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jueves, 14 de noviembre de 2013

Cardiopatías, un libro de relatos


Muchas veces hay dos maneras de ver las cosas, e incluso “dos” se puede antojar poco si uno se pone a discurrir a gusto, pero de momento nos quedaremos con dos. Lejos de intentar meterme en disgresiones sobre la nueva manera (o no tan nueva) de poder hacer cosas en torno a la literatura que ofrece la web, intentaré escribir a vuela pluma un par de tonterías, sobre todo ahora que el proyecto que lancé en Verkami para poder editar y publicar “Cardiopatías” ha terminado. Como sabéis de sobra los que de vez en cuando os dejáis caer por aquí, me lancé a la autopublicación hará cosa de año y medio, y salió a la luz una novela llamada “La muñeca rusa” bajo mi nombre que, en círculos muy reducidos (reducidísimos) ha sido bien acogida. Visto el resultado y sopesando las cartas y comentarios que me llegaron al respecto, decidí que podía volver a hacerlo y publicar otro libro, esta vez un conjunto de relatos. La historia de “Cardiopatías” es similar a la de “La muñeca rusa” en cuanto a rechazos editoriales se refiere, sólo que anterior, pues son 9 relatos escritos y salvados de la papelera entre 1998 y 2006. La diferencia estriba en un detalle, una anécdota, que hizo que los abandonara (yo creía que para siempre). En mayo de 2006 recibí la llamada de un editor (me guardaré el nombre) de una editorial que yo siempre he admirado, por su fondo y por su manera de editar, y me llamaba para decirme que “Cardiopatías” le había gustado mucho. Cuando yo empezaba a pensar que por fin había encontrado editor (y menudo editor), éste comenzó a hablarme de algo que yo ya sabía, que no me conocía nadie, que no era nadie y que nada me avalaba si él, al final, decidía editarme (es decir, que tenía sus reticencias a jugarse su dinero). De repente me dijo que había un premio, de una diputación (que también me guardaré) en el cuál él estaba como jurado y cuyos premiados editaba su editorial. Me dijo que dejara ese título (que no le convencía mucho) pero que lo enviase a ese premio, aunque debía darme prisa porque el plazo expiraba pronto, no sabía cuándo, pero pronto. Él haría el resto (y su dinero estaría a salvo y no tendría reparos en jugarse el de otros, público además, pensé yo). No me aseguraba el premio, pero prometía hacer todo lo que estuviera en su mano. Y colgó.

Yo me quedé un poco (bastante) descolocado. Años buscando editor y recibiendo cartas de rechazo y de golpe me sucedía “esto”… Y, claro, comencé a pensar en cosas éticas, morales o de sinsentido común que, torpe de mí, tal vez debería haber desechado de un plumazo de mi cabeza. Me dije que lo meditaría con la almohada y al día siguiente haría lo que creyera conveniente. Escribir esto, siete años después, puede dar a entender que mi moral se impuso férrea y que no vendí mi culo (una venta insignificante de un culo más insignificante), pero no fue así… La realidad siempre resulta más patética…

Al día siguiente me dije que a la mierda la ética y la moral, que yo enviaba ese libro y qué si el concurso estaba amañado… Encendí el ordenador, busqué las bases del premio dispuesto a copiar la dirección y enviar el manuscrito cuando, oh mísero de mí, vi que el plazo había acabado el día anterior, cuando me llamó el editor....
Mi cara supongo que lo diría todo…

Decidí tomarme eso como una señal y guardé el manuscrito en un cajón…
Estuve varios meses recibiendo cartas de rechazo, y cada misiva era como un clavo en el cajón donde yo ya daba por perdidos esos cuentos…


Pero llegó Milos Meisner, e Irina Belokoneva, y La Internazional Samizdat, y la gente que ha leído “La muñeca rusa” y Andrés Sorel, y Pilar Gómez Rodriguez, y la gente de la librería Muga, y esos cuentos comenzaron (haciendo honor a su título y evocando a Poe) a palpitar ruidosamente en el cajón…

Aún así, yo no podía asumir los gastos de otra aventura editorial, sin red y con el trapecio roído, así que opté por el crowdfunding, aliándome con el colectivo El Quiltro, para sacar “Cardiopatías” y, además, intentar hacer un libro y unos accesorios vinculados con el acto de leer que no redujese todo a un mero “necesito dinero para sacar mi libro”. Estuches, cajas de cartón donde guardar los libros encuadernados artesanalmente, xilografías de la portada (preciosa portada de Andrea Hauer), y un libro escrito (revisado), diseñado, maquetado e impreso con todo el cariño del mundo (o al menos del que somos capaces). Y aquí es donde digo que hay dos maneras de ver las cosas (esta cosa en particular), porque no sé cómo agradecer el apoyo que he encontrado. Toda la gente que ha apoyado el proyecto (42) son para mí mis editores, anónimos cooperativistas de un proyecto inane y en cierto modo vaporoso (un libro), valientes suicidas que han aportado lo que han podido para que yo me crea “escritor”, para que… bueno… dejaré esta rama sin explorar… para que yo publique un libro… Sin embargo no es todo tan sencillo. Casi la mitad de la gente que ha aportado algo no me conoce, no son familia ni amigos, pero aún así, o porque han leído la historia de Milos o porque vaya uno a saber por qué, lo han apoyado… Para alguien que vive en los arrabales del extrarradio de la periferia del mundillo literario, eso es algo que no olvidaré… nunca…

En vez de eso, todo esto podría verlo como que he conseguido que 42 personas compren por anticipado un libro, verlo todo como una mera transacción económica, muy ventajosa para mí, y que esos pedidos por anticipado han propiciado que yo pueda publicar de nuevo, pero no… No ha sido eso… Quiero cambiar de mentalidad, una mentalidad crematística que es donde hemos crecido todos y que estamos viendo día a día que no funciona, que no trae nada bueno, y que no para de alienarnos…

La producción del libro (y de todo lo demás) está en marcha; no paro de pensar en qué hacer para poder agradecerle como merecen a todas esas personas (42, para mí un mundo, una clase de colegio masificada, casi un autobús; tal vez para otros eso no sea nada) que yo pueda sacar un libro estéticamente precioso, acompañado de cosas también preciosas que les serán útiles para leer otros libros a parte de "Cardiopatías". Lo que ese libro contenga por dentro, es algo que yo no puedo juzgar más allá de decir que me he dejado parte de mi corazón en que sean buenas historias, o al menos historias normales contadas de manera decente…

Ya está gestionado el ISBN (¡¡¡¡la Internazional Samizdat operando legalmente!!!!), los textos corregidos sobre la primera prueba de impresión (la de erratas que se le escapan a uno en la pantalla del ordenador...), la maquetación está en fase de “últimos detalles”, la portada con la tipografía definitiva y el gramaje del papel adecuado, la moqueta de los estuches cortada, la lista de los mecenas y los agradecimientos escrita… En quince días podré comenzar los envíos, y el libro como tal estará disponible para quien lo quiera…

Próximamente, “la historia de cómo el libro de Milos Meisner, “La muñeca rusa” encontró editor (digital) allende los mares…


domingo, 6 de octubre de 2013

Empezando la casa por el tejado. Las pruebas de "Cardiopatías", versión caja de lujo...




 Ya tenemos las primeras pruebas de la caja con los cuentos de "Cardiopatías". Además del libro como tal, la idea es hacer una caja artesanal con los cuentos impresos en cuadernitos y cosidos a mano. Habrá dos opciones: caja roja con los cuadernos en blanco con la portada (cuatro cuadernos), o la caja con la portada y los cuadernos con cubierta roja (cinco cuadernos)... Son costosos, pero creo que merece la pena (ya que lo hacemos, hagámoslo bien). Si un ebook es un libro, una caja con cuentos en cinco cuadernos cosidos a mano supongo que también lo es. Cito a Willie Dixon y su "no juzgues un libro por su cubierta" (en versión de Cactus, que me pone bruto, de su mítico primer disco), los cuentos son los que son y cuando estén disponibles serán juzgados (y tendremos a bien decir aquí cómo habrán sido ajusticiados), así que me ahorraré hablar ahora de lo costoso que ha sido escribirlos, o ha dejado de serlo. Al igual que "La muñeca rusa", "Cardiopatías" ha sido rechazado por un par de decenas de editoriales; aunque a diferencia de la novela, estos cuentos no han sido reescritos en profundidad para ser publicados ahora, cosa que sí sucedió con la historia de Milos Meisner (y creo que para bien, aunque en su tímida "visita" a cinco editoriales tras su publicación, "La muñeca rusa" ha sido ignorada dos -creo que o no ha sido leída, o no se han tomado la molestia de rechazarla-, en otra ha sido rechazada bajo el argumento de "no publicamos novelas autopublicadas previamente", en otra aún está a la espera de ser valorada y en la última ha sido aprobada, pero este última bien merece un post propio pues la historia es curiosa. 

"Cardiopatías" ha sido corregida ortográfica y estilísticamente (un "la" por allí, una proposición por allá, una subordinada fuera, y poco más). La corrección llevada a cabo sobre un manuscrito que fue abierto por última vez en 2007 ha hecho que el desbroce no fuera más profundo por la sencilla razón de que no parecía que fuese necesario. En Verkami estamos a punto de conseguir la mitad de la cantidad que necesitamos, las pruebas están en marcha. En los próximos días habrá más.

Es muy gratificante estar involucrado en la producción física de ese objeto que muchos dan por muerto, llamado libro impreso.

Yo simplemente quería ver publicado un libro de relatos que ya creía que sólo tenía posibilidad de serlo cuando yo me muriera, pero como es posible que eso pueda ocurrir pronto, o no ocurra nunca, prefiero hacerlo ahora. Lo único que puedo decir es que no tendría la osadía de publicar algo (autopublicar algo, para más "inri") que me pueda sacar los colores dentro de un tiempo o que me pueda avergonzar leer (incluso en el hipotético caso de que los cuentos no los hubiera escrito yo). Quizá esta frase es un poco arrogante, pero no sé decirlo de otra manera, incluso siento que empiezo a sudar mientras escribo...

¿Las pruebas de la caja? Preciosas...



martes, 10 de septiembre de 2013

De regalos increíbles y envoltorios fabulosos para vulgares cardiopatías...


Prueba de la cubierta de "Cardiopatías". Autora: Andrea Hauer Guzmán


Desayunaba mi inevitable té en la taza que el rey Nikochan me regaló inspirada en "la muñeca rusa" mientras intentaba descifrar el incesante chapurreo lleno de entonaciones límpias de Pavel hasta que he descubierto que me estaba pidiendo un libro, uno que le han regalado hace poco... "El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza"... Versión sonidos... Genial... Llegó en un paquete sin remite.. Dos libros para Pavel de parte de Aitor... No me he puse a llorar leyendo la nota que acompañaba los libros porque bastante tiene Pavel con entenderme de normal como para ponerme emocional de más; que baile a ritmo de Whitesnake mientras hacemos las camas (nos gusta mucho "Long way from home"), que me mire como si entendiese cuando le leo algo que yo acabo de leer y que me ha gustado o que medio entone "la zarzamora" a la hora del baño de tanto oírmela a mí, ya es suficiente de momento para sus tiernuras... Lástima no tener manera de agradecer estas cosas de manera inmediata... Quizá la manera de comprender del todo mi entusiasmo sea decir que no conozco a Aitor ni a Niko, que sólo nos escribimos de vez en cuando, que yo hecho de menos leer a mi Fuckin´Perry y hablar con él aunque no sepa a qué altura quedan sus ojos de mis ojos o cómo es su risa, que me gustaría dar un paseo tras quedar con Niko y conocer a Arlet, pero son cosas que no puedo... Aunque quejarme de esas cosas sea un poco pueril, pues bastante echo de menos de por sí a cierta gente como para echar raíces en una nostalgia epistolar, casi fantasmal, pero que se presupone bastante empática, con personas que no "conozco".

Por otro lado, reconozco que estoy perfectamente plegado a mi nuevo rol vital, y que éste no me permite escribir aquí lo que desearía; aunque escribir escriba lo que puedo, me diversifico y no lo hago aquí pues hace tiempo que he abandonado el rol de bloguero (como todo rol, hay unas normas, una finalidad, un ritmo y unos temas concretos, los cuales me acercarían a una especie de rana Gustavo cuando la rana Gustavo era reportera, y además dicharachera, y hablaba de cosas sin ser columninsta ni crítico ni opinador profesional), así que cada vez que me siento y abro el blog dispuesto a escribir, me pregunto, ¿"desde dónde" lo hago ahora y qué es lo que debería escribir?, porque este espacio ha crecido y me gusta escribir en él, lo lea la cantidad de gente que lo lea. De un tiempo a esta parte parece que sólo escribo sobre el libro nuevo que voy a autopublicar y reconozco que sí, que ese es un tema que me empuja a escribir aquí, que quizá sea interesado (quiero vender todos los que pueda) y tal vez triste (será por temas...), pero es lo que hay. Hay temas de los que me gustaría decir algo (libros.... discos...) y hay otros que, aunque también me gustaría, me asustan (ciertas cosas sobre la salud, por ejemplo) o sobre la paternidad desde el punto de vista que la estoy viviendo, pero no ha lugar (ni tiempo), así que me vuelco en el libro, en mi editorial de mentirijilla y en esas cosas que, aunque sólo sean potencialmente, me acercan a esa imagen que persigo y a la que me agarro como un paria sin futuro pero con conexión a internet.

Hay cosas que me pasan y de las que hago apunte mental para el blog (curioso lo que me pasa con los libros de Ricardo Menéndez Salmón, cuando llevo la mitad, desaparecen de mi vista, los pierdo, no sé dónde los dejo, y paso los días buscándolos, y a veces los encuentro y leo algo hasta perderlos otra vez y así, aunque son pequeños, temo no acabarlos nunca -en estos momento voy por tres empezados- y los mezclo y creo que todos son el mismo gran libro), pero no me pongo a hacer ninguna entrada curiosa. Veo películas que no digiero del todo pensando que si escribiera sobre ellas aquí, sabría yo mismo lo que pienso realmente ("Zacarías", la primera de Don Johnson, por ejemplo, o "El león en invierno" o la que vi ayer "Clave Omega de Sam Peckinpah, y de otras que tengo el disgusto de ver cuando me escapo al videoclub, tipo "Prometeus", la cosa está clara y tan sólo queda dilucidar si es mierda, mierda pinchá en un palo, mierda colgá de un pino o mierda seca simplemente). De música mejor no hablamos, que parezco una jukebox estropeada que va a saltos y sin coherencia y además con la memoria estropeada...

Ayer recibí la prueba de la cubierta del libro nuevo. Me encanta. Además, va perfecta con el diseño interior. Pienso que Andrea Hauer ha hecho un trabajo espectacular. Al igual que el de Iván, mi maquetador predilecto, y con el cual estoy en ese toma y daca de correos con correcciones y notas que parecen de extrema urgencia pero que sólo son puntualizaciones gramaticales y poco más. La idea a lanzar en las próximas semanas será la siguiente: Como no tengo dinero para hacer frente a la publicación de "Cardiopatías" en estos momentos, voy a intentar lo del micromecenazgo, en Verkami. Estoy ultimando el proyecto para ver si me lo aprueban y cuelgo la propuesta de la Internazional Samizdat para intentar recaudar el dinero suficiente. Como soy... bueno, como soy como soy, he pensado pedir ayuda además a Andrea para ofrecer algo más a cambio, y no solamente el libro (que como objeto he de decir que está quedando precioso; respecto a lo de dentro no me aventuro). Así que ofreceremos, además del libro: forros artesanales para dispositivos de lectura electrónicos (depende del que tenga en que lo quiera) o para libros, con la medida de "Cardiopatías" y "La muñeca rusa", estuches artesanales donde poder meter el libro y lapiceros o libretas, reproducciones de la portada (aún está por concretar en qué soporte o con qué técnica) y una edición especial del libro, en un estuche de cartón y con los cuentos (porque "Cardiopatías" es un libro de cuentos) impresos por separado y cosidos a mano. Como digo, para eso queda, poco, pero queda. Que consiga el dinero necesario para imprimir ese centenar de ejemplares que me gustaría, dependerá de muchas cosas, y de momento esa es la única manera que se me ha ocurrido.

Todas estas palabras están acompañadas por las imágenes de la prueba de la cubierta: completa desplegada, portada y trasera (con la "sinopsis que el becario de La internazional Samizdat ha escrito deprisa y corriendo) con la solapa (la solapa de la portada con mi "biografía", me la ahorro).

Y hasta aquí puedo leer. Fin de la transmisión...

Portada de "Cardiopatías. Autora: Andrea Hauer Guzmán


Trasera de la cubierta de "Cardiopatías (con solapa y sinopsis del becario). Autora: Andrea Hauer Guzmán

miércoles, 7 de agosto de 2013

El fin de una editorial nonata y el rescate de un libro que busca su justificación cual salteador gafe

Al final no creamos la editorial, no ha sido posible, lo cual no quita para que la Internazional Samizdat siga funcionando como hasta ahora, a la espera de la patada en la puerta y la confiscación de esta sofisticada máquina de escribir y de todo tipo de documentación relacionada. No ha habido quórum, no ha habido puesta en común. Obviando las rencillas personales que todo esto ha podido causar y que no vienen a cuento, obviando el agotamiento emocional que también haya podido causar este auge y caída en la trastienda de un sueño truncado, he de decir que las cosas, en vez de desaparecer, se han colocado de determinada manera, quizá como al principio, pero no del todo igual. 

Imagen, Andrea Hauer
Lo que no ha cambiado es la arrogancia de seguir publicando a pesar de los rechazos y a pesar de la indolencia.


Ser editor es un oficio hermoso, debe ser de los oficios más bonitos y crueles que existen, y por más que a mí me gustaría entrar en él, de momento es imposible, pero aún así no quiero olvidar dos cosas: Que es un oficio alto burgués que, salvo alguna que otra excepción, está totalmente inmerso en el engranaje capitalista, es decir, que la ejercen quienes tienen dinero y con el cual intentan sacar plusvalía de algo que les es ajeno; y dos, que no quiero renunciar a mi trabajo, esto es, que quiero seguir disponiendo de lo que escribo como mejor me plazca y que, antes de ver publicado mi trabajo bajo cualquier sello renunciando con ello incluso a cualquier tipo de remuneración, prefiero jugarme mis cuartos dirigiendo yo todo el proceso y renunciando, ahora sí, a una más que hipotética y dudosa relevancia y a una mayor distribución. Este segundo argumento tendría peso si hubiera recibido alguna oferta y se me hubiera planteado realmente de facto por cuánto y por qué estoy dispuesto a vender mi trabajo, pero como no ha sido así, sigo por libre… Mejorando, o intentando mejorar la experiencia y renunciando totalmente a crear una Editorial al uso pues, por mucho que discutamos, discurramos, soñemos e imaginemos, eso es algo inalcanzable (ni podemos, ni somos capaces, ni queremos; como dice el dicho "entre todos la mataron y ella sola se murió"). Las mejoras con respecto a lo que supuso la edición y publicación de “La muñeca rusa” vienen principalmente en la infraestructura y en el carácter que envuelve el proyecto de edición. La maquetación de “Cardiopatías” ya está en proceso, así como la elaboración de la portada y el diseño tanto exterior como interior. Como La Internazional Samizdat no es una editorial pero sí un proyecto de edición y publicación, estamos dándole vueltas al concepto, si es que se le puede llamar así, reduciendo todo a su significado más artesanal posible. Como seguimos siendo pobres, la idea es jugárnosla en Verkami con un crowdfunding que nos ayude a publicar. Cuando el libro esté y sepamos cuánto nos cuesta sacarlo, imprimiremos pruebas de todo lo que acompañará al libro (y que seguirá siendo parte del libro) y explicaremos en qué consiste todo, así como también diremos las diferentes maneras como se podrá colaborar y ayudar para que vea la luz. Como jugar al cuento de la lechera con las reservas y con lo que fueron las ventas de “La muñeca rusa” no nos vale esta vez (la mayoría de las hipotéticas ventas de “Cardiopatías” vendrán de lectores de “La muñeca rusa”, por lo que sería muy aburrido, tanto para ellos como para el que aquí escribe, repetir el proceso y publicar “simplemente” otro libro). Queremos hacer algo más bonito (y digo queremos porque incluyo lo que Iván quiere hacer y  lo que Andrea quiere hacer), algo que dignifique al libro y que de sentido a su publicación.

Una vez tomada la decisión de que ya está bien de fustigarse con dudas acerca de la calidad o no de lo escrito (esa sombra de la que nunca, nunca, nunca, me desprenderé y que es más cruel cuanto más rechazos se añaden y cuanto más por libre decido ir) y una vez revisados a conciencia y a manos llenas los relatos que formarán parte de “Cardiopatías” (9, compilación de cuatro singles más el bonus track de “La ciudad trenzada”), la idea es que Ned, Nikochan, Lu, Macarena, Charo, Jesús, y ese par más de decenas que han decidido dar carta blanca o patente de corso o indulto de gracia a lo que escribo comprando la historia de Milos Meisner, puedan, si quieren, tener algo más que “otro libro” de relatos del torpe dueño del caimán. De momento, y por lo que respecta a este espacio, me prometo a mí mismo intercalar escritos ajenos al nuevo libro entre las noticias del mismo.

Cosas del Colectivo el Quiltro

miércoles, 24 de julio de 2013

Las "Cardiopatías" de La Internazional Samizdat

Di patata... La Internazional Samizdat vuelve a repetir los errores del pasado...

La editorial más inútil del mundo, La internazional Samizdat, vuelve a copiar clandestinamente un original denostado por la Intelligentsia editorial patria, para quien tenga a bien quererlo leer. Se trata de un libro de relatos que atiende al nombre de "Cardiopatías", básicamente cuentos escritos por el dueño del caimán /que soy yo) que han sido rescatados de la quema con la intención de ser salvados del olvido. Cuentos que languidecían en una carpeta perdida del disco duro y que batallaron por separado por esos mundos de dios y que un día fueron reunidos creyendo que igual juntos peleaban y se defendían mejor, pero fue que no. Hace unos meses me topé con ellos, buscando otra cosa y leí algunas páginas al azar, un par de cuentos. Vi que necesitaban alguna corrección de estilo pero que en el fondo eran, al menos, bastante dignos, o al menos eso pensé en ese momento, cuando me sorprendía al no recordar de qué iban ni cómo estaban escritos. No me sonrojé ni quise tirarme por el balcón, que es mi vara de medir para lo que escribo, así que los he dado por decentes... Ahora estamos en fase de corrección, cual hacendosa gobernanta en lánguido y polvoriento hotelito de provincias que quiere limpiar a fondo pero también que se quede todo como está y no se pierda su decadente encanto. Iván ya anda intentando maquetar lo que no necesita revisión (el finalista del Cosecha Eñe 2007 y aquel lejano premio de Torralba del 99, donde ya se adivinaba a un jovencito Milos sentado por ahí, al final). Se preveé para finales de otoño... Nos gustaría correr más, pero es nuestro ritmo, el del extrarradio, donde la luz se roba de las farolas y se culpa del fracaso a la mala suerte.

Esta vez La Internazional Samizdat colaborará estrechamente con el Colectivo Elquiltro, pues ya que vamos por libre, sin cencerro y sin perrito que nos ladre, queremos hacer algo conjuntamente para ofrecer al mundo mundial (ya ves tú qué necesidad tiene el mundo...pero...) un objeto bonito y resultón, o varios objetos bonitos y resultones... Todo está por ver y aún hay mucho que hablar y muchas cuentas por hacer... De momento, tras un par de noches en vela, se han salvado 9 relatos, más uno que si resulta viable, será maquetado, reprografiado y cosido de manera distinta, cual bonus track de las lost tapes de un grupete del que nadie se acuerda y cuyo mayor éxito fue no enviar "Cardiopatías" al concurso aquel que ese reputado editor le dijo que lo enviara, que ya se encargaría él... Me cago en el imperativo kantino... Seguiremos informando...



miércoles, 6 de marzo de 2013

Los guardianes del puente de la muerte



La lectura de uno de los últimos post (últimos cuando escribo esto) de Juan Malherido ha terminado por animarme a dar el paso y plasmar ciertos pensamientos que llevaba tiempo rondando sin llegar a nada concreto; muy en plan Jimmy Rabbitte en la grandiosa película (cuanto más pasa el tiempo más grandísima me parece) The Commitments, normalmente cojo la alcachofa de la ducha y desbarro que ni en una entrevista de "A fondo" con Joaquín Soler Serrano, vamos. Supongo que esos soliloquios semiesquizofrénicos son unos de los pocos placeres en los que cualquier escritorzuelo de tres al cuarto puede darse el gustazo de tener. Y si sumamos al post de Malherido y al onanismo letraherido de uno, una buena dosis de nerviosismo por la llamada del editor que nunca llega y la propuesta de legalizar "La Internazional Samizdat" en plan cooperativa (pero otorgándole el estatus de editorial como los dioses mandan) que me han hecho unos amigos, pues tenemos como resultado un potaje teórico sobre eso que pueda ser "editar libros" que ahora, y sólo ahora, me apetece soltar sabiendo que lo que yo pueda pensar no le interesa absolutamente a nadie.

El mundo editorial en el capitalismo es algo demencial.

No pretendo hacer un reduccionismo rayano en lo paródico, más bien al contrario, pero no separan muchas cosas a alguien que escribe (que escribe narrativa, además) de alguien que tiene un huerto o de alguien que hace sillas. Las lechugas o las sillas que hace (que uno cultiva o fabrica) pueden ser mejores o peores, su huerto o su taller puede ser mayor o más pequeño, pero esa mercancía (en el capitalismo todo es mercancía, o al menos eso quieren hacernos creer), y hablo de mercancía como algo manufacturado (el famoso manuscrito), es comprada por alguien; ese alguien puede ser un particular o un editor. Respecto al particular no hay problema, se entiende facilmente. Respecto al editor también es sencillo, alguien que pone a disposición de un círculo de gente infinitamente mayor que el que pueda llegar el autor, el libro de éste. Es decir, reparte la mercancía por los puntos de venta, y los hay desde tiendas locales a franquicias nacionales (nos quedaremos ahí). Que hayan aparecido en la disertación "los puntos de venta" (las librerías), no significa que me vaya a explayar en ellos, los post de este blog hasta marzo del 2011 dan fe de mi pasado librero y no diré más. Sin embargo lo que me interesan son los editores, que aquí trataremos como una misma cosa en conjunción con las distribuidoras, es decir, entenderé distribuidor y editor como uno sólo (las editoriales grandes de verdad son distribuidoras de sus productos, las editoriales pequeñas se buscan quién les lleve sus libros a las librerías, por lo que para lo que nos interesa pueden ser tratadas como una misma cosa). 

¿Estoy queriendo decir que las editoriales son meramente distribuidores de productos, mayoristas en cuanto a su voluntad de llegar a la gente y más o menos minoristas en sus posibilidades de poder hacerlo? Si. Lo que diferencia a Enrique Redel (Impedimenta) y a Pepo Paz (Bartleby) de Jorge Herralde o José Manuel Lara es su potencia como distribuidor real; vamos, que unos son una pequeña almazara y los otros son el jodido Mercadona. Claro, que la diferencia entre el que hace sillas y el que escribe es que en un caso el distribuidor se encarga simplemente de llevar las sillas (no se encarga de la manufactura para nada) y en el otro, antes de distribuir, se ocupa del proceso de manufacturación, llamándose "editor". Por eso digo que en el sistema capitalista el mercado del libro es demencial, pues aquí el libro se convierte en objeto, en una cosa, en algo que se vende, y es el editor el que hace tal cosa, lo cual provoca que sólo se entienda por literatura lo que el editor dice que ha de serlo, puesto que él es el que hace el objeto.

Mercadona le dice al agricultor que el tomate que no es redondo, de determinado color rojo y de determinado tamaño NO es realmente un tomate, es decir, ni lo distribuye ni lo vende porque está fuera de determinadas categorías estéticas que él mismo (y los de su gremio) dicta. Mercadona dice qué es un tomate, el editor dice qué es un libro. Del mismo modo que hay agricultores que venden sus tomates por su cuenta, o su aceite por su cuenta, o sus sillas por su cuenta, hay escritores que venden sus libros por su cuenta (con el hándicap de tener no sólo que escribir un libro sino que fabricar también el objeto). Del mismo modo que hay tenderos de barrio, hay editoriales localistas. Y del mismo modo que hay grandes superficies, hay grandes editoriales (con el añadido de que en este caso las grandes editoriales venden su mercancía tanto en grandes superficies como en las tiendas de barrio junto a los lápices, las gomas de borrar del cole, la fotocopiadora y los libros del paisano de turno que ha publicado su libro en la diputación de turno). En el medio es donde existe alguna diferencia, pues en el medio hay pequeñas fábricas, o fábricas familiares, que lo mismo llevan su mercancía al tendero que a la gran superficie (cómo lo hacen es el asunto importante, pues no siempre lo logran, considerando esa ausencia como una derrota, claro, queremos vender, y queremos vender mucho). ¿Está más bueno el tomate redondo y rojo del Mercadona o el tomate que, por ejemplo, me trae mi suegra y que le compra a un amigo que tiene un huerto y que parecen algunos caras de muñecas peponas de lo deformes que son? Saben diferente, eso sí. Y antes de estirar la analogía hasta la ridiculez, diré que realmente a mí me gustan los que compro en el frutero de la vuelta de casa que me dice, si le pregunto, de dónde los trae; creo que son mejores que los del Mercadona y no tienen tierra ni son tan verdes como a veces lo son los que me trae mi suegra del huerto del vecino (aunque hace poco nos trajo dos kilos que estaban para morirse de buenos).

Esto no es un intento de rebajar a los editores ni frivolizar con su labor, es simplemente un intento de comprender la labor del que escribe (para poder hacerlo) y comprender la labor del que edita (para ver cómo puede ser "La Internazional Samizdat" una editorial de verdad). Realmente el editor se ha convertido en un distribuidor de objetos, objetos que él mismo llama literatura y que pone en las librerías, pues sólo con esfuerzo, tesón y años de evolución de su labor (entendida industrialmente) se ha subrogado la potestad de llamar literatura a lo que hacen los autores cuyos escritos él mismo manufactura, consiguiendo con ello, además, despojar de todo derecho a los autores, o si no del todo, sí reduciendo su derecho al miserable y famoso 10% por derechos de autor. Saca más el librero que el autor, saca más el distribuidor que el autor, saca más el editor que el autor. ¿Que el librero tiene gastos que cubrir? ¿Que el distribuidor tiene gastos que cubrir? ¿Que el editor tiene gastos que cubrir (es lo que tiene fabricar un objeto)? Vale, pero eso no justifica el miserable 10 %. Durante muchísimos años, en este país, se ha alimentado la burbuja literaria (es decir, se ha intentado contentar a ciertos autores y se han "enriquecido" pequeños editores) con premios, en su mayoría públicos, con los que el editor ha mantenido la boca cerrada a los autores (por lo general más interesados en escribir que en saber cuánto sacan por sus libros) y de paso se ha ahorrado un buen dinero puesto que en el premio va incluido casi siempre eso de "hacer" el libro, no teniendo que poner (mucho) dinero de su propio bolsillo. Todos conocemos la cantidad de premios provinciales, comarcales, locales incluso (los nacionales juegan en otra liga, siendo curiosamente más limpios en ese sentido cuanto más grandes son: Anagrama se juega SU dinero con el premio Herralde, Lara se juega SU dinero con el Planeta; Borrás y chus Visor con los que publican y ayudan a dar, NO). Por no hablar de la norma no escrita de la compra obligada por las bibliotecas públicas de las comunidades de turno de lotes casi completos de tiradas de editoriales comarcales de turno (aunque en este sentido, esto incluso es lógico, loable y necesario para la supervivencia de ciertas editoriales y la edición de ciertos libros, pero olvidan de nuevo al autor, pues el autor no ve un duro más por una venta segura y exenta de riesgos). Es cierto que estoy simplificando mucho, hacer un libro cuesta dinero, y el editor normalmente se la juega, pero un escritor no se alimenta únicamente de ego, y con un 10 % (eso si el editor no te pide dinero directamente, escudándose en la coedición para sacarle unos cuantos cuartos al autor) y cuatro (con suerte) presentaciones no basta si queremos entender escribir como un oficio digno, pero al capital siempre le ha costado entender el arte como algo más que mercancía, y como al que escribe y no es un autor reconocido (se es reconocido de verdad cuando los que habitualmente no leen también les suena tu nombre) se le tiende a ver como a una especie de narcisista patológico pues al menos que pague porque se le lea (o se publique su libro). Desde este punto de vista es entendible lo que hacen algunos autores, agrupándose en denominaciones más o menos afortunadas (Nocilla, por ejemplo) y ayudándose entre colegas, colocándose los unos a los otros en universidades, periódicos, dando talleres o haciendo lo que sea en las delegaciones del Instituto Cervantes, cuando no directamente se dan premios unos a otros. Ahora bien, que sea entendible no significa que sea ético, pues esa degeneración capitalista-darwinista aunque es lo que promueve, no es natural, entendido esto como "lo que ha de ser"). Que Luna Miguel se convierta en producto a sí misma y se convierta en valedora irredenta de lo que escribe su marido y sus afines, que Acantilado haga lo indecible por hacer pasar un gato como "Fin" como una liebre sabrosona, que haya premios dotados de dinero público amañados, que haya premios amañados, que García Montero vaya de progresista mientras da premios a sus amigos, que se editen entre amigos, que para que lean tu manuscrito tengas que hacer malabares con tus propias pelotas y rozar el patetismo vendiéndote a tí mismo, o que la crítica (en periódicos de tirada nacional) esté, si no comprada, sí tenga un tufo rancio y gris... Todo eso es entendible, pero no significa que no sea asqueroso, realmente asqueroso, es decir, vomitiva y moralmente asqueroso.

Decía al principio que el mercado editorial en el capitalismo es demencial y he terminando diciendo además que es asqueroso. Con eso no estoy insinuando que la literatura en los regímenes comunistas (o que se demoninaron comunistas) fuese mejor; era, sencillamente, diferente; pero más allá de las vicisitudes concretas para publicar en los países de la Europa del este (y con las Samizdat mediante), el hecho de quién fuese escritor no venía dictado por una industria, era algo que se hacía y que no planteaba tantos debates (multiplicados en el mundo neocapitalista con la llegada de lo digital y la posibilidad de editarte y vender digitalmente como si fuese uno Pérez Reverte hasta lo ridículo, pues todas esas críticas y peros ante la autoedición y todas esas defensas del papel sólo son sino disertaciones sobre el negocio y el cortijo, esto es, una industria cultural particular). Independientemente de que te dejaran o no vivir de ello, en occidente, la clandestinidad literaria al este del telón de acero y su persecución política era vista como una forma de disidencia, y como tal era aplaudida y alabada (en el 99% de los casos con razón), pero uno escribía y punto (y se jugaba la vida en ello, que es mucho más determinante y lo importante de todo esto). Tanto en un caso como en otro, y una vez caído el Muro y malvendidos los ideales, lo importante es escribir, escribir, escribir, escribir y escribir, y después de escribir, revisar, revisar, revisar, y después, reescribir, reescribir, reescribir, y después volver a revisar, y después (si uno quiere seguir revisando y reescribiendo ad infinitum, tampoco pasa nada), y después, y sólo después, entonces publicar, publicar, publicar y publicar, sobre todo si nadie te quiere, sea bajo la editorial X o la editorial Y (si es bajo L.I.S., mejor, aunque eso requiera mucho esfuerzo y tiempo al menos no te robará nadie y serás dueño de tu trabajo y de lo que él te traiga).



Lo que quiero decir es que las editoriales, sobre todos las medianas y pequeñas, tal vez deberían de replantearse muchas cosas, primero para seguir teniendo un valor cultural en sí mismas si es que quieren seguir preservándolo editando y publicando libros, y segundo para seguir haciendo necesaria su labor, y todo eso pasa por entender su relación con los autores desde otro punto de vista, es decir, si quieren sobrevivir y sobrevivir siendo aún necesarias, han de reestructurar todos los parámetros del negocio, de SU negocio, empezando por dejar de segregar al autor de todo el proceso, desde la manufactura hasta la promoción del objeto, y terminando con su relación con el librero y el lector. Por no hablar de lo que pueda significar "de verdad" editar, esto es, trabajar un texto con el autor (¿desde dónde? ¿para qué? ¿por qué? ¿para hacerlo más vendible o para hacerlo estéticamente mejor?). Sé que todo lo que he dicho es una gilipollez y puede ser rebatido con un leve soplo, lo sé, sobre todo porque hay excepciones, como siempre y toda mi argumentación es bastante pobre. Y también sé que todo esto suena muy en plan "comercio justo", "comercio responsable" o "economía social", es decir, muy naif y bondadoso, pero lo curioso es que en el fondo me la suda, y digo que "me la suda" porque yo he terminado publicándome a mí mismo, es decir, he hecho 200 sillas iguales y las he vendido a quien ha tenido a bien quererlas comprar, llegando a donde he podido llegar con mis pocos medios y mi natural ineptitud para hacer negocio y sabiendo que "mi recorrido comercial" iba a ser ridículo, pero eso sí, al menos no he perdido el dinero que me dejaron e incluso he podido llegar a pagar un par de letras del préstamo de la librería, y si escribir es entendido como una categoría que sólo te pueden dar los otros, para algunos que no conozco de nada (dos o tres, oíga, un disparate, lo cual hace todo aún más ridículo si cabe) lo soy (cómo sea lo que yo escribo no es competencia mía, no porque no me importe, sino porque yo no puedo juzgarme como debería o como juzgo a otros, por eso me autoedité, para entender qué he de hacer para seguir). Sin embargo, leo el post de Juan Malherido, leo "En los antípodas del día", leo "Índice onomástico" de Teo Serna, hablo con Teo Serna sobre ser escritor, etc... y para colmo se me plantea la oportunidad de intentar crear una editorial y editar no sólo cosas que yo tengo en el cajón bajo la denominación editorial de "La internazional Samizdat", y claro, uno le da por desbarrar que da gusto y duda de todo, incluso de si realmente debería seguir escribiendo o intentando al menos contar historias, pero, oye, igual todo se reduce a "tratarla bien" y tener "soul". Hasta dónde quiera uno llegar y cómo en el mundillo editorial, es otro cantar, pues parece que conseguir editar es como enfrentarse al guardián del Puente de la Muerte en "Los caballeros de la mesa cuadrada". Sing with Jimmy... "I wanna tell you a story..."
  



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