary Louris ya lo había visto, con Jayhawks cuando lo comandaba solamente él tras la marcha de Olson, con Golden Smog (sin Jeff Tweedy por desgracia) y en solitario. La última vez, no sé porqué, me pareció que Louris arrastraba cierto aura de resentimiento, de altanería quizá, esa que a veces le hacía tocar canciones de manera sublime pero que otras le hacía parecer como si fuera a medio gas, como si no quisiera esforzarse y estuviera harto de jugar en una división de la que se estuviera cansando (supongo que es entendible; Louris echó el resto con el increíble "Rainy Day Music", una joya de principio a fin, y no funcionó a nivel de ventas. El estigma de Jayhawks: críticas favorables, una firme base de fans, pero poco efectivo en los bolsillos). No sé, cosas mías. Leo por la web que vuelve a peligrar la continuación de la banda con Olson y Louris. Los fans nos parecemos más de lo que imaginamos al resignado y hedonista Perlman, deja hacer y toca cuando le llaman...

Recuerdo que aquel concierto me gustó mucho. Un concierto de los que van de menos a más, de los que surgen de esa zona templada donde los problemas técnicos (nada importante en este caso, a Olson se le oía más alto que a Louris y eso les dificultaba para cantar a tono, aunque eso, que lo diga alguien medio sordo como yo tiene su guasa) se solventan rápido y en dos canciones se crea ese feedback entre el público y el grupo desde donde surge la magia y uno se termina preguntando quién está más a gusto, si el músico o tú, allí sentado en la oscuridad, rodeado de gente.

De los discos que sacaron en solitario ese año Mark y Gary, sorprendentemente me gustó muchísimo más el de Olson, y digo sorprendentemente porque la voz de Louris es muchísimo más melodiosa y agradable (y junto a la de Olson funciona como nadie más sabe) y siempre fue mi jayhawk favorito, pero, como digo, "Salvation Blues" de Olson me agarró de una y no me ha soltado hasta ahora, lo cual es una explicación tan peregrina como cualquier otra para decir por qué ahora, y no en 2007, que fue cuando salió y lo compré, hablo de este disco (¿de verdad estoy hablando de este disco?). Es tarde y he escrito 18 páginas escuchando este disco, relatos sin destino donde el tiempo vuela, como al escribirlos. Descanso de escribir, escribiendo. Bah, venga, me voy a la cama...

miércoles, 22 de mayo de 2013

Anónimas declaraciones de amor por los suelos


Estaba andando esta mañana, pensando en mis cosas, barra de pan en la mano, cuando he reparado que el suelo había escritas palabras, a lo largo de la calle, en lo que aparentemente era una frase o declaración fragmentada y dejada como las migas de un deseo olvidado, así que he vuelto sobre mis pasos. No sé si he conseguido llegar al principio de esa carta pisoteada. Tras buscar por varias calles creo que "para ocupar" era el comienzo. Estaba cerca de un instituto, aunque eso no significa nada. También estaba al lado de un cine, y ambos sitios son dos reductos de eso que podemos llamar "fábrica de románticos" (el instituto, aunque sólo sea por la acumulación de nínfulas por metro cuadrado y que afectan por igual tanto a profesores y señores de mediana edad como a adolescentes perdidos e hiperestésicos, y los cines, aunque la cartelera deje mucho que desear, démosle todavía el beneficio de la duda). Así que he comenzado por ahí, he seguido la calle y, antes de la primera esquina he encontrado la segunda "pista". Después he dudado si girar o seguir recto pero algo me ha dicho que la cosa era seguir... He encontrado dos más, y la última estaba algo más borrada que las otras, y era también más larga, como si el o la creadora hubiera perdido de golpe la esperanza en su juego e intuyese que el objeto de su deseo posee curiosidad pero tampoco mucha... De todos modos he fotografiado las cuatro "pistas" (en la última, que por el sol, la lluvia de estos días y el tiempo no se veía del todo, se leía un obvio aunque no por ello menos arrebatador "lo mucho que te quiero"). En conjunto no es una frase muy clara, o al menos a mí me despierta muchos interrogantes: Se supone una intención positiva por parte de o la destinataria y un agrado por parte de la o el remitente, por lo que puede ser un alegato a un amor consumado fruto de un subidón, aunque igual me he perdido algo en alguna de las calles y debería haber girado o cambiado de calle. Igual mañana. confiaré en el o la artista... De momento esto es lo que he recopilado en unos aproximados 200 metros. No sé si al autor o autora le habrá funcionado, pero a mí me ha alegrado la mañana... Así que gracias, Cyrano 2.0....






viernes, 10 de mayo de 2013

De reencuentros y cambios de piel en abril. Concierto de Alfa en "La casa con ruedas".

 

Me lo pensé, lo reconozco, un par de veces, pero al final cogí el coche y fui a encontrarme con un viejo amigo un rato antes de que el grupo de música del que forma parte ahora (uno de otros) subiera al escenario por segunda vez desde que se juntaron. Al reencuentro se añadía el hecho de que iba a conocer también a un músico que he seguido durante muchísimos años y al cual admiro y respeto y cuyas canciones guardo a buen recaudo porque son como cajas de Pandora de mis años del pelo largo, de mis posteriores años tangueros y algo cabareteros, cortado y perdido por un mundo que de puro sencillo me empeño en complicar. Alfa (Alfredo Fernández, corazón de los cuasi-míticos Buenas Noches Roses y de los magníficos Le Punk) se ha lanzado a pecho descubierto como rostro visible de un proyecto que lleva su" nombre", aunque a tenor de lo visto antes y durante el concierto, aquello tiene visos de ser en el fondo un grupo en toda regla en el cual Alfa tiene fe ciega y en el que se apoya tranquilo y espoleado (junto a Dani "Patillas", Pax y Khoury). Hacía mucho que no veía a Pax, aunque a menudo hablamos, quizá más de un año, antes de nuestra paternidad, y había ganas. El reencuentro fue bonito, para qué andarme con tonterías. Me costó encontrar el lugar donde tocaban. La casa con ruedas. Al entrar estaban probando. En la sala vacía aquello ya sonaba a gloria. No son advenedizos, eso el oído lo capta ya desde fuera y lo agradece nada más entrar; el pulso estaba, el ritmo estaba, la emoción estaba (probando "¿Cuántos soñaron contigo?" de una tacada, es fácil). Un alzar las cejas y un golpe de cabeza al avistarme y uno (yo) que se apoya en la pared con las manos en los bolsillos y la sonrisa instalada como al entrar en casa. Alfa firmó la única canción que yo he sabido tocar decentemente con una guitarra eléctrica y creó una de los grandes discos de la historia de la música rock de este país ("La danza de araña", aunque mi favorito sea "La estación seca", cuestión de cicatrices), así que ahora, mientras escribo, comprendo por qué me puse nervioso durante el trayecto. Sus letras me gustan mucho, creo que es de los pocos que maneja la lírica rockera en español con verdadera soltura y con verdadero conocimiento de causa (aunque las flores se las lleve Quique González y los laureles Lapido, y con razón, no vaya a ser que alguien me malinterprete, a Alfa se le debe el romper bastantes lanzas a su favor por parte de los "medios" (¿a qué cojones esperan los del Ruta66?) No se le debe condescendencia, se le debe pleitesía, pero...

Y por fin hubo abrazos, y estrechar manos, y sonrisas, y conversaciones dubitativas, y preguntas, y respuestas a medias cortadas por más preguntas, y silencios que miran y se preguntan cuánto tiempo, y qué alegría carajo, y el tiempo, el tiempo que vuela y se sabe en un trayecto en vía muerta, pero qué coño, hay que aprovechar... Así que nos fuimos a cenar, hablando a trompicones, con demasiados temas de los que hablar y no incándole el diente a ninguno. Los recuerdos se mezclaban con nuestros nuevos roles paternales y los vástagos se nos colaban para compartir confesiones y sentirnos en el mismo lugar. Alfa, sentado a nuestro lado, se incorporaba a veces y yo no caía en decirle nada coherente (¿qué se le dice a alguien que llevas años escuchando llegando a obsesionarte con alguno de sus discos y canciones? Nada, supongo). Pax y yo al final abordamos ese tema recurrente que parece ser que tenemos cuando nos vemos, el cual él sabe que puede hablar abiertamente conmigo y del que a mí me gusta hablar, o quizá es al revés, no lo sé, el caso es que una pregunta casual ("¿Has escuchado lo nuevo de Jairo?") nos dio paso a ese círculo en el que, como digo, nos metemos y hablamos a gusto y que tendría como título, si es que tuviéramos que ponérselo, "auge y caída de la Vacazul". Al poco yo me atreví a relajarme y entre risas dimos con ciertas claves y estuvo francamente bien, recordando esas pocas veces en las que me fui con ellos de "pipa" y hablando con franqueza, risas y aplausos de los caminos que los cuatro han emprendido. De todo ello surgió un proyecto que yo siempre he querido afrontar y que nunca me había atrevido a comentarle, sobre escribir la historia de un músico, uno que toca blues, uno que, no sé, un día acaba tocando en Nueva York gracias a una beca, que acaba más adelante tocando en un puticlub fracés para cuatro golfos, obligado y a punta de pistola, que duerme tras un bolo en un edificio a medio construir entre sacos terreros y que ve una gallina sin cabeza corriendo por allí siendo perseguida por un cantante cuando el hambre les puede y no hay nada más que comer, que deja todo y se va a estudiar y a dar clase a niños en Katmandú, no lo sé, algo así pero con algo de chicha y fabulación, con algo de quitarse el sombrero ante ese oficio errante y tan maltratado en este país, sobre todo para esa generación que en los noventa fue demasiado dura y bluesera para los círculos pop y demasiado "blanda" para la escena heavy... En ese punto de la conversación se unió Alfa, aunque a mí me entró una vergüenza horrible y me callé.


Volvimos a la sala, que estaba repleta (a pesar de estar a las afueras del pueblo y que había fútbol y que llovía) y nos despedimos. Mi idea era quedarme tres o cuatro canciones y coger el coche de vuelta, pero al final me quedé casi una hora de concierto, clavado ante esas canciones que sonaban a gloria y que no conocía. La banda sonaba genial, y no es amor de fan locaza. Algo así como The Band más crápulas y arrabaleros que de costumbre, con Alfa como bastardo y luminoso Dylan caído del cielo vía barrio madrileño y navaja nacarada en el bolsillo trasero. Siempre disfruto viendo tocar a Pax, y siempre me saca una sonrisa y un cabeceo ante su clase y maestría tocando. Él habla de musicalidad en su manera de tocar, y no podría estar más de acuerdo. Se les veía disfrutar, que fue lo que más me gustó tras la primera sorpresa ante las nuevas canciones, y me asombró la soltura y presencia de Khoury, el guitarrista, algo así como una mezcla entre un Pete Townshend post Tommy acompañando a Ronnie Lane y un inspirado Mike Campbell escudando al Petty más dylanita. A mis miradas al reloj (esa imagen postmoderna de ver la hora en el móvil, haciendo los mismos gestos que un caballero dickensiano con reloj de cadena pero con lucecita y sin romanticismo) se unió un cada vez más irritante volumen de gente hablando y, claro, se me fue el ancla, y me jodió, no por tener que irme, que era algo que no podía demorar más (me quedaba algo más de una hora de vuelta en coche), sino porque no entiendo que haya gente que se ponga de cháchara en mitad de un concierto como si estuviera en la puta disco.

Al volver me puse los dos volúmenes de "Real to Reel" de Tesla, y bajo la lluvia canturreaba y voceaba sin pudor, contento a pesar de las prisas y los esbozos de todo lo hablado y escuchado, con la promesa de un intercambio vía postal de libros por discos y de un vernos pronto que parece ser que sí se cumplirá. Como nota privada en mi libreta apunté rescatar los discos de Buenas Noches Rose y Le Punk, aunque me temo que lo que me ha acabado enganchando estos días han sido las nuevas canciones de Alfa, todo un tesoro, el cual tiene la mala suerte de ser un músico de culto en un país donde ser músico de culto es una putada y una mierda, pero cuya obstinación y trayectoria la hace más admirable incluso. No hay nada más triste, amigo...



http://www.rocksumergido.es/2012/03/sin-mirar-atras-entrevista-alfa.html

http://www.herecomesthedrummer.com/baterista/Antonio_Alvarez_Pax

El siguiente vídeo no tiene nada que ver con Alfa. Está extraída de la jam que Pax suele hacer los jueves en la sala El Junco (Plaza Alonso Martínez, Madrid), y me encanta...

jueves, 9 de mayo de 2013

La muñeca rusa, fragmento del capítulo 14. Milos en París.

La muñeca rusa, Ed. La Internazional Samizdat, 2012. Fragmentos pág 115-117

"¿Qué había de verdad en el libro de Coppens sobre Milos?
¿Y en la biografía que entregó cuando vino becado a Almarga a hacer su escultura aquel verano? De eso, todo es cierto.
¿Y lo del libro de Armand Coppens? Bueno, nunca estuvo en Londres. Tampoco tiene hijos. Nunca estuvo casado, aunque tuvo un par de relaciones en la que se sintió como si lo estuviera.
En Paris recomenzó otra vez la historia de su vida.
Comenzar de nuevo. Su vida, su historia, ¿qué significa eso?
Tal vez signifique que se eligen unas cosas y se olvidan otras, que se ensalzan los placeres y se olvida el dolor, los pasados y los presentes, pues de los futuros sólo se puede esperar que sean como mínimo algo más benévolos que los que nos definieron. Pero a Milos, una vez allí, en un París hermoso y hostil, le costó llegar a ese punto, al menos un par de años. Por su vida pasaron varias mujeres que no consiguieron hacer que él se mostrara libre y sosegado, y muchas veces se descubrió teniendo aventuras suicidas con amantes que nada le reportaban salvo la oportunidad de romperse en pedazos, encontrando así un motivo que justificara su irremediable huida hacia delante. Acostumbrado a dar placer hasta la extenuación o el aburrimiento, nunca encontró en el sexo ese lugar donde muchos se recluyen o se reencuentran a sí mismos.
(...) Al llegar a París pasó meses en un estado cercano a lo que podría ser el luto, en una pensión barata, malviviendo y mendigando trabajos en el mercado, cargando carne y apilando cajas de verdura, pensando en no pensar y deseando que llegara la noche para poder caer rendido en esa fina cama de colchón acartonado. Poco a poco las cosas fueron cambiando. Encontró trabajo en una ebanistería y en dos meses pudo alquilarse un apartamento.  Al estar lejos de Irina y no poder verla, en lugar de evitar conocer a nadie, se sintió abocado a mantener historias sin futuro, lo cual hizo que poco a poco descubriera cómo era su amor por ella. A veces la recordaba y se quedaba mirando al vacío pensando en el abismo de su cuerpo y sus palabras. La amaba como si todo fuese nuevo, como si él fuese nuevo, como si la promesa de su presencia y lo que ella provocaba le hiciese creer que él mismo era el sol y únicamente tuviera que brillar para ella, Luna, tierra, mar que envolvía con sus mareas su caos, su timidez, sus besos, sus inseguridades y sus certezas. Entonces, ¿por qué no estaba allí, por qué no la había podido llevar a París con él? Esa era una de las preguntas que con más insistencia se hacía, y durante un tiempo la culpabilidad le agrió el carácter, pero con el paso del tiempo Irina se convirtió en algo que se guarda en una vieja caja de galletas y de vez en cuando se rescata para no olvidar lo que fuimos y lo que somos, pero nada más. Así que pasó el tiempo y dejó que Paris le atrapara; la gente que poco a poco iba conociendo le iba haciendo olvidar Praga, lentamente se fuese sintiendo mejor, y poco a poco lo que iba consiguiendo le hizo descansar. A menudo escribía cartas que enviaba a Bohumil a la dirección de éste en la calle Na Hrazí, contándole sus rápidos progresos con el francés y cómo eran los trabajos que iba teniendo, y de vez en cuando él recibía alguna de Bohumil, pero al leerlas descubría que muchas de las suyas no le debían llegar. Luego Milos cambió de casa y aunque sus cartas aumentaron de extensión y de regularidad, hubo dos años que apenas recibió cartas de Bohumil. También escribía a Pavel Sisak, pero éste siempre le contestó con misivas más frías y escuetas. Milos siempre supo que no le perdonó que se fuera, y no podía culparlo por sentirse así. Paulatinamente sus vínculos con Praga fueron haciéndose cada vez más frágiles, hasta que, sin fallas ni sobresaltos, como suceden las cosas a veces, todo quedó en el recuerdo, el presente pasó a ser lo único que tenía bajo sus pies y se aferró a ello con todas sus fuerzas. El hecho de conseguir la nacionalidad francesa en 1979 fue determinante. La solicitó para poder optar a ser profesor de arte. Instigado por unos amigos que le convencieron de que eso era lo mejor para él, y sin darle mucha importancia, solicitó la nacionalidad francesa alegando un exilio político obligado. Más le sorprendió que se la dieran tan rápido, pero optó por interpretar todo aquello como una racha de inesperada suerte, suerte que culminó al aprobar un año después la plaza de profesor en un pueblo cerca de Angouleme." 


Foto de Olga B. C.: "Milos descansa frente al Pompidou"

Sólo me quedan 11 ejemplares...
http://elcaimansincopado.blogspot.com.es/p/como-comprar-la-muneca-rusa.html
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