viernes, 10 de enero de 2014

Andrés Sorel sobre un libro llamado "Cardiopatías"

Estoy pendiente de una intervención quirúrgica y, la verdad, no me veo con ganas de encontrar qué escribir aquí; pasan muchas cosas y a la vez ninguna... como siempre, todo será cuestión de tiempo... Se amontonan los escritos empezados y no acabados, se apelotonan los quehaceres y los días se acumulan como mantras aburridos que sólo consiguen ser silenciados con canciones y pensamientos grabados en los troncos de los árboles del parque, ese al que ya no voy porque hace mucho frío y mi ropa de abrigo está vieja y desgastada.... Me muevo poco para mover "Cardiopatías", no hay librerías que quieran depósitos de libros autoeditados, y mi agenda de contactos es tan corta como la de inspector Clouseau. A veces sí pasa algo, y la aparente levedad de lo que sucede parece casi un cataclismo en determinados momentos. Andrés Sorel me escribe para decirme que ha leído los relatos de "Cardiopatías" durante su estancia en Sesimbra, y me dice que ha escrito algo que ha colgado en la página web de la Asociación Colegial de Escritores de España, que me lo manda también a mí y que espera que nos veamos pronto y que busque un lugar para presentar el libro en Madrid...
Esto es lo que ha escrito... Si alguien lo quiere, sólo tiene que pedirlo



CARDIOPATÍAS. Juan Miguel Contreras

 Arritmias.
Otra vez un lugar de la Mancha. Pero nos encontramos en la segunda mitad del siglo XX. Y entre jóvenes y adolescentes. En el tiempo de la memoria de quién ya sabe que el camino de la vida, que surgió de la nada, desemboca en la muerte, que es la nada a la que se regresa. En el exilio interior, donde la soledad, el tedio y la nula vida cultural, abren grietas al desánimo y la apatía que se combaten mediante el alcohol, las escasas palabras que luego no se recuerdan, y los juegos, en los que el sexo ocupa un lugar privilegiado. Con exiliados que nunca se sienten exiliados dado que conforman la población sumisa, embrutecida, propia de una España que no termina de soltar las cadenas del oscurantismo, del peso embrutecedor que sobre ella impone la religión, de la ignorancia y la falta de utopías liberadoras. Ellos, en sus gestos, actitudes y pensamientos configuran la minoría  ajena, repudiada. Uno es el narrador, que pasea su mirada sobre los tipos humanos que acompañaron su crecer a la vida, su desarraigo del medio en el que la literatura va a jugar su papel determinante.
¿Realmente existió un tipo tan original como el que cobra vida en el arranque de la narración, la arritmia con la que el corazón se pone en marcha para conocer el alcance de su dolencia, y no digamos si es física, humana o existencial, que puede abarcarlas a todas? No intentaremos averiguarlo: porque sea inventado o reinventado, es, fundamentalmente, literatura, y esto, en tiempos de enfermedad tal vez sin operación posible de la propia literatura, es lo que nos importa y seduce.
La tierra de Almería, un desierto propio más que para ambiente de películas, para que en él se pierdan almas vagabundas, expatriadas de si mismas y de países y gentes con las que prefieren no convivir, es el segundo camino- las venas son los caminos del corazón y las rutas de la memoria los relatos confortantes de la literatura- por el que se interna la arritmia que antecede a la hipertrofia.
Un relato bello, amargo y triste como la existencia de quienes tienen necesidad de amar y no son capaces de entregarse a  sus sueños: leyes de la herencia, convencionalismos sociales, la impotencia o la enfermedad de quienes saben que resulta imposible abandonar la soledad. Porque nada existe peor que un vencido que acepta el ¡ay de los vencidos! De la propia existencia. De ahí el progreso, sin cura posible, de las arritmias.
    Hipertrofia.
La presencia de la muerte no es, en ocasiones, más que la continuidad de determinadas vidas. El cojo Lucas es un personaje que en su simplicidad lo expresa con profunda filosofía. ¿En que se diferencian o en que consisten la razón y la locura? ¿No es la vida acaso un absurdo corredor de la muerte? Y en el abismo del morir, saber que uno desaparece sin conocer si existe o no existe Dios y que de existir no se le podrá maldecir lo suficiente por todos los males que viene causando a la humanidad.
La verosimilitud de los personajes tiene que ver mucho con el ritmo de la narración, con la exactitud y el rigor del lenguaje y aquí el escritor se mueve sabiamente como hábil discípulo y continuador de los narradores que hicieron de los relatos el otro género –con la poesía- certero y difícil de la literatura.
Calcificación
La existencia, a través de la literatura. O cómo se vence la enfermedad del cuerpo –casual y provocada por virus tan pesados como inoportunos-. Las cloacas del organismo enrevesado y –perfecto para unos, inexplicable para quienes no aceptan el absurdo del dolor- de la civilización abiertas e intervenidas por cirujanos del pensamiento y la palabra para exponer las miserias del ser humano. En la lectura del mal que asola el espíritu, es decir, el causado por los represores a los diferentes, el estrechamiento de las fronteras entre los criminales y los sensibles, abordados ahora en la estela de un libro maravilloso El maestro y Margarita y un escritor perseguido, Bulgakov, por el estalinismo nocivo, una de las grandes catástrofes de la civilización en el siglo XX, coetánea de la mayor que nunca haya existido, la impulsada desde Alemania por el poder nazi. Sería, al hilo de esta reflexión, bueno reflexionar sobre la desmitificación del concepto pueblo, o de las masas, bajo sistemas políticos y aparentemente antagónicos y que condujeron a crímenes, genocidios y esclavitud para desembocar en regímenes burocráticos, explotadores y corruptos como los que hoy ostentan el poder en esas naciones.
El corazón, de derrota en derrota, hasta la derrota final.
Mordaza de bruma es al tiempo un homenaje al Ensayo sobre la ceguera de Saramago. Y así entramos en la fase de la
Insuficiencia. Imposible Penélope.
Cuelgamuros. Nuestro pequeño campo de exterminio. Vencidos. Fantasmas. Sobrevivientes. Trabajar, dormir, morir. Despedazados como las piedras que hendían con sus picos, entre las que habitaban en peores condiciones que los animales de las regiones más inhóspitas. El franquismo. La memoria. Otro ayer que no existió. Otra vuelta de tuerca a la existencia del mal, para que así pueda perpetuarse bajo nuevas formas, en las mismas u otras latitudes. Y a la mayor gloria de la Iglesia que conforma  el Dios más cruel y sanguinario inventado por los hombres, que rige quienes se denominan católicos.
“Mi vida no vale nada… tiendo a pensar que fue el mundo el que se fue a la mierda”. Como pensaron algunos sobrevivientes de Auschwitz.
No es el corazón enfermo, son la Humanidad y la civilización quienes en el siglo XX iniciaron el camino hacia la muerte y este libro de relatos homenajea a un puñado de seres humanos para convertirse en la música que nos dice que todavía existe la vida. En los mundos por los que navega el autor, en la absoluta soledad, silencio del espacio –recordemos su gran novela La muñeca rusa –otros hablaron del silencio de Dios, es donde encontramos la angustia y desazón que crean el pensamiento.
“Ella fue la que me hizo descubrir de nuevo mis sueños, la que me hizo volver a verme a mi mismo dentro de mis sueños. Eso fue lo que me mantuvo vivo en esa maldita sierra, donde una manada de desheredados y enterrados en vida escarbábamos la montaña, olvidados del mundo”.
Cuelgamuros. El vagabundo de las estrellas, de Jack London. Palabras. Literatura de un auténtico creador, narrador. Lógico que entre, como les pasó a muchos escritores bajo el régimen censorial soviético, en la semiclandestinidad. Entonces era por el nefasto autoritarismo estaliniano. Ahora es el nocivo y salvaje, explotador neocapitalismo y un mercado que impone la censura económica como arma tan nefasta como la política. Afortunadamente aquellos que todavía son capaces de leer y pensar acabarán encontrando  obras como la de Juan Miguel Contreras.

                                    

domingo, 22 de diciembre de 2013

La luz es más antigua que el amor, fragmento. Ricardo Menéndez Salmón


"Las cosas que más tiempo nos acompañan -nuestros grandes amores, nuestros grandes anhelos, nuestros inmensos fracasos- tienen siempre la edad de la juventud, porque amores, anhelos y fracasos comparten ese lugar donde la inconsciencia y la ambición se encuentran. Toda obra humana llamada a perdurar nace de ahí, del conflicto irresoluble entre lo deseado y lo posible, entre nuestro ideal y nuestras fuerzas; toda obra humana nace de la encrucijada donde dialogan nuestra sabiduría y nuestra ignorancia."
Ricardo Menéndez Salmón, La luz es más antigua que el amor, Seix Barral, 2010, página 170 


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Patricio Pron sobre "Cardiopatías" en El Boomeran

Procuro escribir en este espacio de lo que admiro, o al menos de lo que me gusta y me llena. Ian Hunter, Bolaño, Jethro Tull, The Avett Brothers, Led Zep, Sergei Dovlatov, Emmanuel Carrérè... El caimán, amo y señor de este humilde espacio, me deja su máquina de escribir para verter tonterías o apreciaciones sobre cosas y, desde el "nacimiento" de La Internazional Samizdat, reconozco que esta guadianesca guarida está más centrada en publicitar "La muñeca rusa" o "Cardiopatías" que en lo que me rodea en casa o leo o veo o escucho o hago... Aún así, intento dar salida a esos escritos emborronados donde a veces doy cuenta del diario de lecturas... Tengo varias cosas pendientes, libros sobre todo, y algún que otro disco. Si escribo todo esto hoy a modo de introducción es por la sorpresa (agradable, sorpresiva y sorprendente, dinamitera incluso) de leer que alguien sobre el que yo he escrito aquí, ha escrito algo sobre mí, o más concretamente sobre el libro nuevo, "Cardiopatías". De Patricio Pron  he escrito sobre varios libros suyos, me parece uno de los narradores más dotados e interesantes que hay ahora; a pesar de los palos que recibe en varios blogs que yo sigo y con los que comparto muchas de las opiniones, no puedo decir lo mismo en el caso de Pron, pues, como digo, todo lo que he leído de él me ha parecido soberbio (sobre todo "El comienzo de la primavera"). 

Sobre "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia"":

Sobre "El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan":

Sobre "El comienzo de la primavera":

Alguna vez nos hemos escrito correos tan breves como amables y cordiales, y le mandé "La muñeca rusa" cuando ésta salió. Hace un par de semanas le envié el ebook de "Cardiopatías", y me lo agradeció como siempre hace. Yo daba por sentado que la historia de Milos no la había leído (con todo lo que hay por leer...), y suponía que iba a pasar lo mismo con "Cardiopatías"; a pesar de ello, y como no encontraba otra manera de agradecerle su amabilidad y el placer que había encontrado en sus libros, con que los recibiera y siguiéramos "en contacto", me daba por satisfecho. De ahí la sorpresa al encontrar unas líneas sobre mí en su columna de El  Boomeran, que releí porque no me podía creer que yo fuera el mismo al que se refería él, y ese libro fuese otro, y no el mío. Aún sigo analizando el párrafo, en plan adolescente nerd, pero eso forma parte de mis tonterías; la verdad es que me parece alucinante (qué adjetivo tan poco literario).

Aquí el link de su columna:


2
Antes de la publicación de CARDIOPATÍAS, el escritor español JUAN MIGUEL CONTRERAS había escrito las novelas Cuando acabe el invierno(2004) y La muñeca rusa (2012); con la última de ellas, Cardiopatíascomparte el personaje de Milos Meisner, celador allí de un asilo para alienados en Praga durante la "Primavera" y traductor aquí de una obra que, en realidad, se compone de cuentos escritos entre 1999 y 2006. Se trata de relatos que, como afirma su autor, "no fingen su extrañeza ante un mundo del que intentan dar cuenta" (13). Tampoco ocultan las lecturas de su autor y sus vivencias (pequeños pueblos españoles, los intentos de escribir) y giran alrededor de un cuento llamado "Imposible Penélope" que no es un cuento y no narra un hecho sucedido en el pasado: es la tragedia de este país y de sus habitantes sucediendo aquí y ahora, otra vez y como desde hace décadas.


(...)

Después de eso, pasó un día agotador, y llegó el rato nocturno donde intento leer antes de que el sueño venga (y cada vez viene antes)... Cogí "La vida interior de las plantas de interior" que había sacado hace varias semanas de la biblioteca pero que no había podido empezar... O eso creía, porque el primer relato del último libro de Pron sí lo había leído, aunque no recordaba cuándo. Como veía que no iba a aguantar mucho, preferí leer el segundo (al menos que lea un relato entero, me dije), y comencé "Un jodido día perfecto sobre la tierra".... Y no, no me dormí, desde luego que no... Me pareció el acto perfecto para acabar el día, las palabras justas para mantener la cabeza en orden y los pies en el barro... Acabé el relato casi hipnotizado y cuando acabé, volví a un párrafo que necesité releer:

"En España hay muchos concursos, una cantidad incalculable pero que es muy alta y que a tí te da vértigo y, de la misma manera, hay también una cantidad ininteligible de cuentos dando vueltas, saltando sin fortuna de concurso en concurso como satélites que orbitaran alrededor de un centro invisible para que cada uno de los participantes -que tú puedes imaginar perfectamente, sentados en habitaciones con juguetes de niño y facturas impagadas de la luz y bombonas de butano vacías en el balcón- significa algo diferente: dinero, reconocimiento, una oportunidad para salir del pozo y, tal vez, para algunos, la literatura con mayúsculas; sólo que, por una simple regla geométrica, las órbitas nunca tocan el centro, ni siquiera lo rozan, el centro se ríe de ellas y las sujeta a su alrededor con un poder que surge del ansia y la imposibilidad de alcanzarlo y, así, la literatura -la que está viva, la que surge de la desesperación y la ansiedad pero se eleva sobre sí misma hacia la vocación y el reconocimiento- es el centro alrededor del que giran estos cuentos sin poder tocarlo jamás, condenados a no tener siquiera un poco que ver con la literatura, pero fingiéndolo todas las veces"  Patricio Pron. La vida interior de las plantas de interior. Ed. Random House Mondadori, 2013, p.21.

Recordé que cinco relatos de "Cardiopatías", de los nueve (diez si contamos el "bonus" para los mecenas de Verkami), pasaron por al menos diez o doce concursos y sentí algo de vergüenza. Luego pensé en las cartas de rechazo, y me alegré de tener mi pequeña Samizdat moderna, consuelo pequeñito, pero mientras tecleo esto rodeado de juguetes de niño y facturas impagadas de la luz y bombonas de butano vacías en el balcón, creo que es el mejor (y único) asidero que tengo para poder seguir mirándome al espejo. Después me fui a la cama pensando que dormiría del tirón, siendo cerca de la una de la madrugada, pero el pequeño estaba sudando y con fiebre y no me quedó más remedio que fingir insomnio,  ojeras y el vértigo de las palabras... Gracias, señor Pron. 

viernes, 13 de diciembre de 2013

Algunos carteros llevan un libro llamado "Cardiopatías" en su carrito...

Dentro de un rato iré a preparar la cama para la noche. El pequeño se durmió hace poco, anda fastidiado con los colmillos y las muelas. La hermana no; los jueves está cansada de la semana y no necesita ni cuento. Debería haber aprovechado mejor desde que el pequeño se durmió, pero me quedé mirando un cuadro, sentado en la mesa frente al ordenador, un cuadro de un acantilado, y no me dí ni cuenta de que pasaba el tiempo y daban las doce. El pequeño se ha removido y ha sido cuando he pensado que dentro de un rato iré a preparar la cama para la noche. Pondré la barandilla y los cojines para pasar al pequeño a mi cama cuando se despierte, molesto y desconsolado y se acurruque en mi regazo cuando se rinda al cansancio, después de un buen rato de buscar la postura y molerme un poco a patadas. Los días que su mamá trabaja de turno de noche en el hospital son así. La extraña, como yo, supongo. Antes aprovechaba esos turnos de noche para escribir cuando los niños se dormían; ahora reconozco que me cuesta, yo también llego cansado a la noche y, aunque hago propósito de enmienda, no hay manera, y eso que hasta he pensado en varias cosas sobre las que tengo ganas de escribir. Otro día, imagino. 
(...)


Acabo de hacer unas fotos al libro nuevo. Hoy algunos de los mecenas que me ayudaron en Verkami han recibido su libro y han puesto fotos en facebook. Me ha hecho mucha ilusión, por qué no decirlo, soy bastante fácil en ese sentido. Entre mañana y el lunes, deberían llegar el resto de envíos. Ayer, cuando fuí a la oficina de correos, el hombre de la ventanilla (que era el mismo que me había atendido el día anterior) me compró un libro. El primer día que aparecí con el montón de paquetes, me preguntó curioso y le dije lo que eran. Me imaginó más importante de lo que soy y al día siguiente se armó de valor y me preguntó cómo se llamaba el libro y dónde podía comprarlo. En la mochila llevaba varios para dejarlos en la librería Imagina, así que saqué uno y se lo vendí. Hoy, Nikochan, Anna y Pax han puesto una foto con el envío. Charo me ha avisado por mensaje y, como la mejor librera del mundo que es, me ha dicho que "Cardiopatías" estará en la librería Pasajes si yo quiero. "Si yo quiero...", ja, para no querer... 
(...)
Preparada la barandilla...
(...)
Me prodigo poco por aquí. Sólo leo en las esperas de las consultas del médico, y no mucho, últimamente tengo suerte y no me hacen esperar. Sigo leyendo, entre otros, "Los frutos amargos del jardín de las delicias", la biografía de Hrabal escrita por Zgustová. Más que una biografía de "datos" es una biografía de "sensaciones". Más que contar qué pasó o quién hizo qué, Zgustová pone todo su énfasis en hacerte sentir lo que Bohumil sentía en cada momento determinado de su vida. Cargada de información debido a sus larguísimas conversaciones y acceso completo a todos sus papeles, en vez de centrarse en dar cuenta de sucesos, exprime al máximo su ingente información y se centra en sentimientos y sensaciones. Esto, o este libro, del cuál ya he hablado en varias ocasiones, lo saco de nuevo a colación por varias páginas que he leído estos días, las cuales, curiosamente, si es que existe ese tipo de casualidad, trataban sobre la enfermedad, sobre leer ciertas cosas en determinados momentos y no en otros, sobre la obsesión de Bohumil por comprenderse y purgar sus errores, su forma de ser algo desordenada, su visión del pasado, del presente y del futuro desde la lectura de Lao Tse, más concretamente desde "su" lectura, la de un checo absolutamente genial y surrealísticamente pantagruélico que se sabía de memoria todo lo que había en su lengua editado del filósofo chino. Y eso lo leía yo, sentado esperando ser llamado a las pertinentes pruebas que no auguran nada nuevo ni nada bueno (no dramaticemos, algo lógico habida cuenta de mi historial, pero totalmente llevadero, espero). Y me hacía gracia, sobre todo cuando un libro llamado "Cardiopatías" estaba a punto de salir y yo estaba sentado delante de una puerta con un cartelito que ponía "Ergometría-Holter". 

Alguien podría pensar que es tramposo que yo achaque a la casualidad el título de un libro, "Cardiopatías", con una patología similar cuando he sido yo el que he puesto precisamente ese título, y es posible que tenga razón, pero diré que ese título lleva puesto 6 años y no había motivo para cambiarlo. Lo que me parecía más curioso era el hecho de que uno de los cuentos, "La pena de Desamparado", trata sobre alguien que enferma de gastroenteritis mientras lee un libro y, tal vez por la fiebre, tal vez por el dolor, piensa que cuando acabe ese libro, mejorará, así que a pesar de todo, intenta purgar su enfermedad sin dejar de leer. El cuento lo escribí en el año 2000, y he de decir que el libro "maldito" es "El maestro y Margarita". Estos meses me he acordado mucho de ese cuento, no por el hecho de tener que corregirlo y corregirlo, sino porque desde que comencé con la edición y maquetación de "Cardiopatías" me he encontrado peor, más de lo deseable, y reconozco que alguna que otra vez he llegado a creer ingenuamente que todo se estabilizaría cuando saliera por fin el libro... Cosas de Bulgakov, de Popota y de Voland... Y, bueno, el libro ha salido y tampoco es que me haya puesto a dar sanísimos saltos de alegría imbuido de una vitalidad cuasi sobrenatural, pero sí es cierto que en alguna cosa ha mejorado la situación, así que... Se supone que ahora, como proyección ectoplásmica de una editorial fantasma, he de currarme eso de darle difusión... ¿quieres un libro de cuentos agradable al tacto y escrito con tesón -de momento no tengo referencias que refrenden otro tipo de adjetivos-? Tengo churumbeles que alimentar... Todo está en el aire, ni siquiera está sujeto con pinzas, pero yo sigo empeñado en intentarlo, no sé hacer otra cosa. Aún no tengo noticias con peso de la aventura trasatlántica de "La muñeca rusa", por lo que me resisto a comentar algo. Respecto a otras puertas llamadas, doy por perdida la fe en que contesten positivamente. Acepto moverme en los huecos que yo mismo puedo crearme. Me he prometido no dudar más de publicar yo mismo lo que doy por decente ni de justificarme ante nadie por la decisión de llamar a mi editorial "La Internazional Samizdat" y sacar y vender la literatura de la que soy capaz. Recuerdo a Sergei Dovlatov y otros tantos, y también leo la lista de los más vendidos y veo a la mujer que se hizo famosa por follarse a un torero, y pienso que es obsceno todo, todo el mundo editorial, todo, incluso yo mismo, así que...

Me reclama el calor pequeñito, el dormir rumoso, al final le robo horas al sueño a sabiendas que tendré que pagar el peaje; una mano izquierda, extremadamente suave, que cabe dentro de la mía, tantea el aire buscándome mientras la derecha agarra con fuerza un peluche del monstruo de las galletas. Dormir a saltos, pensar en duermevela por la idoneidad de contar este tipo de cosas, lamentarme un poco y preguntarme si este juego de desvelos y camuflaje de mí mismo como personaje y narrador es a su vez otro juego más, aunque esta vez de ocultación, o quizá por el contrario todo esto es sólo una burda forma de intentar escribir a corazón abierto...

domingo, 1 de diciembre de 2013

Los Modlin de Paco Gómez y Los Modlin, de Paco Gómez



No soy crítico literario, cada vez me cuesta más hablar de libros; las (pocas) veces que he comentado alguno aquí, aunque he intentado argumentar mi gusto o entusiasmo por el libro en cuestión (no creo recordar ninguna vez que haya hablado mal de un libro en este blog; las razones son dos; paso de que nadie se cabreé conmigo -básicamente porque no obtengo compensación económica para que me la sude enemistarme con ningún escritor-, y dos, cuando no me gusta un libro suelo ser bastante virulento, al poco de intentar argumentar el porqué no me gusta, me canso y sólo me sale, "este libro es una mierda, está mal escrito y es una pérdida de tiempo") siempre me quedo con la sensación de que no sé ejercer eso que se llama "crítica literaria" y que yo, como mucho, sólo se recomendar con mayor o menor vehemencia, un libro... Será mi pasado librero... Será... También será que me cuesta separar la lectura de mi vida, quiero decir, soy incapaz de separar lo que leo de cómo lo leo, lo cual me llena de paradojas a la hora de hablar "objetivamente" de libros... Eso no quita para que no sepa reconocer la mierda cuando la veo... (todo eso lo dice mil veces mejor Kiko Amat en el prólogo de su libro "Mil violines").

Dicho esto, acabo de terminar de leer el libro "Los Modlin" de Paco Gómez. Me ha gustado mucho, muchísimo. Recogiendo la imagen de por qué no puedo criticar algo sin separarlo de mí, la sensación que desprende este libro, o al menos una de ellas, pues son muchas, es cómo se ha trenzado la vida de Paco Gómez con la de esta familia americana llamada Los Modlin.

Me vienen a la cabeza dos palabras, "obsesión" y "arqueología"... Paco Gómez encontró tiradas en la basura, decenas de fotografías y papeles de lo que parecía ser una extraña familia. El tiempo le fue dando las claves de quiénes podían ser esas personas por las que él no podía evitar sentir ciertas fascinación. Dio con los Modlin, y de repente todo se fue cubriendo de casualidades, de azares, de personas que le ayudaban a desentrañar el misterio, y ese misterio, conforme era desvelado, fue formando parte de su propia vida; podemos llamar a eso obsesión, y estaremos en lo cierto, pero hay algo más. Para intentar explicar ese algo más, tengo que recurrir a la palabra "arqueología". Paco Gómez reconstruye la historia de los Modlin como un arqueólogo, interpreta los restos (imágenes) y busca una explicación, un relato medianamente lógico sobre una familia de estadounidenses que, a finales de los sesenta, se instalan en Madrid, pintora ella, actor él, y su hijo, criado por sus padres como un dios terrenal, una especie de "Demian" de Herman Hesse, hermoso receptáculo de todas las esperanzas y sueños de gloria de sus padres... Lo que hace sumamente especial (y donde creo que reside la verdadera fuerza y atractivo de este subyugante libro) es la atracción que Paco Gómez siente hacia esta familia. Desde el primer capítulo este libro deja claro que no es una simple biografía fragmentaria y fragmentada de una extraordinaria familia (son todo menos ordinarios), sino la historia de la obsesión de Paco Gómez. Ahí reside la grandeza de este libro, su humanidad, su carácter real, el cariz literario que emana de cada página cuando es obvio que esa fuerza narrativa no ha sido buscada... Es un libro demasiado humano, como demasiado humana es la historia de los Modlin, de Margaret, de Elmer y de Nelson. Leyendo este libro uno se confunde inmediatamente con su autor, cualquiera podríamos haber sido él, cualquiera puede entender todo lo que él siente, padece y busca, sin embargo sólo uno puede ser Paco Gómez, sólo uno puede contar la historia de una obsesión por descubrir y comprender la historia de una familia que pudo haber sido "bigger than life" y que sin embargo cayó en el más ignominioso olvido... 

Murieron sin importarle a nadie, el plano de la Historia donde ellos quería haber entrado a formar parte los ignoró de manera dolorosa; ellos querían formar parte de los libros, de las noticias, de la Historia (del arte, del cine) pero acabaron en un contenedor de basura. Nadie quiere los cuadros de Margaret ("la más grande pintora del Apocalípsis de todos los tiempos"), Elmer no pasó de ser un simple actor secundario... Ellos fueron demasiado humanos. Y alguien tan extraordinario como Paco Gómez quiso saber quiénes fueron desde que el azar quiso que encontrase los documentos que atestiguaban su vida (fotografías, imágenes que había que interpretar como un arqueólogo interpreta restos de cerámica, escombros arquitectónicos, huesos...). Uno entiende que Paco Gómez se vea arrastrado por esa familia, lo entiende perfectamente, y el libro ofrece capítulos soberbios de esa atracción, y lo hace de manera inteligente, porque tú (lector) estás elaborando en tu cabeza el trayecto que siguió su autor, y cuando te preguntas cosas (¿qué pasó con Nelson?, ¿qué hacía Elmer en Nagasaki?), pasas las páginas y lo encuentras; pero el autor no da una visión cerrada, no afirma con seguridad las cosas, no rellena los huecos de los que no tiene información... ese detalle, eso que se podría leer como un fallo del autor, se convierte en su mayor aliado, porque tú (lector) te encuentras entonces fabulando también sobre esa familia, te preguntas cosas y poco a poco sientes esa obsesión como propia... Cierras el libro, y sigues pensando y pensando en ellos, no sólo en Margaret, Elmer y Nelson, sino también en Paco, en su periplo vital, luchando por mantener la cordura o dejándose llevar por ella, luchando contra la incomprensión de los que tienen la llave de los mayores secretos de esa familia (Olga Barrio y su familia), contra esos misterios que en cada fotografía encuentra... Cierras el libro y de alguna manera sabes que esa familia volverá a tí de algún modo u otro, y terminas por creer que quizás también en algún momento de tu vida, los Modlin se cruzaron contigo. Algo te lleva a pensar que seguramente no haya más, que la historia de esa familia, en el fondo, sea lo que Paco Gómez te ha contado y se pueda resumir en un puñado de líneas, pero, por otro lado, sabes que no... Abres el libro de nuevo (preciosa edición) y buscas en esas fotos algo en lo que aún no hayas reparado y que te de las respuestas que buscas...


BOOKTRAILER

domingo, 24 de noviembre de 2013

Exposición de Andrea Hauer en Gijón. La Salita. "Hogar dulce hogar"


El próximo 29 de noviembre, mi amiga Andrea Hauer, responsable del diseño de la portada de "Cardiopatías" y miembro del Colectivo el Quiltro, expone en Gijón. Me ha pedido un breve escrito sobre su obra para el catálogo de la galería. Aquí os dejo algunas muestras de lo que hace, el texto que he escrito y el link de su página web. http://blog.elquiltro.es/category/andrea/


"La fuerza plástica que esconden estos mimbres, estas imágenes, estas estampas de lo cotidiano de Andrea Hauer, estos retratos cosidos, despierta en nosotros una cantidad enorme de sensaciones que ya dábamos por perdidas, o por lo menos las sentimos muy habituales (muestran la cotidianeidad); sin embargo las sentimos renovadas por la manera en la que esta artista nos las muestra, haciendo que afloren inmediatamente en nosotros como hacía tiempo no sentíamos. Podría haber optado por fotografiar o por dibujar, y eso no haría de esta exposición algo menos interesante (por su forma de mirar), sin embargo Hauer teje, cose, hace del laberinto de hilos un retrato fundamental y fundacional de su vida, de LA vida. Ahí está Penélope, con su rueca, tejiendo y esperando, tejiendo y creando un retrato de su vida, de su espera, de sus miedos y de sus esperanzas, pero también está Ariadna, pidiéndonos que elijamos un extremo del hilo, un comienzo cualquiera y que, a partir de él, recreemos el mundo (el mundo de la artista que inmediatamente hacemos nuestro) y encontremos la salida (acaso hacia nosotros mismos), para así, volver al principio de todo, porque lo que Andrea Hauer tal vez espera encontrar no es un camino para huir, sino para regresar."




"Sin embargo, esta artista no bebe solamente de esas fuentes griegas (quizá un tanto obvias pero no por ello menos potentes) sino que retoma y reelabora otros mitos, más suyos, más ajenos a nosotros, que vivimos al otro lado del Altántico. Los mapuche chilenos nos recuerdan que una araña vieja llamada Lalen Kuzé es la dueña del hilado y del tejido, que fue la primera tejedora, siendo también la protectora, la maestra que cuida y protege a las Ñerefe (tejedoras), que son las que vertebran la vida de su comunidad. Lalen Kuzé enseñó a tejer a Ulcha Domo, una de las cuatro partes (dos masculinas, dos femeninas) de la divinidad primigenia, quien a su vez enseñó a tejer a las primeras mujeres. El telar mapuche es el útero de la comunidad, la fuente transmisora de la cultura, y la mujer, el ovillo del que todo surge, el aedo que comunica a través de, y desde ella misma. Tejer es por tanto una metáfora para entender la relación entre lo sagrado y lo mundano, es un arte y a la vez un modo de transmisión de conceptos, de ideas, de historias… Nosotros, tan habituados a otras maneras de representar y de ver las cosas, inmersos en lo audiovisual, nos sentimos de golpe descolocados y asombrados ante estas telas; donde esperamos ver óleos, pigmentos o aluros de plata formando imágenes, encontramos hilos sacados de una madeja (del vientre de una araña sagrada), cuyo hilvanado forma una imagen muy reconocible para nosotros mismos (la serie se llama “Hogar Dulce Hogar”) pero que nunca habíamos visto de esa manera, con esa cantidad de sentidos soterrados y de sensaciones por descubrir."


jueves, 14 de noviembre de 2013

Cardiopatías, un libro de relatos


Muchas veces hay dos maneras de ver las cosas, e incluso “dos” se puede antojar poco si uno se pone a discurrir a gusto, pero de momento nos quedaremos con dos. Lejos de intentar meterme en disgresiones sobre la nueva manera (o no tan nueva) de poder hacer cosas en torno a la literatura que ofrece la web, intentaré escribir a vuela pluma un par de tonterías, sobre todo ahora que el proyecto que lancé en Verkami para poder editar y publicar “Cardiopatías” ha terminado. Como sabéis de sobra los que de vez en cuando os dejáis caer por aquí, me lancé a la autopublicación hará cosa de año y medio, y salió a la luz una novela llamada “La muñeca rusa” bajo mi nombre que, en círculos muy reducidos (reducidísimos) ha sido bien acogida. Visto el resultado y sopesando las cartas y comentarios que me llegaron al respecto, decidí que podía volver a hacerlo y publicar otro libro, esta vez un conjunto de relatos. La historia de “Cardiopatías” es similar a la de “La muñeca rusa” en cuanto a rechazos editoriales se refiere, sólo que anterior, pues son 9 relatos escritos y salvados de la papelera entre 1998 y 2006. La diferencia estriba en un detalle, una anécdota, que hizo que los abandonara (yo creía que para siempre). En mayo de 2006 recibí la llamada de un editor (me guardaré el nombre) de una editorial que yo siempre he admirado, por su fondo y por su manera de editar, y me llamaba para decirme que “Cardiopatías” le había gustado mucho. Cuando yo empezaba a pensar que por fin había encontrado editor (y menudo editor), éste comenzó a hablarme de algo que yo ya sabía, que no me conocía nadie, que no era nadie y que nada me avalaba si él, al final, decidía editarme (es decir, que tenía sus reticencias a jugarse su dinero). De repente me dijo que había un premio, de una diputación (que también me guardaré) en el cuál él estaba como jurado y cuyos premiados editaba su editorial. Me dijo que dejara ese título (que no le convencía mucho) pero que lo enviase a ese premio, aunque debía darme prisa porque el plazo expiraba pronto, no sabía cuándo, pero pronto. Él haría el resto (y su dinero estaría a salvo y no tendría reparos en jugarse el de otros, público además, pensé yo). No me aseguraba el premio, pero prometía hacer todo lo que estuviera en su mano. Y colgó.

Yo me quedé un poco (bastante) descolocado. Años buscando editor y recibiendo cartas de rechazo y de golpe me sucedía “esto”… Y, claro, comencé a pensar en cosas éticas, morales o de sinsentido común que, torpe de mí, tal vez debería haber desechado de un plumazo de mi cabeza. Me dije que lo meditaría con la almohada y al día siguiente haría lo que creyera conveniente. Escribir esto, siete años después, puede dar a entender que mi moral se impuso férrea y que no vendí mi culo (una venta insignificante de un culo más insignificante), pero no fue así… La realidad siempre resulta más patética…

Al día siguiente me dije que a la mierda la ética y la moral, que yo enviaba ese libro y qué si el concurso estaba amañado… Encendí el ordenador, busqué las bases del premio dispuesto a copiar la dirección y enviar el manuscrito cuando, oh mísero de mí, vi que el plazo había acabado el día anterior, cuando me llamó el editor....
Mi cara supongo que lo diría todo…

Decidí tomarme eso como una señal y guardé el manuscrito en un cajón…
Estuve varios meses recibiendo cartas de rechazo, y cada misiva era como un clavo en el cajón donde yo ya daba por perdidos esos cuentos…


Pero llegó Milos Meisner, e Irina Belokoneva, y La Internazional Samizdat, y la gente que ha leído “La muñeca rusa” y Andrés Sorel, y Pilar Gómez Rodriguez, y la gente de la librería Muga, y esos cuentos comenzaron (haciendo honor a su título y evocando a Poe) a palpitar ruidosamente en el cajón…

Aún así, yo no podía asumir los gastos de otra aventura editorial, sin red y con el trapecio roído, así que opté por el crowdfunding, aliándome con el colectivo El Quiltro, para sacar “Cardiopatías” y, además, intentar hacer un libro y unos accesorios vinculados con el acto de leer que no redujese todo a un mero “necesito dinero para sacar mi libro”. Estuches, cajas de cartón donde guardar los libros encuadernados artesanalmente, xilografías de la portada (preciosa portada de Andrea Hauer), y un libro escrito (revisado), diseñado, maquetado e impreso con todo el cariño del mundo (o al menos del que somos capaces). Y aquí es donde digo que hay dos maneras de ver las cosas (esta cosa en particular), porque no sé cómo agradecer el apoyo que he encontrado. Toda la gente que ha apoyado el proyecto (42) son para mí mis editores, anónimos cooperativistas de un proyecto inane y en cierto modo vaporoso (un libro), valientes suicidas que han aportado lo que han podido para que yo me crea “escritor”, para que… bueno… dejaré esta rama sin explorar… para que yo publique un libro… Sin embargo no es todo tan sencillo. Casi la mitad de la gente que ha aportado algo no me conoce, no son familia ni amigos, pero aún así, o porque han leído la historia de Milos o porque vaya uno a saber por qué, lo han apoyado… Para alguien que vive en los arrabales del extrarradio de la periferia del mundillo literario, eso es algo que no olvidaré… nunca…

En vez de eso, todo esto podría verlo como que he conseguido que 42 personas compren por anticipado un libro, verlo todo como una mera transacción económica, muy ventajosa para mí, y que esos pedidos por anticipado han propiciado que yo pueda publicar de nuevo, pero no… No ha sido eso… Quiero cambiar de mentalidad, una mentalidad crematística que es donde hemos crecido todos y que estamos viendo día a día que no funciona, que no trae nada bueno, y que no para de alienarnos…

La producción del libro (y de todo lo demás) está en marcha; no paro de pensar en qué hacer para poder agradecerle como merecen a todas esas personas (42, para mí un mundo, una clase de colegio masificada, casi un autobús; tal vez para otros eso no sea nada) que yo pueda sacar un libro estéticamente precioso, acompañado de cosas también preciosas que les serán útiles para leer otros libros a parte de "Cardiopatías". Lo que ese libro contenga por dentro, es algo que yo no puedo juzgar más allá de decir que me he dejado parte de mi corazón en que sean buenas historias, o al menos historias normales contadas de manera decente…

Ya está gestionado el ISBN (¡¡¡¡la Internazional Samizdat operando legalmente!!!!), los textos corregidos sobre la primera prueba de impresión (la de erratas que se le escapan a uno en la pantalla del ordenador...), la maquetación está en fase de “últimos detalles”, la portada con la tipografía definitiva y el gramaje del papel adecuado, la moqueta de los estuches cortada, la lista de los mecenas y los agradecimientos escrita… En quince días podré comenzar los envíos, y el libro como tal estará disponible para quien lo quiera…

Próximamente, “la historia de cómo el libro de Milos Meisner, “La muñeca rusa” encontró editor (digital) allende los mares…


sábado, 26 de octubre de 2013

Perkeo, la máquina de escribir atómica propiedad de Bohumil Hrabal

Por cuestiones diversas, últimamente estoy un poco descoordinado intentando mantener una mente sana en un cuerpo que no lo está tanto. Un nuevo cambio en la medicación ha hecho que, entre otros síntomas, ande un poco lento y a veces no piense con claridad (ayer me costó horrores encontrar la palabra "poncho" en una frase que quería decir). Lo pone en el prospecto, aunque me dicen que es transitorio, hasta que mi cuerpo se habitúe. A veces, cuando me siento torpe, intento ejercitarme repasando de memoria las distintas formaciones de Deep Purple o Thin Lizzy, los títulos de los libros de Bolaño, el índice de "La crítica de la Razón Pura" de Kant o pruebo a recordar al menos quince películas de Woody Allen. A veces no tengo suerte y me cabreo, mucho. Me repito que es transitorio, pero a veces tengo dudas... Cuando puedo, escribo, y parece que eso me desentumece un poco, sobre todo cuando llevo un rato y parece que mi cabeza empieza a funcionar como acostumbra, y si estoy valiente, pruebo a escribir cinco o seis frases largas subordinadas; aunque, como estos días estoy peor de todo, he optado por copiar fragmentos de libros; al principio pensaba que con leer bastaba, pero la mayor parte de las veces me acabo durmiendo (parezco el primo feo de la bella durmiente), así que tecleo fragmentos...  Reconozco que funciona, me gusta, entre buscar qué copiar y ponerme a ello, me siento menos abotargado...Copiando un fragmento de "Los frutos amargos del jardín de las cerezas", el libro biográfico de Hrabal escrito por Monika Zgustová, he recordado que mi amiga Andrea me regaló una vez un dibujo de una máquina de escribir idéntica a la que usaba Hrabal, la cual se ha convertido en símbolo de mi editorial fantasma...Si miro a un lado y veo la pila de libros por leer (y que el sopor farmacológico no me deja), puedo ver: Zamiatin, Leonid Yusefovich, Pilar Gómez Rodríguez, Sorel y Chaves Nogales... Me siento como un Bartleby escribiéndole cartas a Pierre Menard... "Querido Pierre, el fragmento del libro de Zgustová que te remito es una jodida maravilla, tanto en fondo como en forma... yo estoy bien, aunque entre unas cosas y otras parece que cada vez tengo menos ganas de nada.. En fin, espero que te guste... No tardes en contestar..."

Dibujo de Andrea Hauer
"Cuando brillaba el sol, salía los días de fiesta de su piso frío y húmedo en la periferia de Praga, con la máquina Perkeo en las manos; bajo el brazo se ponía un montón de papeles con el encabezamiento de la empresa Klofanda, donde había trabajado a finales de los cuarenta y de donde, tras la liquidación de la empresa, se llevó decenas de kilos de papel medio transparente; por la mañana se sentaba y escribía en el patio; por la tarde, cuando los edificios le tapaban el sol, se subía al tajado y escribía en su Perkeo "atómica" hasta que el sol se ponía detrás de la casita del lavadero; entonces trasladaba la silla que le servía de mesita al lugar donde quedaba el último rojo de sol y allí se quedaba hasta la puesta definitiva. Puesto que el tejado estaba inclinado, tuvo que cortar las patas de la silla donde colocaba la máquina y, además, las del taburete donde se sentaba. Primero las cortó tan mal que acentuó la inclinación aún más, después las cortó de tal manera que compensaban la inclinación hacia el otro lado, así que la máquina de escribir le resbalaba hacia el regazo, y sólo al tercer intento consiguió que su Perkeo atómica reposara horizontalmente.

Así, en el tejado del cobertizo, haciendo un ruido nada menospreciable con su máquina, cuyo chirrido se oía por todo el patio, Hrabal, con las piernas separadas entre las que sostenía la silla con la máquina, picaba furiosamente las teclas de aquella máquina minúscula; de vez en cuando alguna quedaba bloqueada, pero él la arrancaba brutalmente para lanzarse a escribir otra vez; depositaba sobre un montoncito las páginas escritas y como pisapapeles colocaba una piedra; enrollaba otra hoja y, ¡hala!, las teclas de la pequeña Perkeo, de esa máquina alemana, modernista, sin un solo signo diacrítico, tintineaban como en el desorden de una batalla cuerpo a cuerpo salta del tumulto ahora un brazo, ahora una pierna. Hrabal se calaba hasta los ojos un sombrero viejo y gastado para que el sol no le cegase; otras veces lo que quería era, precisamente, deslumbrarse con los rayos primaverales mientras escribía y entonces se ponía el sombrero en la nuca.

Escribía como vivía, y puesto que su vida no era exactamente un ejemplo de orden, su estilo también resultó despeinado, desordenado, y sus textos llenos de errores de mecanografía. En su antigua herrería en Líben solía tener siempre encima de la mesa la máquina y, a su alrededor, montones desordenados de páginas escritas, además de toda clase de medicamentos, una o dos botellas de cerveza vacías, un plato lleno de migas, y una silla cubierta de ropa desordenada. Sólo a veces limpiaba la mesa, la adornaba con un mantel blanco y unas flores para tener la impresión de orden. Dejaba sus textos a medio terminar a propósito porque quería que se parecieran a su vivienda y a su barrio donde habitaba, que se derruía, donde la pintura se caía y las paredes de desconchaban mostrando los ladrillos desnudos, aquel barrio donde, en cada patio, la basura salía de las bocas abiertas de los contenedores, que parecían monstruos legendarios. La literatura de Hrabal era la imagen viva de todo lo que le encantaba, de los patios de Praga llenos de restos olvidados de materiales viejos, de alambres, de tornillos, tubos y toda clase de desechos; sus textos intentaban parecerse a las viejas fábricas abandonadas con sus cristales rotos y las paredes llenas de inscripciones dibujadas con tiza blanca y espray negro"

Ed. destinolibro, pág 145-146

miércoles, 16 de octubre de 2013

Tres fragmentos de "Cardiopatías" y una foto del forro artesanal para guardar libros

Lo que el título promete, la síncopa lo ha de dar...
Seguimos con la campaña de Verkami (donde el proyecto se completa con "artículos" especialmente diseñados) y, si todo sigue como lo previsto, el libro de relatos llamado "Cardiopatías" estará disponible a partir del mes de diciembre... 



Comienzo de "La pena de Desamparado"

Fragmento de "cintas magnetofónicas", la "nuca" ya ha sido corregida por el "nunca"...

Detalle del forro para libros hecho por el Colectivo El Quiltro

Fragmento de "La ciudad trenzada"

jueves, 10 de octubre de 2013

A mi burro, a mi burro, le duele el corazón...

Nunca me había pensado tanto publicar una entrada en el blog como esta. A veces hasta yo mismo me canso de andar haciendo el Umbral y hablar sólo de mi libro, pero "volcarme" y hablar de discos, grupos de rock o jazz, viejos bluesmen o películas tampoco me atrae, sobre todo porque hay montones de blogs que lo hacen mucho mejor y con más regularidad ( a la lista lateral me remito...). Respecto a hablar de los libros que voy leyendo, tres cuartos de lo mismo... Pero a veces me apetece escribir volcando mi frustración aquí, sin intelectualizar ni elaborarla demasiado, una pataleta, vamos... Pero me pongo y yo mismo me coarto en seguida... Al final, nada... sin embargo, mi última aventura hospitalaria ha hecho que cambie algo, algo que siempre ha estado ahí y que siempre he preferido callar. Ser "paciente" es una categoría en sí misma, y yo ya llevo tantos años ejerciendo que a veces me cuesta distinguirme de mi otros "yoes", y no me gusta lo que veo... Hoy, mi mujer, comiendo, me ha dicho que mañana viene Cospedal a inaugurar la planta de Psiquiatría que se abre en el hospital donde ella trabaja como enfermera. Me lo ha dicho después de escuchar en las noticias que su marido (de María Dolores) ha visto multiplicado por catorce sus beneficios con respecto al año anterior... Me mira y me lo dice como si temiera mi reacción, la de cualquiera, imagino, y es soltar alguna boutade con aspavientos indignados. Pero me he quedado igual, al menos por fuera. He optado por hablar como Silvio Dante y comentar qué es lo que haría si tuviera la posibilidad. Hace más de una semana que salí del hospital y me encuentro igual (ni mejor, ni peor, simplemente no me han hecho nada), y la sensación de abandono es la misma. ¿Seguro privado? ¿Consulta privada? Para qué... Os contaré algo; por cuestiones "familiares", mi padre me hizo de pequeño un seguro privado (sí, lo mío viene de largo) en una de esas corporaciones sanitarias importantes cuyo nombre acaba en "tas". Me estuvieron "viendo" y haciendo toda clase de pruebas cerca de diez años cuando mi corazón empezó de veras a ir mal, y cuando ya no quedaba más remedio que la cirugía, lo único que se les ocurrió fue molerme a pruebas dolorosas sin sentido. Al final me operaron, como se suele decir, por lo público (donde yo nunca dejé de ir, por cabezonería y por ver si tenía suerte y alguien me hacía caso..., así que las pruebas fueron dobles...). Yo hacía tiempo que había leído la póliza (la cual cubría los gastos de mi prótesis), y sabía que iba a pasar lo que pasó; que lo supiera no significa que me lo creyese del todo. Cuando el cirujano vió el informe privado se cabreó bastante, aunque no menos que al ver el que le remitía mi cardiólogo habitual. "Muchacho..." me dijo, "lo siento, te tendríamos que haber operado hace cuatro o cinco años, y eso te ha creado problemas que yo no te voy a poder solucionar. Yo haré lo que pueda, y lo haré lo mejor que pueda, es lo único que te puedo decir". Lo hizo, y bastante bien. A los diez días tenía el alta y todos los días pasó a verme. Me hubiera gustado que el paso del tiempo le hubiera quitado la razón, pero vuelvo a tener problemas y vuelvo a estar en las misma rueda. Cuando oigo a alguien decir que la sanidad privada o los seguros privados son la solución, sinceramente, me entran ganas de reventarle las rodillas a balazos y soltar después "ala, ahora te vas a tu puta clínica de pago...", pero me callo... La sanidad privada funciona, siempre y cuando no tengas nada chungo o crónico; practican el darwinismo social (darwinismo hipocrático, habría que decir tal vez) de la manera más asquerosa (y eso que el llamado darwinismo social me parece la mayor y más burda malinterpretación de una teoría científica llevada a cabo nunca) y por el camino se llevan por delante a mucha gente, gente cuya única esperanza es una praxis sanitaria y un código hipocrático ajeno a, y protegido de, especulaciones capitalistas, algo que, hasta ahora y no sin esfuerzo, habíamos conseguido tener en esta mierda de país. Contaré otra cosa, el último cardiólogo que me vio en el hospital público donde trabaja mi mujer (hace un año, ahora no me ha visto ninguno), me dijo, con mis informes delante, que "estaba bien" y que la próxima consulta la pidiese por mi médico de cabecera, y que, en el caso de que sintiese un dolor punzante más agudo de lo normal, acudiese rápidamente a urgencias, aunque, si lo que quería era más pruebas para quedarme más tranquilo, él me las podría hacer en su consulta privada... Que esto es verdad lo juro por mi hijo que duerme la siesta en la habitación de al lado... Que salí de allí hundido sin haber montado el sangriento aquelarre que me hubiese gustado haber montado con él, también es verdad... Uno se encuentra con que no sólo tiene que sufrir la miseria política y moral de un gobierno oligarca y corrupto vendido y secuestrado por el poder financiero, sino que también tiene que lidiar con la miseria humana de algunos que detentan profesiones determinantes para que la vida siga siendo digna. Y como ejemplos del otro lado, es decir, profesionales sanitarios que merecen todo al agradecimiento del mundo, afortunadamente, también los hay, resulta que al final, que estés mejor o peor de una enfermedad es simplemente resultado de una lotería absurda (a lo que hay que sumar que la repartición de boletos no es equitativa tampoco... lo del Borbón es la punta de una pirámide social que nos venden como igualdad). Hoy también ha sido noticia que en España, en el último año, hay un 13 % más de millonarios...Perfecto, mientras, sigamos dejando que desmantelen el Estado...

Así que mañana viene Cospedal (la que quita profesores, médicos, enfermeros, asistentes sociales... y pone asesores y altos cargos elegidos a dedo) a inaugurar la planta de psiquiatría del Hospital La Mancha Centro... Supongo que ningún medio dirá que han cerrado cardiología, que las revisiones a mujeres en edad de riesgo para detectar cáncer de mama ya no las hacen, que han quitado ambulancias de traslado urgente (sólo queda una para los hospitales de Alcázar y Tomelloso) o que la UCI infantil está bajo mínimos.

Nada de esto le he contestado a mi mujer comiendo, más que nada porque ya sabe lo que pienso. He cambiado y he puesto un canal infantil con la esperanza de que estuvieran poniendo "Los Pingüinos de Madagascar" y he ido a ver si mi hijo se había dormido en plan cubista, tal y como acostumbra.



Recogiendo la mesa me he acordado de que el lunes estuve cenando con Andrés Sorel. Sigue siendo fascinante hablar con él, y es la primera vez que le veo tan clarividente consigo mismo, sobre todo viendo cómo aún se sigue manipulando su imagen pública y cómo se sigue ninguneando e ignorando su obra literaria y ensayística. Hablamos de muchas cosas, sobre todo de literatura, aunque en un momento dado nos pusimos a hablar del concepto de violencia, hoy reducido exclusivamente a daños materiales y físicos infringidos directamente... Que la causa de muertes, dolor y sufrimiento no sea lógicamente palpable y haya que buscarla e ir un poco más allá de la obvia "causa-efecto", no significa que no sean también actos de violencia... Y el problema siempre es, en el fondo, el mismo; ¿cómo se combate esa violencia sin usar a su vez la violencia? ¿Nos vamos a una plaza, o a las puertas de un hospital o a la sucursal de un banco a gritar consignas hasta que nos multen por incívicos y nos fichen? Cuando la gente vota, ¿en qué coño piensa? ¿Se puede llamar democracia a un sistema oligárquico que dejó "atado y bien atado" un dictador que murió de viejo? ¿Se puede llamar democrático un sistema cuya base electoral está distorsionada (el sistema D´Hondt)? ¿Qué democracia se puede esperar de una sociedad donde sus individuos (casi pongo ciudadanos) viven convencidos de que todo es negocio y han sido convertidos en masa (en su concepción orteguiana más desoladora)? Que Pericles y Sócrates me toquen los cojones si esto es democracia...

http://www.publico.es/473676/el-consejo-de-europa-llama-la-atencion-al-gobierno-por-el-excesivo-uso-de-la-fuerza-en-las-protestas
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...