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miércoles, 2 de marzo de 2016

SVETLANA ALEKSIÉVICH. El fin del “Homo sovieticus”. EDITORIAL ACANTILADO

Reseña publicada en la revista FILOSOFÍA HOY, marzo 2016. El texto original y el editado (foto final, siempre me paso de palabras....)

SVETLANA ALEKSIÉVICH. El fin del “Homo sovieticus”. EDITORIAL ACANTILADO.

De las innumerables ideas y sensaciones que despierta la lectura de este magnífico libro, resaltaremos primeramente una, relacionada con la concesión del Premio nobel de Literatura 2015 a su autora, periodista de profesión, y es la radicalidad de su lectura, la asombrosa capacidad para hacer manifiesta a los ojos del lector la idea de que el trasfondo de todo lo que se nos está contando es terrible y necesariamente importante. Dicha idea se supone que debe ser primordial para la obtención del Nobel, pero en los tiempos que corren y dada la dominación crematística de otro mercado más, como es el editorial, no resulta tan claro. De ahí la heroicidad de la autora y la consecución de dicho premio. Este detalle resulta pertinente al recordar cómo, en los medios de este país, se citaba inmediatamente el desconocimiento que se tenía de dicha autora en muestro mercado y la sorpresa que causaba al comunicarse que había obtenido el Nobel; acto seguido se señalaba que Aleksiévich era periodista y no escritora. Ambos detalles ponen de manifiesto las paradojas en las que andan sumidos ciertos sectores de lo que llamamos “periodismo cultural” en este país.

La lectura de esta obra de Aleksiévich confirma todo lo positivo que uno espera y seguramente ha podido leer de dicha autora bielorrusa. Es un libro polifónico, terrible y hermosísimo a la vez, primorosamente escrito (y mejor traducido), donde se dan cita infinitas voces para dar cuenta del terremoto, hundimiento, y posterior desescombro de lo que supuso la caída del régimen soviético en la extinta URSS. La radicalidad de la que hablábamos en el párrafo anterior responde al hecho de que, precisamente, de lo que aquí se habla no es de acontecimientos, sino de hombres, de personas, de mujeres, hombres, ancianos, adolescentes, conserjes, carteros, “emprendedores”, olvidados y olvidadas, habla de sentimientos, de intentos de hallar una explicación que dibuje un marco en el cual poder entender no sólo el pasado, sino también el futuro. Una vez más, la lectura de esta obra nos descubre que todo aquello de lo que habla no se circunscribe únicamente a los países del eje comunista, ni siquiera de un continente, sino de una manera de vivir, de un planeta sobre-habitado, esquilmado y sobre-explotado en el cual nos movemos con la sensación de caminar constantemente al borde del abismo.


Todo este despliegue estilístico responde a un intencionado plan por parte de la autora, lo que se ha dado en llamar “novela colectiva”, “novela-oratorio” o “coro épico” entre otras fórmulas, que Aleksievich formuló junto al escritor Alés Adámovich. El resultado es una suerte de mosaico coral perfecto y apabullante en el cual se dan cita todo tipo de voces, una urdimbre polifónica de una armonía embaucadora y áspera a la vez, cuya lectura nunca hace olvidar la inherente radicalidad de lo que se nos está contando, obligando al lector a ser él mismo una voz más intentando articular el sentido y fin último de todo.

“No hago preguntas sobre el socialismo, sino sobre el amor, los celos, la infancia, la vejez, o sobre la música, los bailes, los peinados, sobre infinidad de detalles de una vida que ha desaparecido. Ésa es la única forma de mostrar, de adivinar algo, inscribiendo la catástrofe en un contexto familiar”, escribe la autora en el prólogo titulado Apuntes de una cómplice. “Y de repente nos vimos convertidos en personajes de Chéjov. Nos vimos despojados de nuestro pasado. Todos los valores colapsaron, menos los valores de la vida. De la vida sin más. Los nuevos sueños consistían en construirse una casa, comprarse un buen coche, plantar un grosellero en el jardín… La libertad resultó ser la rehabilitación de los sueños pequeñoburgueses que solíamos despreciar en Rusia. La libertad de Su Majestad el Consumo. La consagración de las tinieblas, el afloramiento de deseos e instintos tenebrosos, de toda una vida secreta de la que apenas teníamos una vaga noción.”

El libro está dividido en dos partes. Una primera titulada “El consuelo del apocalipsis. Diez historias en un interior rojo” donde Aleksiévch intenta, apoyándose en ese género coral aparentemente periodístico citado anteriormente, dar cuenta de todos los cambios por lo que atravesó ese “homo sovieticus” entre los años 1991-2001, es decir, el fin de la Perestroika, Gorbachov, Yeltsin, la liberación económica, el capitalismo salvaje, etcétera, hasta el fin de la Segunda Guerra de Chechenia. Y una segunda, llamada “El encanto del vacío. Diez historias en medio de ninguna parte”, donde aborda la transformación final de ese hombre cuya cosmovisión ha sido demolida, sobreviviendo al periodo de 2002-2012, centrándose en una emocionante plasmación de ese “nuevo hombre” y en la instauración de unas nuevas formas de represión que se parecen demasiado a las antiguas.


La citada sucesión de testimonios recuerda vivamente a otro libro, publicado en 1965 por la Editorial Noguer, llamado “El futuro es nuestro, camaradas. Conversaciones con los rusos de hoy”, de Joseph Novak, el cual aparece como una suerte de vieja fotografía que, indudablemente, no alcanza las cotas de emoción y hondura del de Aleksievich. De igual modo, el estilo de la autora bielorrusa nos remite a la personal prosa de Emmanuel Carrére (más a “Una novela rusa” que a “Limónov”), pero de nuevo el estilo de la premio Nobel resulta más potente, a pesar, o gracias, a la polifonía documental y estructural de la obra que nos atañe, la cual brilla en su plasmación de esa cosa llamada “alma rusa”, y que uno llega a sentir extraña y nítidamente muy cercana.

Las vicisitudes narradas, y que abarcan veinte años, plasman el desmenuzamiento de toda una cosmovisión vital y emocional en manos de un capitalismo que se instauró en tromba en una sociedad perpleja que soñaba con coger las riendas de su propia historia, que se pregunta qué puede salvar de lo que ha sido, qué debe defender en esa lucha que se ha visto obligada a mantener contra la mercantilización de todas las esferas de la vida. “No teníamos que haber luchado únicamente por la libertad” se lee en la página 32, “pero nos dispersamos y volvimos a nuestras casas demasiado pronto. Y los traficantes y los especuladores se hicieron con el poder”. 640 páginas asombrosas, terribles, desoladoras, pero también fértiles, donde late una suerte de dialéctica hegeliana, en la que, si la tesis fue el “homo sovieticus” y la antítesis una desconcertada “alma rusa” arrojada al capitalismo, la síntesis que tan brillantemente busca Svetlana Aleksievich se vislumbra, quizá borrosa, quizá oscura, pero sin duda traspasa las fronteras de la antigua URSS y nos atañe a todos, posibles voces de una nueva novela coral de tan soberbia escritora.

Juan M. Contreras



viernes, 9 de mayo de 2014

Antes de que lo perdamos todo. "La utilidad de lo inútil. Manifiesto" de Nuccio Ordine

A veces es necesario tumbarse en el suelo sólo para oír crecer la hierba.

Es difícil no caer en tópicos al hablar de un libro como el de Nuccio Ordine, un manifiesto breve, intenso y que sin duda logra lo que se propone, esto es, convertirse en acicate, en espejo donde revisar nuestra idea del mundo, esa que el lenguaje de los que nos dirigen ha pervertido y el utilitarismo se ha encargado de vaciar de sentido. “Hay dos clases de utilidad –argumentaba Théophile Gautier en el prefacio de Mademoiselle de Maupin de 1834–, y el sentido de este vocablo nunca es sino relativo. Aquello que es útil para uno no lo es para otro. Usted es zapatero, yo soy poeta. Para mí resulta útil que el primer verso rime con el segundo.” La de Gauthier es una de las muchas voces que invoca el pensador italiano Nuccio Ordine en este "manifiesto" sobre la necesidad de la literatura (y especialmente de los clásicos) en tiempos de crisis, contra la mercantilización de la enseñanza y la desintegración de los museos, bibliotecas, librerías y centros de investigación.

Dividido en tres partes, “La útil inutilidad de la literatura”, “La universidad-empresa y los estudiantes-clientes” y “Poseer mata: Dignitas Hominis, Amor, Verdad”, el manifiesto que nos ofrece Ordine es todo un guante lanzado al aire, un grito sordo ante la perplejidad que le supone al autor el monstruoso deterioro no sólo de la concepción del saber como ideal perseguible y anhelado por sí mismo, sino también del obsceno proceso de comercialización de la vida humana en su totalidad. El irónico dicho, “tanto tienes tanto vales”, se ha convertido en axioma fundacional que rige nuestras vidas, por eso ante esta situación, Ordine nos intenta recordar vehementemente que eso no es cierto, que la vida no ha de ser así, que hemos de rebelarnos contra esa concepción que el neoliberalismo intenta grabar a fuego en la conciencia común de todo el planeta, ridiculizando aquello que somos más allá de nuestra cuenta corriente. Para ello recurre a cuantos otros autores han hecho hincapié en esa cuestión (saber vs valor) a lo largo de la historia. Tomando como punto de partida la defensa de una manifestación artística tan ajena a la cuantificación como es la literatura, expone la visión que autores como Dante, Petrarca, Aristóteles, la literatura utópica, Shakespeare, Kant, Montaigne o Leopardi tomaron frente a la mercantilización de la vida y la cultura. Lo que hace a este manifiesto diferente a un simple catálogo es la intensidad con la que Ordine da sucesión a citas y autores, comentando al hilo de las mismas lo justo para hacer más hincapié en esas cuestiones que por obvias no está de más recordar y recordar.

Nuestra sociedad considera útil sólo aquello que produce beneficios, lo cual impone un lógica mercantilista de la totalidad donde la música, la literatura, el arte, las bibliotecas, los archivos de Estado, la arqueología, son consideran inútiles porque no producen beneficios. Es por ello que los gobiernos, cuando hacen recortes, comienzan por estas cosas "inútiles". Pero, al eliminar lo inútil, estamos amputando el futuro de la humanidad. Ese es el drama al que Ordine intenta dar voz en este breve y precioso manifiesto, que todos los ámbitos de nuestra vida están contaminados por la idea del beneficio y del lucro. Si seguimos dejando que eso suceda, si dejamos de educar a las nuevas generaciones en el amor por el bien común, por el desinterés, por lo gratuito, por la cultura, dejaremos de ser hombres y seremos productos. El conocimiento no se compra, se conquista, y esa conquista no es más que una bella manifestación de la dignidad humana.

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