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lunes, 7 de septiembre de 2015

"...Y todo lo que es misterio." Una novela de Andrés Sorel.

...Y todo lo que es misterio. ANDRÉS SOREL

Recibo noticias de Andrés y se instala la desolación en mi piel, la pena compartida que no puede ofrecer compañía, los abrazos lejanos en la distancia, que no distantes, fogonazos de los momentos compartidos. "Espero (...)palabras tuyas que siempre, hablen de lo que hablen, serán literarias."...

No puedo hablar de su última novela, todas las palabras que escribo se me pudren en la boca por no saber hacerle justicia.

Todo lo que nos une merece la pena porque la vida no es otra cosa...


LUIS MARÍA ANSON, DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA | Publicado el 04/09/2015   en EL CULTURAL de EL MUNDO        


Conmovido por una intensa emoción he terminado de leer …y todo lo que es misterio, la última creación de Andrés Sorel. ¡Qué gran novela! Hacía mucho tiempo que no leía yo un relato tan erizante, tan profundo, tan bien articulado, tan excepcionalmente escrito. La Literatura es, antes que nada, la expresión de la belleza por medio de la palabra. Andrés Sorel ofrece al lector una escritura hermosa y cimbreante en la que brilla la adjetivación certera, la encendida metáfora, la sintaxis quebrada, el aliento poético.

El autor ha novelado la preguerra mundial, la atroz contienda, la enervante posguerra. Por sus páginas desfilan los grandes personajes de la vida intelectual europea, fabulados unos, reales otros, interesantes todos.
Los amores entre Ingeborg Bachmann y Paul Celan arden en las páginas de
…y todo lo que es misterio. "Almendrada, que hablaste solo a medias pero temblando toda desde el germen, a ti te hice yo esperar, a ti. Acógeme. Estaba la pizca de higo en tu labio, estaba Jerusalén a nuestro alrededor. Yo estaba en ti". Adrés Sorel se recrea en el "amado viejo libro de los amores del rey Salomón" para evocar el erotismo de Ingeborg, la escritora que fustigó a los nazis y admiró a Wittgenstein y a Günter Grass.

En la obra poética del judío Paul Celan alientan Emily Dickinson, Valery y, sobre todo, Rimbaud. Tradujo el gran poeta a Marx, a Rosa Luxemburgo, a Kropotkin. Escribió en alemán, la lengua del exterminador de los hebreos. Su poesía se fue haciendo atonal como la música de Anton Webern. Su gran poema Todesfuge, Muerte en fuga, se devasta, entre añoranzas musicales, en Auschwitz. Y se derrama como un presagio. La relación entre Paul y su antigua amante se cierra con el suicidio. "Caía la noche en aquel jueves santo de 1970 cuando Heidegger regresó a La Cabaña. No transcurriría mucho tiempo antes de que recibiese el comunicado informándole de lo que había presentido y expresado: Paul Celan se había suicidado arrojándose al Sena y yacía en el silencio difunto que él mismo, esa tarde, le había predestinado".

Especialmente atractivo resulta el personaje de Hannah Arendt, escritora a la que leí en mi juventud con especial dedicación. Hannah tenía diecisiete años menos que Heidegger pero desde el primer momento se sintió seducida por el filósofo, al que lo único que preocupaba del nazismo, para indignación de Celan, era "que no fueran algo más cultos". El autor de Sein und Zeit se acostaba con alumnas, con damas de la alta sociedad, con atractivas sirvientas y con cualquier amiga que se prestara al fornicio. El filósofo "no prestó ninguna atención a los escritos que Hannah, desde su juventud, ya había realizado. Solo deseaba su cuerpo. Se lo entregó en su despacho de la Universidad…". A partir de entonces, el profesor y la alumna mantuvieron una relación enmascarada. Hannah se sentía como un fantasma y cuando se trasladó de Marburgo a Heildeberg, aunque el filósofo la visitaba periódicamente, entabló relación con Günther Anders al que conoció en Berlín y se casó con él, dejando a Heidegger chasqueado y contrito.

Al fin, según el novelista, el camino de las estrellas, Holderlin, con sus palabras yacentes: "Este genio a veces se ensombrecía y se hundía en los amargos pozos de su corazón". Sobre aquel loco lúcido que fue Paul Celan - "todos los nombres quemados a la par, tanta ceniza por bendecir"- Andrés Sorel descarga el pensamiento de Theodor Adorno y, sobre todo, de Walter Benjamin: "Una sola catástrofe que incesantemente va acumulando ruinas sobre ruinas y las esparce por delante de mis pies". El escritor tiene un verso atravesado en su garganta, cuando desgrana su último poema: "Viñadores excavan el reloj de horas oscuras, de hondura en hondura".

"Basta ya de nombrar a los asesinos -escribe Andrés Sorel en esta novela sobrecogedora, que tendrá defectos pero yo no se los he encontrado- los asesinos somos todos, y nuestras palabras constituyen este tejido de polvo, sí, retumbar vacío de las sílabas, cuando se va a morir, morir, morir". Menos mal que, sobre el desierto de lágrimas que es la vida, se balanceará siempre el interrogante del poeta: "¿Qué vale todo lo que los hombres hacen y piensan durante milenios frente a un solo momento de amor?" 




RESEÑA DE LA MISMA EN LA REVISTA FILOSOFÍA HOY, por Pilar Gómez...


sábado, 8 de febrero de 2014

Reseña de "Cardiopatías" en la revista digital Tarántula

por Pilar Gómez Rodríguez.... Copio y pego sin rubor...

"Literatura y latido
Literatura y latido
IMG_20130908_144249La expresión en francés mal au coeur  se traduce literalmente (y mal) como “mal de corazón”. En realidad significa tener náuseas, sentirse mareado, no estar bien. Cuando duele el corazón, el cuerpo entero se resiente, la inquietud lo conquista. Los personajes que laten en el corazón –no uno de esos de forma ñoña, sino uno de verdad con sus aurículas, ventrículos, venas y válvulas– de Cardiopatías,el último libro de Juan Miguel Contreras, comparten males que a veces tienen que ver con la  fisiología y otras no; pero todos se resienten de algo que es común a todos, todos han sufrido alguna pérdida. Ocasiones marradas,  malentendidos, instantes que pudieron haber sido y por poco no fueron…  Los relatos de este corazón malherido y sangriento están llenos de “casis”. Las vidas de unos personajes, como indica Contreras en el arranque, las podían haber escrito los otros personajes pero finalmente es él, como un gurú de las pérdidas y las oportunidades falladas el que escribe las de todos.
El protagonista, que no narrador, de la primera “arritmia” –los relatos se distribuyen según cardiopatías– elige el soporte inadecuado para escribir. Su aventura literaria acaba en una de esas limpiezas fatales de madres que arramplan con todo sin preguntar y casi sin mirar. A la basura (a la mierda también) el diario de aquellos años mozos escrito en cajetillas vacías de tabaco. En, seguramente también inapropiadas, servilletas de papel el narrador escribe en un bar la historia “de lo que fue y pudo haber sido”, dice literalmente. En la segunda arritmia los amores se frustran al perderse unas cartas y unas cintas que hacen revivir recuerdos de las ¡ay! casi historias.
En “hipertrofia”, la segunda cardiopatía,  lo que se le escapa entre los dedos a uno de los protagonistas es la vida misma entre recuerdos de cómo fue, cómo le gustaría que hubiera sido y cómo se prepara para la muerte; mientras otro pierde su identidad como escritor a favor de la de personaje en laverkami17 sala de espera de un hospital.
La salud se pierde por el retrete (pero la literatura no se mancha en manos del enfermo que lee El maestro y Margarita de Bulgakov) al comienzo del capítulo de “calcificaciones”; y en el relato que lo cierra, la maldita niebla como metáfora de aquello liviano pero implacable que nos separa, impide eternamente el amoroso encuentro de los personajes.
En Imposible Penélope el protagonista pierde la libertad, pero su dignidad –tantas veces a punto de despeñarse junto con algunas rocas y compañeros de obra en el Valle de los Caídos–  permanece y se afianza gracias a la esperanza que siempre adjunta el amor; mientras en el relato que cierra las “insuficiencias” hay un intercambio más que una pérdida: una historia a cambio de la vida, aunque nada podrá salvar al desahuciado protagonista.
Contreras ofrece su maltrecho y mil veces recompuesto corazón en el último relato. La ciudad trenzada es el epílogo, pero fue el comienzo de su historia como escritor. Y comenzó con éxito; ese cuento ganó el único premio literario que ha ganado. Luego, en su vida de escritor, vinieron los “casis”, las ocasiones marradas, las oportunidades que se esfuman porque lo que se materializa una y mil malditas veces son los “noes” de editoriales carnívoras y sin agallas. Él es el último personaje de su libro, un texto en el que se desdobla en muchas voces y se abre en canal para entregar al lector su corazón maltrecho y tembloroso como una prueba más –por si era necesaria- de su literatura-latido.

lunes, 4 de febrero de 2013

"La muñeca rusa" en la revista Filosofía Hoy


Ha salido una reseña de "La muñeca rusa" en una revista, Filosofía Hoy, en su número de febrero, firmada por Pilar Gómez (libros pendientes de leer desde hoy... "La otra vida de Egon", editorial Gadir). No esperaba que sucediera algo así, quiero decir, que saliese reseñado un libro como éste en una publicación seria (hay blog serios, claro, pero el papel tiene un marchamo, un estatus diferente, no sé...) y además, ¡una página! ¡Entera! ¡Con pintura de Jeremy Geddes! Seguramente el director o el equipo de redacción no sean conscientes del paria editorial que soy, y ya no hablemos de La Internacional Samizdat como editorial, pero...

Sé que el blog se mueve poco últimamente. Razones hay muchas, y se pueden resumir en dos. Una, yo y mi día a día, pero sobre todo, yo. Y dos, la situación general del país. ¿Por qué digo esto último? Supongo que es tal la sensación de fin de ciclo, de ruina democrática, de desolación vital (lo que está pasando en la comunidad de Castilla la Mancha es infame, seguramente la disgregación (tanto en extensión física como en fragmentación social) tenga mucho que ver en cuanto a la aparente ausencia de fractura social, pero las barrabasadas neoliberales que están haciendo nos pasará factura mucho, muchos años, por no hablar del país....) hace que esté en un estado de perplejidad que provoca la total ausencia de interés por escribir algo, aunque sea sobre el último disco de The Cult, sobre mi obsesión de los últimos meses por Bill Evans, Sílvia Pérez Cruz, o sobre el redescubrimiento de una banda como The Hatters tras una limpieza parcial de la estantería de los discos. Por no hablar de libros... Al final las dos razones se junta en algo, que soy yo, y el marasmo emocional es tal que la alienación vital en la que estoy sumido cada día se está haciendo más insoportable. Total, algo que solucionar, y que parece que ánimo para hacerlo, hay... Por de pronto, he de acercarme a mi kioskero favorito y cuando le compre el Ruta 66, le he de pedir un ejemplar de la revista Filosofía Hoy, al menos para guardar esa hoja en la maleta donde estoy guardando cosas a Pavel...

Creo que si se guarda la imagen, se puede leer bien...



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