viernes, 30 de julio de 2010

Cintas de cassette...

Casete, cassette, o caset (del francés cassette). Artesanía entrañable... ¡Y LA DE LA FOTO AÚN FUNCIONA!.... Siguen sonando a gloria los AC/DC en la AGFA ferrocolor de 60 minutos con 6 adicionales (qué salaos los alemanes a veces...). Regalo de mi primo. Una de mis primeras cintas. Al menos un par de veranos, de cani, recuerdo que no sólo los pasé dibujando uno por uno mis equipos de chapas y haciendo mis ligas veraniegas (la magdalena proustiana de hoy para mí es el olor de los rotuladores carioca y del pegamento imedio; por otro lado creo que aún soy capaz de ver una chapa de botellín o trina y saber si sería buena para portero, defensa o delantero...), sino que también individualizaba y hacía portadas a mis cintas (las customizaba, que dicen ahora, aunque a decir verdad eso es algo que siempre hacía, sobre todo cuando grababa alguna cinta recopilatoria a alguien)... Mi primo tenía más arte, yo tiraba más de collage, discoplay y revistas en mano. Hay dos cajas (y no precisamente de zapatos) llenas de cintas en el taller de mi padre. El otro día estuve allí, metí la mano en una que estaba medio abierta (no me atreví a abrirlas del todo) y saqué esta... Historias a manos llenas ( batallitas más bien... otra vez la magdalena... el cabreo de mi padre cuando descubrió que había grabado encima de una cinta original suya de Manolo Caracol el Speak of the Devil de Ozzy fue monumental...)
Tenía que escanear un par de albaranes... No he podido evitar escanear también la cinta... Como cantaba Kiko Veneno... Ponme, ponme esa cinta otra vez, pónmela hasta que se arranquen los cahitos de hierro y cromo...


jueves, 29 de julio de 2010

Por no callar... o pensamientos en duermevela frente a mi biblioteca

Aún no he visto un ebook, ni de cerca, por lo que evidentemente tampoco lo he tenido entre mis manos. No sé cómo es ni cómo debe ser leer algo en él. Tampoco me corre prisa saberlo; quiero decir, con el horizonte de la clausura de la Pecera cerca, intento ser coherente con el salto cualitativo que supone el ebook y no ladrar por ladrar. Ergo, salvo que me convierta en Phileas Fogg y tenga que llevar mi biblioteca a cuestas y habitar en hoteles y pensiones, me temo que seguiré prefiriendo leer en papel y yendo a librerías a pasar el día. Los libros no se acabarán, eso seguro, pero el mundo editorial se fragmentará en millones de pedazos, incapaz de tomar nota de lo que le ha pasado a la industria musical, y terminará del mismo modo; los lectores utilizaremos la red para "informarnos" y compraremos lo que creamos conveniente. No sé de aquí a varios lustros qué pasará, pero sí sé que las librerías en gran medida desparecerán. En los pueblos sobrevivirán las papelerías que tendrán sus pocos best sellers y sus libros infantiles de susaeta o grafalco, en las ciudades quedará alguna librería, pero serán testimoniales y estarán frecuentadas por frikis, tercos románticos y despistados, como los videoclubs ahora. Las grandes superficies mantendrán su sección de libros para lectores casuales y los monstruos como la casa del libro o fnac se mantendrán como los dinosaurios testarudos que son, uno vestido de modernidad y pulcritud, y el otro como Orson Wells en Moby Dick, orgulloso y rancio a la vez. ¿A qué viene todo esto? No lo sé, la verdad. Quizá el darme cuenta que hay autores que no he leído por culpa de la estructura física del libro en sí, tenga algo que ver. Lo reconozco, hay editoriales que soy incapaz de leer los libros editados por ellas. El motivo en unos casos es evidente, en otras no tanto, y eso me confunde un poco. Nunca he podido leer un libro de bolsillo de Bruguera, y los que he leído ha sido a trancas y barrancas. Los mismo los de Cátedra (letras universales y letras hispánicas), son ediciones poco disfrutables, estando envueltas en ese halo de academicismo, es decir, un truño que te han obligado a leer (comencé a leer "Cien años de soledad" en la edición negra de cátedra, a los dos días compré otra, y "vualá"..., epifanía al canto). Alianza igual. Gracias a los dioses leí a Verne en la colección de Anaya de tapa blanca cosida, pero no tuve tanta suerte con las ediciones de El molino de Agatha Christie. Tengo una edición de "Auto de fe" de Elias Canetti que da cosa leer, asusta, directamente; texto enclaustrado en unas hojas bastas, letra minúscula... Con Thomas Mann me pasa lo mismo, y de Joyce ni hablamos. De las ediciones de Juventud en bolsillo prefiero no decir nada, directamente son de juzgado de guardia; Dostoiesvki aguarda a que encuentre otra edición más apetecible ("Crimen y castigo" la tengo en otra, muy vieja pero legible, afortunadamente). Losada de bolsillo tampoco me gustó nunca. Leer a Kant o a Dumas en la edición de Porrua es toda una experiencia surrealista, no muy aconsejable en según qué casos. No pretendo hacer un estudio exhaustivo, escribo a vuela pluma.

De las que da gusto leer, y a veces con independencia del autor sea, están las obvias, Siruela, Acantilado, Pre-Textos, Asteroide, Anagrama (ediciones de bolsillo inclusive)... Uno lee esos libros a gusto, sabiendo que cuando acabe emitirá su juicio sin que éste se vea mediado por la maquetación, el tipo de letra o el papel. Leer a Italo Calvino en una de esas ediciones azules de Siruela es increíble por partida doble. Luego hay casos inexplicables incluso para mí mismo, Valdemar, por ejemplo, Nórdica, Lengua de Trapo (y no tengo razones objetivas, mera filia, tacto, textura, tipología...)... Toda esta parrafada que estoy soltando evidentemente no resta o quita valor literario a los autores, pero a la hora de "consumirlos", algo ayuda. "Sonic Temple" de The Cult es igual de magestuoso en casette cochambrosa, en mp3 y en vinilo, pero sacar el vinilo de la carpeta con la pose mítica de Duffy sobre la de Astbury en la portada y ponerlo en el plato, no es lo mismo, ya puede venir el Bill Gates de turno a decir misa que no daré mi brazo (del tocadiscos) a torcer... ¿Es lo mismo ver Casablanca medio pixelado en Seriesyonkis que en un cine? No, Peter Lorre nos asista, claro que no. ¿Resta eso importancia a la película? Por supuesto que no, o no debería, pero a mí que no me jodan, que el otro día un chaval me dijo que había visto Gilda en el ordenador y que no estaba mal, y yo pensé "si la hubieras visto en un cine, piltrafilla, no dirías lo mismo" (la conversación salió porque me preguntó si había alguna biografía de Rita Hayworth). Conste que yo Casablanca la vi en la tele, y Sonic Temple primero lo tuve en cinta grabada, pero la primera la he llegado a ver en cine y el vinilo de The Cult aún brilla cuando lo pongo, y no, no es lo mismo, dónde va a parar... Es cierto que la lectura no se agota en el libro tal y como lo hemos conocido desde Gutenberg, pero el código binario y los chips tampoco son la panacea... Tal vez tu y yo lo sepamos, pero la memoria de los hombres es poco fiable, y la muchachada que ha crecido a golpe de ratón y copy paste es tan maleable como valiente y atrevida, y de bajarse la obra de Auster en una tarde junto con la de Perico Pérez, que se ha "autoeditado" en editatuobramaestra.com, y pensar que Auster aburre y Perico es la ostia, sólo hay un paso... Y no es ninguna boutade, que no es la primera vez que he oído eso de "¿Los Zeppelin? si, me bajé la discografía el otro día, me aburren un poco, a ver si la escucho mejor, por cierto el último de los strokes mola mazo..."

No sé en qué acabará la cosa, pero el otro día hablaba con un amigo sobre la insultante disminución en la calidad (papel y maquetación sobre todo) de los libros de algunas editoriales como Alfaguara, lo cual jode, primero al bolsillo, y luego a la lectura en sí, pues no los lees, o no los lees igual, y encima empiezas a pensar que sí que hay libros gratuitamente (y sospechosamente) caros. Hay más ejemplos, pero el de Alfaguara me parece el más flagrante. Más allá de teorías conspiratorias de las editoriales de Libranda, la cosa es cierto que huele un poco, y sólo espero que no cunda el ejemplo entre otras editoriales; tristemente intuyo lo que unas van a hacer, sé que otras dudarán y darán una de cal y otra de arena y en otras confío ciegamente; sólo espero no equivocarme o hacerlo de lleno... Muchos hemos crecido como lectores gracias a lo que leíamos y gracias también a en dónde lo leíamos; sé que suena trasnochado pero en este caso soy un puñetero perro viejo con más manías que una rockstar en pleno egotrip (no digo que entienda que la entrega de Van Halen en concierto se deba a que en el camerino tenga que haber 150 m&ms exactos y ninguno marrón, pero yo no pienso leer a Leo Perutz en formato pdf, lo siento mucho). De todos modos, tengo curiosidad por ver qué siento frente a un ebook, sé que no me va a enamorar, ni va a cambiar mi vida, pero... el tiempo siempre corre más rápido que nosotros... ¿o era el capital?... y hay que adaptarse (que en vez de hacerlo, haciendo a su vez proselitismo, lo hagamos a regañadientes, ya es otra cosa, lo sé... pero con la foto de los inmensos gruñones de los teleñecos, Stalter y Waldorf, ya avisaba de qué iba la cosa, ¿no?)


martes, 27 de julio de 2010

Tempus fugit

Es curioso, por decir algo. Ahora que "tengo" tiempo, apenas leo y me prodigo poco por aquí...

Tengo un montón de libros a mi izquierda, en el mostrador, sin colocar. A la derecha tengo una pizarra con títulos de libros y una cita escrita con tiza amarilla; llevo dos meses sin cambiarla, pereza le llaman.
Alargo el brazo, cojo, abro y leo...

"¿Sabes qué es la felicidad? Bueno, la tienes en esa niña. Es una donante, Michael. En un mundo lleno de imbéciles y cabrones, ella da" Michael Greenberg. Hacia el amanecer. Ed. Seix Barral

"Incluso las posturas sexuales necesitan evolucionar con los tiempos... He aquí algunas sugerencias para modernizar "los clásicos"... El misionero: BASICO, tú estás tumbada boca arriba con las rodillas flexionadas mientras él está arriba y se apoya en los brazos. VERSIÓN MODERNIZADA: 1. rodéale la cadera o el cuello con las piernas. 2. Pídele que te sujete las piernas colocando los antebrazos por debajo de tus rodillas. 3. Pon las piernas sobre sus hombros. 4 Acerca las rodillas hacia el pecho y luego apoya las plantas de los pies sobre su pecho. 4. Mete almohadas debajo de tu espalda o trasero" Lisa Sussman. Sexo en la ciudad. Ed. Everest

"Estoy harto. ¡Estoy harto, harto, harto, harto, harto! (Estoy bastante harto...)" Daniel Pennac. La felicidad de los ogros, pág 141. Ed Debolsillo.

"Los griegos dieron al ámbar el nombre de elektron, que significa "sustancia del sol", y descubrieron que, al frotarlo para sacarle brillo, atraía hilos y cabellos." García Ferré. El libro gordo de Petete. Ed. V&R.

"No han cambiado mucho las cosas desde que no estoy contigo: me masturbo día sí, día también"
Siracusa Bravo Guerrero. Indigesta. Ed. el cangrejo pistolero. pág 42

El último, que no es un truco porque este librito siempre está en el mostrador, siempre.
"Yo no tengo personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades... En mí, la personalidad es una especie de foruculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad" Oliverio Girondo. Calcomanías. Ed Renacimiento.

Cuando cierre esto decidiré cuál poner en la pizarra...
También prometo enmendar mi ausencia, palabra que en internet no existe, pero en mí sí...

lunes, 19 de julio de 2010

No puedo más. La Pecera, sin reservas

Anulo la mayoría de los sevicios de novedades, ajusto las compras al máximo a pesar de los pedidos mínimos y los encargos, reduzco los gastos a la mínima potencia (todo para la librería, nada para mí) y aún así la inundación es incontrolable. Hablar de tener el agua al cuello cuando tu negocio se llama La Pecera, parece un chiste malo, y lo es, pero que no diga nada habitualmente en el blog no significa que no suceda. Más allá del sentimiento de pena o frustación o que me reviente las pelotas cerrar, lo que más me preocupa en estos momentos son las repercusiones económicas que puede traerme haber peleado por tener la librería abierta año y medio más de lo que las primeras señales evidentes presagiaban. La putada se puede convertir en hecatombe. Quizá me falte ese curso que nunca di de administración de empresas y me sobre la terquedad orgullosa que me ha llevado a esta situación, pero yo no doy más de sí. Esta tarde voy a la gestoría a ver qué puedo hacer para traspasar la librería y a ver si el gestor le da un poco de color a este gris tan cenizo que veo por todos lados. Hace años un amigo me dijo, cuando le comenté el sueño de abrir una librería, que si uno no se arruina con 30 que cuándo lo iba a hacer; en ese momento yo sonreí, sé que hoy no lo haría. Ayer, cruzando Despeñaperros, mientras hablaba por teléfono con otro amigo, éste me decía que hemos hecho lo que debíamos demasiado tarde, alucinados por sueños burgueses de bohemia y aventuras, y ahora que nos hemos dado la ostia descubrimos que no teníamos ni la clase para salir indemnes ni la libertad para que nos la suden las consecuencias. ¿Que nos quiten lo bailao? Es posible, pero años despúes la cicatriz a mí me sigue doliendo; maldito pogo...
Milos Meisner sigue en órbita, es como mi R2D2 buscando a Obi Wan, mi última esperanza, al menos como argumento ad hominen, pero sé que Milos está a punto de perderse por el cosmos sin haber dado señales en meses, y no puedo esperarle más, al menos no en el mismo lugar; en unos meses habré de reinventarme, otra vez, he de abandonar Sierra Madre y decirle adiós a Humphrey sin haber encontrado aún la mina (porque en mi caso no la hay). Tarde o no, no puedo más.
Desde luego hoy no es el mejor día, ni para escribir en el blog ni para hacer publicidad de la librería. Hacer pública estas vicisitudes es posible que sea obsceno e imprudente, pero me siento frente al ordenador y no encuentro nada. Un día de estos hablaré del maravilloso libro que me recomendó Ariel y que sigue llenándose de polvo en la Pecera, ignorado por los escasos clientes a pesar de mis esfuerzos porque me lo quiten de las manos, "La ciudad de los libros soñadores" de Walter Moers.


viernes, 9 de julio de 2010

Bolaño, Seth y Scott Avett hacen el salvaje



Hoy me he levantado echando de menos a Roberto Bolaño, sé que soñé con él, que hablábamos un rato y que nos despedíamos en una esquina, no recuerdo nada más. Luego abrí la tienda, trabajé y olvidé que soñé con Bolaño y que le echaba de menos. Mientras tanto no paraba de escuchar canciones de los Avett Brothers, sintiendo a la vez tristeza por todo y unas ganas infinitas de vivir. Podría decir que estaba raro, pero no sabía por qué. Hasta que subí arriba y empecé a hojear (ojear) libros mientras berreaba como un poseso sobre uno de los mejores discos del año pasado, "I and love and you" y esperaba que pasae algo que me explicase todo...

"Hace unos días me llamó Horacio Castellanos Moya para decirme que Bolaño estaba hospitalizado enfermo del hígado, grave, vos, no le vayás a mandar tus libros porque el cuate anda grave, me dijo. De hecho, tenía ya dos ejemplares empaquetados y listos para enviarle a su residencia en Blanes, acompañados por una breve carta, escrita a mano, solicitándole su participación en este manuscrito. Hoy en la madrugada Roberto Bolaño falleció. Como un tipo de pésame literario, o algo así, cargué varios de sus libros conmigo durante todo el día. Qué mejor manera de despedir a un amigo que sólo se conoció a través de su literatura, que releyéndola. Había dicho Bolaño que uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto. Había dicho Bolaño que quería un entierro al que pudiera llegar por sus propios pies o, en su defecto, una ceremonia vikinga; el muerto, su hijo y sus amigos fantasmas, nadie más. Allí estaré yo, entonces, entre tantos amigos fantasmas, cuando sus cenizas sean esparcidas por su hijo Lautaro en el mar. Para mí, dijo o quizá dijo Bolaño en alguna entrevista, es dificil responder por qué escribo un libro. Seguramente porque es lo mejor que sé hacer. Seguramente, Roberto."
Eduardo Halfón. El ángel literario, Anagrama.

Ahora que vuelvo a ser libre, "intelectualmente" hablando, vuelvo a leer por gusto, por placer y porque sí, porque no sé hacer otra cosa. He comenzado una mudanza y mientras guardo libros en cajas veo algunos que no recordaba tener. Me gusta meter cosas entre ellos, papeles de todo tipo, cosas que encuentro a mano para marcar la lectura si por cualquier motivo he dejar de leer. Subrayo los libros, antes mucho más que ahora. Le tengo respeto a los libros pero por otro lado no me importa maltratarlos, como un árbol donde se graba con un buril improvisado "E.C. was here" o "Romeo loves Julieta" con corazón y flechita incluida. No soporto a los que leen libros y al finalizarlos estos se quedan impolutos, más nuevos que nuevos, es como hacer el amor a una mujer sin quitarle la ropa ni acariciarla.
Me gusta estar sólo cuando guardo mis libros en cajas; no es mi primera mudanza (si yo te contara) pero sí es una de las más importante que haré. Cojo libros y de ellos caen cosas, yo mismo me caigo, y las palabras se pasean por todos lados como si llevasen mocasines húmedos, dejando el piso repleto de huellas y cronopios azules. Releo cosas que no recuerdo haber leído, aunque estén subrayadas, y leo párrafos que podría citar de memoria de libros que no sabía tener, maravillas plasmadas, arrugadas, dibujadas, inundadas de una vida vivida o echada a perder o a volar, vanidosa y terca que se afana en seguir y seguir... "Uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben, de la misma manera que uno nunca termina de vivir, aunque la muerte sea un hecho cierto"...

El documental completo está incluido en un dvd adjunto con el libro "Bolaño Salvaje" de la editorial Candaya.

martes, 6 de julio de 2010

Mirando el libro del voyeur en el escaparate

Lo que son las cosas.... claro que por eso escribimos lo que escribimos, porque son como son... quiero decir... en fin... no sé lo que quiero decir... me piden un libro y yo lo encargo... se llame el cliente Virgilio o Pepe y pida lo que sea (allá cada cual)... el libro llega... le envío un sms al cliente y el cliente ya tiene en consideración cumplir su palabra y venir a por su libro o no... Pero me estoy adelantando...
Recapitulemos mejor... Virgilio me pidió un libro, el mismo día que Ovidio me pidió otro... Eso me hizo ilusión (fácil que es uno... supongo que si fuera frutero y me hiciesen un encargo Ceres o Deméter me molaría...) El de Ovidio ya llegó y vino a por él... Esta vez me fijé más... Es extraño decir que Ovidio tiene pinta de bakalaero, habla como un bakalaero y que tiene una moto ruidosa de bakalaero... pero está estudiando cocina, lo cual es la guinda o la monda... yo no sé...

El libro de Virgilio acaba de llegar. Aún no le he avisado. No por nada en particular, bueno sí. El libro es precioso (El libro del Voyeur, Pablo Gallo, Ediciones del viento)... En otro post dije que me gustó lo que vi del libro y que pedí dos ejemplares, uno para Virgilio y otro para La Pecera.

La semana pasada, a los diez minutos de haber cursado el pedido, sonó el teléfono. Era Virgilio. Instintivamente pensé que llamaba para anular el pedido. No me importó, pensé a su vez en una ráfaga de segundo, lo cual me llevó a su vez a pensar en el amigo al cual le podría regalar ese ejemplar (que la Pecera vaya "rara" me hace pensar cosas así). Sin embargo, lo que quería Virgilio era encargar otro ejemplar, y de paso preguntar si iba a tardar mucho en tener los dos. No, le dije, el distribuidor en concreto de los libros que me has pedido suele portarse y enviar bastante rápido, le dije (totalmente cierto, totalmente anómalo y totalmente agradecido por ello). Insistió en que le avisara cuando llegaran y colgamos. A los cuatro días el pedido ha llegado, con otros encargos y un par de novedades. Saco el pedido de la caja, coloco los libros en un montón y los comienzo a dar de alta. Algunos pasan por mis manos una vez, como un tomate demasiado duro, pero son los pocos. Otros no, lo veo, los abro en plan baraja de cartas o como hacen los dependientes de las copisterias con los paquetes de folios antes de meterlos en la fotocopiadora, y leo al azar mientras lo huelo. Cojo el libro de Pablo Gallo. Leo la solapa. Lo abro y mis ojos se posan en una palabra. "Virgilio". Sonrío como un cabrón ante un chiste malo o como un niño con zapatos nuevos, no lo sé, pero sonrío. Hoy he dormido apenas 3 horas, y se me nota. Cierro el libro con el dedo índice entre las páginas, entre esas dos páginas donde he leído "Virgilio". Suspiro (no por nada, cuando estoy cansado suspiro mucho, o al menos eso me han dicho más de una vez...) Lo abro de nuevo. El dibujo de lo que podría ser una Lolita en ropa interior frente a un espejo ilustra la página impar. Me rindo y leo:

"Eneída". Iván Humanes.
El crítico literario, calvo y con un liguero que realza sus nalgas, recita pasajes de La Eneída de Virgilio mientras ella arranca las páginas de la obra. Él sabe que los análisis más destructivos sólo se consiguen con castigo y puro sacrificio, que la fama de respetado crítico sólo se gana con el sufrimiento. Ella conoce su forma de hacer y es cuestión de tiempo que el viaje de Eneas se escuche en latín y por primera vez en ese motel. Y continúa con el ritual y clava las uñas en el lomo, sugiere que Homero escribía con más rudeza. El acto provoca que él hierva encima de la cama mientras glorifica a Roma y al emperador Augusto.
-Mina, rellena todos los agujeros de mi cuerpo con mi estimado Virgilio -le dice mientras rasca con entusiasmo su calva. Y es que el placer, reconoce entre ronroneos, siempre le produce cierto sarpullido."

Pediré otros dos, he descubierto que queda precioso en el escaparate...
Hernán Migoya, Andrés Neuman, Pilar Adón, Esther García Llovet (de la cual venía en el mismo pedido "Las crudas"), Javier Corcovado... 69 autores... 15 euros... ediciones del viento
Voy a avisar a Virgilio de que su libro ya llegó...
http://ellibrodelvoyeur.blogspot.com/
http://elblogdepablogallo.blogspot.com/

viernes, 2 de julio de 2010

Es más probable que Jon Bon Jovi lea a Cioran que yo apruebe una oposición...



¿Tiene sentido leer a Emile Cioran tirado en el mullido césped de una piscina mientras a nuestro lado coloca su toalla una morena en escueto bikini negro con muestras más que evidentes de haber agrandado sus pechos artificialmente? Pues a lo mejor tiene sentido pero a mí me ha costado un poco pillárselo... Mi hora de asueto a medio día la uso así, es decir, salgo raudo a la piscina municipal del pueblo de al lado a ver si la muchachada me deja nadar un rato en paz (hoy no me dejaron) y a leer un poco antes de volver a comer y a estudiar antes de abrir de nuevo. Como tengo principio de síndrome "vaca sin cencerro", cuando estoy a punto de salir parezco un pulpo atolondrado, cogiendo cosas al tuntún, por lo que siempre se me olvida algo. Afortunadamente nunca el bañador, pero sí algún que otro complemento, ¿cuál? se preguntará el tarzán de turno, pues la toalla, las llaves del coche, crema, tapones... y casi siempre el libro... Casa del herrero... Por eso no es la primera vez que entro de nuevo en la librería echando mano del montón perpetuo que hay sobre el mostrador y saliendo disparado; como éste se renueva a diario, hacer eso es como jugar a la lotería...
Así que hoy ha sido inevitable que cuando tras leer "¿Qué importancia puede tener que yo me atormente, que sufra o que piense? Mi presencia en el mundo no hará más que perturbar, muy a mi pesar, algunas existencias tranquilas y turbar -más aún a mi pesar- la dulce inconsciencia de algunas otras" he alzado la vista y me he topado con la señorita siliconada y ésta me ha mirado con altanero desprecio por encima de sus gafas de sol, yo no haya podido evitar soltar una sorda carcajada (a la par que enrojecía brutalmente)... Acto seguido, totalmente avergonzado, he dejado el libro sobre el césped, me he acercado lentamente a la pileta y me he tirado de cabeza al agua... Tenía que haber cogido cualquier otro libro. ¿Cómo va a ser lo mismo toparse con unas carnes morenas (desgraciadamente manipuladas, pero que el mundo no es perfecto ya lo sabemos) después de leer a Cioran que hacerlo después de leer "Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta."? Claro que así igual quizá me hubiese volatilizado o convertido ipso facto en pasto de una combustión espontánea, y de mi paso por la tierra sólo hubiesen quedado unas pocas cenizas alrededor de un libro de Nabokov, hermosa imagen que, sin duda, cambia si el libro es de Cioran... Pero, claro, con Cioran eso nunca te va a pasar porque leerlo te crea la desazón necesaria para coartar todo tipo de efusividad, viendo el mundo con palidez invernal por muy verano que sea, aunque la visión por parte de una amazona artifial de un sonriente y pálido macho beta que sostiene entre sus manos un libro llamado "En las cimas de las desesperación" la llene de astío, femenino desprecio y desconfianza momentanea, al menos habrá valido para algo, aunque sólo sea para acercarte con dignidad a la piscina, zambullirte despacio (aunque mientras lo hagas te acuerdes sin saber porqué de la portada del High and Dry de Def Leppard y hagas un extraño requiebro en el aire), refrescarte un poco y volver a tu toalla, renovado y dispuesto a seguir leyendo a Cioran ajeno en la medida de lo posible a esas distracciones mundanas tan lejanas a tu ideal... Antes de tumbarme la he vuelto a mirar, no he podido evitarlo, me recordaba a alguien, pero más por ser el reverso tenebroso o la antítesis de ese alguien que por similitud... Betty Page, he dicho cogiendo el libro, y seguro que nunca antes alguien ha abierto un libro de Cioran diciendo esas dos palabras...

Nada es importante...
¿Qué importancia puede tener que yo me atormente, que sufra o que piense? Mi presencia en el mundo no hará más que perturbar, muy a mi pesar, algunas existencias tranquilas y turbar -más aún a mi pesar- la dulce inconsciencia de algunas otras. A pesar de que siento que mi propia tragedia es la más grave de la historia -más grave aún que la caída de los imperios o cualquier derrumbammiento en el fondo de una mina-, poseo el sentimiento implícito de mi nimiedad y mi insignificancia. Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real. Más aún: si debiera escoger entre la existencia del mundo y la mía propia, eliminaría sin dudarlo la primera con todas sus luces y sus leyes para planear totalmente solo en la nada. A pesar de que la vida me resulta un suplicio, no puedo renunciar a ella, dado que no creo en lo absoluto de los valores por los que debería sacrificarme. Si he de ser sincero, debo decir que no sé por qué vivo, ni por qué no dejo de vivir. La clave se halla, probablemente, en la irracionalidad de la vida, la cual hace que ésta perdure sin razón. ¿Y si sólo hubiera razones absurdas de vivir? El mundo no merece que alguien se sacrifique por una idea o una creencia. ¿Somos nosotros más felices hoy porque otros se sacrificaron por nuestro bien? Pero, ¿qué bien? Si alguien realmente se ha sacrificado para que yo sea hoy más feliz, soy en realidad aún más desgraciado que él, pues no deseo construir mi existencia sobre un cementerio. Hay momentos en los que me siento responsable de toda la miseria de la historia, en los que no comprendo por qué algunas personas han derramado su sangre por nosotros. La ironía suprema sería darse cuenta de que ellos fueron más felices que nosotros lo somos hoy. ¡Maldita sea la historia!
Nada debería interesarme ya; hasta el problema de la muerte debería parecerme ridículo; ¿el sufrimiento?-estéril y limitado; ¿el entusiasmo? -impuro; ¿la vida? -racional; ¿la dialéctica de la vida? -lógica y no demoníaca; ¿la desesperación? -menor y parcial; ¿la eternidad? -una palabra vacía; ¿la experiencia de la nada? -una ilusión; ¿la fatalidad? -una broma… Si lo pensamos seriamente, ¿para qué sirve todo ello en realidad? ¿Para qué interrogarse, para qué intentar aclarar o aceptar sombras? ¿No valdría más que yo enterrase mis lágrimas en la arena a la orilla del mar, en una soledad absoluta? El problema es que nunca he llorado, pues mis lágrimas se han trasformado en pensamientos tan amargos como ellas.
En las cimas de la desesperación, pág 63. Emile Cioran. Ed. Tusquets. 8,95€


Cuando un rato después me he marchado, casi dejo sobre la toalla de la morena el libro, pero no tenía el día para declaraciones de amor, además, le hubiese acabado preguntando por qué se tuvo que hacer aquel despropósito a todas luces innecesario, pero que ella y yo coexistamos en el mismo plano espacio temporal no significa que habitemos el mismo mundo, por lo que dudo que se haya dado cuenta de mi marcha mientras ella se achicharraba lánguidamente al sol soñando con un briatore o un futbolista cualquiera... Su cuerpo está corrompido por la estética del bisturí y el moreno churrasco, el mío por el quirúrgico bisturí y por Cioran; evidentemente lo mío es peor y, además, menos divertido. Prometo volver mañana con un libro de Pin-ups, o con uno de Vizconde de Lascano Tegui, o incluso con uno de Quim Monzó aunque, conociéndome, seguro que acabo cogiendo "Fuegos" de Yourcenar y olvidándome el bañador... Cuando subía al coche me he preguntado si hubiese cambiado algo que Cioran y Betty Page se hubiesen conocido (¿la historia del pensamiento ha perdido a un gran vitalista?), después, cuando metía la llave en el contacto, me he preguntado qué hubiese pasado si la siliconada y Betty se hubiesen conocido (¿tal vez el mundo se ha perdido una explosiva sesión fotográfica de ligero SM?) y cuando salía del aparcamiento me he preguntado qué hubiese pasado si yo hubiese conocido a Betty Page... En ese momento sí me he estremecido de verdad...
Además, tener puesto el modo aleatorio en el mp3 del coche da muchas sorpresas (o sustos surrealistas)...
Seguro, seguro que la chica del video también leía a Cioran... Pero en algún momento dejó de hacerlo... ¿cuándo? Salta a la vista... todo lo malo pasa... sólo hay que tener paciencia...

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